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 Nº 1228. 5  de enero de 2018

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Política / Virginia Miranda

Juan Carlos cumple 80 años despojado de la Corona y su influencia

La soledad de un Rey

Durante décadas estuvo considerado uno de los artífices de la Transición. Hoy, aquel pasado glorioso apenas es un recuerdo adormecido por los escándalos de sus últimos años de reinado y por su alejamiento de una Casa Real que, tras la proclamación de Felipe VI, hizo ostensibles gestos para borrar su peor herencia. Juan Carlos I cumple 80 años sin corona y sin épica. Los actos de homenaje de instituciones públicas y privadas que salpicarán 2018 para celebrar el aniversario serán un bálsamo con el que aliviar el peso de la soledad de un Rey.


Alejado de Zarzuela, el rey Juan Carlos se ha refugiado en su nuevo grupo de amigos. / EUROPA PRESS

Tras verse arrinconado en el aniversario de las primeras elecciones democráticas, tendrá el homenaje que le negó su precipitada marcha

  En estos últimos tres años se ha refugiado en sus amistades VIP, con las que disfruta de la gastronomía y el mar

Hace no muchos años que Juan Carlos I habría rechazado la simple idea de celebrar su 80 cumpleaños sin corona y sin épica. La que, desde la etapa de la Transición, le acompañó durante gran parte de su reinado. Al hoy rey emérito no se le pasó por la cabeza la posibilidad de abdicar hasta que los primeros escándalos y otras razones de índole personal le llevaron a planear una retirada honrosa una vez cumplidos los 40 años como jefe del Estado en noviembre de 2015. Sin embargo, no hubo tiempo para la pompa y el boato. La imputación de la infanta Cristina en el caso Nóos asestaba la última estocada al juancarlismo. El 2 de junio de 2014, en un mensaje televisado, el entonces monarca anunciaba su decisión de pasar el testigo a “una generación más joven, con nuevas energías y con una nueva forma de enfrentar la realidad”.

La proclamación de Felipe VI se celebraba 17 días después. En presencia de la reina Sofía y la infanta Elena y en ausencia de Juan Carlos I. Lo que se explicó por razones de índole institucional y protocolaria –la inusual presencia de dos reyes en un mismo acto– se acabó convirtiendo en la tónica general. Un desaire intolerable a ojos del emérito, que acabó haciendo notar su malestar cuando, después de haber despejado su agenda para asistir el pasado junio a la celebración del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas, se vio excluido del acto en el Congreso al que debería haber asistido por derecho propio. Así lo interpretaron todos los partidos políticos. Incluso Pablo Iglesias, líder de Podemos, consideró que  “hubiera podido tener todo el sentido del mundo” la presencia de don Juan Carlos.

Aquella polémica no ha caído en saco roto.  Este 6 de enero, la Pascua Militar ha vuelto a contar con la presencia de don Juan Carlos. Es la primera vez que, siendo reyes, padre e hijo coinciden en la celebración organizada por el Ministerio de Defensa, que también ha contado con la presencia de las reinas Letizia y Sofía.  Sin embargo, no se trata de un cambio de estrategia respecto al papel que debe jugar don Juan Carlos durante el reinado de Felipe VI. Al menos no es así como se ha presentado desde Zarzuela.

La presencia del rey emérito se inscribe en la serie de actividades que, según Casa Real, se extenderán desde comienzos de año hasta finales de 2018, coincidiendo con el 80 cumpleaños del exmonarca este 5 de enero y el de doña Sofía, que el 2 de noviembre alcanzará la misma edad. Explican desde Zarzuela que la previsión responde a la voluntad de distintas instituciones y entidades de homenajear a Sus Majestades y, muy especialmente, de resaltar la figura de don Juan Carlos. Por ello explican que no hay aún un calendario y cada acto se irá materializando en la agenda oficial a medida que se vayan cerrando las fechas.

Estas actividades coincidirán con las que un consejo asesor programa con motivo del 40 aniversario de la Constitución. Una conmemoración que, paralela a la de los 80 años del emérito, le permitirá reivindicar el legado político que sintió arrebatado en la celebración de las primeras elecciones democráticas.

Que vaya a haber un año de festejos significa que la presencia de don Juan Carlos en la Pascua Militar está vinculada a su aniversario y, por tanto, no asistirá a más celebraciones como ya ocurriera desde su abdicación. Los actos de homenaje que protagonice este año aliviarán en parte su orgullo herido, pero su etapa está cerrada y Felipe VI guarda la llave a buen recaudo.

El jefe del Estado se aseguró de que su llegada al trono representara un punto y aparte. Transcurrido poco más de un mes de su proclamación, Zarzuela anunciaba una serie de medidas regeneradoras de la Corona, como someter sus cuentas a una auditoría externa, un código interno de conducta y una regulación de los regalos que recibe la Familia Real. Así, ni reyes, ni princesa ni infanta pueden volar gratis en aviones comerciales, ni beneficiarse de servicios ofrecidos en condiciones ventajosas, ni recibir regalos que excedan los usos de cortesía. En casi cuatro décadas, don Juan Carlos apenas arrojó algo de transparencia a las cuentas de Casa Real a finales de 2011 y ante la inminente imputación de Iñaki Urdangarin en el caso Nóos.

Los ostensibles gestos de ruptura han tenido consecuencias en el plano personal. Sin responsabilidades institucionales –su presencia en la agenda oficial de Zarzuela es anecdótica–, don Juan Carlos se ha distanciado de la que durante su reinado fuera Familia Real hasta el punto de que él y la reina Sofía hacen vidas separadas y apenas mantiene una relación frecuente y fluida con la infanta Elena y sus hijos, Felipe y Victoria, además de sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita.

Gracias a reportajes publicados en su mayoría en la prensa del corazón, se sabe que el emérito se ha refugiado en sus aficiones –los toros, la gastronomía, los viajes y el deporte– y en sus amigos. En ocasiones, recordando aquel lujoso e inapropiado viaje a Botsuana que tan caro pagó. En 2015, a través de la crónica social de The New York Post, se supo que había acudido como invitado de una de las mayores fortunas de Estados Unidos a un resort de lujo en La Romana (República Dominicana). Se trataba de Pepe Fanjul, el ‘rey del azúcar’ y “desde hace años uno de los grandes confidentes de don Juan Carlos”, contaba Abc. Otra de las generosas invitaciones de la familia Fanjul al exmonarca español, en Barbados, coincidió con una de las tradicionales misas de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca, de la que comenzó a ausentarse antes incluso de haber abdicado.

Don Juan Carlos tampoco ha desatendido sus viejas relaciones con los países árabes. En ocasiones, haciendo coincidir sus viajes a Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos con sus visitas al paddock de la Fórmula 1 o el motociclismo. Por aquellas fechas asistió incluso en Riad al funeral del rey Abdalá a título personal. A pesar de las críticas que desatan las relaciones de España con países donde se vulneran los derechos humanos.

Menos polémica y más pública es la ruta gastronómica en la que Su Majestad se hace acompañar de sus más cercanos para degustar platos tradicionales y sencillos de buena calidad, sin duda de los que más disfruta. El pasado mes de marzo, atendiendo a la fama de un sencillo establecimiento de la franquicia La Cruz Blanca en el popular barrio madrileño de Vallecas, se presentó con un grupo variopinto del que formaban parte la televisiva chef Samantha Vallejo-Nágera o el empresario Pedro Trapote y su mujer, Begoña García-Vaquero, para degustar un cocido.

Pero es la cocina gallega la que ahora más disfruta. Sobre todo porque Sanxenxo (Pontevedra) se ha convertido en su nuevo centro de operaciones. A finales de diciembre, el dominical del diario El País, uno de los pocos que sigue velando por el buen nombre y la imagen de don Juan Carlos, dedicaba el reportaje de portada a explorar su nueva vida. “El mar es la libertad”, declara el rey emérito al autor del texto a bordo de su último Bribón.

Lo que en el argot  periodístico se llama “percha informativa” era su proclamación, a punto de cumplir los 80 años, como campeón mundial de Vancouver de la clase 6mR –modalidad que, cabe añadir, implantaron hace un par de años en España para que Su Majestad pudiera competir porque no requiere un gran esfuerzo físico–. Y lo logró con muchas horas de rehabilitación tras sus operaciones y con un equipo en el que destacan Pedro Campos Calvo Sotelo, sobrino del expresidente del Gobierno y uno de los regatistas más laureados del mundo, o el armador José Cusí, que buscó un barco clásico con el que el exmonarca pudiera regresar a la competición hasta dar con el sueco Gallant, diseñado en 1947 por Arvid Laurin hoy llamado Bribón Gallant Movistar.

Meses atrás, varias publicaciones dedicadas a la crónica social –la revista Vanity Fair o el digital Vanitatis– hablaban de la “nueva pandilla” o “corte gallega” añadiendo los nombres de Mauricio Sánchez-Bella, dueño del Acacia que navega con su mujer, Alicia Freire, una de las fortunas gallegas; el economista venezolano de origen español y presidente de Abanca, Juan Carlos Escotec, que compite en el Aída con su amigo y también banquero Francisco Botas; el banquero venezolano instalado en Londres, José Álvarez, que compite con su hija a bordo del Erika, o el empresario británico Peter Dubens, dueño de la mayor fábrica de velas del mundo, North Sails, que navega en el Alibabá.

El rey emérito ha puesto tierra de por medio con la Corona y con la Familia Real. Mecido por las aguas del mar, vive, sufre y hasta disfruta la soledad de un rey para abandonarla, por unos meses, y recibir el homenaje del que su precipitada salida de Zarzuela le privó.

 


Los reyes Felipe y Letizia y Doña Sofía están redescubriendo a un Don Juan Carlos más familiar. / EP

La familia, de nuevo, unida

Antes de que Don Juan Carlos anunciara su abdicación en 2014, su presencia en las fotos de la Familia Real ya había empezado a diluirse. La gestión que hizo Casa Real del caso Nóos tuvo mucho que ver en las tensiones entre el Rey y su entonces Heredero. Y con la proclamación de Felipe VI, el cambio de rumbo de la Monarquía dejó atrás a un emérito que ni encontraba su sitio en las nuevas circunstancias ni tenía quien se lo diera.

Ahora, ante la expectativa de un año de reconocimientos pendientes y sin juicios a la vista que comprometan a la exonerada infanta Cristina,Don Juan Carlos se ha ‘reconciliado’ con su familia. O mejor dicho, con el resto de miembros de la Familia Real, con quienes las relaciones eran más tensas.

La Otra Crónica de El Mundo adelantaba que este 5 de enero, los Reyes y sus hijas, Doña Sofía la infanta Elena, acompañada de Felipe y Victoria, las infantas Pilar y Margarita con los suyos y varios primos del exmonarca en distinto grado –los Borbón dos Sicilias, los Baviera, Maldonado y Marone– asistirían a un multitudinario almuerzo para cantarle al rey emérito el cumpleaños feliz.

Esto ocurrirá días después de la comida de Navidad, de semejante formato e invitados. Al cierre de esta edición, la incógnita era si la infanta Cristina, ahora que no tiene cuentas pendientes con la Justicia, asistiría al ágape. Ni acudió el día 25 –estuvo en Vitoria con la familia Urdangarin–, pero nada se daba por descartado.

Otra de los interrogantes por desvelar es si Don Felipe, que el 30 de enero cumple 50 años, celebrará de manera especial su aniversario –con los 40 y siendo príncipe de Asturias se fue al Líbano con los soldados españoles en misión de paz– y si hará un guiño a Don Juan Carlos en este 2018 de homenajes.