Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

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 Nº 1249. 1  de junio de 2018

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

Retirarse a tiempo

EUROPA PRESS

El presidente Rajoy  enseguida se apropió del patriotismo y de la responsabilidad, posiciones morales que prohibió con toda contundencia a su adversario

El Pleno del Congreso de los Diputados dedicado al debate de la moción de censura presentada por los diputados del Grupo Parlamentario Socialista tuvo un inicio carente de temple a cargo del diputado José Luis Ábalos que dio paso a la primera intervención del candidato propuesto a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, que procuraba en todo momento evitar malas interpretaciones aclarando que ninguna ambición ni interés personal le había movido a tomar esa iniciativa. Luego fue el turno de Mariano Rajoy contra el que iba dirigida la moción, que hizo una exhibición de habilidad dialéctica para desactivarla. Siguió la línea de Sabina en Lo niego todo. Se centró en la sentencia del jueves pasado sobre el caso Gürtel de la que hizo una exégesis prodigiosa para demostrar que carecía de cualquier punto de tangencia con él y con el Partido Popular.

Todo habían sido cosas del pasado. Nadie supo salirle al paso señalando que los delitos son siempre cosas del pasado, que nadie puede ser juzgado por haber delinquido en el futuro. El presidente enseguida se apropió del patriotismo y de la responsabilidad, posiciones morales que prohibió con toda contundencia a su adversario. Se dirigía a sus escaños, tanto más propensos al entusiasmo cuanto más incierta consideran la suerte que podría depararles el inmediato futuro. Se cumplió una vez más aquello de por sus aplausos los conoceréis. Porque no dejaron de ovacionar con especial intensidad sobre todo las vilezas dedicadas a Pedro Sánchez.

La tarde del jueves día 31 iban perfilándose con nitidez las posiciones y los votos. Cundía la impresión de que la moción de censura contaría con los 176 votos de la mayoría absoluta preceptiva según el artículo 113 de la Constitución. Llegaban rumores de que el presidente Mariano Rajoy podría estar considerando emprender la retirada para privar a su adversario de obtener una victoria abierta. Entre los de su entorno se configuraban dos escuelas de pensamiento. Una, es la carpetovetónica a la que se adhería entusiasta Camilo José Cela de que en este país “quien resiste, gana”. La otra, sostiene que la operación más difícil y más arriesgada en el plano militar y en el político es la de la retirada y que ese saber marcharse da la clave para valorar a un personaje. A partir de un punto la explotación del éxito más allá del punto culminante de la victoria o la defensa de una posición a toda costa se trasmutan en desastres. Hay que saber el momento de detener un avance y siempre se ha dicho que una retirada a tiempo es una victoria.

El candidato tenía que pedir el voto y exponer su programa de Gobierno. Se notaba que era la suma de la precipitación y los compromisos. Fue en especial visible la necesidad de garantizar al PNV las ventajas que había logrado alcanzar en el proyecto de Presupuestos aprobado la semana pasada en el Congreso. Pedro Sánchez garantizó que los adoptaría como suyos. Entonces, Mariano Rajoy en vez de considerar esa garantía como un triunfo se empleó a fondo en reprochárselo. La dimisión hace decaer la moción de censura y mantiene al dimitido como presidente en funciones. La derrota en la votación tiene efectos fulminantes de desalojo de Moncloa sin tiempo para que las trituradoras hagan su trabajo. Lo más duro para Pedro Sánchez es lo que le espera en sus propias filas.  

Firma:

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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