Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

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 Nº 1233. 9  de febrero de 2018

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

La república bolivariana de Cataluña


A la señora diputada al Parlament y asesora áulica del residente en Waterloo, Elsa Artadi, conviene indicarle que su aparición en primera página como candidata a la Presidencia de la Generalitat tiene venturosamente visos de romper la parálisis para que sea posible una investidura con todas las de la ley y del Estatut

La obcecación de Carles Puigdemont ha derivado en solipsismo y le ha llevado a creerse el soberano de la Orden de la Legitimidad Proscrita, fuera de la cual, como fuera de la Iglesia para sus fieles o del Partido Comunista para sus militantes, no hubiera posibilidad de salvación. El ex president parece a punto de emular la senda de aquella viñeta de Chumy Chúmez, publicada el 2 de agosto de 1975 en la portada del semanario satírico Hermano Lobo,donde aparecía un prócer que desde la tribuna dialogaba con la muchedumbre para ofrecerles “¡o nosotros o el caos!”. Y entonces, cuando la multitud respondía optando por “¡¡el caos, el caos!!”, el líder replicaba “es igual, también somos nosotros”. Con más exactitud nuestro Carles, al modo del Rey Sol –“l’etat c’est moi”– mantiene contra viento y madera “la legitimidad soy yo”.

El intento de proclamar la independencia unilateral y establecer la república catalana de forma indolora, sin incurrir en reproche penal alguno y sin salir al balcón del Palau para evitar significarse, y dar por descontado que consumada la ausencia del Estado en el territorio, del desistimiento del deber de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes se dedujera le fait accompli y sólo quedara acordar los detalles y los plazos de las obligaciones que de la ruptura surgieran. Los impulsores del procés se habrían dejado confundir por un falso paralelismo pensando que, como el 14 de abril de 1931, a los titulares del poder bastaría pedirles que hicieran las maletas y embarcaran con toda garantía igual que el rey Alfonso XIII por Cartagena. 

El caso que tratamos confirma, según escribió Marcel Proust, que “hay convicciones que crean evidencias”. O si se prefieren, como dicen los farmacéuticos, que “no hay venenos, hay dosis”. Y las ingeridas por el ex Carles Puigdemont son letales. A la señora diputada al Parlament y asesora áulica del residente en Waterloo conviene indicarle que su aparición en primera página como candidata a la Presidencia de la Generalitat tiene venturosamente visos de romper la parálisis para que sea posible una investidura con todas las de la ley y del Estatut. De esa forma decaería la aplicación del artículo 155 bajo el cual Mariano Rajoy gobierna a distancia el Principado y podrían recuperarse las instituciones de la Autonomía perdida.

Su primera tarea al llegar al Palau de la plaza de Sant Jaume sería la de  desprenderse de su valedor y hacerle comprender cuanto antes que Bélgica se abstendrá de abrir hostilidades con España, que es su socio y rehusará prestarse a ser la sede de un Gobierno en el exilio de una extravagante república bolivariana de Cataluña en línea con el venezolano Nicolás Maduro o de los ayatolás iraníes que, como Guardianes de la Revolución que sólo responden ante Dios y ante la historia, se vienen reservando  la última palabra cualesquiera que fueren las decisiones del Gobierno o del Parlamento elegido en Teherán. Continuará.

 

 

Firma

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).



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