Entrevista Natalia Menéndez Tiempos de hoy

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 Nº 1226. 15  de diciembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Natalia Menéndez, directora y actriz

“El maltrato produce monstruos”

Ha sido durante ocho años directora del Festival Internacional de Almagro, pero Natalia Menéndez (Madrid, 1967) acaba de dejar el cargo y ha vuelto a las tablas, que conoce desde que nació: Es hija de Juanjo Menéndez. Ha dirigido ‘Tebas Land’, de Sergio Blanco, que se representa en el Teatro Pavón Kamikaze, de Madrid, una dura obra sobre el maltrato y el parricidio, pero llena de una poesía áspera, envolvente y deslumbrante. La pieza es también una reflexión sobre la escritura dramática, como cuando uno de los personajes se ubica al borde del escenario, mira al público, y dice: “Para mí esta distancia es lo que hace que el arte sea mejor que la realidad”.

“Israel Elejalde aporta en ‘Tebas Land’ una faceta inusual en él, la ternura y el humor”   “Mi padre, Juanjo Menéndez, fue clave para mí. Hemos trabajado juntos y hemos tenido una entente maravillosa”

‘Tebas Land’, de Sergio Blanco, revisita textos como ‘Edipo Rey’, de Sófocles. Está escrita en 2012 y fue declarada como “obra de interés cultural” por el Ministerio del Interior de Uruguay. ¿Qué la ha movido a poner en escena esta obra?
Es una obra premiada en Uruguay y en Londres, también se ha hecho ya en París, en Alemania, en Tokio, en Perú, en Brasil o en Chile. Es decir, se trata de una obra que ya tiene un recorrido, que ha sido muy aplaudida. Yo decido montarla porque revisita el mito de Edipo, y en lugar del desconocimiento por parte de Edipo al matar a su padre, porque Edipo, cuando lo mata, no sabe que era su padre, en ‘Tebas Land’ el parricidio se produce por algo relacionado con el maltrato. Se trata de un niño que ha sido maltratado desde la infancia, que el padre también maltrató a su mujer, y las consecuencias del maltrato producen monstruos, personas muy desordenadas. La función trata sobre un dramaturgo que visita una cárcel porque quiere escribir del parricidio. Y se encuentra con este parricida, un joven que ha matado a su padre de 21 golpes de tenedor. Y durante el tiempo en el que se van explicando los motivos por los que ese chico ha matado a su padre, simultáneamente se va viendo el hecho creativo, se va contando cómo el autor va escribiendo la obra. ‘Tebas Land’ aporta el debate ético y estético de la representación, habla también del arte de la representación: de la copia, del doble, de la imitación. ¿Qué es representar? ¿Qué es todo ese proceso creativo? Ese proceso que a veces no es blanco. Ni idílico. No siempre es suave. En ocasiones se usa y se abusa de las personas. Todo eso se pone en cuestión. Y va creciendo una relación entre el parricida y el autor a lo largo del tiempo. Una relación de ternura, con muchas gotas de humor. Y esa ternura hace que poco a poco se vayan dando cuenta de que existe el buen trato, y que con ese buen trato una persona puede transformarse, puede cambiar, y puede iniciar una nueva vida. Y todo eso es, en definitiva, lo que a mí me provocó las ganas de contar esta obra. Que, como decía, supone también una reflexión sobre el hecho creativo, sobre la autoría, sobre el hecho de escribir, y sobre el hecho de representar. La obra explica por qué las tragedias griegas no mostraban los asesinatos sobre el escenario. ‘Tebas Land’ es todo un tratado acerca de la tragedia y del hecho creativo. Y es la tragedia más inquietante que he leído en este inicio del siglo XXI.

Usted ha intentado comprender al personaje, no juzgarlo.
De hecho el propio autor, Sergio Blanco, lo hace así. Entender los motivos de que sea un niño maltratado. Yo he trabajado mucho y he leído mucho sobre los niños maltratados y las consecuencias tremendas que ello produce. Y el autor, por supuesto, también lo ha estudiado, porque en la función están todas, o muchas, de esas consecuencias. Pero en ningún momento el autor crea un acto de demagogia, ni yo tampoco, en el sentido de salvarlo de la cárcel o algo así. No. Este hombre debe de cumplir condena, pero este hombre tiene esa posibilidad de redimirse. Porque no es un asesino profesional, valga la expresión, no es un asesino en serie. Se trata de un hombre que ha tenido unos motivos que podemos entender, aunque el hecho no lo entendamos o no estemos en absoluto de acuerdo con él. También tú te planteas si a ese padre puede llamársele padre. Pero la cuestión de fondo reside en si uno/una puede modificar su manera de vivir gracias al buen trato.

Eduardo Haro Tecglen escribió que apalea el que ha sido apaleado.
Es eso, sí. Dios, ¿por qué este padre pegaba tanto a ese niño y a su mujer? Seguramente podría ser él también un niño maltratado. Porque se trata de una cadena que debemos romper, y tenemos que hablar de ello desde todos los ángulos. Y desde el teatro, por supuesto.

Israel Elejalde fue un Hamlet descomunal hace dos temporadas. ¿Cómo ha sido su trabajo con los actores?
Es una gozada trabajar con Israel. Ya habíamos trabajado juntos anteriormente, él como actor y yo en la dirección. Pero en este caso el viaje con Israel ha sido muy enriquecedor y aporta una faceta que él muestra menos sobre el escenario, que es la ternura y el humor. Israel tiene una gran capacidad de humor, y a mí me gustaría la próxima vez dirigirlo en una supercomedia. En ‘Tebas Land’ destila humor y ternura. Y esa parte menos conocida de Israel resulta maravillosa. Y Pablo Espinosa es un actor que se inicia ahora en el teatro. Él lleva una carrera importante en el cine y en la televisión, y es un talento. Se trata de un chico joven que acaba de debutar en el teatro con ‘Tebas Land’. Tiene un imán y una magia fuera de lo común. El tándem que hacen Israel y Pablo resulta soberbio.

Sergio Blanco es un autor desconocido en España.
Hasta el momento. Pero yo creo que va a ser muy conocido aquí en el futuro. Y considero que esta obra va a abrir una gran puerta en torno a quién es Sergio Blanco y va a provocar una curiosidad enorme en torno a este autor. Él ha escrito ya muchas piezas, yo habré leído unas 12 obras suyas, y la mayoría son muy interesantes. Y es un hombre que no para. Dirige alguna de sus obras. Es franco-uruguayo, vive en París, y tiene una formación entre Iberoamérica y Europa que resulta interesantísima. Se trata de un hombre muy culto, pero que hace fácil su cultura de cara al espectador. ‘Tebas Land’, por ejemplo, es una obra plagada de citas. Dostoievski, ‘Los hermanos Karamazov’, aparecen en esta obra, porque ahí también se da un tema de parricidio, porque Dostoiesvki fue un niño maltratado. Pero Sergio Blanco nos lo cuenta de tal manera que trata bien al público, porque no nos menosprecia por no conocer ‘Los hermanos Karamazov’, o la vida de Mozart, o ejemplos que va dejando que goteen sobre la obra respecto al parricidio o el maltrato infantil.

¿Hasta qué punto la profesión de su padre, Juanjo Menéndez, la condujo al teatro?
Estas cosas nunca las puedes saber del todo porque yo tengo una hermana que no es actriz. Entonces aquí ha habido un mitad y mitad, un 50%. Pero está claro que, para mí, mi padre ha sido clave. Y la entente que hemos tenido. Hemos trabajado juntos, y yo he sido ayudante suya de dirección, he estado a sus órdenes como actriz, y también lo he dirigido a él. Hemos tenido una entente maravillosa. Pero la relación con el teatro también me viene por el lado de mi madre. Mi madre es francesa. Y su hermano, es decir, mi tío, fue director de la Comedie francesa, director del Teatro Odeon, director del Conservatorio de París, y él también ha sido una persona clave en mi vida. Yo he tenido, por suerte, dos pilares enormes, uno en Francia y otro en España, que me han hecho ver la profesión desde un lugar público y desde un lugar privado, desde diferentes maneras de entender este oficio y, por tanto, de tener menos prejuicios y de aprender con dos personas sabias.

Usted se ha identificado siempre con una frase de Pilar Miró, que dice: “Lo imposible me pone”.
Sí, sí, esa frase supone una motivación, porque hacer posible lo imposible es también la magia que puede tener el teatro. Y la gente de teatro nos dedicamos un poco a hacer magia permanentemente. Además, en realidad, salvo la muerte, o la enfermedad muy clara y muy complicada, lo imposible es sólo una manera de ver las cosas. Yo apuesto por mirarlo todo desde un cierto optimismo.

Después de su paso por los despachos del Festival de Almagro, ¿le gustaría volver a pisar las tablas de un teatro o estar en un plató de cine?
Me encantaría volver a actuar, sí, sí, pero no a cualquier precio ni en cualquier cosa. Pero sí me gustaría mucho hacer teatro, cine o televisión. Llevo sin interpretar teatro desde 2002.

Usted dirigió en 2006 la obra ‘Tres versiones de la vida’, de Yasmina Reza. ¿Hasta qué punto considera que Yasmina Reza ha influido en la comedia actual?
Resulta indudable que ‘Arte’ es una pieza de una construcción magistral en cuanto a la carpintería teatral, y ‘Tres versiones…’ era una manera muy divertida de contar la diversidad y la diferencia a la hora de afrontar la vida. Creo que Yasmina Reza es una de esas escritoras que ha marcado pauta, sobre todo en Europa, pero nadie la ha podido imitar. Yo, al menos, no he visto buenas imitaciones de Yasmina Reza. Supongo que habrá provocado preguntas respecto a la idea de la amistad, de las relaciones, de la diferencia… Lo que ignoro es hasta qué punto ha influido. Se trata de una autora clave, pero yo no he leído otras obras de teatro cercanas a Yasmina Raza para definirme en el sentido de qué escuela ha dejado. No lo he visto. Ella es original. Ella es así.

¿El teatro es palabra y actor?
Para mí es palabra y gesto. Y es actor y público. No existe palabra y actor, sino palabra y gesto. Porque el gesto está en la palabra. Si no, no es teatro. Y tiene que ser actor y espectador. De lo contrario, no hay teatro. Además, el teatro nos tiene que ofrecer luz. Eso es mucho más importante que únicamente funcione como divertimento. El teatro debe poner encima de la mesa cuestiones, emociones e ideas, al tiempo que nos haga viajar a través de un mundo maravilloso o complicado. La mayoría de las obras que yo he dirigido tienen una función social.

Contra la violencia

¿Qué considera como lo esencial que ha conseguido como directora del Festival de Almagro en los ocho años que ha estado en el cargo?

Creo que limpiar una deuda, darle un auge en cuanto a la internacionalización, apoyar la joven creación nacional e internacional, también la creación infantil, y darle una mirada que va más allá del teatro, es decir, reuniendo las artes en torno al teatro. Que apetezca ir a ver teatro clásico, y que la idea de teatro clásico no sea que tiene polvo, que sea antiguo, o que no se entiende. Al revés. El porcentaje ha sido enorme respecto a los espectadores que han ido por primera vez al teatro y que han decidido que fuera en el Festival. Ha sido más de un 20% y para mí ha sido enorme haber hecho eso. Y se han presentado compañías del mundo entero, salvo de Australia, que en ese sentido estoy un poco dolida, pero se han presentado compañías de más de 40 países, de sitios que incluso teníamos que mirar en el mapa porque no sabíamos dónde estaban. Y ver que el público ha cambiado de edad, que hemos mantenido a los fieles y hemos creado un sector nuevo. Cuidar tanto a la profesión como al público. Para mí ése era el objetivo esencial. Y escuchar a los almagreños. Escucharlos mucho. Y usar una estética no violenta. Esa es una constante en mi trayectoria. Porque creo que la vida es muy violenta. Y la vida se puede vivir de otra manera. Que no vende tanto. Y que no resulta fácil de ubicar. Pero me parece muy importante trabajar en la estética no violenta y en el buen trato.