Suplemento Especial / Rusia Tiempos de hoy

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Suplemento especial
1  de diciembre de 2017

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Suplemento Especial / Antonio Sarrión

Pese a las sanciones, Moscú va recomponiendo su sistema de alianzas

Moscú quiere volver a ser potencia

El Kremlin, tras los episodios de Ucrania y el conflicto en Siria, está recuperando una posición preponderante en el mapa del mundo. Aun con el distanciamiento de Washington y los castigos económicos que le aplican tanto Estados Unidos como la Unión Europea, la diplomacia de Putin ha conseguido establecer nuevas alianzas que van poniendo freno a la situación unipolar de los últimos años.


El presidente ruso Vladimir Putin ha redefinido toda su política exterior a raíz de las sanciones de Occidente por la anexión de Crimea en 2014.

Después de que Occidente impusiera –en la primavera de 2014– sus sanciones económicas y políticas contra Rusia, con motivo de la anexión de Crimea, Moscú perdió prácticamente todos los vínculos que había establecido con Estados Unidos y los países europeos durante las dos décadas anteriores. El Gobierno ruso se veía obligado a revisar sus prioridades en materia de política exterior y buscar nuevos socios.

En esta nueva estrategia, el Kremlin parce haber sido capaz de ‘romper’ el frente unido occidental, consiguiendo posiciones de fuerza, especialmente tras su golpe de autoridad en el conflicto sirio y trenzando nuevas alianzas que le están permitiendo recuperar paulatinamente su antigua posición de ‘superpotencia’.

En el Viejo Continente, entre los euroescépticos ha encontrado posibles aliados. A mediados de febrero de 2015, Vladimir Putin visitó Hungría, donde acordó con el primer ministro, Viktor Orban, nuevas condiciones para la exportación de gas y se firmó una serie convenios intergubernamentales para la cooperación económica.

También tuvieron lugar movimientos de acercamiento a Grecia, un país condicionado por un pozo de deuda del que aún no ha podido salir.

En 2014, el inquilino del Kremlin realizó una intensa gira por América Latina y asistió a la cumbre de los BRICS en Fortaleza. Visitó Cuba, Nicaragua y Argentina. Además, las relaciones con Venezuela ya se intensificaron tras la llegada al poder de Chávez en 1999 y este país es actualmente el mayor comprador de armas rusas en la región. El ministro de Defensa ruso, Sergéi Shoigú, visitó Nicaragua, un país de creciente importancia para Rusia, ya que participará en el proyecto del canal de Nicaragua, alternativo al de Panamá.

Moscú también ha llevado a cabo esfuerzos significativos para conseguir progresos en Asia y en Oriente Próximo. En 2014 se producía un intenso acercamiento a Egipto, uno de los países más influyentes del mundo árabe y un gran aliado de Estados Unidos, que manifestaba su deseo de adquirir grandes partidas de armamento ruso y de desarrollar su relación con Moscú en general. Rusia financiará la primera central nuclear del país.

Tras su disputa con Europa, los principales aliados de Rusia son sus socios del grupo BRICS: Brasil, India, China y Sudáfrica.

Paralelamente, las victorias obtenidas en las elecciones  presidenciales, en noviembre de 2016, en Bulgaria y en Moldavia de los candidatos prorrusos, Rumen Radev e Igor Dodón, supusieron un alivio al aislamiento que padece Rusia a causa de las sanciones. El presidente electo de Moldavia también recibió una misiva de Putin instándole a un “diálogo constructivo y trabajo conjunto”. Dodón, que lidera el Partido Socialista moldavo, preconiza una ralentización en el proceso de acercamiento a la Unión Europea, con la que tiene firmado un acuerdo de asociación y de libre comercio, según él, desfavorable para Moldavia, y el establecimiento de una relación ‘estratégica’ con Rusia.

Por su parte, Radev aboga por el levantamiento de las sanciones decretadas por Bruselas contra Rusia, Se opone a las sanciones contra Moscú, que, a su juicio, perjudican también a Bulgaria en el ámbito energético y afecta al cuidado y mantenimiento de los aviones de combate.

Además, Rusia tiene en Europa otros aliados como Serbia y Macedonia. Serbia, aliado histórico de Moscú, constituye una pieza clave en el mecanismo de transporte de gas ruso al sur de Europa. La cooperación militar entre ambos países es también muy intensa. Sus ejércitos participan frecuentemente en maniobras conjuntas.

La estrategia de Putin también se ha extendido por Oriente Próximo. Allí Moscú tiene como aliados a Irán, gran comprador de sus armas y tecnología nuclear, y a Siria, a cuyo régimen ayuda actualmente con aviación, tropas y asesoramiento para recuperar el control del país. Dentro del espacio de lo que fue la antigua Unión Soviética, los más prorrusos son Kazajstán, Kirguistán, Armenia y Bielorrusia. Estos países forman con Rusia la Unión Económica Euroasiática. Este mismo grupo de estados, incluyendo a Tayikistán, constituyen la llamada Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (ODKB).

Cuando Moscú decidió intervenir para salvar su única base militar en el Mediterráneo, en Latakia, Bashar El Asad estaba a punto de perder la guerra. Teherán, por su parte, iba a quedarse sin uno de sus máximos aliados en el pulso que libra con Arabia Saudí. Tras el golpe de mano ruso y el cambio de rumbo de Turquía, Moscú se consolidaba en la zona como influyente potencia militar.

Pero los problemas del Kremlin con occidente no desaparecen. Los servicios de inteligencia estadounidenses acusan a Moscú de orquestar una campaña de ciberataques para ayudar a Trump a ganar las elecciones presidenciales. Un fiscal especial y varios comités legislativos investigan si el entorno de Trump se coordinó con la injerencia electoral del Kremlin. Por el momento, se han implementado nuevas y duras sanciones económicas desde el pasado mes de octubre, lo que, por otra parte, ha distanciado a Estados Unidos y Europa. Encabezados por Alemania, varios países y las autoridades comunitarias han manifestado su preocupación, dado que estas sanciones permiten penalizar a las empresas europeas que contribuyan al desarrollo del sector energético ruso.

Con las elecciones presidenciales en Rusia en el horizonte de la próxima primavera, todas las encuestas coinciden en señalar la victoria Vladímir Putin y una participación que superará el 70 Por ciento. Según los sondeos, actualmente no hay ningún político capaz de desafiar el poder de Putin. La mayor oposición la ejerce el Partido Comunista, que critica fuertemente el rumbo socioeconómico de la política de Putin, aunque apoya de facto su reelección para una nueva legislatura.

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Erdogan ha fijado públicamente su mirada hacia una nueva alianza económico-militar encabezada por Rusia.

El giro turco
La suerte de Putin se veía reforzada por el cambio de posición efectuado por Turquía. Ambos países decidían poner fin a las sanciones y vetos alimentarios impuestos tras la crisis entre Moscú y Ankara. Ahora ambos consideran sus relaciones plenamente tras el incidente en el que un caza ruso fue derribado por el ejército turco.

Los rusos han reforzado al presidente sirio con una amplia intervención militar, mientras que Turquía ha apoyado al bando contrario. Pero ahora ambos coinciden en busca una salida dialogada.

El malogrado golpe de Estado contra el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, en julio de 2016 –del que Erdogan culpa directamente a Estados Unidos–, y los obstáculos para el libre visado de sus ciudadanos por los países de la Unión Europea  han alterado la confianza del mandatario otomano hacia sus antiguos socios de Estados Unidos y la Comunidad Europea. Ankara ha fijado públicamente su mirada hacia una nueva alianza económico-militar, encabezada por Rusia, China Continental, Bielorrusia y Kazajistán.

Turquía se veía en la necesidad de hacer un cambio de vector político occidental por el eurasiático porque su entrada en la Unión Económica Euroasiática (UEE) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) podría darle muchas más ventajas en comparación con su alianza económica y militar con Occidente.
Recep Tayyip Erdogan llegaba a asegurar que la coalición liderada por Estados Unidos no está cumpliendo sus promesas de luchar contra el Estado Islámico (EI). “Tenemos pruebas de que Washington ha apoyado a grupos terroristas en Siria, incluido el EI y las milicias kurdas”, declaró.

La ‘triple alianza’
La alianza entre Irán, Rusia y China ha cambiado el balance de poder en el mundo. Los tres han llegado a entender que unión y cooperación entre sí son las únicas herramientas para hacer frente a un “problema mutuo”, representado por una creciente influencia de Washington en sus asuntos internos.

Teherán, Moscú y Pekín  se veían obligados a resolver las diferencias y adoptar una “estrategia unificada” por el bien de los intereses comunes y la defensa de sus respectivas soberanías.

La guerra en Siria, los bombardeos contra Libia, el colapso del orden democrático en Ucrania, las sanciones contra Irán y una evidente presión sobre Pekín en el mar de China Meridional, ejercían como acicates para este entendimiento a tres bandas.

Tras el golpe de Estado en Ucrania, en 2014, la OTAN extendió su presencia hasta las fronteras rusas, al considerar Moscú como una “amenaza”. Mientras, en Oriente Próximo, la destrucción de Irak, Libia y Siria provocaba la reacción de Teherán contra una alianza entre Estados Unidos y algunos de sus aliados regionales, mientras que en China, la tensión en el mar de China Meridional, está generando un bloqueo comercial.


Rusia considera vital para su proyección exterior el Mundial de Fútbol que organiza en 2018.

El escaparate del fútbol
El próximo año, Rusia tendrá también un inmejorable escaparate internacional. Con las elecciones ya finalizadas entonces, con un más que probable nuevo triunfo de Putin, será la sede de la Copa Mundial de la FIFA, la XXI edición de la Copa Mundial de Fútbol.

Esta edición del evento se realizará entre el 14 de junio y el 15 de julio de 2018, siendo la primera oportunidad en que dicho país organiza el campeonato y la primera vez en la historia que se celebre en un país de Europa Oriental. Rusia ha confirmado doce estadios en once ciudades: Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Krasnodar, Moscú, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, San Petersburgo, Samara, Sochi, Volgogrado y Saransk, las cuales albergarán los 64 partidos de la Copa Mundial.

 

Las sanciones de la discordia

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, calificado de “declaración de guerra comercial” contra el país la nueva ley de sanciones aprobada por el Congreso de Estados Unidos. Medvédev consideraba que a corto plazo no existe ninguna posibilidad de mejorar las relaciones con Washington.

Señalaba tres efectos principales que tienen las nuevas sanciones: “Primero, las esperanzas de un mejoramiento de nuestras relaciones con la nueva Administración estadounidense se ha desvanecido; segundo, a Rusia se le ha declarado una auténtica guerra comercial; y tercero, si no sucede un milagro, el régimen de sanciones continuará por decenios”.

El Senado estadounidense aprobaba en julio pasado imponer nuevas sanciones a Rusia, que se acumulan a las ya establecidas desde 2014, y limitar la capacidad del presidente estadounidense de retirarlas. El voto supone un claro desafío a Donald Trump, ya que está impuesto por la supuesta injerencia rusa en las últimas elecciones presidenciales.   La relación con Rusia ha abierto una brecha entre el poder legislativo y el ejecutivo. Por primera vez, los congresistas han impuesto su criterio al presidente y no al revés.

Las penalizaciones podrían suponer la prohibición de acceso a financiación de bancos estadounidenses o de concesión de visados para viajar a Estados Unidos. También podrían bloquearse las propiedades en el país de las personas sancionadas o excluirlas de licencias de exportación.

Es aún más rígida en otros campos. Establece que el presidente “impondrá” sanciones a los sectores de inteligencia y defensa rusos. También tendrá que castigar a las personas relacionadas con ciberataques del Gobierno ruso contra otros gobiernos o instituciones democráticas. Se podrá sancionar a quienes presten apoyo material, financiero o tecnológico a Siria en el desarrollo de armas químicas o misiles balísticos. Las penalizaciones supondrán el bloqueo de activos en Estados Unidos y la denegación de visados de viaje.

Las medidas se adoptaron en marzo de 2014. Se prorrogaron por última vez en septiembre de 2017 hasta el 15 de marzo de 2018. Limitan el acceso a los mercados de capitales primario y secundario de la UE para determinados bancos y empresas rusas e imponen una prohibición de exportación e importación de armas.
Igualmente, establecen una prohibición de exportación de productos de doble uso, bien para uso militar, bien para usuarios finales militares en Rusia y restringen el acceso de Rusia a determinadas tecnologías y servicios sensibles que pueden utilizarse para la exploración y la producción petrolíferas.