Suplemento Especial / Tribuna De la Fuente Tiempos de hoy

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Suplemento especial
1  de diciembre de 2017

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Tribuna / Aitor de la Fuente

La batalla por el espacio político anti stablishment

 
La irrupción de líderes rupturistas de izquierda como Mélenchon en Francia no ha logrado desactivar el mensaje reaccionario de una líder como Le Pen

Fenómenos como la victoria de Trump, la llegada de Le Pen a la segunda ronda de las presidenciales de Francia y el Brexit comparten al menos un elemento común: el voto masivo de grandes masas de trabajadores en contra del criterio de las principales fuerzas políticas del país y sus medios de comunicación afines. Este voto no sólo castiga a la socialdemocracia europea y al Partido Demócrata estadounidense, sino también a los medios de comunicación que han sido claves en la construcción de la opinión pública en las democracias avanzadas occidentales.

Este voto masivo de sectores populares expresa un rechazo a las instituciones  que han hecho sentir a esos grupos que expresaban sus intereses. Los grandes líderes políticos y grupos mediáticos que eran capaces de generar esa opinión moldeada han perdido en la actualidad esa capacidad de influencia. ¿Por qué? En primer lugar cabría señalar la falta de credibilidad y legitimidad sufrida por los socialdemócratas al convertirse en los gestores de la crisis de 2008 y, por tanto, principales impulsores de las políticas que han debilitado en buena parte los consensos comúnmente aceptados en las democracias avanzadas. En segundo lugar, conforme la crisis avanzaba y estos partidos pasaban a la oposición mantenían diagnósticos caducos que no se correspondían con la situación política, económica y social que había evidenciado la crisis.

Mientras, Corbyn, Sanders, Mélenchon e Iglesias se afirman como representantes de una izquierda rupturista que durante los años de hegemonía conservadora-social liberal habían permanecido al margen de la contienda política e irrumpen en ella.

Y lo hacen, más que con un programa concreto, se diría que con discursos, símbolos y códigos de comportamiento inspirados, en mayor o menor medida, por las experiencias populistas de la izquierda latinoamericana y la reacción juvenil, apartidista y anti stablishment que representaron el 15-M y el Occupy Wall Street. Sin embargo, pese a nacer de la reacción anti stablishment, estos líderes se han mostrado incapaces de constituirse como una fuerza hegemónica que la capitalice como sí han conseguido Trump o Le Pen.

La desafección política no puede sólo recogerse en lo que supusieron movimientos juveniles como el 15-M. El resentimiento contra el sistema y la desafección contra las élites no son patrimonio únicamente de los jóvenes de grandes centros urbanos con empleos temporales y precarios en el sector servicios. El declive industrial y la reconfiguración de la economía mundial iniciada en los ochenta y cristalizada en los noventa dejó tras de sí un descontento latente, crónico y ahora finalmente explicitado en amplios sectores de la clase trabajadora.

Cuando la izquierda populista posmoderna inicia a comienzos de la crisis una radiografía del enfado popular es miope a estos segmentos de la población: a sus intereses, gustos, ambiciones y, sobre todo, a las raíces de su descontento. Perdidos en batallas academicistas a medio camino entre cierto simbolismo pedante  y  un relativismo demasiado simplista, han huido de una realidad social cada vez más heterogénea y compleja.

Con la socialdemocracia fuera de juego y la izquierda posmoderna más inspirada en experiencias exóticas que en la realidad de sus pueblos, se ha abierto un espacio para una derecha que resucita argumentarios que creíamos olvidados y, aunque por el momento, dada la heterogeneidad del sentimiento anti stablishment, no es capaz de erigirse como una fuerza completamente hegemónica, sí es capaz de marcar la agenda política.

Estas fuerzas reaccionarias han logrado impulsar la desconfianza ante el refugiado, el rearme bélico de las principales naciones del planeta, fórmulas de guerra comercial entre Estados y, en definitiva, un sentimiento tristemente cada vez más generalizado de desconfianza hacia el diferente y de euforia nacionalista ciega.

Por tanto, urge pensar una alternativa política, programática y no meramente retórica o discursiva que sea capaz de conectar con quienes se sienten abandonados, no sólo por el stablishment socialdemócrata, que tenía a estos amplios grupos sociales como su referente electoral, sino también por una izquierda demasiados años titubeante entre un relativismo posmoderno fuertemente identitario y experiencias ajenas difícilmente exportables.

Politólogo. Universidad Complutense de Madrid

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