Entrevista Alberto Velasco Tiempos de hoy

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 Nº 1235. 23  de febrero de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Alberto Velasco, director teatral

“En la masa, los hombres nos convertimos en depredadores”

En ‘Escenas de caza’ ha construido una obra de una hermosura brutal. Alberto Velasco es director, actor y bailarín, y con su anterior montaje, ‘Danzad, danzad malditos’, consiguió el Premio Max 2016 y una larga gira que concluyó en noviembre. ‘Escenas de caza’ se estrenó el pasado seis de febrero en el teatro Pavón-Kamikaze de Madrid y ahora se prepara para salir por España. “Pongo en el teatro mis sueños y los hago universales. Con el teatro me siento menos solo”, afirma Alberto Velasco.

 

 

 

 

“Políticamente no tengo nada que ver con Cristina Cifuentes, pero es la única política que he visto frecuentemente por los teatros”

 




“Pongo en el teatro mis sueños y los hago universales. Con el teatro me siento menos solo”

Uno de los personajes de ‘Escenas de caza’, en el monólogo con el que comienza la función, dice: “El hombre es inteligente. La masa mete un miedo que te cagas”. ¿En qué medida esa frase define el contenido de la obra?
La define absolutamente. Esa frase encierra el sentido de cómo indiscutiblemente las personas somos seres inteligentes, capaces de generar empatía. Pero metidos en la masa, los hombres nos convertimos en depredadores. Poco después de esas palabras se escucha el sonido de una multitud. Puede ser del fútbol. O de los conciertos. O de los sanfermines. Las masificaciones de gente suenan como un bullicio que no nos resulta molesto. Pero en ocasiones se trata de un bullicio terrible.

Ha dicho usted que la obra trata de la caza al diferente, pero que también han formulado “una reflexión sobre la responsabilidad del resto, de cómo ésta se diluye en el colectivo y deja que sigan sucediendo cosas”, ¿no?
Exactamente, en realidad la fábula del diferente está ya muy contada en la literatura y en el teatro. Porque todos somos muy diferentes unos de otros. La obra formula una reflexión que consiste en que la responsabilidad se diluye en el colectivo. No se pone freno al maltrato al diferente. Se piensa: “No me maltratarán a mí si tratan mal al de enfrente”. Es una manera de salvarme yo: que vayan a por otro. El gordo se mete con el delgado… el otro con el que sesea al hablar… y otros con el homosexual. El motivo para ser el blanco de la diana es aleatorio.

Efectivamente, el ser humano aparece en la obra como un gran depredador.
Sucede así. Vamos como burros por la calle. Pueden estar pegando a una mujer y ni nos paramos a ver qué pasa, a tratar de ayudar. El rechazo al diferente es casi pornográfico. No entendemos al diferente. Si nos paráramos a ayudarnos, lograríamos sinergias. No existirían las desigualdades tan brutales que actualmente existen en el mundo. El ser humano es el mayor depredador que puede existir en la faz de la tierra. Y ya estamos anestesiados de las barbaridades que cada día vemos por televisión en los telediarios. Tenemos ese virus nosotros mismos. Hace falta empatía. Si el mundo fuese empático cien por cien y entendiésemos al otro y viviésemos y dejásemos vivir, todo sería mucho más hermoso. Pero no sucede así. En el programa de mano de la obra menciono que ‘Escenas de caza’ podría ser el título de cualquier escenario de nuestra España contemporánea donde todos somos carne de cañón para ser perseguidos, donde el acoso está a la orden del día en todos los ámbitos, donde ser diferente y ser honesto con lo que sientes puede acarrearte dolor a ti y a todos los que te rodean.

La función pudiera consistir en una liturgia estéticamente hermosa pero brutal. ¿Está de acuerdo?
Totalmente. La obra es como un reflejo del horror. Incluso lo estéticamente hermoso puede contener dentro el horror. Como la imaginería de la Semana Santa, que es hermosa, pero horrorosa, el Vía Crucis, todo eso…

También el sexo se plantea en la función de una manera brutal, ¿no?
Sí, el sexo, como la violencia. Oscar Wilde decía: “Toda la vida es sexo, menos el sexo en sí mismo que es poder”. Si el sexo está perseguido sale de forma violenta.

Hay una frase demoledora en la obra: “Lo mejor es no nacer”.
Ese momento del texto es poderosísimo. También hay un personaje que dice: “Hay que acariciar a los niños haciéndoles un poco de daño para que sepan que el amor duele”. Frase rotunda. Porque al ser niño no te enseñan a vivir. Te enseñan a restar, a multiplicar, a sumar… Te dicen: “No pienses”. De niño te conducen a aprender cosas, pero procurando que no tengas capacidad de crítica ninguna.

‘Escenas de caza’ se apoya en un texto con frases muy brillantes, pero al mismo tiempo ustedes practican en la función un teatro muy físico y a veces más apoyado en la gestualidad que en la palabra. ¿Está de acuerdo?
Sí, porque yo, por mi formación, no concibo el hecho escénico sin movimiento. El movimiento es el complemento. La fisicidad de los intérpretes resulta fundamental para que los espectadores perciban lo que ocurre detrás de la palabra. Actualmente, debido a la proliferación de los videoclips, entre otras cosas, el ojo humano está capacitado para captar todo tipo de símbolos. Los actores juegan en ‘Escenas de caza’ con su voz y con su cuerpo, hay mucha poesía visual.

Y en esta obra los actores danzan, y danzan como malditos. Hay mucha danza, como en su anterior montaje, ¿no?
Sí, pero aquí bailan menos que en ‘Danzad, malditos’, obra en la que los intérpretes bailaban hasta la extenuación. Se machacaban. En ‘Escenas de caza’ hay una energía más densa, tremenda, como cuando cortas el aire con un cuchillo. Se trata de una función agotadora en todos los sentidos. No vemos a los actores correr, pero hay mucha tensión en todo momento.

El protagonista, el perseguido, dice en la obra: “El teatro es lo único que me salvó del suicidio”. ¿En qué medida se identifica usted con esa frase en relación a la importancia que el teatro haya podido tener en su vida?
Pues de algo tan extremo como del suicidio, no me ha salvado, pero el teatro me salva constantemente. Me hace ser mejor persona. El teatro me permite intentar hacer un mundo mejor. Pongo en el teatro mis sueños y los hago universales. Y con el teatro me siento menos solo. El teatro me salva, sí.

¿Hasta qué punto hay que medir el nivel de violencia sobre un escenario? Natalia Menéndez, y otros destacados profesionales del teatro, sostienen que es mejor contar la violencia, no mostrarla.
Hay de todo. Yo he visto montajes con violencia que me han gustado mucho y montajes sin violencia que me han gustado mucho. Yo estoy a favor de contar las cosas como a los artistas les nazcan. De una forma que me emocione según el tipo de montaje que quiero hacer y del mensaje que quiero transmitir. En ‘Escenas de caza’, al final, hay violencia. Pero todo lo que sucede antes es todavía más violento, resulta de una gran crueldad. Hay una enorme crueldad antes de llegar al desenlace final de la obra.

Hay en algunos momentos de ‘Escenas de caza’ cierta atmósfera del teatro que hizo Tadeusz Kantor en los años 60 y 70. ¿Llegó a conocer ese teatro?
Sí, sí, claro, Kantor hizo ‘La clase muerta’, y yo estudié esa obra y he visto fotografías del montaje. Kantor es uno de mis autores favoritos junto a Eugenio Barba. Constituyen dos referentes importantísimos para mí. El hecho de que usted haya mencionado a Kantor en relación a este montaje hace que hoy me vaya a dormir feliz. No lo he buscado, no lo he perseguido, pero está ahí.

¿Por qué los dos espectáculos de Malditos Compañía han estado basados en películas de cine? Primero, en ‘Danzad, danzad, malditos’, y ahora en ‘Escenas de caza en la Baja Baviera’, una película de culto que Peter Fleischmann estrenó en 1969?
El primer espectáculo surgió así. Y en el segundo parecía que era una especie de marca de la casa: a partir de la película, crear una historia. En principio pensamos en hacer ‘El Ángel Exterminador’, de Luis Buñuel, pero nos enteramos de que el Teatro Español de Madrid iba a hacer ese montaje. Y entonces elegimos esta historia, que nos gustó mucho desde el principio. Porque nosotros no ganamos dinero con el teatro. Es un regalo que nos hacemos. Disfrutamos y creemos en el teatro.

¿Cómo valora el texto con la adaptación de la película de Peter Fleischmann que ha realizado María Velasco?
Considero a María Velasco como un regalo de la naturaleza. Ella elaboró un texto a partir de la película y venía a los ensayos. Propuso ejercicios a los actores y escribió varias versiones del texto. Y consiguió un texto demoledor, crítico, inteligente, poético… Estamos enamorados de ese texto, parece un tópico, pero es así. Y cada día sigo descubriendo cosas nuevas en el texto y recovecos que anteriormente no había visto. El texto, que ya está publicado, me parece un prodigio. 

¿Cómo concibe el teatro?
El teatro tiene que ser un espejo de la vida. El objetivo reside en que el público salga a la calle y sea mejor persona. El teatro comercial también es un espejo de la vida. Y el teatro clásico pone paradigmas del ser humano sobre el escenario. Pero el teatro es un espejo de lo que está pasando, en nuestro caso un espejo deforme, poético, con mucho humor negro y mucha danza, pero un espejo. El teatro es palabra y actor. Peter Broock decía: “Uno pasa y otro mira y ya sucede el teatro”. Pero ahora se han incorporado las tecnologías, y naturalmente hay que aprovecharlas.

¿Qué recuerdos conserva de ‘Danzad, danzad, malditos’, primer espectáculo de Malditos Compañía, con el que ustedes obtuvieron el Premio Max 2016 a mejor espectáculo revelación?
Esa función ha supuesto un antes y un después en mi carrera. Hemos acabado la gira el pasado 30 de noviembre. Ha sido un espectáculo longevo en el tiempo que nos ha proporcionado muchísimas alegrías. La gira se hizo con un elenco de 14 actores y tres técnicos. Esa obra nos ha traído luz. Algo magnífico.

Cristina Cifuentes asistió al estreno de ‘Escenas de caza’ en el teatro Pavón-Kamikaze. ¿Sabe si le gustó la obra?
Parece ser que le gustó mucho. Puso un comentario en Twitter, un comentario muy favorable a la obra. Políticamente yo no tengo nada que ver con Cristina Cifuentes, pero es la única política que he visto frecuentemente por los teatros. Porque es tristísimo que la mayoría de los políticos no vayan al teatro. En algunas salas del Centro Dramático Nacional se dejan dos butacas vacías por si quieren utilizarlas los políticos. Y se suelen quedar sin uso. Esas butacas, por ejemplo, podían dejarlas para personas a las que les gusta el teatro pero carecen de medios económicos para poder ir a la función. Y en provincias dejan palcos enteros reservados para los políticos, y cuando vas de gira los ves vacíos. Resulta tristísima esa utilización de la cultura para prebendas.

Que suelten
a los perros


 “Escenas de caza” contrapone dos visiones. Una, la necesidad de pertenecer a un grupo, de ser aceptado por la mayoría, por más repugnancia que esa mayoría pueda causar. La otra, y en la que profundiza esta obra onírica, extraña y, a veces, deslumbrante, consiste en mostrar la persecución social que padece el diferente.

En este caso se trata de un homosexual. Pero el acoso puede ir dirigido también, como expone en el programa el director de la función, Alberto Velasco, por ser gordo, delgado, pelirrojo, tener cuatro dedos o tartamudear. Es, en definitiva, la persecución al que es distinto, al que se sale de lo normal. Y hay que estar alerta: en cualquier momento sueltan a los perros. Los nueve actores que representan la obra realizan un enorme derroche de fuerza.  ‘Escenas de caza’ transcurre entre símbolos y angustia. Y la chica a la que llaman “deficiente”, la otra perseguida, exclamará: “Lo mejor es no nacer”. No hay respiro en esta obra onírica, llena de símbolos y diferente. De una diferencia punzante.