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Nº 1225. de diciembre de 2017

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Política / Virginia Miranda

La cárcel y el ‘exilio’ convierten a Rovira en virtual ‘presidenta’ de los ‘indepes’

Lideresa por accidente

Mujer de aparato disciplinada y tímida, Marta Rovira se sentía cómoda trabajando en la sombra. Por eso fue que el ingreso en prisión del candidato de ERC al 21-D, Oriol Junqueras, y el auto que el pasado lunes confirmaba la medida preventiva han sido para ella un revés pero también una oportunidad. Oriunda de Vic, epicentro del independentismo catalán, la número dos de Esquerra asegura estar dispuesta a hacer “lo que haga falta” por el procés. Y eso incluye erigirse en la próxima presidenta de la Generalitat. Siempre que los resultados, los pactos postelectorales y la justicia no se interpongan en su camino.


A la líder de facto de ERC se le resisten los estudios de radio y televisión, pero en su partido confían en su papel en los mítines / EUROPA PRESS

Sus partidarios dicen que es perfeccionista, sensible y sabe formar equipos. Sus detractores le reprochan falta de cintura política y cuestionan su liderazgo   ERC registra un retroceso en las encuestas mientras Puigdemont recorta posiciones entre los partidos independentistas

A veces una cara es más expresiva que cualquier discurso o declaración pública. Y eso es lo que pasó cuando Marta Rovira fue requerida por la prensa para valorar el auto del juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, que el pasado lunes decidía mantener en prisión provisional a Oriol Junqueras alegando riesgo de reiteración delictiva. “La no excarcelación de Junqueras es una ilegalización encubierta de ERC y un intento de ganar las elecciones del 21-D sin adversarios políticos”, dijo airada, mientras su rostro desencajado manifestaba su sorpresa ante una resolución judicial que no se esperaba y que altera sus planes y su futuro político. Tanto como para afianzarse, de facto, como la aspirante independentista con más serias posibilidades de presidir la Generalitat de Cataluña.

Con el exvicepresidente de la Generalitat y cabeza de lista de ERC para las elecciones el 21-D en prisión, la secretaria general y portavoz de Junts pel Sí en el Parlament disuelto en virtud del artículo 155 de la Constitución se ha visto obligada a dar un paso al frente abandonando el cómodo segundo plano en que se había instalado tras aterrizar en la formación independentista. “En la situación en que estamos todos haremos lo que haga falta para salirnos lo mejor posible de ésta”, dijo después de que Junqueras le señalara el camino en una carta escrita desde la cárcel de Estremera: “Va siendo hora de que una mujer esté al mando, una mujer que no se rinde, con una determinación y un convencimiento inigualables, sensata y audaz al mismo tiempo, tozuda y obstinada, pero también dialogante y pactista. Todos a su lado, no la dejemos nunca sola. República tiene nombre de mujer”.

Parte de la descripción que el líder de Esquerra hace de su colega es compartida dentro y fuera de la formación aunque con muy distinta lectura y, claro, con algunas salvedades. “Aunque aparentemente es una mujer seria y distante, es la viva imagen de lo que denominamos el seny catalán. Es una trabajadora incansable, perfeccionista, sensible y amante de las causas justas”, dicen desde el partido. También destacan de ella que es una persona “tímida que se crece cuando habla” en los mítines o en las grandes ocasiones, como en el debate de los días 6 y 7 de septiembre para aprobar las leyes de desconexión.

Calificada como una dirigente muy ideologizada, su militancia política tiene mucho que ver con Vic, ciudad de nacimiento y residencia de Rovira y punto neurálgico del independentismo de la Cataluña central que hunde sus raíces en el carlismo. También con su familia: su abuelo paterno formó parte de Òmnium Cultural –su marido, Raül Presseguer, también es socio de esta entidad– y su abuelo materno fue alcalde de Sant Pere de Torelló durante la época franquista –su familia ha declarado que no tenía ideología sino voluntad de servicio público–.

Desde los partidos no independentistas prefieren hablar sin embargo de “fanatismo”. “Oriol Junqueras es muy amable, tiene un trato agradable y sentido del humor. Te puedes reír con él. Sin embargo Marta Rovira es fría, reduce las palabras a la mínima expresión si el interlocutor no es de los suyos”, señalan. Y deslizan que, además de emocionarse en público –no pudo reprimir las lágrimas tras el ingreso en prisión de Junqueras y siete exconsellers–, “se echa a llorar en las reuniones si las cosas no van como quiere”.

Por eso ponen en duda su capacidad de liderazgo que, dicen, no ejerce. Precisamente por ese reparto de papeles que tiene con Junqueras y que tan bien les ha funcionado a lo largo de casi una década de colaboración mutua.
                                    
Rovira era mujer de aparato en ERC cuando su hoy presidente encarcelado la conoció. Licenciada en Derecho por la Pompeu Fabra y en Ciencias Políticas y de la Administración Pública por la Universidad Abierta de Cataluña con matrículas, esta abogada de profesión –dio clases de Derecho Administrativo en la Escuela de Policía de Cataluña y trabajó en la Agencia Catalana de Cooperación– se afilió a Esquerra en 2005 y entró a formar parte del equipo de Joan Ridao que, a raíz de la posterior llegada de Joan Puigcercós, protagonizó una de las últimas luchas cainitas de una formación pacificada con la llegada de Junqueras. Ella, secretaria Nacional de Política Internacional, Europea y Cooperación, supo mantenerse al margen y hoy está en una disputa de mayor enjundia, la de la presidencia de la Generalitat.

Ese cargo en el partido fue el que le conectó con el exvicepresident. Candidato a las europeas de 2009, se afilió en 2010 y en 2011 fue elegido presidente de ERC. Ella había sido su vínculo con el aparato de la formación republicana y, cuando nombró a su gente de confianza, no dudó en nombrarla su número dos. Así, Junqueras ponía la “mente brillante dentro del independentismo”, le reconocen sus detractores, y Rovira el trabajo interno y muñidor de equipos. En los últimos tiempos, la exconsellera y secretaria primera de la Mesa del Parlament, Anna Simó –no ha repetido en las listas del 21-D– y la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, han formado parte del círculo de la hoy líder republicana.

Por cierto que con Forcadell comparte el título de ‘dama de hierro’ del independentismo. Rovira fue quien más presionó a Carles Puigdemont para que no convocara elecciones y dicen que no se arrepiente. Esa determinación, aunque se saldó con la huída del expresident a la capital belga, le valió el ofrecimiento por parte del PDeCAT de encabezar una lista unitaria de la que también formaría parte del cesado Govern. Sin embargo y a pesar de aceptar sinergias en sus estrategias políticas y judiciales, ERC declinó la invitación y hoy se encuentra en una situación más crítica que cuando arrancó la precampaña electoral.

Según una de las últimas encuestas publicadas, la del Gabinet d'Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para El Periódico, Junts per Catalunya (PDeCAT) ha ido recortando distancias con Esquerra durante el tiempo que Junqueras lleva en prisión y, aunque desde la distancia, Puigdemont está sacando más provecho a su condición de huido con constantes apariciones en medios internacionales y acaba de arrastrar a más de 45.000 personas, según la prensa local, a la manifestación independentista convocada por Òmnium Cultural y la ANC en el corazón político de Europa coincidiendo con el puente de la Constitución española.

Mientras, las posibilidades del candidato preso se limitan a la publicación de cartas en la prensa catalana y la campaña de Rovira no es capaz de evitar una tendencia a la baja según este sondeo –JxCat se sitúa a un punto de ERC– y según otros tantos publicados a lo largo de los últimos días. En el barómetro preelectoral del CIS, ERC, aunque también el PDeCAT y la CUP, registran un retroceso. Y, en este caso Ciudadanos, que se aproximaba la primera posición como fuerza más votada, es el partido que representa mayor peligro para Esquerra. Si bien el PSC de Miquel Iceta ha ido recortando posiciones con los de Arrimadas y ambos se disputan el liderazgo entre los partidos no independentistas.

Luego están las alianzas postelectorales. Como contaba El Siglo hace algunas semanas [ver número 1221: Junqueras tiene un plan], “la cúpula de ERC, como primera fuerza política catalana in péctore, ya ha empezado a diseñar un nuevo tripartito, en una reedición del Pacto del Tinell que suscribieron con el PSC e ICV en 2003. Abandonando al PDeCAT como principal compañero de viaje, los republicanos cortejan a los comuns de Ada Colau y al PSC de Miquel Iceta como los socios con los que articular un gobierno que abandonaría la vía unilateral pero que insistiría en la reclamación del referéndum”.

Pero para eso tienen que dar los números y el candidato socialista, habida cuenta de su positiva evolución en las encuestas, podría estar en condiciones de atraer a los comunes a su eventual investidura –“es el dirigente catalán menos vetado, y el único al que podrían apoyar, a la vez, Ciutadans y los comunes de Ada Colau”, contaba también esta revista hace unas semanas [ver número 1223: El tercer hombre]– y romper los planes de Esquerra.

Pablo Llarena es otro de los peligros que ‘acechan’ a Rovira. A finales de noviembre se publicó que el juez del Tribunal Supremo que investiga el referéndum ilegal del 1 de octubre y la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre anulada por el Constitucional estudia ampliar la lista de investigados a nombres como el de la virtual ‘presidenta’ de un Gobierno encabezado por ERC. La razón, los informes de la Guardia Civil sobre el documento EnfoCATs –la “hoja de ruta de la independencia” incautado en el registro domiciliario al número dos de Junqueras en la consejería de Economía– que atribuyen a la secretaria general de la formación republicana un papel protagonista en el 1-O y en la DUI.

Al día siguiente, Rovira dijo en la Cadena Ser no haber visto el informe y, al ser preguntada si había participado en reuniones para diseñar la hoja de ruta hacia la independencia, contestó: “Si le respondo a esta pregunta, nos estará oyendo algún fiscal, y no sé a qué me compromete, no sé de qué se me acusa en un informe de la Guardia Civil”.

Queda algo más de una semana para que se celebren unas elecciones atípicas. Con una previsión de participación histórica, con casi la mitad del espectro político otorgándole un carácter plebiscitario, con el expresident –president para los independentistas– huido –en el “exilio”– y con el candidato del partido con mejores expectativas de voto en prisión y perdiendo posiciones en las encuestas. Mucho es el reto para Marta Rovira, “perfecta número dos” que, desde el auto del pasado lunes confirmando la prisión preventiva de Junqueras, está asimilando su nueva condición de lideresa por accidente. Demasiada responsabilidad para una  apparátchik pura de no ser por ese carácter épico del que se han investido los independentistas del procés.

 


En el programa de Jordi Évole, Arrimadas logró imponerse en el cara a cara con Rovira.

Las candidatas suspenden en política general

El primer cara a cara de Inés Arrimadas y Marta Rovira, las dos candidatas que parten como favoritas en las encuestas del 21-D, ha dejado muchos titulares. Pero el más destacado no tiene que ver con el ‘monotema’ del procés sino con otro asunto igual o más importante: el desempleo.

El programa Salvados de La Sexta reunió el domingo, 3 de diciembre, a la líder de Ciutadans y a la número dos de ERC para hablar la crisis que se ha vivido en Cataluña y que habrá de resolverse tras las elecciones de diciembre. Pero antes, su director y presentador, Jordi Évole, quiso saber si estaban al tanto de otros asuntos que también preocupaban a los ciudadanos. “¿Ustedes me podrían decir la tasa de paro que hay ahora mismo en Cataluña?”, fue la primera pregunta. “En torno al 19 o 20 por ciento”, dijo Arrimadas. “Estoy de acuerdo”, se sumó Rovira.  “La tasa es del 12,5 por ciento, según la EPA”, les corrigió Évole.

No fue el único aspecto en el que ‘patinaron’. También demostraron desconocer el número de refugiados acogidos y el de mujeres asesinadas en Cataluña en lo que va de año, y sólo la candidata de C’s se aproximó al número de barracones en las escuelas catalanas al hablar de la cifra total de alumnos afectados.

Sin embargo y, en líneas generales, Arrimadas fue mejorando durante el cara a cara y Rovira cayó en contradicciones más llamativas. A preguntas de Évole y ante su incapacidad para aportar pruebas sobre la grave acusación de que “habría muertos en las calles” si la república catalana se ponía en marcha, acabó diciendo que al menos sus palabras habían arrancado un compromiso al Ejecutivo para que algo así no ocurra jamás.

A Rovira no le ha ido muy bien en los medios desde que Junqueras entrara en prisión el 2 de noviembre y se convirtiera en la cara y la voz de ERC para el 21-D. Menos aún cuando tiene que expresarse en castellano, justifican desde su entorno. Además de su polémica entrevista en Rac1 hablando de la supuesta “violencia extrema” con la que el Gobierno habría pretendido parar el procés o de su aparición en Salvados, la número dos de Esquerra dijo en una entrevista en la Cadena Ser que “la vía unilateral no existe, es un invento del Estado” y evitó admitir que los independentistas no tenían mayoría social, algo que sí han reconocido compañeros de partido y sobre lo que posteriormente se ha acabado desdiciendo.

Este pasado jueves, TVE emitía el primer debate de todos los candidatos. Faltaron Carles Puigdemont, huido desde finales de octubre en Bruselas para evitar la prisión preventiva, y Marta Rovira, que ese mismo día acompañaba al expresident en la manifestación independentista celebrada en la capital belga. Agendas y vuelos no pudieron cuadrarse para que la virtual ‘presidenta’ de los independentistas cumpliera con los dos compromisos. Una suerte para alguien que, desde que se situó a la cabeza visible de ERC, ha acumulado tropiezos en los medios y, casualidad o no, descensos en las encuestas.