Entrevista / Loles León Tiempos de hoy

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 Nº 1237. 9  de marzo de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Loles León, actriz

“En los años de la Movida se era más libre”

Por el escenario de ‘¡Oh Cuba!’ pasea vestida totalmente de blanco, recitando poemas de Federico García Lorca, o bailando con cierta trascendencia cupletera, artista siempre. Loles León interpreta a El Duende, el espíritu de Federico, en este espectáculo lleno de poesía y de desgarros musicales que se representa en el madrileño teatro Fernán Gómez hasta el 1 de abril. Loles León expresa su admiración hacia los jubilados, “que se han echado a la calle no para pedir nada, sino para reivindicar lo suyo”. Y parece observar la vida con enorme sosiego, algo radicalmente distinto a la mujer al borde de un ataque de nervios que fue hace 30 años.

 

 

 

“Cuba abrió a Federico las puertas a su imaginación, a su vida y a su obra”

“Los jubilados son actualmente los héroes de la calle”

En qué consiste ‘¡Oh Cuba!’, un espectáculo con 21 artistas, españoles y cubanos sobre el escenario, que se desarrolla en torno a la figura de Federico García Lorca?
Lorca, desde Nueva York, fue a pronunciar una conferencia a Cuba. Él pensaba permanecer allí sólo una semana, pero se quedó tres meses: del 7 de marzo al 13 de junio de 1930. Federico, en Cuba, se entendió perfectamente con la gran cantidad de artistas que había, de escritores, de pintores, de músicos, de poetas. Entonces, él, ahí, brotó. Tuvo allí una vida muy intensa. Descubrió a los hermanos Loinaz, todo aquello que era un centro artístico libre. Vamos, que Federico allí se sintió como pez en el agua. Cuba le abrió las puertas a su imaginación, a su vida y a su alma. Lo menciona en la obra. Dice: “Aquí he pasado los mejores días de mi vida. Si alguna vez me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”. Él se marchó de Cuba y pensaba volver y convertir en cotidiano en su arte, digamos teatral y poético, el conjugar España con Cuba. Y en este espectáculo se muestra aquel periodo luminoso en la vida de Lorca. Francisco Ortuño, el director, un consumado experto en la vida y obra de García Lorca, ha recopilado poemas, situaciones y momentos de la estancia de Federico en Cuba. Junto a historias de Nicolás Guillén y de Alejo Carpentier se retrata en la obra ese tiempo en el que Lorca estuvo en Cuba gozando, triunfando, escribiendo y poniendo su arte al servicio de todo el mundo cubano, que lo adoraban, claro.

Se ha dicho que en la obra aparecen textos de Federico clásicos e inéditos. ¿Realmente quedan poemas inéditos de Federico?
Sí, hay cosas inéditas de Lorca. Las ha buscado y recopilado Francisco Ortuño y las exponemos en el espectáculo. Y, efectivamente, hay poemas que se convirtieron en coplas flamencas y estaban aún inéditos. Y hay también pequeños poemas, como uno que canto yo sobre el escenario, que Federico escribió en una servilleta mientras estaba en un bar esperando a que llegara Nicolás Guillén.

¿Cómo han mezclado en el espectáculo la poesía de Lorca, Nicolás Guillén y Carpentier, con el flamenco, los ritmos cubanos y el baile?
Ese es el arte que tiene Francisco Ortuño de mezclarlo todo e ir uniéndolo a través de mi personaje. Yo soy sobre el escenario la voz de Federico, el duende lorquiano de Cuba. Mi personaje tiene una función narrativa, aunque con un evidente componente emocional. Hacemos una fusión de flamenco cubano clásico y yo conduzco todos esos números de coreografías maravillosas elaboradas por Adrián Galia, y con la música de Antonio Carmona y de Diego Franco. Es toda una serie de números que se juntan a través de El Duende. El Duende permanece todo el rato sobre el escenario y va mostrando al público el mundo de los autores con los que Lorca allí alternaba e intercambiaba momentos. Con todo, este espectáculo no es algo que se pueda explicar con facilidad, no es para contarlo, es un espectáculo que hay que ver.

Se acaba de publicar ‘El sueño de la vida’, los dos actos que el dramaturgo Alberto Conejero ha añadido a ‘Comedia sin título’, la obra teatral que Lorca dejó inacabada tras ser asesinado en 1936. Pero Lorca siempre ha estado aquí. ¿A qué achaca usted la permanente actualidad de Federico?
Lorca es universal. Y Lorca ha estado, está, y estará. Lorca es imprescindible en las escuelas, en los cursos de formación teatral, y entre los actores aficionados que hacen teatro amateur. Todos hemos leído algún poema de Lorca. El ‘Romancero gitano’ circula por todo el mundo. Lorca es como un Picasso, como un Shakespeare. En ese lugar lo ubico yo. Porque se trata de un autor universal. Y siempre, en alguna parte del mundo, alguien estará reponiendo una obra teatral de Lorca o publicando un poemario de Federico. Lorca siempre estará ahí. Vigente.

El espectáculo ‘¡Oh Cuba!’ lo vieron 41.000 espectadores cuando se representó en los Jardines del Generalife, en Granada.
Más, más, acudieron casi 45.000 personas y resultó un éxito total. También hay que tener en cuenta que allí, por ejemplo, el marco era Lorca. Porque Lorca habla permanentemente en la obra de los cipreses, de la naturaleza, de su Granada, de la luna. Yo, es decir, mi personaje, cuando decía “y la luna…”, simplemente tenía que señalarla, porque la luna estaba allí. Y el espectador, claro, se sentía unidísimo a todo lo que se estaba explicando y a todo lo que se estaba viviendo sobre el escenario. Porque se encontraban en el marco ideal. El Generalife es algo único también. Como Lorca. Y la Alhambra. Allí funcionó muy bien el boca a boca. La gente decía: “No hay que perderse esto”. Y luego, naturalmente, el espectáculo se adapta a los escenarios que no tienen a la naturaleza como escenografía. Pero ‘¡Oh Cuba!’ es un espectáculo maravilloso. Es una tacita de música.

Usted fue un rostro conocido de la Movida madrileña. ¿Recuerda aquellos tiempos con nostalgia o prefiere huir de la nostalgia?
No, prefiero tenerlo como algo que viví, que me divertí mucho, que fue sensacional, porque la Movida significó una explosión cultural en todos los sentidos, de una unión y de dar a conocer a todo tipo de artistas, y propuestas de toda índole. Fue un momento de una explosión cultural a tope. Recuerdo la Movida con mucho cariño. Me gustaría que el tiempo actual tuviera algunos momentos de la Movida. Para que fuéramos más expresivos: en las artes, en todas las propuestas artísticas que se hacen. Para que hubiera mayor libertad de expresión, que ahora falta un poco. Era todo más libre, más espontáneo, más luminoso, más alegre, que ahora. Yo echo mucho en falta en los momentos actuales algo más de alegría.

Usted comenzó cantando cuplés, ese género lleno de picardía y ojazos negros.
Sí, yo tenía un espectáculo unipersonal, que era un espectáculo literario, con un pianista, y yo era, llamésmolo así, una show-woman. Y ahí alternaba poemas de Federico García Lorca, de Boris Vian, monólogos de Jean Cocteau, con canciones de cuplé como ‘La Pulga’ o ‘La Rabanitos’, o con canciones habituales en los locales de El Paralelo barcelonés, todas las que cantaba Raquel Meyer, todo eso, y yo lo mezclaba con historias vanguardistas. Aquel espectáculo consistía en una especie de monólogo literario, poético y cupletero. Era una fusión de la vanguardia con el cuplé. Lo estrené en 1979 en la sala Cúpula Venus, de Barcelona, luego estuvo en el teatro Arnáu, en el Paralelo, y después lo traje a Madrid al Festival Internacional de Teatro, que se hizo con artistas internacionales. Y posteriormente me volví a marchar de gira por España. El espectáculo comenzó llamándose ‘Lola, espejo oscuro’, luego se llamó ‘Loles León es Lola’, y finalmente ‘Loles es Maravi-Llosa’. Y lo llevé por toda España. En 1986 me trasladé a vivir a Madrid. Me contrataron en un teatro, pero allí duré dos días porque no entendieron nada mi espectáculo, y entonces fui a trabajar a la sala Elígeme y después al Café Maravillas. Y luego me llamó Pedro Almodóvar y empecé a hacer cine y series de televisión. Pero yo arranqué, efectivamente, con aquel espectáculo. Que lo podíamos considerar como cabaret-literario.

¿El teatro actual es mejor que el que se hacía en la época de la Movida?
Sí, puede ser… A ver… Los clásicos eran los mismos. Y siempre se han montado las mismas historias. Pero creo que las propuestas actuales, digamos más privadas, cuando algún autor joven quiere mostrar su talento a través de una canción, o de un monólogo, pues percibo que hay por ahí alguna censura suelta. Lo veo. Creo que de algún modo se están secuestrando cosas, propuestas artísticas. Vivimos tiempos oscuros, raros. Y en aquellos años de la Movida se era más libre.    

 ¿Qué significó para usted trabajar en películas como ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ o ‘Átame’?
Se trata de dos películas espectaculares y supermaravillosas. No ha pasado el tiempo por ellas. Yo me emociono aún viéndolas. Y en estos días se cumplen 30 años del estreno de ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’. Yo creo que fue un hito en España aquella película de Pedro Almodóvar y que a partir de ese momento hubo un antes y un después en el cine español. Y supuso también un cambio de estética. Aquella estética almodovariana sentó unas bases para el cine español del futuro.

Usted ha sido una mujer muy reivindicativa. Sin embargo, ahora suele decir: “No quiero significarme en nada”.
No. Y ya está… Porque tengo mucho trabajo… Y no puedo entretenerme en reivindicar. Hay derechos que no… Bueno, hay que estar encima de todas las cosas. Pero yo considero que toca a las generaciones más nuevas que se signifiquen ellos. Nosotros siempre estaremos ahí, apoyando. Yo me quito el sombrero ahora ante los jubilados, que son actualmente los héroes de la calle, y creo que hay que apoyarlos, y que deben ser justos con ellos, porque no están pidiendo nada, simplemente reivindican lo suyo, quieren que les den lo que les pertenece, lo trabajado. Reivindican. Exponen sus cosas con seriedad, con valentía y con ímpetu. Y eso me parece maravilloso.

En 2011 hizo usted en teatro con Bibiana Fernández la obra ‘La gran depresión’, sobre la crisis. ¿Imaginaba usted entonces el auténtico calado de lo que se venía encima?
No, no lo pensábamos ni Bibiana ni yo. Estábamos ahí tan frescas y tan panchas haciendo esta obra y después llegó aquella hecatombe, y nosotras estábamos ahí, diciendo: “La gran depresión va a venir”. Y llegó, vaya si llegó.

Usted interpreta a Menchu en ‘La que se avecina’ ¿Qué piensa de esta serie?
‘La que se avecina’ es una serie superactual. Toca todos los temas que están pasando en la sociedad de ahora, con una maestría en los guiones y en la interpretación que el espectador agradece, y ahí están los datos: cuando se emite la serie hay una audiencia apabullante. Yo creo que la gente se identifica tantísimo con lo que se cuece en esa serie, que por eso ‘La que se avecina’ sigue ahí, actualizada, después de ocho temporadas.

Duende blanco

‘¡Oh Cuba!’ tiene una atmósfera lorquiana, poética, de alegría y nostalgia, como cuando Loles León, en el personaje de El Duende, el espíritu festivo y melancólico de Federico, recita poemas bajo los sones entrecortados de una trompeta que parece escucharse desde una madrugada desgarrada de poesía. Cuando unos bailarines lo rodean, el Duende de Lorca exclama: “Mil rayos, mil, con unas mejillas teñidas de rosa como si tuvieran 50 grados de fiebre”. O ante los acordes de una guitarra: “Nunca se canta en Andalucía para divertirse, sino para volar”. Federico en La Habana y en Santiago. ‘¡Oh Cuba!’ se defiende con arte y, cuando hace falta, a taconazo limpio.