Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

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 Nº 1249. 1  de junio de 2018

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Sin Maldad / José García Abad

Finalmente, la corrupción pasó factura


EUROPA PRESS

Hay en el ambiente el ansia de un amplio acuerdo para reconducir la cuestión catalana, para generar un nuevo escenario que supere los choques de trenes, las posiciones intransigentes que dificultan la convivencia

Cuando en la sesión de censura Mariano Rajoy preguntó retóricamente a Pedro Sánchez si es que podría gobernar con sólo 84 diputados cuando tan difícil le había resultado a él hacerlo con 134, el candidato contestó sencilla y sinceramente, eludiendo la retórica propia de las circunstancias: “Será muy difícil pero, ¿qué alternativa hay?”.
Con esta sencilla frase quedaba expresada la clave de la situación: Rajoy no podía seguir al mando del Gobierno por razones de corrupción –decencia, higiene democrática, etc.– y a título personal sólo le quedaba la opción de dimitir o que le dimitieran.

Ese era el dato fijo y a partir de ahí el se hará lo que se pueda, no necesariamente con un gabinete Frankestein, sino con un Gobierno con el Parlamento, algo con muy escasos precedentes en la historia de España donde ha prevalecido la supremacía, con frecuencia arrogante, del Ejecutivo relegando al Parlamento a un lugar donde hablar.

Pedro Sánchez llegó el pasado jueves al Palacio de las Cortes con la promesa de echar a Mariano Rajoy y convocar rápidamente elecciones generales. Sería una moción para desalojar al presidente que no había asumido nunca las responsabilidades de una corrupción sistémica, ni siquiera tras la tremenda sentencia judicial sobre la Gürtel.

Pero sobre la marcha, sobre todo cuando Sánchez tuvo la seguridad de contar con los votos decisivos del PNV, se le evaporaron al pretendiente las ganas de marcharse convocando elecciones sin que los compañeros en la censura se lo reclamaran. Y es que hay en el ambiente general, en el estado de la opinión, el ansia de un amplio acuerdo para reconducir la cuestión catalana, para generar un nuevo escenario que supere los choques de trenes, las posiciones intransigentes que provocaban un atentado contra la convivencia. Un escenario de diálogo para encontrar una fórmula que integre a quienes hoy se proclaman independentistas y al gobierno de la nación sobre una base aceptable.

Esa es la tarea prioritaria del presidente Sánchez sin perder de vista reformas urgentes de justicia social y calidad democrática. No es previsible, pues, lo que parecía inicialmente claro: convocatoria electoral para el otoño. El presidente Sánchez necesitará valerse con maestría de la mano izquierda y de la derecha para que su Gobierno dure lo más posible y si lo fuere, hasta los dos años que quedan de legislatura. Y si también es posible en solitario, pues no parece prudente aceptar la oferta de coalición de Podemos. La subida de la Bolsa en la mañana del viernes muestra que no sólo no se instala la inestabilidad con que amenazaba Rajoy, sino todo lo contrario: se abre la perspectiva de una mayor y mejor estabilidad al establecerse sobre unas bases de consenso social más amplio.   

Las mociones de censura están pensadas para echar al gobernante sin necesidad de matarlo al estilo de los godos. En el sistema es constructiva al condicionarla a la aprobación de un nuevo gobernante. Pero en esta moción atípica, lo prioritario era el desahucio exprés de Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa, siendo el nombre del sucesor relativamente secundario.

La naturaleza de esta moción era establecer consecuencias políticas a la corrupción. Representaba el triunfo de la dignidad democrática que corroía la moral pública, la sensación de que la corrupción no afectaba a la opción del votante.
Se había generado la leyenda de que Rajoy seguiría ganando tiempo hasta la consumación de los tiempos. Había funcionado una especie de pacto social implícito y espurio por el que el gallego se justificaba por el crecimiento económico a cambio de que la ciudadanía no mirara las corrupciones de su partido.

Ahora ha quedado claro, y Sánchez lo recalcó a lo largo de sus intervenciones, de que el tiempo de Rajoy ha acabado. ¿Qué hará este hombre a partir de ahora?. Su despedida ha sido digna. Ha hecho lo que ha podido, pide disculpas si ha ofendido a alguien y desea éxito a su sucesor por el bien de España.

Mi impresión es que el propio Rajoy asume que ha pasado su momento. Habrá un Congreso extraordinario de su partido y, casi con absoluta seguridad, Mariano Rajoy no se va  a presentar. Lo más probable es que le suceda Núñez Feijóo, otro gallego, que intentará poner paz en el interior del PP donde tras su apariencia monolítica se esconden disensiones profundas y navajazos difíciles de ocultar.

Firma:

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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