Entrevista / Albert Pla Tiempos de hoy

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 Nº 1244. 27  de abril de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Albert Pla, cantautor y actor

“No quiero hablar de política porque acabaría en la cárcel”

Albert Pla (Sabadell, Barcelona, 1966) es una persona impar. Un artista que se ha desenvuelto por la vida a pecho descubierto pero con la ironía como escudo. Ahora protagoniza en el teatro Nuevo Apolo de Madrid ‘Miedo’, un espectáculo singular, envolvente, distinto, por el que este cantautor/actor transita como si caminara por el interior de una pesadilla. Y rehúsa hablar de política desde un argumento decididamente contundente: “Como hable de política acabo en la cárcel”, dice.

“Las imágenes en ‘Miedo’ del rey Juan Carlos o de Evita Perón simbolizan el miedo que uno tiene a los poderosos”   “Vivo del público. Si viene el público, sobrevives. Si no viene el público, no sobrevives”

‘Miedo’ podría definirse como una pesadilla escenificada. ¿Está de acuerdo?
Es un reguero de miedos. Con el intento de estar ordenados y ser legibles. Más o menos es eso.

El espectáculo parece hecho por un Charles Bukowsky de voz suave.

No tengo ni idea de cómo tenía la voz Bukowsky.

Me refería al perfil literario de ese escritor.
Sí, he leído algo de Bukowsky pero nunca me gustó. Me pareció muy depresivo. Y ubicaba sus novelas en un mundo que a mí se me antoja muy lejano, como es el mundo urbano y, además, americano. No me gusta mucho ese autor, la verdad.

Efectivamente usted vive en el campo, en una masía de Montseny, y en alguna ocasión ha dicho que le gusta que le llueva mientras pasea por el campo, pero que detesta la lluvia en la ciudad.
Creo que en la ciudad es más difícil de llevar el frío, el calor, la lluvia, la nieve, la polución, todo se hace un poco más difícil de llevar para mí en la ciudad.

‘Miedo’ refleja los temores desde la infancia hasta más allá de la sepultura. Y el protagonista dice: “Nada da más miedo que estar vivo”.
Bueno, claro, esa no es una gran frase. Es una evidencia.

Se dice también en la obra que “el susto es una reacción al miedo, pero que el miedo vive dentro de nosotros”.
Sí, el susto es un acto reflejo que incluso puede no ser provocado por el miedo. Pero el miedo yo creo que sí está claro que habita dentro de ti, que tú lo alimentas, y que incluso algunas veces lo disfrutas. Porque, en ocasiones, uno se recrea en el miedo, si no, la gente no iría a ver películas de terror. Todo este espectáculo, ‘Miedo’, es una cosa muy íntima, y cuanto más íntima parece más te das cuenta de que generalizas, de que son cosas que siente todo el mundo, de que no eres nada original, aunque por mucho dentro de ti-ti-ti que vayas, ese ti-ti-ti es como el de todo el mundo.

Hay en ‘Miedo’ una niña cuya proyección cruza frecuentemente el escenario y que, con la voz de las niñas de las pesadillas, dice: “Canta, canta, no dejes de cantar. Si dejas de cantar te morirás”.
Bueno, ahí está. A mí me sirvió mucho como hilo conductor y para decir: “No te enrolles y canta”.

¿Hasta qué punto el espectáculo ‘Miedo’ es muy diferente al resto de los que hay actualmente en la cartelera madrileña?
Le voy a ser sincero: No lo sé, porque no he visto nada de lo que hay en la cartelera madrileña. No tengo ni idea de lo que están haciendo aquí. Únicamente fui el otro día a ver a Los Morancos, y el espectáculo estaba muy bien, muy político, y después dicen que yo hago espectáculos políticos. Pero el espectáculo de Los Morancos es lo único que he visto. La verdad es que no puedo saber si hay gente que está haciendo lo mismo que yo o parecido.

¿Qué importancia concede a la ironía en el teatro y en la letra de sus canciones?
No sé si ironía. Primero, si hay algo que me haga reír, lo voy a dejar. Eso en líneas generales. Y si hay algo que se me ocurre que no me haga reír, porque me preocupa o me molesta o me inquieta, siempre acabo intentando quitarle hierro o reírme de eso o al menos no concederle demasiada importancia. No sé si esto será ironía.

En la función de ‘Miedo’ del domingo a la que yo asistí, nada más concluir el espectáculo, en lugar de permanecer usted sobre el escenario recibiendo los aplausos del público, bajó rápidamente y se marchó por el pasillo de la platea, aunque recibiendo vítores. No es lo más habitual.
Yo lo hago siempre. Me parece lo más normal. Acabas un espectáculo, saludas y te vas. Eso es lo normal. Lo raro es irte, que te estén aplaudiendo, volver a salir al escenario, irte, volver… Pudiéndolo hacer todo de una vez… Saludas a la gente, le das las gracias, y te vas. Yo saludo a la gente que me aplaude, y después recorro el pasillo tranquilamente, saludando a la gente, di la mano a alguien, “hola, adiós, gracias, gracias”, y me gustaría saludar personalmente a todas las personas del público. Pero yo creo que así, saludándolos, recibo de ellos agradecimiento, o al menos es lo que yo sentí ese domingo al que usted se refiere, y también creo que ellos, al final del espectáculo también perciben que yo les estoy muy agradecido. ¿Le parece?

Sí, sí. Otra cosa, ¿se puede cambiar la sociedad a través del teatro?
Ahora deje que piense un rato… No se me ocurre ninguna obra teatral que haya cambiado el curso de la historia repentinamente. Y, en cuanto a ‘Miedo’, la intención de esta obra no es cambiar la sociedad.

Pero ‘Miedo’ sí tiene la intención de remover.
Bueno, yo cuento cosas, y espero que la gente sienta algo. Pero en una habitación con cinco psicópatas asesinos simplemente intento que no me maten.

Se habla de que el teatro en Madrid vive un momento extraordinario. E incluso hay quien ha escrito que Madrid, en materia teatral, está actualmente a la altura de Londres o de París.
¿Ah, sí? Pues ya le digo que no he visto nada de teatro en Madrid pero dudo mucho que Madrid esté a la altura teatral de Londres o de París o de Berlín. Sí que le puedo decir que en Argentina me preguntaron por el teatro en Madrid, porque allí había 300 espectáculos funcionando, en la ciudad de Buenos Aires, mientras yo estaba, y yo dije que igual que en Madrid, pero con un cero menos, es decir, en lugar de 300, sólo 30. Creo que en Madrid no llegan ni a la altura de Buenos Aires. ¿Y quién ha equiparado el teatro de Madrid con el de Londres o París?

Luis María Ansón.
¡Ah, hombre! Es un sabio. También dijo un día que “Cataluña nunca será independiente”.

Sobre su profesión de cantautor ha dicho usted: “Esto es un oficio de viejos, un oficio que se acaba”.
Bueno, sí, y también lo del teatro es un poco así.  Si el teatro cree que va a cambiar la sociedad, ya puede ir espabilando. Porque cada vez la comunicación directa entre la gente que dice algo y la gente que lo recibe, cada vez es menos así, menos como en un teatro, menos como en un concierto, y a esta sociedad a la que usted se refería antes parece que tampoco le interesa mucho preservar el teatro, parece que ahora le interesa más llegar a la Luna. Yo disfruto componiendo canciones, haciendo teatro e imaginándome cosas.

¿Hasta qué punto resulta difícil para un artista desenvolverse fuera de la cultura oficial como ha sido su caso durante toda su vida?
Depende de a lo que aspires. Yo creo que no hay ningún trabajo fácil, ninguna manera sencilla de ganar dinero, de sobrevivir, de todos esos rollos. Yo he intentado buscar un equilibrio, y bueno ahí estoy. Llevo 30 años en esta profesión. Ahí estoy.

En esos 30 años no ha recibido usted ni una sola subvención, ¿no?
No, y yo he tocado hasta para el PP. O sea que… Pero vamos a diferenciar entre subvención y contratación. Porque ahora parece que si te contratan es que te subvencionan. Y no es así. De modo que subvencionado yo no he estado nunca. Yo empecé cantando en un concurso que estaba organizado por el Ministerio de Cultura. Pero nosotros vivimos del público. Si viene el público, sobrevives. Si no viene el público, no sobrevives. Yo he hecho alguna función en el Teatro Nacional de Cataluña y era desproporcionado el gasto con el beneficio. Las cosas públicas son desproporcionadas. Y no hay derecho a que esté tan desproporcionado esto. Considero que se debería ayudar más a los teatros y menos a los artistas. Es que un artista no tiene por qué recibir una subvención. Y un teatro, sí. Un teatro ha de ser un sitio donde se celebren varias funciones cada día y donde se apoye y se anime a la gente que hay, y que se le den facilidades a la gente para ir a las funciones. Y no que un teatro sólo sirva para abrir los viernes, sábados y domingos a las nueve de la noche. No, no. Un teatro debe ser un lugar donde se realicen ensayos, donde se trabaje, donde se experimente, y donde se hable permanentemente de teatro o de cualquier expresión artística que se pueda hacer dentro del teatro. Yo no pido subvenciones para mí. Pero sí pido que no se cierren todas las salas. Porque se han cerrado todas las salas en sólo 15 años, y las que no han cerrado se las han llevado al polígono. Y todo ello demuestra que la sociedad y el Gobierno tienen poco interés en apoyar esto. Y a mí me gustaría que tuviesen más interés en apoyarlo. Pero también otros gremios deben querer que se les apoye.

Usted, por sí solo, es capaz de llenar un escenario. ¿Ha pensado en algún momento que el derroche de proyecciones en ‘Miedo’ resulta excesivo?
Sí claro… Yo pienso en todas las posibilidades. Cuando montas un espectáculo lo haces sabiendo que podías haber elegido cualquier otra opción. Y probablemente coges una porque estás inventando, experimentando, aprendiendo, fascinado con algo, y entonces intentas encontrar un equilibrio. Pero lo hecho en ‘Miedo’ me parece muy bien porque es apabullante. Realmente se trata de un espectáculo apabullante. Y era la intención además que el espectáculo fuera apabullante en imágenes, queríamos que la parte de creación de vídeos fuera el punto de partida de este espectáculo y queríamos echar el resto en eso. Y los pintores que elaboraron las escenografías, escenografías que posteriormente se digitalizaron, tenían muchas ganas de que los personajes salieran constantemente, y yo también, y ojalá hubiera podido salirme yo de escena y dejarlos solos a ellos a veces.

Cuando aparece en ‘Miedo’ la imagen del rey Juan Carlos en un cuadro, el protagonista, o sea, usted, exclama: “¡Qué miedo!”.
Sí, ese es un miedo en el que nos podríamos haber extendido mucho, pero lo simplificamos con la aparición de unos cuadros del rey Juan Carlos, de Evita Perón, de George Washington y del Che Guevara, que caen encima de mí, y simbolizan el miedo que uno tiene a los que son más poderosos, esa sensación de sentirte siempre oprimido por el más poderoso. E insisto, esto daba para un espectáculo por sí solo. Pero otras escenas de ‘Miedo’, también.

Usted no quiere hablar ya de política. ¿Es porque no le apetece, o porque ha dicho tantas cosas, y tan ocurrentes o provocadoras, que ya no le queda nada que decir?
No, no quiero hablar de política ahora porque acabaría en la cárcel. Si dijera lo que pienso acabaría en la cárcel.
 
O sea, considera que si hablara de política la Fiscalía actuaría de inmediato.
Por su supuesto. Veo que la Fiscalía está actuando contra tanta gente… Y este es un miedo real. No es un miedo de mi espectáculo. Es un miedo que yo tengo. Auténtico. Yo sólo hablo ya de política con los taxistas y con el barman. Pero en las entrevistas, no.

 

“El público no es mío”

Usted tiene su público.
Yo nunca he tenido mi público. Nunca. Nunca he visto repetir al público. Nunca he visto a las mismas personas. De modo que no entiendo cuando los cantantes dicen que tienen su público, o que han perdido público. Yo no tengo público, tengo un perro que vive conmigo, está junto a mí, pero el público va y viene, el público no lo tengo, no es mío.