Entrevista / Antonio Díaz, ‘El Mago Pop’ Tiempos de hoy

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 Nº 1249. 1  de junio de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Antonio Díaz, ‘El Mago Pop’, ilusionista

“La magia es un juego de adultos”

Lo arropa que más de un millón de espectadores ha visto ya su espectáculo ‘Nada es imposible’ en el Teatro Rialto de Madrid. Antonio Díaz, ‘El Mago Pop’, ha cumplido el objetivo que se marcó de niño, cuando soñaba en convertirse en un ilusionista importante: volar. Porque vuela sobre el escenario. Sus juegos de magia han entusiasmado incluso a Stephen Hawkins. ‘El Mago Pop’, de 31 años, conserva cierta apariencia de adolescente, pero hay algo delicadamente inquietante en su mirada, tal vez derivado de esa capacidad de conectar con lo inexplicable aunque sólo se trate una deliciosa ilusión.

“A Hawking le hice un juego que tiene que ver con la gravedad y le encantó”

“Houdini y David Copperfield demostraron que la magia no tiene que ser un arte menor”

En este espectáculo usted consigue lo imposible para un ser humano: volar.
Así es. Se trata de un juego muy especial, porque para mí volar constituía un objetivo profesional. Cuando yo era niño, y ya soñaba con ser mago, pensaba que si algún día lograba volar sobre el escenario significaría que habría alcanzado mi sueño de ser un gran ilusionista. Porque para hacer este tipo de ilusiones requieres de una gran producción, de un gran espectáculo. Por otro lado, yo me dedico a la magia porque de niño vi volar a David Copperfield. Y es lo más increíble que he visto hacer nunca. Volar es el sueño de cualquier niño. Y hacerlo cada noche en un teatro, además demostrando que estás volando, aun sabiendo que es mentira, resulta lo maravilloso de este oficio, que el espectador sabe que es imposible que lo estés haciendo, pero aun siendo imposible yo lo estoy demostrando. Estoy demostrando que no hay cables, que no hay imanes, que no hay nada. Que vuelo. Los propios espectadores pueden subir al escenario y pasar la mano por todos los sitios. No encontrarán nada. Demostrar lo imposible es maravilloso. Porque ‘Nada es imposible’ es el espectáculo que he soñado hacer durante toda mi vida. Supone un compendio de las ilusiones, por un lado, que más alegría me han proporcionado, ilusiones en las que he trabajado durante muchísimos años, y otras que es la primera vez que las pongo en escena, porque son juegos que quería hacer durante toda mi vida. Y para poder hacerlos requería de un gran equipo, de una gran producción. Y este espectáculo supone una gran producción de ilusionismo, en la que hay apariciones, desapariciones, transformaciones y mucha emoción.

¿Hasta qué punto la magia tiene elementos poéticos?
Eso depende mucho del artista. En mi caso intento que haya muchísimos elementos poéticos. Porque al final considero que la magia es un juego de adultos. El espectador sabe que lo que está viendo no es real, pero deja en suspenso la incredulidad y se deja llevar por el asombro. ‘Nada es imposible’ es un espectáculo muy visual, muy sugerente y que nos hace viajar. Además se trata de un espectáculo muy optimista y preciosista, en el que el factor poético es muy importante porque constituye la forma de conectar con la emoción. Considero que dejarse engañar es un acto de inteligencia. Lo digo porque hay dos tipos de espectadores en un espectáculo de magia. Los que se dejan llevar por el asombro y los que se lo toman como un reto intelectual. Estos últimos tienen un único objetivo: “Voy a pillar el truco, necesito saber cómo lo hace”. Que haya ese espectador que se deja llevar provoca que el artista pueda dotar al espectáculo no sólo de magia, sino también de otros elementos que resultan fundamentales como un buen guión, una cuidada puesta en escena y una gran iluminación. La magia nos recuerda que un día fuimos niños, porque la reacción que experimentamos ante el asombro nos conduce a la infancia. Yo creo que ‘Nada es imposible’ es volar a la infancia.

¿Cómo fue su encuentro con Stephen Hawking, con quien usted estuvo reunido y le hizo varios de sus juegos?
Puede usted imaginarse que fue uno de los días más importantes de mi carrera y yo diría que de mi vida. Estar varias horas con Stephen Hawking fue inolvidable. Era un hombre con un sentido del humor extraordinario. Y con la magia fue muy divertido. Porque Stephen Hawking me explicaba que él se ha pasado la vida buscando respuestas a todo, porque ese es su oficio, que es lo contrario de mi oficio, que consiste en pasar toda la vida tratando de dejar sin respuestas al resto. El científico quiere desvelar el misterio y el mago quiere provocar el misterio. A Hawking le hice un juego de magia que tiene que ver con la gravedad y le encantó. Fue un día muy especial. Porque además me consta que le gustó muchísimo, sí, sí.

¿Hasta qué punto el ilusionista tiene que ser una persona mentalmente fuerte? Porque ha habido algún mago que finalmente ha llegado a creer que realmente tenía poderes sobrenaturales.
Es muy interesante esta cuestión. Hay que ser mentalmente fuerte para no perder la cabeza en cuanto a que nuestras líneas de pensamiento durante todo el día no las compartimos casi con nadie. Entonces, cuando tú puedes hacer cosas imposibles, y cada vez buscas el más difícil todavía, y el más difícil todavía, y otra vez, y otra, hay una línea roja ahí que de repente un día traspasas y dices “voy a hacer un juego, me voy a meter en una urna de agua y voy a arriesgar mi vida”. Porque resulta muy difícil seguir sorprendiendo. Y existe una relación del ilusionista con el error que resulta terrible. Porque el ilusionista no puede fallar. Y eso supone una presión tremenda para los que hacemos casi 400 shows al año. Y si alguna vez cometes un error, te vas muy fastidiado a casa. Un cantante, en un concierto, puede desafinar en una nota, pero si el resto del concierto es fantástico puede conseguir que incluso la gente se olvide de ese error. Pero un ilusionista puede hacer un show que merezca una calificación de diez, todo maravilloso, pero falla en un juego y la gente se va a acordar de ese juego. Además, no se va acordar sólo ese día, se va acordar durante el resto de su vida, y siempre que hable de ese espectáculo de magia dirá: “Pues yo, el día que fui a ver a Tal, se le escapó la paloma”. El ilusionista no puede fallar. Y el hacer cosas muy difíciles sin poder fallar hace que trabajes con una presión descomunal.

Ha dicho usted: “La magia es infinita, pero la magia llenará teatros si entiende que es un espectáculo total y no una sucesión de trucos”.
Creo que ha habido dos grandes artistas en la historia del ilusionismo: Houdini y David Copperfield. A pesar de que Houdini era más escapista que ilusionista. Pero Houdini y David Copperfield han hecho que la magia demuestre que no solamente tiene que ser un arte menor. Hay artes considerados como menores. Como el ilusionismo, el mimo y el circo. Pero de repente aparece el Cirque du Soleil y demuestra que se pueden hacer grandes cosas y llenar teatros de todo el mundo. Y yo considero que la magia tiene el potencial de llenar teatros y de competir con los grandes musicales, con los artistas de primer nivel. David Copperfield lo ha demostrado. Y nosotros lo intentamos demostrar a pequeña escala, aunque nuestro sueño es muy ambicioso. Hablo en plural porque hay un equipo detrás de ‘Nada es imposible’. Hay una compañía muy grande. Y para nosotros supone una enorme ilusión estar en la Gran Vía de Madrid, compartiendo vía con los grandes espectáculos musicales de la ciudad. Y el público demuestra que un espectáculo de ilusionismo puede ser uno de los más vistos del país. Nos ha ocurrido a nosotros. Yo creo que la magia es como una película de Pixar. La magia la asociamos frecuentemente a los niños, pero los padres traen a los niños sabiendo que ellos se lo van a pasar todavía mejor.

Usted es autodidacta, ha aprendido sobre todo de los libros, ¿no?
Así es. Yo creo que aprender de los libros en el caso de la magia es fundamental. Además, la literatura mágica es extraordinariamente rica. Leí hace poco que hay más libros de ilusionismo que de Medicina, por ejemplo. Y diría yo: ¿Cómo puede ser? Es sorprendente, sí.

 

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