Suplemento Especial / Trump Tiempos de hoy

-

 
   

Suplemento especial
1  de diciembre de 2017

- - --

Suplemento Especial / P. A. N.

El nuevo presidente imprime un radical giro en la política estadounidense

Trump impone el 'America first'

No han tardado en cumplirse varios de los peores temores sobre la gestión en la Casa Blanca de su polémico inquilino. El magnate ya ha demostrado su apuesta por la mano dura en el exterior con un lenguaje belicista y determinadas decisiones que han aumentado la tensión internacional. Los retrocesos en materia medioambiental se sustanciaban con la salida del país del Acuerdo de París, mientras que se endurece la legislación contra los emigrantes y la nueva Administración trata de desmontar las políticas sociales impulsadas por Obama


El presidente Trump, a pesar de su apuesta por el aislacionismo, se ha caracterizado en su primer año de mandato por una hostil política exterior.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se ha producido con la misma sutileza que un elefante dando brincos en una cacharrería. Cerca ya de su primer año en el cargo, las políticas implementadas por su Administración continúan instaladas en los gestos y la propaganda más propios de una campaña electoral que resumía en su archiconocido eslogan de “America first” (América primero).

Pese a su anunciado repliegue y apuesta por el aislacionismo, si algo caracteriza al polémico presidente de Estados Unidos es su hostil política exterior. Las amenazas de salida de su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) –suscrito por Estados Unidos, Canadá y México–, la vuelta a las frías relaciones con Cuba, las constantes amenazas cruzadas con Corea del Norte y Venezuela, o el empeño en la construcción de un muro en la frontera mexicana han sido sus hitos en este campo hasta ahora.

En el caso del libre comercio, sus intenciones se vieron reflejadas en la salida del país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). En materia de inversión extranjera, el presidente ha preferido los tratados bilaterales a los multilaterales, como es el caso de su acuerdo con Colombia o sus diversas asociaciones con Brasil.

La promoción de la democracia mediante la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que ha dado prioridad a América Latina desde la década de los 90, es uno de los grandes giros del Gobierno de Trump, La materialización del eslogan “America first” ha consistido en la reducción de un 32 por ciento de los fondos para el Departamento de Estado y la USAID, lo que supone un recorte del 36 por ciento de los recursos destinados a Iberoamérica.

Las frecuentes negativas del presidente Trump a criticar las violaciones a los derechos humanos en países como Rusia, Arabia Saudí, Egipto y otras naciones se han convertido en una constante de la Casa Blanca. En un discurso a los empleados del Departamento de Estado, el pasado 3 de mayo, el secretario de Estado, Rex Tillerson, afirmó que si bien la política exterior estadounidense está guiada por valores fundamentales, una dependencia excesiva de los derechos humanos “realmente crea obstáculos a nuestra seguridad nacional e intereses económicos”.

Trump ha propuesto severos recortes presupuestarios a programas de promoción de los derechos humanos, y se ha convertido en el primer presidente estadounidense que ha boicoteado las sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En esta línea, el polémico magnate cambiaba el nombre a la Oficina de la Casa Blanca de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, que ahora se llama Oficina de Organizaciones y Alianzas Internacionales.


Las provocaciones del líder norcoreano Kim Jong-un han exacerbado la agresividad del presidente norteamericano.

Obsesión anti Obama
El presidente firmaba en octubre un nuevo decreto que promoverá  los seguros de salud asequibles, lo que de facto supone un primer paso para desmantelar el llamado Obamacare, el sistema público de salud puesto en pie por su predecesor y que Trump puso en su diana desde el primer momento con la intención de volver a privatizar estos servicios, en beneficio de la medicina privada y las compañías de seguros. “Hace siete años, los congresistas demócratas quebraron el sistema de salud”, aseguraba cuando firmaba el decreto.

Pero en el tiempo que lleva en el cargo, Trump no ha logrado la aprobación de ninguna legislación significativa, pese a que su partido tiene la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, aunque ha tomado decisiones ejecutivas dirigidas a anular políticas de Obama.

Su primer decreto, unas horas después de tomar posesión, fue para pedir al Departamento de Salud que interprete la ley de la reforma sanitaria de Obama de manera flexible para cortar vías de financiación.

Pero varios republicanos se rebelaron contra esta idea que habría dejado a millones de personas sin seguro o habría penalizado a niños, pobres y discapacitados. Aun así, Trump ha conseguido anular algunas de las políticas de Obama cuando sólo dependía de él a través de un decreto.

El pasado mes de julio, las senadoras republicanas Susan Collins, por Maine; Shelley Moore, de West Virginia, y Lisa Murkowski, por Alaska, declararon que no podían votar para la derogación de Obamacare sin un reemplazo por el impacto negativo que tendría en millones de personas. También se opusieron a la revocación de la Affordable Care Act (el Obamacare) el republicano Rob Portman, por Ohio, y los senadores republicanos Jerry Moran, de Kansas, y Mike Lee, de Utah, argumentando que si se revoca el Obamacare sin ningún reemplazo, 18 millones de estadounidenses quedarían sin seguro médico durante el primer año y la cifra subiría a 32 millones de personas en 2026, según estimaciones de la Oficina del Presupuesto del Congreso.

A pesar de todo, el Gobierno de Donald Trump continúa su firme marcha conservadora. El Departamento de Sanidad anunciaba en octubre que limitará el acceso a anticonceptivos al permitir a aseguradoras y empresas privadas que rechacen ofrecer estos métodos en sus seguros médicos por motivos religiosos o morales.

En los últimos años, 200 empresas habían presentado hasta 50 denuncias en contra de la norma de la era de Obama. En Estados Unidos, más de 55 millones  de mujeres reciben este servicio gratuitamente hasta ahora.

Entre otras medidas, el magnate también ha vetado a las personas transgénero en el Ejército, ha eliminado protecciones a trabajadores y estudiantes gays, y ha desmantelado las normas de transparencia con las que se luchaba contra la discriminación salarial por razón de sexo.

En cuanto a su promesa de no inmiscuirse en asuntos foráneos, apenas tardaba unas semanas en ser incumplida. En su corta ejecutiva, Trump ya ha sido el responsable del lanzamiento de la bomba no nuclear de mayor potencia de la historia. Lo hizo sobre suelo afgano.

Ha desplegado un convoy naval cerca de Corea del Norte y ha atacado una base del ejército sirio. En apenas diez días, la Administración estadounidense llevó a cabo tres demostraciones de fuerza contra tres países, sin preocuparse de las reacciones de Rusia, Irán o China.

Ha decidido el incremento de la partida presupuestaria del gasto militar, que se ha convertido en el más alto de la historia,  en detrimento de casi todas las demás.

Con el asesoramiento de su ministro de Defensa, el general James Mattis –perro loco–, que luchó en la invasión de Irak y la guerra de Afganistán, Trump ordenó el pasado 4 de abril el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk contra la base siria de Shayrat.

El 9 de abril abría otro frente. Como reacción a los lanzamientos de misiles balísticos norcoreanos, dispuso el despliegue del portaaviones USS Carl Vinson y su grupo de ataque en las aguas cercanas a Corea del Norte. El gesto tensó las relaciones en la región, tanto con el país afectado como con su vecina China.

En materia medoambiental, decidió romper con el “debilitante, desventajoso e injusto” Acuerdo de París contra el cambio climático. La retirada del pacto firmado por 195 países marca ahonda la fractura con Europa. Ahora Estados Unidos se ha convertido en el tercer país que no suscribe el acuerdo, junto con Nicaragua y Siria, aunque por motivos bien distintos. “Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, declaraba el presidente al anunciar su polémica decisión.

Estados Unidos es el segundo emisor global de gases de efecto invernadero. En numerosas ocasiones Trump ha negado que el aumento de las temperaturas se deba a la mano del hombre. A diferencia del Protocolo de Kioto, que abandonó George W. Bush en 2001, el Acuerdo de París no es vinculante. No ha sido ratificado por el Senado y carece de penalizaciones.

Malas señales para el Sur
La relación de la Administración Trump con América Latina está marcada por el conflicto mexicano. Las constantes declaraciones del magnate sobre la necesidad de construir un muro en la frontera con México, las descalificaciones como “violadores” o “criminales” han sido hartamente repetidas por Trump, quien también los ha calificado como “el enemigo”.

Venezuela igualmente ha sido un foco de conflicto. Trump mencionó la posibilidad de una “acción militar”, mientras que  con respecto a Cuba, el deshielo de las relaciones iniciado por Obama, tras décadas de ausencia, ha sido frenado en seco por el nuevo presidente. “Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”, aseguraba el presidente.


La minoría de origen latina se ha lanzado a las calles protestando contra el discurso del odio de Trump.

La xenofobia en el poder

La política migratoria fue un tema central de Trump durante su campaña para atraer el voto de la base angloamericana conservadora. Usaba el ‘argumento’ de que los inmigrantes “son criminales”, “quitan trabajos a los nativos” y que las fronteras estaban “demasiado abiertas”. Desde su llegada a la Casa Blanca ha dictado varios memorandos que implementaban cambios administrativos en políticas de arresto y deportación.

Se han ampliado las llamadas “prioridades” de deportación, que bajo Obama se concentraban en personas con delitos y órdenes pendientes de expulsión que no se habían cumplido. Ahora, todo indocumentado que entra en contacto con las autoridades, está en peligro. Miles de personas que consiguieron una prórroga a su deportación en los últimos dos años del gobierno de Obama y que deben reportarse anualmente para renovar sus permisos, están siendo arrestadas y deportadas.

Se multiplican los casos de arresto y deportación de padres y madres de familia que han ocurrido al presentarse a las citas para renovar los permisos.

El Gobierno de Trump ha ordenado la cancelación del programa de Acción Diferida para Inmigrantes Menores (DACA, por sus siglas en inglés), instaurado por Obama en 2012, y que ayudó a casi un millón de jóvenes indocumentados a obtener permisos de trabajo y la legalidad temporal en este país.

Al menos cinco proyectos de ley están pendientes en el Congreso para legalizar a los jóvenes inmigrantes, pero su futuro es incierto. Se espera en cualquier momento que el gobierno de Trump anuncie la posible cancelación de los programas de Estatus Temporal de Protección (TPS) para 300.000 centroamericanos y haitianos.
Los haitianos recibieron seis meses el pasado mes de mayo para “prepararse para regresar a su país”, anticipando que no les renovarán su TPS de nuevo. Lo mismo les sucederá a Hondureños, Nicaragüenses y Salvadoreños. El Departamento de Estado ha comunicado que estos países “ya no necesitan” esta protección.
La Casa Blanca anunciaba que este año, el país recibiría un máximo de 45.000 refugiados, menos de la mitad del máximo de 110.000 que había establecido al anterior Administración.

La legislación, pendiente en el Congreso, también crea un presunto sistema de visas con base a “méritos” y destrezas laborales, y elimina ciertas categorías de visados familiares -como las de hermanos de ciudadanos-. También se han iniciado los trámites para derogar el llamado “Acuerdo Flores”, de 1997, que regula las normas para la detención y trato de niños no acompañados bajo custodia de las autoridades federales. Ahora se agilizará la deportación de niños centroamericanos no acompañados.

Además, en tres ocasiones el gobierno de Trump ha emitido decretos que limitan la entrada al país de personas provenientes de varios países de mayoría musulmana. En cada una de dichas ocasiones, los tribunales han puesto coto a la decisión, aunque el tema está pendiente de juicio en los tribunales federales.