Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1228. 5  de enero de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Cuando el rey Juan Carlos cumple 80 años

En el año 2004 publiqué La Soledad del Rey, un libro en el que, por primera vez, se rompía el tabú cómplice que protegía al monarca. La prensa se autocensuraba con gusto, salvo en alguna referencia a su vida amorosa, en razón de la simpatía que emanaba el monarca.

Los medios no decían ni una palabra sobre lo más relevante: sus imprudentes aventuras empresariales, que además de poner en evidencia la traición a su esencial papel en democracia, animaba al monarca a persistir en sus errores, encantado con su inmunidad.

Estas objeciones no desmerecen los importantes, decisivos, servicios prestados por Don Juan Carlos, que empiezan con su papel en la transición a la democracia, que siguen con un impecable respeto a su función institucional y concluyen con una abdicación dolorosa para salvar la institución.
Don Juan Carlos dispuso de menos poderes que sus colegas, los otros monarcas europeos, pues pesaba sobre los constituyentes el sombrío recuerdo de la dictadura de Franco, a quien el nuevo rey debía su designación para sucederle. Sin embargo, la ausencia de poderes efectivos fue compensada por las atribuciones a su papel de intermediación entre los poderes políticos que el Rey ejerció con habilidad y prudencia.
Su gran logro fue contribuir eficazmente a la integración plena, sin reticencias, de la izquierda en la nueva monarquía parlamentaria, primero con Santiago Carrillo y después con Felipe González, con quien sentó las bases de una relación fluida y leal entre la Jefatura del Estado y la del Gobierno. Don Juan Carlos era consciente de que la caída de su abuelo Alfonso XIII se debió en buena parte a que éste no quiso ninguna relación con los dirigentes socialistas y de la UGT.
El Rey, que había insistido en cuantas ocasiones se le presentaron en que seguiría con la corona puesta sobre su real testa hasta la muerte, como entendía su obligación dinástica, tuvo que rendirse a la evidencia. Ahora, a sus ochenta años de edad, tras tres y medio de rey descoronado, sí que se puede hablar con la mayor propiedad de La Soledad del Rey, como titulaba mi aludido libro publicado diez años antes de su abdicación.
Es el momento oportuno para hacer un balance justo de su gestión que ofrece un resultado positivo si bien, un auditor decente añadiría a su informe las aludidas salvedades, tanto en sus negocios como en su complicidad con los de su yerno Urdangarin y su hija la infanta Cristina.
Fueron los momentos en los que la Monarquía sufrió su mayor deterioro, rematados por la relación del monarca con Corinna, la cacería del elefante, etc. En aquellos momentos críticos, según me comenta una fuente muy próxima al monarca, éste había reflexionado hondamente sobre cómo debía conducirse ante la nueva situación. Había acuñado una nueva filosofía: “Se dice –le comentó Juan Carlos a mi fuente– que la primera obligación del Rey es ser ejemplar pero la verdad es que hoy nadie puede ser ejemplar. Eso era antes, cuando la gente no sabía lo que pasaba en palacio. En los tiempos que vivimos se me debe valorar bajo dos parámetros: mi utilidad y mi cercanía”.
En consecuencia, decidió realizar más viajes empresariales: a Chile, a India, a Rusia, al Golfo, a Marruecos, etc. “Menos viajes políticos y más road show”, resumió a mi fuente.
Nadie puede negarle que ha desempeñado magistralmente su papel de relaciones públicas de la nación y de introductor de los empresarios españoles para conseguir contratos internacionales.
La Monarquía tiene cortas raíces en la España de hoy, pero el Rey ha conseguido, con mucha habilidad y fino olfato y a pesar de sus errores y algo peor que errores, justificar y dar contenido a una institución que se restauró en España de forma un tanto excepcional y que cuenta con pocos devotos. Don Juan Carlos ha cumplido sobradamente su papel y ahora corresponde al hijo la enorme responsabilidad de que el juancarlato, que fuera un seguro contra riesgos de terceros a la muerte de Franco, devenga en una institución aceptable a pesar de su irracionalidad de fondo.
Aparentemente estamos al borde de una reforma constitucional en la que la Monarquía será puesta en cuestión. Hasta ahora Felipe VI está haciendo bien su trabajo pero no lo tendrá fácil.

 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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