Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1231. 26  de enero de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Felipe VI hace lo que puede para conservar una institución que promete para el pasado


EUROPA PRESS

Lo que antes, en los lejanos tiempos de Juan Carlos I, lo de “arbitrar y moderar” era poco más que retórica, como en cierta medida el artículo 155, es ahora una prueba tremenda y sumamente delicada para un monarca que tiene que apoyar las políticas de su Gobierno pero no de forma que le impida situarse como un amable factor apaciguador. Obviamente me estoy refiriendo al problema catalán, que es su reto y su oportunidad y que le ha proporcionado visibilidad y la esperanza de que puede ser útil, a diferencia de lo que les ha pasado a Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, a los que Cataluña ha dejado tambaleando

Una cosa que tienen las monarquías es que nos ayudan a percibir el paso del tiempo. Cómo crece y se multiplica la Familia Real es una referencia vívida para nuestras propias vidas. Hay que ver cómo se emblanquece la barba del rey Felipe, que sólo ha cumplido medio siglo a los pocos días de que el rey padre alcanzara los 80.

Los premios Príncipe de Asturias han devenido en Princesa. Será Leonor quien a sus doce años otorgará los prestigiosos galardones y leerá su primer discurso, tal como hizo su padre a los 13. El próximo martes, el rey Felipe, que ya no es el más joven de los monarcas europeos, aunque quizás el más baqueteado, al cumplir los 50 años de edad impondrá en el Palacio Real la Insigne Orden del Toisón de Oro, la más alta condecoración de la monarquía española a su sucesora, que a pesar de su temprana edad posa maravillosamente.

A la pobre Leonor, tan fotogénica ella, le van a disputar protagonismo otros acontecimientos no menos históricos como, parece ser, la elección del presidente de la Generalitat. Lo que pasa es que es muy difícil encontrar en la atormentada España de hoy fechas sin conflicto.

Misión difícil, casi imposible
Naturalmente, lo de sucesora está por ver, pues las monarquías, con la excepción de la del Reino Unido, donde la Monarquía es como el clima, prometen para el pasado. Es difícil imaginar que, cuando se cumplan las previsiones sucesorias, este país conservará esta forma de Estado que en España, donde falleció de muerte natural, la metió Franco con calzador aunque hay que reconocer que evitó males mayores. Hay, pues, que reconocerle los servicios prestados.
No puede decirse que Felipe VI no se haya aplicado a fondo para consolidar la institución pero es una misión difícil, casi imposible. Hoy no es suficiente, ni siquiera necesario, el despliegue de simpatía castiza del que se valió su padre. Sí es necesario, pero no suficiente, el buen desempeño del papel de primer relaciones públicas de la nación que bordó el Emérito.

Hoy el Rey, al que la Constitución no le otorga poderes efectivos, tiene que aplicarse a fondo con el que si le concede la Carta Magna: su capacidad para arbitrar y moderar “el funcionamiento regular de las instituciones”,   que se concreta en su derecho a escuchar, a estar informado y a ser escuchado.

Cataluña, reto y oportunidad
Lo que antes, en los lejanos tiempos de Juan Carlos I , lo de “arbitrar y moderar” era poco más que retórica, como en cierta medida el artículo 155, es ahora una prueba tremenda y sumamente delicada para un monarca que tiene que apoyar las políticas de su Gobierno pero no de forma que le impida situarse como un amable factor apaciguador. Obviamente me estoy refiriendo al problema catalán, que es su reto y su oportunidad y que le ha proporcionado visibilidad y la esperanza de que puede ser útil, a diferencia de lo que les ha pasado a Mariano Rajoy, a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, a los que Cataluña ha dejado tambaleando.

El rey Felipe no se ha prodigado en alocuciones políticas. Lo hizo por primera y última vez –los mensajes navideños tienen otro carácter– el pasado 3 de octubre con un discurso duro en la forma y en el fondo, una severidad necesaria para aclarar la firme disposición del Estado frente a la insurgencia, pero al que le faltó un poco de sutileza.

En Davos, ante la créme del capitalismo
El pasado miércoles se ha vuelto a pronunciar. En inglés, en otro foro, el de Davos, cita de la créme de la créme del capitalismo mundial, donde es la primera vez que acude un monarca español, y en otro tono, aunque resaltando firme y vehementemente los principios democráticos ante 3.000 participantes, entre ellos 70 jefes de Estado y de Gobierno y una pléyade de inversores.    

Frente al "intento de socavar" en Cataluña "las reglas básicas" del sistema democrático sostuvo el Rey que “las desavenencias políticas y disputas deben ser resueltas de acuerdo con las leyes democráticas, y los valores que subyacen en nuestra Constitución y el marco legal". Resaltó que "la Constitución Española no es un objeto ornamental, sino la esencia de nuestra convivencia”. Y añadió: "Los españoles saben muy bien que el bienestar y el progreso no se obtiene, ni se encuentra, en solitario, aislamiento o en división, sino con unidad de propósitos, metas comunes y medidas de consenso, todo ello unido a una estrategia con altitud de miras".

Cataluña, una lección para el mundo
El Rey subrayó que la reciente crisis en Cataluña ofrece una lección a todas las democracias del mundo: la necesidad de preservar el imperio de la ley como piedra angular de la democracia.  

Felipe VI se enfrenta a la crisis más grave desde la restauración de la democracia en España, aún más grave que la que se produjo el 23 de febrero de 1981 cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero asaltó el Parlamento y secuestró a los representantes de la soberanía nacional.

Si los independentistas lograran su propósito y Cataluña se separara de España, una hipótesis altamente improbable, en mi opinión imposible, España entraría en una crisis profunda aún más aguda que la que sufrió cuando perdió Cuba en 1898.

Felipe VI se la juega en Cataluña. Todos los intentos que ha realizado en esta comunidad autónoma para ganar popularidad, como sus numerosas visitas y la creación del Premio Príncipe de Girona, han tenido un resultado mediocre. Nunca ha conseguido la popularidad que cosechó su padre durante muchos años, hasta los escándalos de Corinna, el elefante y demás.

 

 

Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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