Tribuna Cultural / Mauro Armiño Tiempos de hoy

-

 
   

 Nº 1231. 26  de enero de 2018

- - --






Tribuna Cultural / Mauro Armiño

De cultura, lectura y lenguas


El 40% de los españoles no lee un solo libro al año.

Cada enero, la misma historia: acaba de presentarse el Barómetro de Hábitos de Lectura del Gremio de Editores; para entendernos rápidamente: el 40% de los españoles no lee nunca, los españolitos están cada vez menos interesados en literatura, ensayos, ciencias sociales; las españolitas entretienen más sus ocios con libros que los españolitos, a ese 60% de lectores les gusta más el libro de papel que el electrónico, los madrileños son los que más leen y los extremeños los que menos; en total, por cabeza se compran 8,6 libros al año, pero los navarros superan esa cantidad (12,7) y los castellanoleoneses quedan muy por debajo (5,5). El índice de lectores a diario ha bajado del 31,2 al 29,9%, porque, según la encuesta, a unos les falta tiempo, a otros (35,1%) la letra impresa les da escalofríos o le aburre mucho, según confesión propia. Por lo tanto, de los 46 millones y pico de habitantes de la piel de toro, el 40% embiste: algo menos de 20 millones nunca han leído un volumen impreso.

Curioso, por no decir trágico, que ese 40% coincida con el casi 40% de familias con hijos en edad de estudiar que carecen de dinero o pasan dificultades para pagar los estudios o llegar a fin de mes. El cacareado Estado del Bienestar hace tiempo que es del Malestar, pero Rajoy sigue con su murga de éxitos económicos, mientras la precariedad facilitada por su reforma laboral no ha hecho más que ampliar la zona de exclusión. Y todas estas evidencias sólo sirven para que los periodistas llenemos dos folios cada enero. Nada cambia: los partidos políticos discuten de sus cosas, de sus precedencias, esa generación futura condenada al fracaso les importa un bledo; desde la etapa de Zapatero, que intentó un acuerdo más o menos decente y algo duradero, el PP en el poder mira para otra parte cuando se habla de Educación.

Le interesa. Les interesa. Leer, estudiar, enseñar a pensar, facilita el lenguaje para expresar teorías, para defender ideas.  
El zurcido que se hizo para coser la Transición está cada vez más raído y suelta una pestilencia que ya hiede, y no sólo por la corrupción; también por el estanque de estupidez, mentira y payasada (y Puigdemont no es el único) en que se ahoga la política cotidiana. La inanidad de Rajoy ha contagiado a una izquierda que ni siquiera saca las banderas que fueron sus prioridades: educación y cultura. El deterioro de la escuela primaria, de la enseñanza secundaria, y no digamos de la Universidad, no afecta para nada a esa Comisión de Educación del Congreso en la que tienen representación todos los partidos. Ni un solo paso hacia nada que por lo menos intente resolver algo, a diferencia de lo que acaban de hacer las autoridades francesas.

Volver al dictado
Asustada por lo que ha llamado «retroceso educativo» que marca a las nuevas generaciones, Francia ha decidido desmodernizarse; aquí, durante la Transición, se huyó de lo anticuado manchado de franquismo (que lo era, pero no por eso); en matemáticas se pasó a la jerga de teoría de los conjuntos, y en lengua se probó el estructuralismo y la gramática generativa en los tiernos chiquillos convertidos en repollos de experimentación; como en Francia, se tildó a la ortografía de freno a la creatividad, leer en voz alta estragaba la garganta, y memorizar textos era una pérdida de tiempo; había que enseñar con técnicas menos «invasivas», según la defensa que de los cambios han hecho en el país vecino. Sumar, restar, multiplicar y dividir no se consideraron soportes para avivar el razonamiento, y se sustituyeron por calculadoras y tabletas. El resultado es la catástrofe: 40% de españoles no leen un solo libro al año, sus formas de expresión y comprensión resultan, en buena parte de los jóvenes, imprecisas, inexactas, pobres hasta la extenuación.

Francia ha decidido, tras las quejas de los liceos y de la docencia secundaria, volver al antiguo método de la enseñanza primaria: dictado diario, trabajos en el aula y a domicilio, cálculo mental para reforzar el trabajo personal frente al uso de calculadoras; la ministra de Educación lo ha anunciado haciendo hincapié en algo que asustaría a nuestro Congreso entero: hace la defensa del dictado porque “hoy lo esencial es el dominio de la lengua”. ¿Quiere España una revolución? Plantéese eso, y unos padres amenazadores rodearán el Congreso.


La Academia de la Llingua Asturiana, un ejemplo de sensatez en la ‘guerra del bable’ de la familia socialista.

Otrosí: idiomas
¡Qué risa ha debido producir, hoy miércoles que escribo, el chasco de un tal Francisco Pérez de los Cobos, sujeto a quien las fotografías muestran adornado con puñetas y un collarón que para sí quisieran los caballos en la Feria de Abril. Este magistrado del Constitucional ha querido saltar al Tribunal de Derechos Humanos Europeo y se ha convertido en dechado y arquetipo de la Marca España: en la terna presentada por el Gobierno ha quedado el último este jurista patrocinado por Rajoy (¡ay de aquel a quien el Inane apoye, alabe o bese!), entre otras cosas porque no sabe ni inglés, ni francés, ni alemán.

Seguimos sin poder ir por el mundo sin chapurrear idiomas; pero ya tenemos, para entretenernos, las lenguas vernáculas, convertidas en armas arrojadizas e identitarias. La familia del PSOE está a la greña metida en un enredo curioso. Los tiempos electorales han aconsejado a Ferraz y a su representante sanchista en Asturias encizañar con el bable, la lengua asturiana (asturleonés), y pedir su cooficialidad. Ni quito ni pongo rey, que si la familia socialista se pega por eso –Javier Fernández presidente del Principado, se niega en redondo–, yo no quiero encender la menor astilla de guerra civil en mi parentela. Porque a dos antepasadas de la familia les dio por la cultura: las hermanas Robustiana y Dorotea Armiño, nacidas en Gijón en los años veinte del siglo XIX. La primera, autora de poemas y novelas, fue sobre todo periodista, la primera mujer que fundó en solitario una revista, Ecos del Auseva, transformada luego en La familia; defensora del carlismo y algo más que beatona en su última etapa madrileña, se manejó en, o tradujo, aunque autodidacta, varios idiomas: bable, francés, alemán e italiano. Dorotea, en cambio, prefirió el dibujo; vinculada a los grupos de habla asturiana, ilustró uno de los casi primeros textos donde aparecen mezclados poemas en bable y en español: Álbum románticu de Dorotea Armiño (1853), que la Academia de la Llingua Asturiana reeditó en 2002.

Guerra y paz
Dejando a un lado el problema doméstico que me acarrearía opinar sobre el valor literario de Robustiana, y sobre la gracia, alguna tiene, de los dibujos de Dorotea, el caso es que, en el rifirrafe político de la familia socialista, ayudada en ese intento de cooficialidad por Podemos, IU y el Foro regionalista de Álvarez-Cascos, hay una institución que mantiene el sentido común; la Academia de la Llingua Asturiana se sale de la guerra política; Asturias goza de una ley de uso y promoción del asturiano desde finales de los años 90, con subvenciones oficiales para su promoción que están lejos de los 20 millones de euros anuales que la cooficialidad podría costar, como mínimo, según cifras adelantadas; pero a esa Academia le parece disparatado ponerlo a la altura práctica del gallego, catalán o vasco; en declaraciones recientes, a su presidente Xosé Antón González Riaño le parecería carente de sentido que se impusiera como obligatorio en la Administración, entre los funcionarios y resto de profesionales afectados por esa cooficialidad, en primer lugar porque sus hablantes no alcanzarían a llenar ese espectro. Exhibiendo un uso de la razón que suele faltar en instituciones de este tipo, como hemos visto en la última década en el caso del catalán, y más recientemente en el caso del valenciano, del mallorquín y del gallego, la Academia de la Llingua quiere avanzar poco a poco y se inclina por una cooficialidad «blanda», que amplíe el número de hablantes de esta lengua asturiana que forma parte de los cuatro grupos dialectales que colaboraron a la formación de la española (Menéndez Pidal), y que ya Jovellanos –cuya hermana Josefa sigue siendo poeta de referencia en bable– defendía, abogando por la redacción de un Diccionario asturiano que apareció en 1790. Desde el año 2000, el bable ya dispone de un Diccionariu de la Llingua Asturiana normativo, de unas cincuenta mil entradas. Larga vida, en paz y gloria, a las lenguas pequeñas, olvidadas y, en algunas etapas históricas, represaliadas.

 

 

Firma

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito y adaptado textos teatrales para la escena.  

-

-