Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1229. 12  de enero de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Rato contra Rajoy, Solbes contra Zapatero

 
Disparó Rato con balas de fogueo sobre casi medio Gobierno del partido donde ocupó tan altas responsabilidades, al que acusó de montar una conspiración para hundirlo y meterlo en la cárcel. Y reservó la bala de plata a Mariano Rajoy, a quien considera urdidor del complot a quien, por su obviedad, no necesitaba mencionar.
Pedro Solbes, probo funcionario de toda la vida, no tenía que defenderse de delito alguno pero aprovechó la oportunidad para sacarse la espina que le clavaron cuando ocupaba el cargo de vicepresidente, entre abril de 2004 y abril de 2009, sin que Zapatero, que se guiaba por Miguel Sebastián, le hiciera ni puñetero caso, tal como relato en mi libro El Maquiavelo de León

El peor enemigo está dentro, los demás son en el peor de los casos meros adversarios, cuando no colegas o compañeros de viaje. La semana pasada, en dos días sucesivos, martes y miércoles, pudimos disfrutar de un par de ejercicios de tiro efectuados por sendos maestros de la política que ocuparon otrora el cargo de vicepresidente del Gobierno: Rodrigo Rato con José María Aznar y Pedro Solbes con José Luis Rodríguez Zapatero.  

El espectáculo transcurrió en el grandioso escenario del Congreso de los Diputados bajo el título común de la reflexión sobre el rescate financiero. Rato era requerido para explicarse sobre el caso Bankia y Solbes sobre la crisis que el Gobierno Zapatero no pudo o no quiso ver.

El respetable público pudo ver cómo Rodrigo Rato respondía  al fuego amigo disparando balas de fogueo contra sus correligionarios empeñados en distanciarse de los saqueos de Bankia, a cuyo frente le había puesto Mariano Rajoy. No se cortó el soberbio compareciente, triplemente procesado, en lanzarse contra los ministros, especialmente contra el de Economía Luis de Guindos, un desagradecido a quien él había hecho ministro  a quien acusó de precipitar la quiebra de Bankia y de agravar la crisis financiera.

No ninguneó a otros ministros: Fátima Báñez, de Empleo y Seguridad Social; Rafael Catalá, de Justicia y, sin nombrarlo, a Cristóbal Montoro, de Hacienda, de donde, aseguraba, habían surgido las supuestas filtraciones de la Agencia Tributaria.

Disparó Rato sobre casi medio Gobierno del partido donde ocupó tan altas responsabilidades, al que acusó de montar una conspiración para hundirlo y meterlo en la cárcel. Reservó la bala de plata al objeto de sus preferencias, Mariano Rajoy, a quien considera urdidor del complot a quien, por su obviedad, no necesitaba mencionar.    

Pedro Solbes, probo funcionario de toda la vida, no tenía que defenderse de delito alguno pero aprovechó la oportunidad para sacarse la espina que le clavaron cuando ocupaba el cargo de vicepresidente, entre abril de 2004 y abril de 2009, sin que Zapatero, que se guiaba por Miguel Sebastián, le hiciera ni puñetero caso, tal como relato en mi libro El Maquiavelo de León .

Todo el mundo sabía su malestar aunque él, siempre discreto, no hacia manifestaciones al respecto, salvo en un amplio entorno de intimidad. Ahora tenía la oportunidad de recomponer su figura y la aprovechó a conciencia haciendo autocrítica propia y formulándosela a Zapatero sobre la mala gestión de la mayor crisis que vimos nunca, evitándole a su antiguo jefe las molestias de tener que hacerla él mismo.

“Nos equivocamos totalmente en las previsiones macroeconómicas –reconoce Solbes–.  No fuimos capaces de detectar la fuerte recesión española en 2009 y se pensaba volver a una situación de crecimiento en 2010. Esperábamos un aterrizaje suave de la burbuja, pero no fue así”.

Lamenta el exvicepresidente que no se entrara a fondo en el saneamiento de las cajas de ahorros y de las finanzas públicas con una política fiscal más restrictiva confiando en el paraguas de la Unión Monetaria; que se minusvalorara el riesgo de déficit por cuenta corriente por la existencia de un mercado único para el euro. Y que se procedió al derroche en el gasto; en AVE, puertos, aeropuertos, etc. pues “no se puede tener un AVE en la puerta de cada persona”. Criticó también que Zapatero se apoyara “excesivamente” en los sindicatos.

Solbes se la tenía guardada. El presidente le pidió que continuara al frente de la economía en su segundo mandato  en lugar de poner a quien él deseaba, a Miguel Sebastián, su favorito. Y en efecto, la victoria de Solbes en el combate televisivo que sostuvo con Pizarro contribuyó más que ningún otro factor al segundo triunfo del PSOE. ZP nunca perdonaría a Solbes haberle tenido que rogar en público que continuara en el Gobierno. Si difícil le resultaba olvidar los agravios, más le costaba soportar los favores.

Alguno de los comentarios de Zapatero sobre su ministro trascendió, como cuando el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados, Joan Ridao, declaraba en El Mundo que Zapatero le dijo que Solbes «era el problema».

Solbes, que en un principio no daba importancia a los desaires del presidente, no tiene más remedio que darse por enterado del ninguneo a que es sometido y está cada día más decidido a marcharse. Sin embargo, quería irse discretamente, sin dar un portazo. Lo había hablado con el jefe, pero no habían acordado una fecha precisa para el relevo. La dimisión estaba en el aire, pero a Solbes le sorprende cuando le comunican que es cosa hecha, de forma que le dice a un alto cargo de su ministerio: “La verdad es que no sé si me he ido o me ha echado”.

A Solbes no le entusiasmó que Zapatero eligiera a Elena Salgado para sucederle, como le ha sucedido en la comparecencia de ésta el pasado jueves. El cesante, que había tranquilizado de forma un tanto malvada a Salgado cuando se produjo el relevo, «no te preocupes, Elena, que todo se aprende», mostró toda su irritación en unas palabras off the record a un periodista de El Mundo en Gotemburgo (Suecia) de las que se desprendía una descalificación frontal a la nueva vicepresidenta. Solbes decía en dicha charla informal: «Han hecho las cosas que yo no quería hacer», refiriéndose obviamente a Elena Salgado.

 

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Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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