Entrevista / María Luísa Maillard Tiempos de hoy

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 Nº 1239. 23  de marzo de 2018

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Entrevista / Juana Vera (Santiago de Compostela)

María Luisa Maillard, filósofa y escritora

“La igualdad absoluta no existe”

Doctora en Filosofía, María Luísa Maillard preside la Asociación Matritense de Mujeres Universitarias, desde la que ha promovido la colección de biografías de EILA Editores. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la filósofa y escritora presentó en la Universidad de A Coruña la trigésima sexta biografía dedicada a Concepción Arenal. “Fue la primera mujer que publicó artículos de fondo en España, en El Liberal. Fue la primera mujer de nuestro país que asistió, vestida de hombre, a la Facultad de Derecho, vedada entonces a las mujeres”, explica María Luisa Maillard, autora de esta biografia titulada Vida de Concepción Arenal. María Zambrano, Emilia Pardo Bazán, Hannah Arendt, Carolina Coronado, Assia Dagher, Hipatia de Alejandría y María Moliner son otras protagonistas de esta colección de la que ya se han vendido 10.000 ejemplares.

“Hoy se confunde la igualdad necesaria para acceder a todos los derechos cívicos y políticos con la igualdad absoluta”   “La palabra feminismo es una palabra ídolo sobre la que no se reflexiona”

Sociológicamente iguales, humanamente diferentes, ¿era este el sueño de igualdad de Concepción Arenal?
Sociológicamente no es exactamente la palabra. Todos los seres humanos deben tener las mismas oportunidades. Es decir, los mismos derechos civiles y políticos, la misma oportunidad para acceder a la educación y a los medios de perfeccionamiento. Ahora bien, el hecho de tener estos mismos derechos no implica la igualdad absoluta. La igualdad absoluta implicaría, como ha sucedido en los diversos comunismos que se han llevado a la práctica, la eliminación de la libertad porque la igualdad aboluta hace tabla rasa de los seres humanos. Al eliminar la libertad, el ser humano deja de serlo. La igualdad absoluta, por ello, no puede ser. No existe. Hoy se confunde la necesidad de igualdad para acceder a todos los derechos cívicos y políticos, igualdad necesaria, con la igualdad absoluta. No se matiza  esto y se dice: “El hombre tiene que ser igual a la mujer”. No. Debe tener los mismos derechos civiles y políticos pero no necesariamente la igualdad. En nuestro tiempo la mujer quiere acceder a la igualdad. Reclama el empoderamiento. Quiere, de este modo, acceder a todos los puestos de poder que ocupa el hombre. Bien, pero ¿para qué? ¿Para perpetuar una determinada imagen del hombre que ha configurado esta civilización y que entró en crisis a finales del siglo XIX o para aportar algo que ha aprendido a lo largo de su tradición, de su historia y de su naturaleza de ser mujer, que es diferente a la del hombre? ¿Quiere llegar a ocupar puestos importantes en la sociedad para intentar cambiar esa tendencia o simplemente quiere homologarse a lo que el hombre está haciendo en este momento?
 
¿Por qué no se matiza el término igualdad?
No se matiza, ni se discute, porque se ha convertido, como decía Dña. María Zambrano, otra de las mujeres que forma parte de nuestra colección de Biografías, en un ídolo, es decir, en algo intocable sobre lo que no hay que pensar. Estamos en una sociedad de eslóganes. No existe la argumentación ni el proceso de profundización en ciertos temas, sino que se repiten determinados eslóganes que se convierten en ideas-ídolo. Eso impide el pensamiento y es muy grave en una sociedad.

¿Sería feminista hoy Concepción Arenal?
La palabra feminismo es una palabra ídolo sobre la que no se reflexiona. Ser feminista en la época en la que había que conquistar el derecho a la educación superior, al trabajo y al voto era algo que no daba lugar a confusión. Ese feminismo es el de Dña. Concepción Arenal, no el de la igualdad que se fomenta hoy. Ella estaría más cerca del feminismo de la diferencia sin la oposición frontal al hombre. Igual que María Zambrano, quería que la mujer accediese al mundo del pensamiento y de la creación para corregir determinada desviación del pensamiento occidental, como le he dado a entender antes, y aportar valores nuevos a la marcha de la civilización occiental, no simplemente colocarse en el lugar del hombre.

En su libro hace referencia a lo que Concepción Arenal denominó “incorregibles”, término que guarda relación con el de “prisión permanente revisable”. ¿Estaría Dña. Concepción  Arenal de acuerdo con la aprobación de la prisión permanente revisable?
El correccionalismo, que comenzó a implantarse en el siglo XIX, es decir, la idea de que las cárceles fueran una corrección para el reo y no un castigo, se ha impuesto de manera tan generalizada que se ha olvidado profundizar en el tema. Dña. Concepción Arenal reconocía que había incorregibles, que había presos a los que no se podía enmendar. Lo que quería lograr es que la clasificación de incorregibles se hiciese bien y no sólo, como se comenzaba a hacer, por la reiteración de delitos. Por ejemplo, personas muy pobres, imagine usted en esa época, que reincidían en el robo por necesidad. Estas personas no eran incorregibles para ella. Para denominar a una persona incorregible había que tener en cuenta el tipo de delito y las características psicológicas de la persona, que podían hacerle reincidir. Ella hubiera defendido la prisión permanente revisable pero con una serie de mecanismos para que se llevara a cabo de modo correcto. Según sus ideas, había que tener en cuenta la culpa de la sociedad en la reincidencia de determinados delincuentes.

Siempre con la esperanza de la reinserción del reo…
Sabía que había un sector de la delincuencia que era incorregible y es cierto. Lo que quería es que se delimitase bien este grupo de personas y que se eliminasen en la decisión de la pena todos aquellos elementos en los que intervenía la sociedad. Hay naturalezas delictivas. Existe la maldad.

¿Qué significaba para Concepción Arenal la bondad?
Entendía que todas las actividades del ser humano tenían que tender hacia el bien pero que la naturaleza humana tenía la tendencia hacia el bien y hacia el mal, el peaje de la libertad. Pensaba que era posible encaminar al bien a cualquier persona siempre que se apelara al corazón y a la inteligencia. Por eso defendió la educación y la instrucción como medios para mejorar al ser humano y encaminarlo al bien, su camino natural.

Cuando ha dicho peaje de la libertad, ¿qué ha querido decir?
Una de las características básicas del ser humano es que tiene libertad. La libertad implica escoger un camino y por ese camino puede tender el ser humano hacia el bien o hacia el mal. Si no existiese esa tendencia no existiría la libertad y el hombre sería otra cosa. No sería hombre. El hombre es hombre porque tiene el libre albedrío, tiene libertad de acción para hacer su vida y también voluntad para llevar adelante lo que se propone. La libertad y la voluntad son las dos características que lo definen. Con ellas debe afrontar la parte de destino de su vida que es su nacimiento, su familia, su país, sus características biológicas. Una parte de destino inamovible que tienen todos los seres humanos, quienes tienen la libertad y la voluntad para encauzar ese destino hacia un determinado fin, que según Dña. Concepción Arenal debería tender hacia el bien.

Hannah Arendt, filósofa que protagoniza una de las biografías de la colección que usted dirige, decía que el mal no es radical. El bien, sí.
Decía que el mal es banal, superficial, o puede serlo.
 
¿Estaría Hannah Arendt en contradicción con Concepción Arenal?
No lo creo. Dña Concepción Arenal tampoco creía en el mal radical. Es decir, alguien puede hacer el mal por cobardía, por dejarse arrastrar. Puede así cometer delitos horrorosos. Dña. Concepción Arenal no reflexionó sobre la banalidad del mal Sólo sabía que en la naturaleza humana existían los dos caminos, el bien y el mal.

La caridad y la filantropía fueron temas de estudio para Concepción Arenal. ¿Qué perdura de sus ideas en este sentido?
Todo. Independientemente de que cualquier organización está hecha por hombres, por lo tanto no hay nada perfecto porque el hombe no lo es –las organizaciones tampoco–, ella entendía que no se podía atender al sector de la beneficiencia si no colaboraban las tres instancias: el Estado, que era el que daba los medios y la organización, pero manejaba números en un despacho; la filantropía, y la caridad.

¿Qué lugar ocupa la utopía, como camino para resolver estos problemas, en la obra de Concepción Arenal?
Estaba en contra de las utopías que circulaban. No puede haber una sociedad perfecta poque la sociedad está formada por hombres y los hombres no son perfectos, pensaba. En 1870 fundó una revista, La voz de la caridad, que se ocupaba de los pobres, los locos, los huérfanos y además ahondaba en la cuestión social, en la sección Cartas a un obrero. En aquel momento se introducían en España los criterios revolucionarios. En 1870 se había formado la Internacional Anarquista en Cataluña y en 1879 se fundó el Partido Socialista. Dña. Concepción Arenal se enfrentó a esas ideas desde su preocupación social y entrevió que una sociedad de esas características, además de eliminar la libertad indiviual, tendría que cerrar las fronteras del país y se hundiría. Una visión lúcida para la época. Vio, antes que los políticos, que tras las desamortizaciones de Godoy y de Mendizábal, con la consiguiente pérdida de bienes para la Iglesia, los necesitados se habían quedado sin atención y comprendió que el Estado debía asumir la atención al necesitado, algo que hasta entonces no había asumido. Afrontó este problema sabiendo que el Estado tenía que asumir esta responsabilidad pero con la ayuda de las organizaciones filantrópicas y de la Iglesia. Hoy vemos que el Estado asume esta responsabilidad y que también hay ONGs, organizaciones filantrópicas y organizaciones como Cáritas, que dependen de la Iglesia.

Culpable o inocente

“El progreso de las ciencias, la perfección en las artes, la equidad de los códigos políticos y de comercio importan mucho menos que el Código Penal porque no hay nada tan grave para el hombre como aquel juicio que lo declara culpable o inocente y lo priva de la libertad, de la vida y de la honra”, escribió Dña. Concepción Arenal, quien luchó por un Código Penal correccionalista frente a un Código Penal medievalista, en el que entraban torturas, presos con grilletes, ejecuciones públicas y pena de muerte. En Europa ya se introducía la corriente correccionalista. Es decir, que la pena no debía de ser sólo un castigo, sino que también debía introducir el factor de la corrección del delicuente. Dña. Concepción Arenal fue una de las primeras personas que defendió esta reforma del Código Penal en España. Antibelicista, en la última etapa de su existencia intentó elaborar un ensayo sobe Derecho de Gentes, algo que universalizase la Justicia y determinados comportamientos, algo con lo que se comprometiesen todas las naciones, una especie de Derechos Humanos. La pensadora, ferrolana y universal, entendía la idea del hombre unida íntimamente a la siguiente reflexión sobre el dolor: “El dolor es algo inevitable. Nos llega tarde o temprano. Debemos saber convertirlo en un camino de perfeccionamiento moral dado que es  inevitable. Pero el dolor que infligen unos hombres sin corazón a otros hombres hay que combatirlo con todas las fuerzas”.