Cuando España pasó del blanco y negro al color Tiempos de hoy

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 Nº 1246. 11  de mayo de 2018

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-Cultura / Manuel Espín

Se publica ‘Los años rebeldes. España 1966-69’

Cuando España pasó del blanco y negro al color



A la hora de armar un libro como Los años rebeldes. España 1966-69 (Kailas Editorial) era necesario plantearse varios retos, acercándose 50 años después a una realidad del pasado bajo actitudes desprejuiciadas, lejos de los estereotipos, huyendo de nostalgias o de idealizaciones gratuitas, contrastando mitos con verdades (por ejemplo, uno muy importante: si en Paris o Berkeley tuvieron presencia “drogas y sexo”, en España no hubo “nada de nada”: “Bastante teníamos con huir de los policías, de “la social” para que también tuviéramos encima a los estupas”, dice Rafael Fraguas, entonces estudiante y delegado de curso en Políticas). Esos años al final de los 60 fueron decisivos en el mundo, con hechos  como Mayo del 68,  la Primavera de Praga y la posterior invasión de Checoslovaquia, la matanza de la Plaza de las Tres Culturas en México, o las rebeliones juveniles en Alemania e Italia, origen por una parte de los partidos verdes y del ecologismo, y en su versión más sectaria y extrema germen tiempo después para la violencia del Otoño Alemán de la Baader-Meinhoff y de los años de plomo de las Brigadas Rojas en Italia. Pero también del nacimiento de la contracultura y de los hippies, de la explosión de las culturas juveniles y de la renovación de los contenidos, los argots, las terminologías, las estéticas… A la vez que la época de los derechos civiles en Estados Unidos, del nacimiento del feminismo, de la diversidad sexual, de la traslación de una reivindicación de las relaciones de igualdad en el plano sociopolítico al espacio familiar…Utopía y realidad en años de precipitadas transformaciones en las sociedades occidentales y en el mundo; con unas culturas donde el rock y el pop actuaron como referente cultural junto a todos los “ismos”, y el cambio social apareció de la mano del cultural.


El entonces ministro de Asuntos Exteriores, Manuel Fraga, y el embajador de los EE UU, Angier Biddle Duke, se bañan en Palomares para tranquilizar a  la población tras el accidente de un avión norteamericano que cayó al mar con bombas nucleares.

La universidad fue espacio privilegiado para la revuelta antifranquista, antes y después de Mayo del 68, para ceder al 69 su protagonismo a  partidos, sindicatos, asociaciones vecinales y colegios profesionales.

Palomares, Matesa y la Ley de Prensa
En España, bajo un marco institucional muy distinto al de las sociedades europeas cercanas, la lucha por el restablecimiento de las libertades políticas y los derechos ciudadanos fue básica, bajo el peso de una dictadura de larga trayectoria donde jóvenes hijos de quienes hicieron la guerra marcaban distancias con una estructura política incapaz de adaptarse a los cambios en el mundo. Mayo del 68 y sus demás réplicas europeas fracasaron en el terreno político al ser incapaces de identificar  un objetivo concreto más allá de la utopía y de generar vías para articularlo –a diferencia del 15-M– a través del voto y la movilización pacífica para influir por vía democrática; su impacto ha de ser reseñado en su influencia sobre un discurso posterior de la igualdad de género, ecologismo, crítica a las relaciones de poder, diversidad en materia de sexo, y en la esfera de los estilos de vida. Por el contrario, en España el movimiento estudiantil se centraba en lograr un marco de libertades como las que tenían en ese momento los estados del antiguo Mercado Común. Ese cambio cultural dentro de la sociedad española contra el franquismo sociológico y la tecnocracia del desarrollismo, se enmarcó dentro de otros hechos de impacto como la bomba de Palomares, la Ley de Prensa o el caso Matesa, y representó la percepción de una transformación dentro de una sociedad que transitaba desde los tonos oscuros y monocordes del blanco y negro a una creciente tonalidad de colorido.

El joven estudiante de Derecho Enrique Ruano fallecía en 1969 al precipitarse al vacío estando bajo custodia de la Brigada Político-Social.

El post Concilio provocó el pluralismo en la base de la Iglesia: buena parte de las siglas políticas a la izquierda del PCE surgieron del espacio católico.

En el libro se cuentan diversos episodios poco o nada conocidos: desde la curiosidad con que los estudiantes españoles de la época contemplaron la aceleración de las demandas de cambio en el mundo, los nexos formales Mayo 68- Sindicato Democrático de Estudiantes, o la atención que puede despertar hoy una carta no publicada de Franco al presidente Johnson donde el Caudillo marcaba distancia respecto a la política de EE UU en Vietnam y evidenciaba una cierta simpatía hacia Ho Chi Minh como líder nacionalista. El itinerario por aquella España de hace medio siglo entre 1966 y 1969 se acompaña en este  libro por los testimonios personales y los puntos de vista de quienes los protagonizaron o vivieron, siendo adultos o adolescentes, y de aquellos que los interpretan desde la perspectiva de los cambios posteriores. Entre ellos. los puntos de vista de Nicolás Sartorius (vicepresidente de Fundación Alternativas), que explica el proceso de politización de jóvenes de clase media o alta frente al franquismo; Antonio Chazarra (profesor de Filosofía y exdiputado del PSOE en la Asamblea de Madrid) y su memorial sobre su “primera manifestación” siendo estudiante de instituto, cuando Tierno Galván, Aranguren y otros profesores encabezaron una marcha pacífica que les costó su expulsión de la universidad; Rafael Fraguas (periodista y escritor), entonces delegado de los estudiantes en Políticas y militante del PCE, y la peripecia de un joven disidente frente a la represión policial. Frente al testimonio de Félix Alonso, más tarde comisario de policía, que se expresa sobre el momento en el que una parte de ese colectivo en la primera Transición percibió una inquietud de cambio y de demanda de una policía profesional bajo un marco constitucional. Otros testimonios, como el de Carlos López Riaño, diputado en cinco legislaturas en el Congreso por el PSOE, narra su inicio en el asociacionismo clandestino en los años 50 y 60, o el de José Antonio Matesanz sobre los sucesos del 56 en Madrid, la personalidad de Jorge Semprún y la difícil supervivencia en los años 60 de un joven como él condenado por el TOP por militar en un partido clandestino.


Massiel gana Eurovisión en 1968 con ‘La la la’, un tema en principio destinado a Joan Manuel Serrat que se negó finalmente a interpretar.

Franco mandó una carta secreta al presidente Nixon en la que mostraba cierta simpatía por Ho Chi Minh y se distanciaba de la posición americana en Vietnam.

Carlos Alonso Zaldívar,  delegado del Sindicato Democrático de Estudiantes de Madrid en París-68 rememora su peculiar “aventura”: entonces militaba en el PCE y años más tarde llegó a ser embajador de España en distintos Estados. El sociólogo José Luis Zárraga, que perteneció al Frente de Liberación Popular, el Felipe, hasta su disolución en 1969, pone su mirada en una de las más negras tragedias de la época, con una víctima como el joven católico estudiante de Derecho procedente de una familia de clase alta llamado Enrique Ruano, de cuya muerte/asesinato el próximo invierno se cumple medio siglo. Esperanza Ochaíta, catedrática de Psicología en la Autónoma, comenta lo que suponía ser mujer y menor de edad en aquella sociedad. Carlos Berzosa hace memoria de su presencia en el famoso concierto de Raimon en la Complutense de mayo del 68: José Ramón Pardo se aproxima a las entretelas del caso Serrat y el La, la, la de Massiel en Eurovisión, mientras el director de cine Jordi Grau recuerda los tiempos de la gauche divine y de la Escuela de Cine de Barcelona y la peculiar perspectiva de los cambios contemplados desde la sociedad catalana. Gerard Imbert, catedrático de La Sorbona y de la Carlos III, destaca el elemento de la “teatralidad de Mayo” y su poderosa imagen que ha trascendido hasta nuestros días. Estos y otros muchos testimonios ayudan a contextualizar ese tiempo decisivo donde el país (y el mundo) empezaron a mudar de piel. 

 

 

 

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