Tribuna / Julio Rodríguez Tiempos de hoy

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 Nº 1228. 5  de enero de 2018

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Tribuna / Julio Rodríguez Fernández

Los valores… personales


Estos valores personales están adquiriendo recientemente una prioridad mucho mayor que los de grupo y de ello se deriva un modelo de actuaciones caracterizado por una competitividad personal que en ocasiones llega a ser una verdadera hostilidad

La experiencia es una personal caja de apuntes que, con el paso del tiempo, uno va llenando de todas esas ideas que de vez en cuando pasan por la mente y que nunca piensa desarrollar. Esa caja (mi caja) contiene de todo: párrafos que un día llamaron la atención, alguna que otra rememoración, cicatrices, censuras…

A veces, busco en ella ideas para tratar de darles coherencia porque hay ideas que si no se escriben no alcanzan su verdadera entidad ni desarrollan todas sus posibilidades. Y en esa búsqueda descubro que muchos de esos apuntes hacen referencia grandilocuente a los “valores”, y a cómo éstos rigen y justifican algunos comportamientos personales.
¡Y hay que ver con qué rapidez cambian estos valores según quién sea el que los interprete!

Unos, los valores tradicionales, siempre en crisis, aparecen, desaparecen, se añoran... y hasta se abusa de ellos.
Otros, si no valores llamémosles actitudes o sentimientos personales, surgen acompañando a los cambios de la sociedad.
Estos valores personales están adquiriendo recientemente una prioridad mucho mayor que los de grupo y de ello se deriva un modelo de actuaciones caracterizado por una competitividad personal que en ocasiones llega a ser una verdadera hostilidad.

Los síntomas más característicos de este egoísmo prioritario emergen cuando una persona tiene la sensación de que pierde si otra gana algo que ella no ha podido obtener.  Estamos en el conocido juego de suma cero al que también parece haberse sumado la vida cotidiana, y que, por supuesto, afecta a toda clase de organizaciones donde la tradicional teoría de gestión por resultados se está desvirtuando para transformarse en gestión por resultados… personales.

Para muchos, estamos en una sociedad en la que es más importante mostrar que vivir, representar que ser,  y donde el pragmatismo predomina. Ahora bien, ese pragmatismo no es un argumento válido para justificar, a nivel personal, comportamientos que son claramente trepadores.

Porque… trepar, ¿hacia dónde?

Los trepadores están siempre en una manifiesta contradicción. A la hora de hablar de otros, saben muy bien lo que hay que hacer, lo ético, qué es solidaridad, qué es lealtad…, pero otra cosa distinta es la praxis y cuál es su forma de actuar ante determinados hechos puntuales.

Evidentemente todos cometemos errores, pero no debemos olvidar que hay momentos en la vida que son irrepetibles, y lo son porque se corresponden con cosas que haces (unas más importantes que otras) que ya no vuelves a hacer y que, por tanto, marcan hitos importantes en nuestra conducta personal.

Y esas cosas no vale justificarlas –como hacen los trepadores– como locuras o errores del momento, porque para uno mismo no lo son y constituyen la base de nuestro propio equilibrio personal.

Si el sistema de valores decide primar al que se manifiesta, al que se asoma, al que figura,… es lógico, y no debemos extrañarnos, que aparezcan posturas banales y retóricas en las que solo brille la vanidolocuencia (palabro con el que trato de reflejar la oratoria de los que sólo se escuchan)

En definitiva, no podemos seguir sacralizando esos valores, no podemos sacralizar el pragmatismo, ya que la grandeza de una persona se mide siempre mejor por sus renuncias que por sus ambiciones y porque, a la larga, siempre será mejor seguir la pauta de ese aforismo chino que dice: “Hay que sostener lo que es recto sin calcular los beneficios, y seguir la vía sin tener en cuenta los resultados”. Y todo ello a pesar de que los trepadores insistan en defender el axioma de los tiempos que vivimos: “Viva la estética y que Dios proteja la ética”.

 

Firma

Julio Rodríguez nació en Orense en 1948, pero es de muchos sitios. Hijo de militar, siguió los pasos de su padre hasta llegar a General del Aire y JEMAD. Demócrata de corazón, participó en asociaciones militares pro democracia en los años setenta. Fue candidato al Congreso de los Diputados en 2015 y 2016 con Podemos, y está al frente del Área de Paz y Seguridad de su Consejo Ciudadano y es el secretario general de Podemos Madrid.

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