Tribuna / Belén Hoyo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1253. 29  de junio de 2018

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Tribuna / Belén Hoyo

Nicaragua grita libertad


Ortega y el FSLN están dando pasos hacia un régimen que, disfrazado de democracia, pretende perpetuarse en el poder y acallar las voces críticas, sin tener ningún escrúpulo en usar la violencia o censurar medios de comunicación

Durante los últimos años las noticias que llegaban desde Venezuela nos hacían tener el corazón en un puño, donde un país hermano sufría, y sigue sufriendo, un gobierno autoritario, el desabastecimiento de los productos más básicos y la represión de cualquier atisbo de oposición. Sin embargo, esta mecha, por desgracia, ha prendido en el país vecino de Nicaragua sin que lamentablemente el Gobierno de Pedro Sánchez y sus socios parlamentarios hayan echado la mirada hacia la dura situación que vive el pueblo nicaragüense. Quizá no les interese, ya que, como pasa muchas veces, el Gobierno del presidente Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, representa a esa izquierda que nos intentaron vender como la salvadora de Latinoamérica y en realidad es un lobo con piel de cordero del populismo y el autoritarismo más descarnado.

Pongámonos en situación. Las políticas del presidente Daniel Ortega han sumido a Nicaragua en una profunda crisis económica donde el PIB ha sufrido una caída de 2,8 puntos, destruyéndose casi mil millones de la economía nacional en el último año. Esto ha provocado que los nicaragüenses pasen dificultades en su día a día. A esto se suma que el Gobierno de Ortega anunció la reforma del sistema de pensiones (el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social) lo que provocó las protestas de la población… Protestas que se han saldado con una brutal represión y 200 muertos por disparos de las fuerzas paramilitares de Ortega.

Ortega y el FSLN están dando pasos hacia un régimen que, disfrazado de democracia, pretende perpetuarse en el poder y acallar las voces críticas, sin tener ningún escrúpulo en usar la violencia o censurar medios de comunicación. Como hizo prohibiendo la retransmisión de noticias de las protestas y el trágico desenlace. Daniel Ortega lleva, desde 1985, cuando fue por primera vez presidente, ligado a la historia más negra de Nicaragua con constantes violaciones de los derechos humanos. Los muertos en las protestas llevan tiros en la cabeza procedentes de francotiradores, algo que supondría asesinatos premeditados propios de un régimen de terror.

Daniel Ortega sigue al pie de la letra el guion del más descarnado populismo, enmascarando su violencia en mensajes propios de un predicador religioso, y convirtiendo su gobierno en una dinastía, al estilo de los Castro en Cuba o los Kirchner en Argentina. Su mujer es su vicepresidenta y número dos (¿a qué os suena eso?), una señora que no tuvo reparos en declarar públicamente que el asesinato de jóvenes en las protestas era una “obra de Dios”. La retórica religiosa ha sido una de las bazas del régimen sandinista para mantener calmada a la población y justificar sus acciones con llamadas a la fe.

No podemos estar quietos ante esta situación. La comunidad internacional ya está lanzando la voz de alarma. El Senado de Estados Unidos ha pedido al presidente Donald Trump que tome, si hace falta, sanciones contra Nicaragua. España tiene un compromiso especial con Sudamérica. Nos unen muchos lazos comerciales y culturales. Nicaragua y el resto de países del entorno que sufren estos regímenes autoritarios deben ser una parte prioritaria de nuestra política internacional.

El Gobierno de Sánchez se ha presentado ante la opinión pública como ‘el gobierno de la dignidad’. Pues ahora tiene una oportunidad perfecta para hacer valer su cacareada dignidad, en este caso en materia internacional. El Gobierno de España no puede permanecer callado ante la violación constante de los Derechos Humanos en Nicaragua. De la misma forma que el Gobierno alzó la voz en Europa y en los organismos internacionales ante la situación de Venezuela durante la etapa de Rajoy, ahora a Sánchez le toca demostrar su compromiso y hacerlo con nuestros hermanos nicaragüenses. Y con él debe hacerlo en el Congreso el resto de fuerzas políticas con representación parlamentaria.

Ojalá podamos alcanzar la unanimidad en la condena de la violencia en Nicaragua y la necesaria democratización real del país. Desde el Grupo Popular tenemos muy clara nuestra postura y nuestro compromiso. Esperemos que sea el mismo en el resto de grupos.

 

Firma:

Diputada del Partido Popular por Valencia desde la X legislatura y actual coordinadora de Política Nacional del PP valenciano en el Congreso. Es Licenciada en Derecho, Ciencias Políticas y de la Administración y Estudios en Humanidades. Actualmente es Portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores, Vocal de la Comisión de Interior, Vocal de la Comisión de Educación y Deporte, Adscrita de la Comisión de Energía, Turismo y Agenda Digital, Adscrita de la Comisión Mixta Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades. También es miembro Suplente de la Delegación española en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Vicesecretaria de Organización Nacional de Nuevas Generaciones del Partido Popular y Coordinadora General del Partido Popular de la Provincia de Valencia.

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