Los Dossieres 1.250 Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1250. 8  de junio de 2018

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Los Dossieres / Pedro Antonio Navarro

El ‘Frankenstein’ luso lleva tres años gobernando con muy buenos resultados

El ejemplo de Portugal

Pese a que la prensa española y buena parte de la internacional parecen ignorar el hecho deliberadamente, desde 2015 gobierna en el país vecino un Ejecutivo socialista –sin ser el partido más votado– con el apoyo parlamentario de sus ‘socios’ en la izquierda: el Partido Comunista y el Bloco. En estos tres años de gestión, respetando el Pacto de Estabilidad, se ha avanzado considerablemente en políticas sociales, se ha reducido el paro a la mitad, se ha incrementado mucho el salario mínimo y las pensiones, y en Europa se habla del ‘milagro portugués’.

António Costa es el artífice del ‘milagro portugués’, primer ministro de un Ejecutivo socialista en minoría que cuenta con el apoyo de la izquierda parlamentaria,
en un ensayo exitoso de lo que puede ocurrir ahora en España.

Ahora que se presenta la necesidad de alcanzar acuerdos entre varios partidos para poder sacar adelante medidas de gobierno en nuestro país, con un Gabinete sustentado solo –en principio– por los 84 diputados del Grupo Socialista en el Congreso, desde hace tres años tenemos el ejemplo de un caso similar –salvando las distancias– del Ejecutivo portugués, que viene funcionando a golpe de acuerdos y pactos y, a tenor de los datos, con muy buenos resultados.

La estabilidad, en contra de lo pronosticado por muchos al comienzo de su rodadura, está constituyendo una de las señas de identidad del Gobierno presidido por el socialista Antonio Costa, en alianza parlamentaria con el Partido Comunista y con el Bloco de Esquerda, el equivalente luso de Podemos.

Costa se convirtió en primer ministro en noviembre de 2015, tras un fallido Gobierno de 11 días encabezado por el conservador Pedro Passos Coelho, del Partido Social Demócrata (PSD), que en el país vecino representa ideológicamente algo muy similar al PP español.

Finalmente, el muy conservador presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, se veía forzado a dar luz verde al proyecto gubernamental presentado por la segunda fuerza en votos, el Partido Socialista. Al principio, esa ‘alianza’ de la izquierda tuvo una acogida escéptica, en vista de las tradicionales malas relaciones entre el PS y el Partido Comunista (PCP). También se topaba con el rechazo expreso de la oligarquía empresarial. En aquellos momentos, el Ejecutivo presidido por Antonio Costa llegaba a ser definido por parte de la derecha como el de la “geringonça” –algo mal construido y que no funciona-.

Pero la ejecutoria de ese Gabinete ha ido disipando esas dudas y cuestionamientos durante estos años. En 2016, pese a las diferencias en la coalición liderada por el Primer Ministro António Costa, el Gobierno se mantuvo firme y pasó la prueba que representó aprobar el presupuesto para 2017.

En vista de los resultados obtenidos, la Comisión Europea no ha tenido más remedio que alabar al Ejecutivo por haber conseguido respetar las reglas europeas mientras persigue una ambiciosa política de crecimiento y justicia social. Y esa misma percepción se vive también en el interior del país, donde las más recientes encuestas colocan al PS con diez puntos porcentuales por delante de sus rivales. Además, el pasado octubre, superaba su última prueba de fuego, saliendo airoso de una moción de censura presentada por el derechista CDS.

Antes de cumplirse la primera mitad de la legislatura, con los datos en la mano, el Gobierno había cumplido su compromiso electoral de “pasar la página de la austeridad”.

El ministro de Finanzas, Mario Centeno, se ganó el respeto de sus colegas comunitarios como ministro de Finanzas portugués hasta el punto de votarle como presidente del Eurogrupo, cargo que ocupa desde diciembre pasado.

 

Una situación complicada
En 2011, Portugal estaba al borde de la ruina. Había tenido que pedir un rescate de 78.000 millones de euros a la ‘troika’ (FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo). Al igual que pasó con Grecia, la ‘troika’ impuso unas durísimas condiciones de austeridad fiscal, que el gobierno conservador de entonces intentó hacer cumplir.

Miles de empleados fueron despedidos. Se recortaron los salarios. Incluso muchos días festivos fueron cancelados por un gobierno que intentaba evitar la quiebra nacional. El desempleo llegó a una alarmante cota del 16 por ciento en 2013.

Apenas tres años después, la situación ya había cambiado de forma tan ostensible que hasta la alabanza más inesperada llegaba de parte del inflexible ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, el más feroz defensor de las más duras políticas de austeridad en Europa, quien tuvo que reconocer el mérito de los portugueses, llamando a Mario Centeno, ministro de Finanzas entonces, “el Cristiano Ronaldo de los ministros de Finanzas europeos”.

En algo más de cuatro décadas desde el retorno de la democracia a Portugal, es la primera vez que funciona una alianza semejante entre la izquierda moderada y la izquierda transformadora para formar un gobierno que surgió como reacción a las medidas extremas de austeridad que quiso imponer la derecha.

En realidad se trata de un Ejecutivo monocolor socialista que encabeza el secretario general del partido, António Costa. Se apoya en sus 86 diputados, a los que se suman los 19 del Bloco de Esquerda (BE), los 17 del Partido Comunista Português (PCP), coaligado con el partido de los Verdes y el representante del Partido Personas, Animales, Naturaleza (Partido Animalista en otros sistemas). Los 123 diputados resultantes representan la mayoría absoluta de la Asamblea de la República, formada por un total de 230.

El presidente de Portugal, el conservador Rebelo de Sousa ha ejercido sus funciones de mediación institucional en una cohabitación impecable.

 

Esta suma fue suficiente para rechazar y obligar a dimitir al primer intento de gobierno tras las elecciones de octubre de 2015, el continuista presidido por Passos Coelho a propuesta del presidente conservador de la República, Anibal Cavaco Silva, que se apoyaba en la minoritaria suma de 107 diputados (los adscritos al Partido Social Demócrata, PSD, y al Partido del Centro Democrático y Social, CDS).
El que fuerzas políticas tan dispares, tradicionalmente enfrentadas, alcanzaran el acuerdo para un gobierno desde la izquierda, tuvo mucho que ver con las durísimas políticas aplicadas por los gobiernos conservadores precedentes y el nítido empeoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos portugueses.

Fuerzas que nunca habían logrado encontrarse –los precedentes históricos sí recogen diversas coaliciones entre PS y PSD- comprendían que un acuerdo para poner en práctica políticas de mejora de las condiciones de vida de la mayoría de una ciudadanía golpeada por las políticas de austeridad y de empobrecimiento del gobierno anterior sería beneficioso, no solo para esos ciudadanos, sino también para quienes suscribieran acuerdos de cooperación política en esta dirección
Las diferentes formaciones de izquierda lusas ya habían comenzado las conversaciones para la creación de un gobierno mucho antes de las elecciones legislativas de 2015. El PCP y el BE se mostraron proclives a favorecer un gobierno del Partido Socialista en solitario. No formarían parte del mismo –renunciaban a asumir esa responsabilidad, a participar en el posible desgaste consiguiente–, pero, a cambio, se comprometían, mediante acuerdos bilaterales firmados con el PS y entre sí, en un programa de gobierno de objetivos mínimos para toda la legislatura (2015-2019) que sería compatible con el mantenimiento de los objetivos máximos específicos de cada una de ellos.

El PCP, partido de tradición leninista, se mantiene firme en su ideología, pero, al mismo, está siendo capaz de apoyar políticas reformistas de aplicación inmediata, al igual que el resto de la izquierda, en paralelo con una práctica sindical reformista y negociadora.

El Bloco –el equivalente de Podemos-, por su parte, integrado por fuerzas heterogéneas, formaciones marxistas, algunas de orientación trotskista, se presenta como una fuerza anticapitalista, contraria a la globalización vigente. Hace hincapié en las políticas de género, en favor de los colectivos LGTB y en otras cuestiones de impacto social que denominan “questões fraturantes”.  

Desde la firma de los acuerdos, se ha constituido un gobierno esencialmente parlamentario, porque necesita, para la puesta en práctica de los acuerdos programáticos y para las nuevas políticas que sea necesario adoptar, del acuerdo y la negociación constante en la Asamblea de la República.

Aunque, en principio, esta constante necesidad de negociación se percibía como una amenaza permanente de inestabilidad, la práctica política ha demostrado que, especialmente los tres implicados en el pacto han demostrado una gran capacidad y flexibilidad para alcanzar acuerdos. Hasta ahora, los tres han dado muestras de una indiscutible lealtad institucional y de una voluntad de mantenimiento de los acuerdos más allá de las discrepancias surgidas durante esta legislatura.

Además, desde marzo de 2016, la acción de gobierno se está viendo favorecida por la capacidad de mediación institucional del nuevo presidente de la República, el profesor Marcelo Rebelo da Sousa, en contra de lo que muchos temían en principio por haber pertenecido al PDS y por su trayectoria política en diferentes gobiernos de la derecha.

El secretario general del PCP, Jerónimo de Sousa, ha aceptado unas políticas que, sin tener el alcance que pretende su formación, representan una mejora gradual para los ciudadanos.

 

Las políticas progresistas
La ejecutoria del Gobierno de Costa ha estado caracterizada por la implementación de profundas medidas en sentido progresista que, en buena parte, han consistido en revertir las decisiones ‘austeras’ y ‘recortadoras’ de los conservadores que les han precedido en el poder.
Así, se ha producido una gran recuperación de la inversión pública, muy retraída en la pasada legislatura, especialmente en Sanidad, lo que se ha traducido en una significativa mejora de Portugal en el ranking europeo de los sistemas sanitarios de 35 países, pues avanza, según criterios de los consumidores, del puesto 20 de 2015 al puesto 14 de 2016, y en educación, con la gratuidad de los libros de texto en educación primaria, la decisión de no sufragar la enseñanza privada allí donde existan centros públicos y una política de incremento de becas y disminución de tasas universitarias.

Las “cuestiones fracturantes” han ocupado otra buena parte de la agenda gubernamental. Ya en el primer año de ejercicio, se establecía el derecho a la adopción para las parejas homosexuales; se eliminaban los obstáculos que puso el gobierno de la derecha a la práctica del aborto –el pago de una cuota y la obligación de recurrir a un psicólogo previamente–. Se abordaba la despenalización de la muerte asistida y se presentaba una ley para la eutanasia.
En todas estas cuestiones, los partidos conceden libertad de voto a sus miembros por lo que los porcentajes de aprobación o rechazo van más allá de la aritmética parlamentaria. Además, estas medidas  han contado con una amplia aceptación social, a tenor de las encuestas publicadas.

La necesidad de negociar y consensuar los acuerdos de gobierno de la izquierda portuguesa es percibida por la población como una realidad positiva. Tal y como lo explicaba uno de los principales impulsores de los acuerdos, el secretario general del PCP, Jerónimo de Sousa, las mejoras en las condiciones de vida de la población, aunque lleguen de modo gradual y no con el alcance que desean los dos ‘socios’ más a la izquierda, son beneficiosas para los ciudadanos y también para los partidos que las impulsan. “Cuanto mejor, mejor”, explicaba el veterano líder comunista. Se marcan así diferencias con las tácticas de otras formaciones –dentro y fuera de Portugal- que tratan de sacar rendimiento del malestar y el descontento para conseguir su propio crecimiento y promoción.


El crecimiento del PIB portugués ha venido acompañado de la reducción del paro.

Es la economía, estúpido

Sin enfrentarse de modo abierto a la ortodoxia que exige Bruselas, el Gobierno portugués ha conseguido aprobar una serie de medidas clave que le han permitido distanciarse de la austeridad a ultranza impuesta por el Ejecutivo de su predecesor, Passos Coelho, -que gestionó con mano de hierro las condiciones del ‘rescate’ de 78.000 millones de euros-.
Los resultados saltan a la vista y han mejorad las condiciones de vida en un país que en 2015, un año después de despedir a la ‘troika’, contaba con dos millones de personas en riesgo de pobreza, un 20 por ciento de la población.

Entre otras cuestiones, el Gobierno empezaba subiendo el salario mínimo con el compromiso de aumentarlo un 25 por ciento al final de la legislatura. Aprobaba medidas contra la pobreza energética, aumentaba los días de vacaciones anuales de los trabajadores; reducía el IVA para la restauración -el general sigue en el 23 por ciento- y ponía a fin a los recortes salariales a los funcionarios y a la privatización de la aerolínea TAP.

El déficit de 2016 se quedaba en un 2 por ciento, cinco décimas menos de lo que exigía Bruselas y el más bajo desde la Revolución de los Claveles de 1974. El desajuste -muy inferior al 4,33 por ciento de España- mejoraba las previsiones del FMI, de la CE, el BCE y el propio Gobierno portugués, que a mediados de 2016 preveía un 2,5 por ciento.

El único gran problema que persiste en la economía macro lusa es su deuda pública, uno de los pocos indicadores que no han mejorado con el nuevo Gobierno. Aunque cabe recordar que en esto ha influido de modo importante el hecho de que el anterior Gobierno conservador había dejado escapar más de 10.000 millones de euros a paraísos fiscales sin ningún tipo de control por parte de Hacienda. Un asunto que todavía se encuentra bajo investigación.

Pero este giro en la gestión de las cuentas no solo ha beneficiado a las clases más desfavorecidas. La mejora económica se ha traducido en el nivel más alto para la rentabilidad de las empresas lusas desde el rescate de 2011, según datos publicados por el Banco de Portugal, y también se están registrando máximos históricos en la confianza de los consumidores.

El ‘milagro’ portugués
La recuperación de la economía portuguesa en los tres últimos años ha sido tan espectacular que muchos lo han calificado como el ‘milagro portugués’. El crecimiento del PIB ha venido acompañado de una gran reducción de la tasa de paro, un ajuste de las cuentas públicas y un superávit por cuenta corriente. Esta mejora ha permitido a Portugal salir del ‘bono basura y su prima de riesgo cotiza ya por debajo de los 150 puntos básicos.

Además, el crecimiento económico en el país vecino es inclusivo, con más y mejores salarios para los trabajadores, lo que ha servido para mejorar la situación de las familias y estimular el consumo.

Por efectuar una comparación cercana, según los datos de Eurostat, el coste salarial por hora trabajada ha subido en España en el último año un 0,1 por ciento, mientras que en Portugal ha crecido un 1,3. En los tres últimos años, el salario por hora de Portugal ha aumentado un 2,1 por ciento, mientras que en España apenas ha crecido un 0,3. En los tres últimos años, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI)  ha subido en Portugal un 15 por ciento y en España, un 10 –un dato que se ha engrosado en nuestro país solo en el último año, cuando la recuperación estaba más afianzada-. Desde que estalló la crisis, el salario mínimo en España ha aumentado un 24 por ciento, y en Portugal un 38.

Los Presupuestos Generales lusos de 2017 contemplaban una reducción gradual en las medidas de austeridad, un aumento de las pensiones y una merma de la sobretasa a ingresos, así como un aumento a los impuestos de bebidas azucaradas y el tabaco.

El gobierno también decidió reducir el déficit a menos de 2 por ciento del PIB tras reducirlo al nivel más bajo de los últimos 40 años.

Eso sí, pese a la situación económica mejorada, el sistema bancario portugués aún es considerado como frágil por los analistas, tal como evidenció la recapitalización del banco más grande del país (Caixa Geral de Depositos) de 2,7 mil millones de EUR en agosto de 2016. El banco enfrenta una alta tasa de deuda incobrable -alrededor de un 12 por ciento de sus préstamos totales- y la deuda corporativa es alta (137,7 por ciento del PIB, según datos del Banco de Portugal, en noviembre de 2017-.

La deuda pública se encuentra cerca del 130 por ciento del PIB –en lo que constituye otro dato negativo. El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista hicieron hincapié en renegociarla, a lo que Bruselas se ha negado.

Por otra parte, la tasa de desempleo bajó del 16 por ciento en 2013, al 8,5 en 2017, lo que supone el dato más bajo desde noviembre de 2008. La tasa de empleo supera el 68,5 por ciento, por encima del 66 que presenta la Eurozona de media y muy lejos de las tasas de empleo que presentan los países de la periferia, como el 58 por ciento de Italia.

La economía de Portugal lleva creciendo tres trimestres consecutivos por encima del 2,5 por ciento interanual.  Con estas cifras, la agencia de calificación financiera Fitch mejoró la nota de la deuda soberana de Portugal en dos escalones, de ‘BB+’ a ‘BBB’ y la retiró del llamado nivel de ‘bono basura’, donde la mantenía desde noviembre de 2011.

Desde esta agencia destacan que la economía portuguesa ha experimentado una fuerte recuperación cíclica desde mediados de 2016 y las perspectivas a corto plazo han mejorado de forma considerable.

Los sueldos llevan creciendo a tasas muy superiores a la media de la Eurozona desde 2015, pero sobre todo mucho más rápido que en países como España o Italia.

Este contexto económico está atrayendo a empresas europeas que también buscan una buena relación entre los costes laborales y la cualificación del capital humano.

Según ha publicado ‘The Wall Street Journal’, Portugal es a día de hoy una de las estrellas de la eurozona. Las empresas y los emprendedores saben que sus negocios tienen mayores opciones de prosperar si echan raíces en países con economías sólidas y en ascenso.

Las exportaciones han pasado de representar un 30 por ciento del PIB en 2007 al 40 or ciento en la actualidad. A día de hoy, Portugal exporta más de los que importa. Además, sumando el resultado de la balanza de pagos por cuenta corriente más la de capital (capacidad de financiación), Portugal ha pasado de tener un déficit del 10,9 por ciento de su PIB, a un superávit del 1,7 que presentó en 2016.

La llegada de nuevas empresas, sobre todo ‘startups’ tecnológicas, no solo está ayudando a reducir la tasa de paro, sino que también está incrementando los ingresos fiscales. El déficit público de Portugal ha caído desde el 11,2 por ciento del PIB en 2010 hasta el 2 por ciento –como ya se ha mencionado- de 2016.

Las medias económicas adoptadas por el Ejecutivo de Lisboa empiezan a dar la razón a las tesis de muchos economistas críticos con las políticas de austeridad a ultranza, que llevan años planteando que más que austeridad acérrima, lo que los países europeos necesitaban eran medidas que alentaran la demanda interna para impulsar el crecimiento.

En Portugal se aplicaron estas políticas de austeridad extremas entre 2011 y 2014, a cambio del ya mencionado ‘rescate’ de 78.000 millones de euros, pero después de esos tres años, en 2014 .el crecimiento del PIB era negativo y el desempleo llegaba al 16 por ciento.

En noviembre del año pasado, el Gobierno del socialista Antònio Costa lograba sacar adelante terceros Presupuestos del Estado con el voto favorable de su partido, sus socios del Bloco de Esquerda y los comunistas del PCP, Los Verdes y el apoyo a última hora de los animalistas del PAN. Las cuentas públicas de Portugal estiman un crecimiento de la economía para 2018 del 2,2 por ciento y una reducción del déficit hasta el 1 por ciento. Portugal salió hace ahora un año del procedimiento de déficit excesivo de la Comisión Europea.

La ejecutoria del Gabinete portugués parece demostrar la compatibilidad entre el cumplimiento de los estrictos límites fijados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo y el incremento del gasto público y la implementación de medidas que mejoran el estado de bienestar.

El pasado 30 de junio de 2017, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aseguraba sobre Portugal que había conseguido un “progreso encomiable en afrontar los riesgos a corto plazo” que se cernían sobre su economía. El FMI aplaudía los resultados de la estrategia portuguesa de mejorar las condiciones salariales de los trabajadores para hacer que despegue el crecimiento y así se reduzca el déficit fiscal.

El gobierno portugués también ha paralizado las medidas privatizadoras puestas en marcha por el anterior Gabinete de la derecha, que incluía en e amplio ‘paquete’ a los transportes públicos urbanos, autobuses y metro (gratuitos desde estos días para los menores de 12 años), las redes periféricas y la compañía nacional de aviación, TAP, en la que, como ya hemos mencionado anteriormente, el Estado vuelve a ser el accionista mayoritario.

Los protagonistas de la historia

El primer ministro António Costa ha conseguido colocar a Portugal en una tercera vía entre la sumisión a la Comisión y el rechazo a la griega.


António Costa

Actual Jefe de Gobierno y líder del Partido Socialista de Portugal. Su popularidad aumentó tras su gestión de la alcaldía Lisboa, cargo que ejerció desde 2007 hasta 2015. Afiliado al Partido Socialista desde los 14 años, es licenciado en Derecho y con posgrado en Estudios Europeos, Ocupó varios ministerios y fue también vicepresidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2005Ferviente defensor de una alternativa a la asuteridad, aboga por una tercera vía que no pase ni por la sumisión a Europa ni por un escenario de enfrentamiento a la griega. Su talante ha resultado clave para alcanzar los acuerdos con las otras formaciones de izquierda


Catarina Martins lidera el Bloco, y fue clave en la consecución de los pactos de gobierno.

 

Catarina Martins
Nacida en Oporto, en 1973, es la líder del Bloco de Esquerda (BE), un equivalente a lo que en nuestro país podría representar Podemos. Su formación obtuvo 19 escaños y el 10,2 por ciento de los votos en las elecciones de 2015. Se licenció en Literatura Moderna y se ha dedicado al teatro. También es una notable escritora.
Su papel fue también decisivo en los pactos de gobierno.

Jerònimo de Sousa
Es el carismático líder del Partido Comunista Portugués (PCP). Este obrero metalúrgico está a cargo de la formación comunista desde 27 de noviembrede2004. Fue delegado sindical de la fábrica Curso Industrial desde donde llegaría a la dirección del Sindicato de Metalúrgicos de Lisboa. Poco después de la Revolución de los Claveles, fue elegido miembro del Comité Central en1979. Fue diputado en la Asamblea Constituyente, entre1975y1976, y varias veces electo para la Assembleia da República, entre 1976 y 1992 y, de nuevo, en2002. Se le considera el principal impulsor del acuerdo de gobierno actual.

Marcelo Rebelo de Sousa
El candidato conservador, Marcelo Rebelo de Sousa, ganó las elecciones presidenciales celebradas en Portugal en 2016, con más del 56 por ciento de los votos. Sucesor de Aníbal Cavaco Silva al frente de la Jefatura del Estado, sin embargo, pese a pertenecer al mismo partido, ha marcado notables diferencias con su predecesor.

Considerado como un ‘verso suelto’ en su formación, este veterano político de 67 años fue apoyado oficialmente por el Partido Social Demócrata (PSD, centro-derecha) que presidió entre 1996 y 1999 y por el democristiano CDS-PP (la formación más a la derecha del arco parlamentario luso).

Sin embargo, este católico militante –contrario incluso al divorcio- mantiene un talante abierto y negociador que ha permitido una ‘cohabitación’ sin estridencias en el país vecino.

Ingresó en el PSD en 1974, fue diputado de la Asamblea Constituyente  (1975-1976). Nombrado ministro de Asuntos Parlamentarios en junio de 1982. Lideró el PSD desde 1996 hasta 1999. Ahora se ha convertido el séptimo presidente de la República desde el regreso de la democracia, en 1974.

Pedro Passos Coelho
Nacido en Coimbra, en1964, es el líder del Partido Social Demócrata (PSD). Hijo del médico y escritor António Passos Coelho. Entró en política con tan solo 14 años, cuando ingresó en la Juventud Social Demócrata (JSD), la rama juvenil del Partido Social Demócrata (PSD) de Francisco Sá Carneiro. Llegó a la cumbre del PSD en un momento muy delicado para su formación, como opositor en el Gobierno del socialista José Sócrates y en medio al crisis de la deuda.

De perfil neoliberal, Passos Coelho lidió con las reformas y políticas de austeridad impulsadas desde Alemania durante su gobierno –justo el anterior al actual-, y puso en marcha durísimos recortes y graves medidas de austeridad extrema tras recibir el ‘rescate’ de 78.000 millones de euros de la ‘troika’.

 


Con el gobierno socialista, las pensiones van indexadas a la inflación y al crecimiento de la economía.

Medidas Sociales

Progresividad fiscal:
En los Presupuestos para 2018, aumentan de cinco a siete los tramos de renta del IRPF, conocido en Portugal como IRS y que tiene unos tipos muy superiores a los de España. Se traducirá en una rebaja de la recaudación que el Gobierno estima en unos 230 millones de euros. Tributarán al 14,5 por ciento -como hasta ahora- las rentas de hasta 7.091 euros, pero se introduce un tramo nuevo que grava con el 23 por ciento las que van de 7.091 a los 10.700 euros y otro al 28,5 para las comprendidas entre 10.700 y 20.261 euros. Tributarán al 35 por ciento las comprendidas entre 20.261 y 25.000 euros y al 37 las que estén entre 25.000 y 36.856 euros.

Todos estos tramos (salvo el primero) disfrutarán de una rebaja que no afecta a los escalones más altos: para rentas de entre 36.856 euros y 80.640 euros el tipo se mantiene en el 45 por ciento y a partir de esa cifra, en el 48.
Además, se elimina definitivamente la ‘sobretasa sobre el IRS que impuso la ‘troika’ y que todavía soportaban las rentas superiores a los 20.261 euros anuales. Por último, se amplía el mínimo exento del IRS, que pasa de los actuales 8.500 euros netos por unidad familiar a unos 8.980 euros. Beneficiará a unas 210.000 familias con bajos ingresos.

Más impuestos a grandes empresas:
La denominada ‘derrama estadual’ en el Impuesto de Sociedades para las empresas con beneficios superiores a 35 millones de euros anuales subirá dos puntos, del 7 al 9 por ciento. La subida recaudará unos 70 millones y afectará a un número residual de compañías. Fue propuesta por el Bloco y el PCP y se aprobó con el rechazo de la derecha.

Subida de las pensiones:
En enero, todas las pensiones se actualizaron de acuerdo con una fórmula legal indexada a la evolución de la inflación y al crecimiento de la economía. En agosto habrá un aumento extraordinario de entre 6 y 10 euros mensuales a abonar para los 1,6 millones de pensionistas que reciben hasta 632 euros de prestación. Además, más de 7.000 personas que se jubilaron de forma anticipada a partir de 2014 y que reciben prestaciones por debajo del umbral de la pobreza recibirán un complemento especial ‘solidario’ durante el ejercicio.

Subidas de sueldo para los funcionarios:
La ‘descongelación de los salarios de los empleados públicos se producirá en cuatro fases, 25 por ciento a partir de enero, otro 25 en septiembre, y ya en 2019, otras dos subidas en mayo y diciembre. 

En otros ámbitos:
En el ámbito de la energía, se extenderá automáticamente el bono social de la electricidad y del gas natural al butano con una ‘tarifa solidaria’ con descuentos para los usuarios vulnerables de esta fuente, que suelen ser familias de bajos recursos.

En educación, habrá más libros de texto gratuitos en las escuelas públicas y una reducción de la ratio de alumnos por aula en la enseñanza básica; también se habilitan descuentos del 25 por ciento en el transporte público para niños de 4 a 18 años.

Se pone fin a un recorte del 10 por ciento en el subsidio de desempleo cuando se agotan los seis meses de prestación.
También se restauró una jornada laboral de 35 horas semanales para empleados públicos, se recuperaron las pensiones y se aumentó el salario mínimo.

Todas estas inversiones se han combinado con otros recortes en el gasto estatal –especialmente en los gastos de capital- que han permitido a Portugal mantener los objetivos de reducción del déficit.


La tarifa social portuguesa se aplica a las personas necesitadas sin tener que solicitarlo, de acuerdo con los datos de Hacienda y la Seguridad Social.

Combatiendo la pobreza energética

En España, el bono social solo se aplica a la electricidad; hay que solicitarlo a la compañía y no se concede en función de los ingresos. Sin embargo, la tarifa social portuguesa está destinada a consumidores vulnerables de electricidad y gas y desde julio de 2016 se aplica por defecto con datos de la Hacienda y la Seguridad Social portuguesas.
En el caso de la electricidad, desde julio de 2016, la tarifa social la costean íntegramente las empresas; su número de beneficiarios se disparó de 140.500 a más de 630.000, que suponen un 10,5 por ciento de los cerca de 6 millones de clientes domésticos.

El cambio entró en vigor en julio de 2016, a propuesta del Bloco de Esquerda en vista de que el número de beneficiarios de estos descuentos era muy inferior a lo previsto.

La tarifa social es una rebaja antes de impuestos del 33,8 por ciento en la factura de electricidad y del 31,2 por ciento en el gas para clientes del mercado regulado o libre con un bajo nivel de ingresos. La principal novedad es que desde julio de 2016  se aplica de forma automática (antes había que solicitarla a las compañías, como en España). Para ello, se procedió a cruzar los datos en poder de las comercializadores, la Dirección General de Energía, la Seguridad Social y la Agencia Tributaria portuguesa.

Con ese cambio, el número de beneficiarios de la tarifa social se disparó. En electricidad, se pasó de 140.500 usuarios a 630.698, que suponen un 10,5% de los cerca de 6 millones de clientes domésticos.

Otra novedad es que el Ejecutivo luso también ha obligado a las eléctricas a sufragar el cien por cien de la tarifa social de la luz (antes, el Presupuesto del Estado asumía un tercio). El coste anual previsto por el Gobierno es de 66 millones, de los que unos 40 millones corresponden a EdP. La cuarta eléctrica en España, privatizada por exigencia de la ‘troika’ a finales de 2011 (cuando el anterior Gobierno del conservador Pedro Passos Coelho vendió el 21 por ciento que le quedaba al Estado a la china ‘Three Gorges’) rechazaba hacerse cargo de ese coste.

En el caso de la tarifa social del gas, el coste es de apenas 1,3 millones al año (la red portuguesa alcanza solo a 1,3 millones de puntos de suministro) y corre a cargo del resto de consumidores. 

 

 

 

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