Tribuna / Carmen Calvo Tiempos de hoy

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 Nº 1231. 26  de enero de 2018

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Tribuna / Carmen Calvo

El orégano y el monte


Hace falta, en mi opinión, que un determinado clasicismo de la política sea reivindicado como imprescindible y eficaz, porque se ha construido con la experiencia de casi 40 años de democracia en nuestro país y muchos más en nuestro entorno europeo

Es obvio, sin más, que no se está contestando desde la política, al menos en parte con la profundidad necesaria y añadiría que con la solemnidad correspondiente,  a la cada vez mayor complejidad de nuestras sociedades y de nuestros desafíos. Es un fenómeno que se está abriendo paso peligrosamente en diferentes formatos y en muchos lugares de la escena internacional.

Es un cansancio que tiene su origen en lo inescrutable de los muchos cambios que nos toca vivir y que muchos "listos/as" aprovechan para pretender lo imposible en política: respuestas fáciles a problemas difíciles. Ahí radica el peligro, porque, cuando menos, retrocederemos en los avances, y cuando más, empeoraremos notablemente las cosas. Es el paradigma Trump.

La aparente espontaneidad y sencillez esconde la sequía mental y política, que no puede dar respuesta alguna a los problemas alcanzados en este punto de desarrollo de las democracias y de sus sociedades plurales y abiertas. Entregados a este modelo, volvemos a las andadas y dejamos amplísimos márgenes de poder personal en los liderazgos con la consiguiente merma de control democrático, pieza capital del poder soberano de la ciudadanía. Este es también el fenómeno Putin, líder imprescindible y nuevo zar de la Rusia del Siglo XXI.

El equilibrio vuelve a ser la posición revolucionaria de un siglo, éste que construimos ahora, que necesita el coraje de la razón y la lógica, cada vez más ausentes en la plaza pública.

Así, nos preguntamos: ¿Cómo puede casar independentismo con posiciones de izquierda en 2018, en el corazón de Europa? ¿Para qué? ¿Cómo no podemos debatir sobre la urgente necesidad de afrontar el cambio climático, que amenaza la viabilidad del planeta? ¿Cómo otros piensan que la democracia se puede seguir construyendo con las terroríficas cifras de la injusta situación de más de la mitad de la población, las mujeres? Y así sucesivamente, lo que la razón dicta acerca del único devenir posible de lo humano a su propia humanidad.

Se implanta una cierta sensación circular del tiempo: nuevamente vendrán los salvadores, en versión masculina tradicional o femenina más actualizada. Ahora, con un formato más cómodo: telecracia, redes sociales, noticias falsas, mensajes comerciales aplicados a la política y también la chulería de siempre. Mientras, en lo que importa, volvemos constantemente a la casilla de salida y a esperar.

Reivindico la política hecha a mano: propuestas, respuestas y conclusiones para poner en marcha y con la fuerza de los principios intactos de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad, y añadiendo en versión moderna, Solidaridad.

Perderemos mucho tiempo y esperanza si creemos que todo el monte es orégano en la política y tendremos los problemas más gangrenados de lo que ya están. Hace falta, en mi opinión, que un determinado clasicismo de la política sea reivindicado como imprescindible y eficaz, porque se ha construido con la experiencia de casi 40 años de democracia en nuestro país y muchos más en nuestro entorno europeo.

Las novedades por sí solas y en sí mismas no aportan nada más allá de su valor en la cadena de lo experimentado, del común de lo vivido. Lo nuevo debe llegar a lo viejo para agrandar el horizonte de lo que sea necesario para avanzar, pero nunca como un lugar vacío para alcanzar el poder. Eso es muy viejo.

Estos son los dilemas por donde ahora navegan todas las aguas de la política, dentro y fuera de España.

 

 

Firma

Secretaria del Área de Igualdad de la Ejecutiva Federal del PSOE, es licenciada en Derecho Público por la Universidad de Sevilla. Doctora en Derecho Constitucional por la Universidad de Córdoba. Profesora Titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba. Se afilió al PSOE en 1999. Ha sido consejera de Cultura del Gobierno Andaluz y ministra de Cultura de 2004 a 2007. Ha escrito numerosas colaboraciones, conferencias y publicaciones en materias de gestión cultural e igualdad jurídica y social entre hombres y mujeres y es colaboradora habitual en diversos medios de comunicación.

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