Suplemento Especial / Migraciones Tiempos de hoy

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Suplemento especial
1  de diciembre de 2017

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Suplemento Especial / Javier de Benito

Refugiados e inmigrantes económicos crecen sin freno

La presión migratoria rompe los mapas

La victoria de Trump en Estados Unidos, el Brexit o el auge de los nacionalismos en Europa son acontecimientos marcados por los nuevos flujos migratorios del mundo. La crisis de los refugiados en Siria o la inmigración ilegal mexicana en EE UU han dejado en evidencia la solidaridad del mundo occidental y han propiciado una fractura social de gran calado.


Sólo por la guerra en Siria, cinco millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares desde 2012, según ACNUR.

Las guerras, la violencia, el crimen organizado y las profundas crisis socioeconómicas obligan cada año a millones de personas a abandonar sus países de origen y probar suerte en otras regiones. Estados Unidos y Europa son algunos de los destinos que más seducen a aquellos que huyen de la pobreza y quieren reconstruir sus vidas. Estos últimos años están marcados por las consecuencias políticas que ha generado el aumento de determinados flujos migratorios, como la crisis de refugiados sirios en Europa o el aumento de la inmigración ilegal mexicana en EE UU. El Brexit o la victoria de Donald Trump en Estados Unidos son acontecimientos muy marcados por estos nuevos datos.

Así, el fenómeno Trump responde, entre otros factores, a un dato: más de once millones de inmigrantes ilegales (la mayoría mexicanos) residen en el país. Una realidad que ha contribuido a dar la victoria a un candidato que aseguraba que si ganaba erigiría un muro en toda la frontera con México. En el caso de Europa, la crisis de refugiados ha dejado en evidencia la solidaridad del Viejo Continente y puesto sobre la mesa una asignatura pendiente de la Unión: la política migratoria. La imagen de Aylan Kurdi tendido muerto en una playa dio la vuelta al mundo y contrastó con las vallas que levantaron algunos países del este de Europa.

Europa y los dos frentes migratorios: Siria y África
El conflicto armado que más ha alterado al panorama migratorio mundial es la guerra en Siria. El enfrentamiento entre el Gobierno de Bachar el Asad, grupos políticos contrarios al régimen y el Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés) ha provocado que, desde que estalló la guerra en 2012, casi cinco millones de personas se vieran obligadas a abandonar sus hogares, según ACNUR. Muchos de estos refugiados decidieron cruzar las fronteras de la Unión Europea para huir de la guerra y buscar una vida mejor. La UE se comprometió en 2015 a dar asilo unos 160.000 sirios, de los cuales sólo han aceptado 27.695, el 17,5% (de ellos, a España sólo han llegado 1.980 de los más de 17.000 que se comprometió a acoger).

La oleada de refugiados impactó especialmente en los países del este de la Unión. De ellos, Grecia ha sido más afectado. El gobierno griego tuvo que afrontar en 2015 la llegada de más de 800.000 sirios, lo que forzó que la UE negociara con Turquía el reparto de refugiados. Otros países como Macedonia, Bulgaria, Hungría, Eslovenia y Austria erigieron vallas con la intención de contener en sus fronteras el éxodo de asiáticos (la Comisión ha abierto un procedimiento contra Polonia, Hungría y la República Checa por negarse a aceptar las cuotas de refugiados). En poco más de dos años, 2,2 millones de sirios han pedido asilo en Europa, según Pew Research Center, y de ellos, un millón están en el Viejo Continente a la espera de conocer qué será de su futuro. A pesar de ello, la mayoría de solicitantes de asilo se han establecido en otros países fuera de la Unión. Turquía es el que más refugiados ha acogido (2,7 millones), seguido del Líbano (un millón).

El otro gran conflicto que ha marcado el panorama migratorio europeo es el que afecta a Ucrania. El enfrentamiento entre nacionalistas ucranianos y partidarios de seguir bajo la influencia de Rusia ha provocado que cerca de dos millones de refugiados abandonaran el país, según los datos de ACNUR. Al igual que en Siria, el conflicto armado obligó a un gran número de ucranianos a huir de sus hogares. Rusia es el país al que más se han desplazado. Actualmente, la población ucraniana en el país gobernado por Putin supera los tres millones. ACNUR realizó un informe a principios de año en el que señalaba que los combates se habían recrudecido en el país, llegando incluso a azotar zonas rurales. “Dios no quiera que alguien tenga que vivir dos guerras en su vida”, comenta Oleksiy, un ucraniano de más de 80 años, a la agencia de la ONU para los refugiados.

Otro de los flujos migratorios que más se han incrementado en Europa es el procedente de África. En el primer semestre de 2017, la llegada de inmigrantes ilegales a España se ha cuadruplicado, según un informe de Frontex. Unos datos que contrastan con los de la Unión Europea, donde los inmigrantes africanos que cruzan sus fronteras se han reducido un 75% en lo que llevamos de año. Sólo se ha incrementado, y de forma notable, en dos países: España e Italia. Según este informe, más de 11.000 africanos, la mayoría procedentes de Marruecos, cruzaron las fronteras españolas en los primeros siete meses de este año, especialmente Ceuta y Melilla. Cuatro veces más que en el mismo periodo del año anterior. En el caso de Italia, en los siete primeros meses de 2017 llegaron más de 90.000 inmigrantes procedentes de África, unos datos similares a los de 2016. En este contexto hay que tener presente la amenaza que el Rey de Marruecos hizo a principios de año a la Unión Europea a través de un comunicado en el que advertía de que abriría el grifo de la inmigración irregular hacia Europa si la UE no cumplía un acuerdo agrícola que firmó en 2012 y que fue tumbado por la Corte de Justicia de Luxemburgo.

Los latinoamericanos eligen España
Venezolanos, colombianos y ciudadanos de países centroamericanos son los que más han venido a nuestro país en los últimos años. Huyen del crimen organizado, de la violencia y de la miseria. El idioma y una nueva realidad económica que les puede permitir empezar de cero son las principales razones por las que eligen este país europeo como lugar de destino.

A lo largo de 2016, casi 30.000 personas llegaron a nuestro país desde Venezuela, nación sumida en una gran crisis social, económica y política. De ellos, más de 10.000 tenían la nacionalidad española. A pesar de que el número de venezolanos en España no es muy elevado (algo más de 60.000), en los tres últimos años su presencia en nuestro país se ha triplicado, según los datos del INE.

A Venezuela le sigue Colombia, país cuyo saldo migratorio (el resultado del número de colombianos que vienen a España menos los que se van) encabeza la lista y se ha disparado casi un 1.000% respecto a 2015. El número de colombianos en nuestro país ha aumentado en casi 17.000 personas a lo largo de 2016, situándose en un total de 145.000.

Varios países de Centroamérica, como Honduras o El Salvador, se han convertido también en focos de emigrantes debido al crimen organizado, la violencia y la inseguridad que impera en algunas regiones. En 2016, en El Salvador, Honduras y Guatemala, 14.870 personas fueron asesinadas. Amnistía Internacional declaró en un informe presentado en 2016 que los ciudadanos de esta región libran "una batalla diaria por sobrevivir en medio de la omnipresente violencia” y que “a menudo su única opción es huir de sus países”.

Estados Unidos y el fenómeno Trump
EE UU tiene 323 millones de habitantes, de los cuales más de 40 millones son inmigrantes, lo que supone el 13% de la población, según los datos del gobierno estadounidense. Es el país que más personas eligen cada año para empezar una nueva vida. A esta cifra hay que sumarle la estimación del número de inmigrantes ilegales, que superan los 11 millones, de los cuales más de 50% provienen de México, según Pew Research Center. Los mexicanos (con más de 12 millones) son los más presentes en EE UU, seguidos de los chinos (2,1 millones) y de los indios (dos millones).

“La inmigración es un privilegio, no un derecho”, afirmó en marzo de 2017 el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Las políticas del nuevo gobierno de los EE UU prevén frenar el flujo migratorio hacia el país de forma considerable. El magnate quiere reducir a medio millón de personas al año la inmigración legal (la mitad que las cifras actuales) y a 50.000 el número de refugiados que acogen, según sus declaraciones. Para Trump, reducir la inmigración es vital para preservar la seguridad nacional y para evitar que los ciudadanos estadounidenses pierdan empleo (a pesar de que la tasa de paro de EE UU es del 4,4%).

El discurso xenófobo de Trump se nutre, especialmente, de la cifra de inmigrantes ilegales en Estados Unidos. En poco más de diez años, los mexicanos y centroamericanos que entraban indocumentados al país se dispararon de los ocho a los 12 millones en 2007, según los datos de Pew Research Center. Estas cifras se han mantenido hasta la actualidad. No es la primera vez que los republicanos tratan de controlar la inmigración ilegal; en 2007, George Bush, en coordinación con el gobierno de México, trató de reformar el sistema migratorio, pero aquella medida fracasó en el Congreso estadounidense. Ahora, Trump lidia de nuevo con el Congreso para aprobar una partida presupuestaria que financie un muro de una extensión considerable que separe la frontera de EE UU con México.


Otro de los flujos migratorios que más se han incrementado en Europa es el procedente de África.

Asia y Australia, los continentes con más migrantes
Más del 40% de los migrantes del mundo proceden de Asia (104 millones de personas), según los datos de la ONU. El flujo migratorio asiático, sin embargo, es diferente al del resto del mundo.

Si bien la mayoría de los movimientos que conocemos se producen de países subdesarrollados o en vías de desarrollo hacia países desarrollados, la migración asiática se mueve entre países con una situación económica similar. Esta tendencia migratoria está creciendo en todo el mundo, especialmente en Europa. India y China son los países con más emigrantes, con 16 millones y 10 millones, respectivamente.

Otro fenómeno que está marcando el panorama migratorio asiático es el éxodo rural que viven algunos países como China. El Nuevo Plan de Urbanización Nacional, puesto en marcha por el gobierno chino en 2014, prevé que, en poco más de cinco años, más de 60 millones de personas abandonen el campo y se instalen en las ciudades. Según las estimaciones del ejecutivo, para 2030, el 70% de la población china será urbana (en los años 90 solo el 26% de los ciudadanos del país vivían en ciudades). Las consecuencias de este movimiento migratorio masivo repercutirán incluso en el medio ambiente. El propio gobierno reconoce que la construcción de miles de kilómetros de carreteras y redes ferroviarias, de millones de nuevas viviendas y la deforestación que ello conllevará para poder acoger a los nuevos habitantes disparará aún más los niveles de contaminación (actualmente China emite el 29% de CO2 del planeta, más que EE UU y Europa juntos).

Mientras que Asia es un continente de emigrantes, Australia lo es de inmigrantes. Casi el 30% de la población del país es inmigrante. Ingleses (1,3 millones), neozelandeses (640.000) y chinos (450.000) son los más presentes, pero el dato más llamativo es que la población migrante femenina es superior a la masculina, algo que rompe con la dinámica mundial. La estabilidad y el crecimiento económico del país ha llevado a la necesidad de buscar trabajadores fuera de sus fronteras. El gobierno australiano ha desarrollado medidas como el General Skilled Migration Program para fomentar la inmigración de mano de obra cualificada. La otra cara de la moneda del país es el trato que da a aquellos que pretenden llegar al continente sin preparación. Es la única nación del mundo que ha encerrado a inmigrantes ilegales en centros de detención en lo que se conoce como Solución del Pacífico. “Hemos parado los barcos” aseguraba el entonces primer ministro de la nación Tony Abbott. La Comisión de Derechos Humanos australiana recogió en sus informes las dramáticas historias de estas personas que buscaban una vida mejor y fueron encerradas. El Ejército de Australia vigila las fronteras por mar e intercepta todos los barcos de inmigrantes que se dirigen al país. Una práctica que ya ha sido denunciada por varias asociaciones humanitarias por incumplir los acuerdos internacionales.

Ante estos datos, la pregunta es obligada: ¿qué empuja a los inmigrantes a elegir según qué países? La lengua, la proximidad y la estabilidad económica son los factores más determinantes. En el caso de España, es el destino elegidos por cientos de miles de latinoamericanos cada año principalmente por el idioma. La lengua puede ser una barrera más para el inmigrante que pretende integrarse en una nueva sociedad.

En el caso de los emigrantes más desesperados, buscan el país más próximo que les pueda ofrecer una salida, como es el caso de todos los africanos que deciden echarse al mar en pateras para huir de la precariedad de sus países de origen. La proximidad geográfica es el factor más común que explica por qué determinados países tienen flujos migratorios muy elevados. Es el caso de Grecia y la avalancha de refugiados sirios que llegaron a sus fronteras en los últimos años.

 

Europa crece gracias a los de fuera

En Europa se mueren más personas de las que nacen. A pesar de ello, la inmigración ha cambiado esta dinámica llevando al Viejo Continente a crecer en 2016 en más de un millón y medio de personas (alcanzando los 511,8 millones de habitantes en los países miembros), según los datos de Eurostat, la oficina de estadística europea. Alemania es el país que más inmigrantes recibe (más de 1,5 millones), seguido de Inglaterra (630.000), Francia (360.000) y España (342.000). Por otro lado, la guerra en Siria ha repercutido de forma notable en el flujo migratorio hacia Europa.
Respecto a la procedencia de los inmigrantes, los datos son muy heterogéneos. En Alemania, los polacos (casi dos millones de personas) y turcos (más de 1,6 millones) son los más numerosos. En el caso de Reino Unido, son los indios (con más de 770.000), los polacos (700.000) y los paquistaníes (540.000) los que encabezan la lista. En España, a pesar de que el flujo migratorio procedente de América Latina se ha disparado en los últimos dos años, los rumanos (con 678.000) y los marroquíes (660.000) son el colectivo más presente.