Tribuna / José Luis Centella Tiempos de hoy

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 Nº 1235. 23  de febrero de 2018

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 Tribuna /
José Luis Centella   

La Administración Trump, camino de otra Guerra Fría


La visión de la seguridad de Trump no va dirigida a proteger al pueblo norteamericano, mucho menos al resto de la humanidad, su única preocupación son los negocios de las grandes empresas norteamericanas y las multinacionales

Una noticia que prácticamente pasó desapercibida, pero que tendrá una gran repercusión en nuestras vidas, se produjo el pasado 19 de enero, cuando el jefe del Pentágono, James Mattis, presentó la versión desclasificada de la llamada Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos. Mattis dejó bien clara la proyección militarista que mantendrá este país en los próximos años y señaló textualmente que ‘esta estrategia expande nuestro espacio competitivo y prioriza la preparación para guerras’.

Para el Pentágono, EE UU continuará la lucha contra el terrorismo, pero añadiendo que la competencia estratégica entre Estados, no el terrorismo, es ahora su principal preocupación de seguridad nacional. Ello significa un reajuste del enfoque desde los atentados del 11-S de 2001.

En correspondencia con esta estrategia identifican a Rusia y a China como sus principales amenazas. En un segundo nivel declaran a la República Popular Democrática de Corea e Irán y, como actor no estatal más peligroso, al autodenominado Estado Islámico.

El documento señala que “la Estrategia de Defensa Nacional 2018 respalda los presupuestos para los años fiscales 2019-2023, acelerando los programas de modernización y dedicando recursos adicionales en un esfuerzo sostenido para consolidar la ventaja competitiva” de EE UU. En este sentido, priorizarán la modernización nuclear, las inversiones en ciberdefensa y las defensas antimisiles.

Es la primera vez en más de 15 años que reconocen que su interés en aumentar su capacidad militar responde a la necesidad de mantener la superioridad sobre Rusia y China, así como en intentar consolidar su hegemonía global. Con ello, la lucha contra el terrorismo internacional –el pretexto empleado todo este periodo– pasa a un segundo plano. Se vuelve así a un escenario más parecido al de la Guerra Fría. La filosofía y el lenguaje que ya emplea la Administración de Donald Trump se sitúa en una clave de conflicto Este-Oeste.

En el citado informe la Administración norteamericana deja claro también que aplicará el uso de la fuerza como un principio de política exterior “para reforzar las herramientas tradicionales de diplomacia de Estados Unidos. El Pentágono proporciona opciones militares para garantizar que el Presidente y los diplomáticos negocien desde una posición de fuerza”.

El enfoque estratégico plantea que mejorar la competitividad de los EE UU a largo plazo incluye poder tomar la iniciativa y desafiar a sus competidores, allí donde tengan ventaja y sus rivales no estén fuertes, al tiempo que pueden ofrecer oportunidades de cooperación, pero siempre desde una posición de fuerza basada en intereses nacionales.

Defiende también la cantinela electoral nacionalista del presidente Trump de ‘Estados Unidos, primero’, que combina el aislacionismo diplomático y el proteccionismo económico, junto al fortalecimiento militar y el rechazo a la amenaza del cambio climático; una ‘novedosa’ fórmula para intentar mantener la hegemonía global y otro ‘buen acuerdo’ para el complejo militar-industrial.

El jefe del Pentágono dijo que apuesta por construir una fuerza más eficaz que justifique los 700.000 millones de dólares del presupuesto para el año fiscal 2018 que le otorgó la Casa Blanca. La visión de la seguridad de Trump no va dirigida a proteger al pueblo norteamericano, mucho menos al resto de la humanidad, su única preocupación son los negocios de las grandes empresas norteamericanas y las multinacionales, que ven peligrar su dominio mundial frente a los países emergentes.

Mientras pasa todo esto, la Administración Trump exige a sus ‘aliados’ que aumenten el gasto militar, que en el caso de España alcanza el 2% del Presupuesto. Es decir, de no evitarlo pagaremos entre todos esta vuelta al clima de Guerra Fría y será a costa de nuestra sanidad, educación o las pensiones. Además, las bases militares en nuestro territorio estarán en primera línea en esa política agresiva contra Rusia y China, todo ello con la mayor complicidad del Gobierno sumiso de Mariano Rajoy.

 

Firma

Actual coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y secretario general del Partido Comunista de España (PCE) desde 2009. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural. 


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