La Guia Tiempos de hoy

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 Nº 1227. 22  de diciembre de 2017

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Gabriel Olivares, director teatral

“El teatro es un ente más vivo que el cine”

Enrique Jardiel Poncela escribió contra la lógica y contra el teatro de su época, al que llegó a calificar de “mugriento” y “asqueroso”. El director teatral Gabriel Olivares ha recuperado ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’, una de las piezas cumbre de Jardiel.  “Fue un adelantado de su tiempo, un portento, y un auténtico maestro de la comedia”, afirma Olivares, uno de los directores de mayor éxito de España, sobre Jardiel. ‘Cuatro corazones…’, que se representa en el teatro Maravillas de Madrid hasta el 4 de febrero, fue la primera obra teatral que vio Olivares, de niño, en Albacete.

En ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’, Jardiel parece decirnos que la vida sólo tiene sentido porque existe la muerte. Y usted ha afirmado que “la obra mete el dedo en la llaga de uno de los conflictos de la humanidad, que es la inmortalidad”.
Exactamente. Yo creo que Jardiel es un adelantado de su tiempo. Y se demuestra con el hecho de que en 1936 hiciera una comedia de esta originalidad, tratando esta temática. Puso el dedo en la llaga de la vida eterna. Pero como especie, el ser humano no está hecho para vivir eternamente. Y yo creo que todos los intentos de alargar artificialmente la vida, tarde o temprano traen consecuencias negativas, como de hecho nos cuenta Jardiel. Estos personajes de ‘Cuatro corazones…’ que deambulan a lo largo de la eternidad sufren mucho. Y esa idea de felicidad que creían que les iba a aportar la eternidad, luego no se da. Jardiel, insisto, es un adelantado a su tiempo y un portento, un auténtico maestro de la comedia, y se demuestra con esta obra. Esta función se representó hace meses en el teatro Galileo de Madrid, en los Veranos de la Villa, y resultó muy curioso la cantidad de gente joven que la veía y se sorprendía de la tremenda modernidad que esconde. Hasta el punto que me recodaba la película El curioso caso de Benjamin Button, que no hace mucho rodó en Hollywood el director David Fincher, protagonizada por Brad Pitt, que también habla de la inmortalidad, como esta función.

“Con ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’ Jardiel puso el dedo en la llaga de la vida eterna”   “La comedia teatral ha influido en la comedia televisiva clarísimamente”

‘Cuatro corazones…’ se estrenó en 1936. ¿En qué medida su toque de director ha influido en la modernidad de la función?
Yo he intentado ser muy fiel a la letra y al espíritu del texto de Jardiel. La obra de Jardiel planteaba un viaje en el tiempo de los personajes. Y el tercer acto ocurría en 1936, año de su primer esteno. Y yo he intentado lo mismo, el tercer acto se desarrolla en 2017, que es cuando estrenamos esta versión. Y a partir de ahí, respetando las pausas de tiempo que marca el autor, nos da que la función comienza con los personajes a final de los años 60 o principios de los 70 en España. Porque considero que los 70, aquí, fueron unos años especiales, convulsos, de transición y de muchos cambios, y eso también está en una de las lecturas que pueden hacer de este texto, del paso del tiempo, de qué partes cambian y qué partes no cambian, y el público de ahora lo puede entender perfectamente. Pero lo reseñable es que, sin tocar ni una sola coma, todo esto se pueda hacer. Y eso únicamente pasa con los autores universales, como Jardiel. Que tú haces un planteamiento diferente del texto y lo soporta perfectamente.

La última obra teatral de Jardiel que se acaba de reeditar se titula ‘Como mejor están las rubias es con patatas’. Jardiel siempre apostó por los títulos largos y no parecía preocuparle en absoluto que fueran políticamente correctos.
Claro, ningún dramaturgo universal basa su trabajo en lo políticamente correcto. Yo creo que cuando alguien hace algo políticamente correcto está limitando su expresión artística. Y Jardiel no la limitó nunca. Pero Jardiel, que tuvo una vida de muchos éxitos, luego acabó bastante mal, olvidado, arruinado, con muchos problemas económicos, y yo considero que eso ocurre con los dramaturgos y con los teatreros, que a veces conquistan el éxito y luego son abandonados por ese público que los ensalzó en algún momento. Le ocurrió también a Oscar Wilde, sobre quien estrené en septiembre una función, ‘Gross Indecency’, en el teatro Fernán Gómez de Madrid. Y lo triste es que sigue ocurriendo. Tanto dramaturgos, como actores o directores, tienen una profesión ingrata. Es una profesión muy pasional, sí, pero ingrata. Por lo menos en España. Ignoro si en otros países a sus mayores o a sus artistas los tratan así. Creo que ahí tenemos una importante asignatura pendiente.

Se ha escrito que Jardiel, cuando fue guionista en Hollywood, sólo comió filetes con patatas cuando iba él solo a un restaurante porque fue lo único que aprendió a pedir en inglés.
Yo me puedo creer cualquier cosa de Jardiel. Igual pedía esos filetes con patatas porque es lo que más rico estaba allí. Y no le apetecía comer hamburguesas. A lo mejor. Vaya usted a saber.

¿Qué autor le gusta más, Miguel Mihura o Enrique Jardiel Poncela?
Es difícil… No lo sé… Lo pienso de verdad y lo siento así. No tengo favoritismos. Pero yo no he dirigido ninguna obra de Mihura, y a Jardiel lo he dirigido en este montaje. Y yo estoy más acostumbrado a dirigir a autores contemporáneos, como Jordi Galcerán, pero no tengo predilección por los autores y ni siquiera por mis montajes, intento entregarme a todos de la misma manera, totalmente, y ponerme a su servicio. Eso sí que lo hago. Me pongo al servicio de la obra e intento que la función le llegue al público de la manera más honesta por mi parte, en la que mi mano está, por supuesto, pero intentando siempre que no se perciba demasiado, ni intervenir demasiado en la función, sino dejarla respirar y, de alguna manera, guiarla.

Una frase suya: “El teatro es proceso, el que quiera resultados que haga cine”
Uff, yo digo a veces cosas muy rotundas. No sé si habría que matizarlo. Pero sí creo que el teatro está basado siempre en el proceso, nunca es igual, aunque decir eso es una obviedad, una perogrullada, pero es verdad, el teatro está vivo, las funciones tienen vida propia, y no sólo porque las cambies y un día pruebes una cosa y otro día pruebes otra, es que las funciones cambian cada vez por sí mismas. Y el cine finalmente es un resultado que aparece en unas latas, en un DVD, o en un pincho. Seguramente todo esto hace que el teatro sea un ente más vivo que el cine. Aunque el cine, cuando se está haciendo, también está vivo. Lo que pasa es que no se reproduce una y otra vez como le ocurre al teatro, al que hay que darle vida cada noche. Con lo que estoy de acuerdo es con que cada vez disfruto más con los procesos. Y creo que cuando los procesos son honestos, son ricos, son estimulantes, creativos, el resultado siempre aparece, más tarde o más temprano. El teatro es un arte colectivo, coral.   

De hecho, la mayoría de los actores dicen que prefieren el teatro al cine.
Porque el teatro es la auténtica escuela. Pisar un escenario y estar frente al público de verdad. Pero luego ves que cualquier actor deja una función corriendo si lo llaman para rodar una película. De modo que habría que poner en cuarentena esas frases tan rotundas de los actores.

Usted defiende el concepto de teatro comercial. ¿Por qué hay tantos francotiradores en su profesión que disparan contra el teatro comercial?
Yo no defiendo ni dejo de defender el teatro comercial. Yo hago mucho teatro del llamado comercial, pero también hago mucho teatro del no llamado comercial. Hago mucho teatro que afortunadamente tiene éxito, pero también hago teatro que no tiene éxito. Particularmente no soy esclavo de tanta etiqueta. Mire, que la gente piense como quiera, etiquete como quiera, porque está en su derecho. Y si hay francotiradores que por una etiqueta matan, pues entre ellos tendrán que arreglárselas.

¿Qué ha influido más, la televisión en la actual comedia teatral, o la comedia teatral en la televisiva?
Yo creo que la comedia teatral ha influido en la comedia televisiva clarísimamente. Creo que la tradición de comedia del teatro español del siglo XX es lo que vemos ahora en series como ‘Aquí no hay quien viva’, y todas estas series con ese humor tan característico, con esos secundarios españoles de pura cepa. En todo caso creo que teatro y televisión se retroalimentan. En la televisión prefiero ver propuestas más naturalistas, más realistas, pero en el teatro prefiero la teatralidad y la poesía. Todo eso, en la tele, no es necesario. Pero en el teatro prefiero propuestas que, como espectador, me hagan ver otras cosas. Ver el mundo invisible.

Usted siempre ha sido partidario de hacer un teatro muy físico.
Sobre todo con la compañía de teatro Lab. Aunque yo considero que todo el teatro es muy físico. ‘Cuatro corazones…’ es el cuarto montaje que hago con la compañía, y nosotros defendemos puntos de vista escénicos que requieren mucha fisicidad y actores físicamente muy bien preparados, con mucha precisión y mucha capacidad de sincronizar movimientos. Hacer un teatro con una puesta en escena más elaborada, o que se aleje del teatro naturalista, pero yo tengo un pie en cada orilla. Hago teatro, digamos, habitualmente más convencional, y luego el teatro de la compañía. Pero no crea que se diferencian tanto uno de otro. Finalmente son expresiones del mismo arte, que es el teatro. Pero, efectivamente, con la compañía Teatro Lab hay siempre una propuesta con mayor rigor físico de lo normal.

Ha dicho usted: “Dejo que el texto hable, intento escucharlo”.
Bueno, el texto, los actores, la puesta en escena, sí, creo que hay una manera de trabajar así, y yo lo intento. Creo que unas veces me sale mejor y otras veces me sale peor, pero es como si las funciones se revelaran de alguna manera. Es como cuidar las circunstancias, cuidar mucho que esas circunstancias estén ahí, y de repente empieza a emerger el cultivo, el cultivo empieza a emerger solo. En ocasiones hace falta confianza porque esto no ocurre automáticamente, pero creo que tiene más que ver con ir cuidando y dejar que la función empiece a hablar por sí misma. Yo disfruto mucho con esa manera de trabajar. Más que llegar y decir: “Esto lo quiero así, así, y así, y punto”. Yo prefiero ir encontrándome la función e ir viendo cómo se va desarrollando. Evidentemente hay que dirigirla, hay que guiarla, hay que estar ahí, cuidándola, mimándola. Creo que todo esto tiene algo que ver con la propia experiencia. Al principio lo llevaba todo muy preparado, no quería que nada se saliese del guión, y ahora me siento mucho más libre para dejar que las cosas se expresen por sí mismas.

Muchas obras en cartel

Usted, hace unos dos años, llegó a tener cinco obras en cartel en Madrid al mismo tiempo.
Si le digo la verdad no dediqué excesivo rato a pensar en eso porque tampoco se trataba de cinco funciones que se hubieran ensayado a la vez y estrenado a la vez, lo que hubiera sido una proeza y seguramente una insensatez. Pero una de las obras, por ejemplo, era ‘Burundanga’, que llevaba mucho tiempo en cartel, en el Teatro Lara, otra que llevaba dos años, y otra que reestrené en aquellos días. Y efectivamente, no lo niego, te produce alegría de repente ver eso. Pero como esto no es una carrera que se mira cuantitativamente, que vales porque tengas muchas obras en cartel o pocas, yo al menos no funciono así, pues imagino que sentí alegría, pero poco más, ¿eh? Ya le digo que no se trata de un objetivo que yo tenga marcado, sino de algo con lo que yo me encuentro y disfruto. Disfruto con que los actores puedan trabajar en funciones que permanezcan mucho tiempo en cartel, que los actores se puedan ganar la vida, que al público le guste mi trabajo. Van más por ahí mis aspiraciones, sí.