Casado revoluciona el PP Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1254. 6  de julio de 2018

- - --

Política / Virginia Miranda

El virtual empate con Santamaría aboca al PP a una lucha fratricida

Casado revoluciona el PP

Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. La herencia de Rajoy y el recuerdo a Aznar. La experiencia de gestión y la promesa de cambio. Los altos cargos y las bases. Las diferencias entre los dos candidatos a presidir el PP no hacen más que ahondar la brecha que divide a la formación conservadora de cara al XIX Congreso Nacional del PP, que el 20 y 21 de julio deberá decidir cuál de los dos ha de liderar el centroderecha español. El escenario resulta inédito e imprevisible. Por el proceso que les ha traído hasta ahí, por la escasa distancia que les separa en primera vuelta y por la revolucionaria presencia del diputado por Ávila en la recta final de esta precipitada carrera sucesoria. A pesar de haber quedado segundo, confía en sus posibilidades y dice estar dispuesto a llegar hasta el final.


El exvicesecretario de Comunicación del PP tiene la posibilidad de ganar si Cospedal apoya su candidatura. / EUROPA PRESS

Mientras Sáenz de Santamaría pretende “integración y unidad”, Casado quiere alcanzar “mayor fuerza y representatividad” en la doble vuelta   El candidato sorpresa ha tenido a su disposición a las bases, la tercera pata que sostiene a la formación popular y que, en una elección como ésta, ha sido fundamental

Los compromisarios tienen la última palabra. Y no se lo han puesto fácil. Una diferencia notable habría desaconsejado que el aparato revertiera la voluntad de los militantes en la segunda vuelta del Congreso Extraordinario del PP que los días 20 y 21 de julio elegirá a la persona que presidirá el partido tras 14 años con Mariano Rajoy al frente. Pero un resultado ajustado como el que ha arrojado la votación de los afiliados inscritos –menos del 7 por ciento de los casi 870.000 del cómputo oficial– deja suficiente margen de maniobra para que Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado peleen por el liderazgo del centro derecha español.

Esa es la voluntad del diputado por Ávila, la gran sorpresa del proceso abierto en el partido después de que una moción de censura hiciera saltar por los aires el Gobierno popular y, con él, Génova, 13 y sus planes de futuro; después de que el todavía presidente anunciara su despedida, ni Alberto Núñez Feijóo ha sido el candidato de consenso ni María Dolores de Cospedal y Sáenz de Santamaría serán quienes luchen por la presidencia del PP.  

Después de años trabajándose los apoyos que habrían de necesitar en un proceso sucesorio, las dos mujeres con más poder en la formación popular desde 2008 han visto cómo un recién llegado a la carrera por el poder tiene posibilidades reales de hacerse con los mandos del partido. Y es que el inédito proceso participativo que ha permitido por primera vez votar a la militancia en un congreso nacional ha obligado a la estructura popular a darse de bruces con una norma no escrita: las bases tienen tendencia a revelarse contra el aparato.

Cospedal, que aparecía entre los tres favoritos y que representaba a ese aparato del que fue secretaria general durante diez años, no ha pasado el primer corte del Congreso Extraordinario del PP donde, con un 86,8 por ciento de participación y con datos provisionales la noche del jueves, Sáenz de Santamaría obtenía 21.513 votos, Casado 19.967 y, la propia Cospedal, 15.090.

Así, 1.546 votos separan a las dos personas que se disputarán el favor de los compromisarios. Porque, escuchadas las intervenciones de cinco de los seis precandidatos –Elio Cabanes no estuvo en la sede del PP durante el recuento de votos–, parece que habrá pelea los próximos 20 y 21 de julio.


Sáenz de Santamaría tiene a su favor haber sido la candidata más votada en la mitad de las circunscripciones. / EUROPA PRESS

No por voluntad de la exvicepresidenta del Gobierno, que a pesar de ser la candidata más votada y de haber ganado en la mitad de las circunscripciones ha insistido en que tiene la “mano tendida” porque “los militantes quieren un esfuerzo de integración y unidad”.

Fue Casado quien dijo tener un “modelo compartido” con “alguna otra candidatura que no ha pasado a segunda vuelta”, aventurando que todavía quedaban “quince días muy intensos” para alcanzar, en la votación de los compromisarios, “mayor fuerza y representatividad”. Incluso tuvo ocasión de lanzar el primer dardo a su oponente señalando que había que llegar a “la presidencia cuanto antes –una de las ideas más repetidas por Santamaría en su campaña–, pero me interesa saber para qué”.

“Otra candidatura que no ha pasado a segunda vuelta” se interpretó como una referencia implícita a María Dolores de Cospedal. Preguntado por ello en sala de prensa, el exvicesecretario de Comunicación insistió en que en su candidatura “cabe todo el que se quiera incorporar” y recordó expresamente el trabajo que viene compartiendo con la exnúmero dos del PP desde 2013.

Pero la gran derrotada en la votación de los afiliados inscritos aún no se ha pronunciado. Tras conocerse el resultado pedía un “periodo de reflexión” en el que llegar a los “acuerdos necesarios”. Si bien dejaba claro que “en ese futuro” y en esas “conversaciones” el equipo que la ha acompañado puede tener cabida, pero “yo no aspiro a ninguna responsabilidad ni cargo”.

Dijo Cospedal que no tardará en aclarar si su intención es abandonar la política y que tomará la decisión pensando en lo “mejor para el partido” y en su “situación personal”. Pero recordó que, antes, tendrá algo que decir sobre el próximo liderazgo en el PP. “Tenemos que tener conversaciones. Hay muchos votos que no están integrados en esas dos candidaturas” que pasan a segunda vuelta. Los suyos, el 25,92 por ciento del total.

El efecto sorpresa

Los dos candidatos que han pasado esta primera vuelta llegaban a la votación del 5 de julio tras una campaña inédita en la que no acabó de despuntar el nombre de ninguno de los tres favoritos. Los apoyos territoriales remitían al ‘plan antiguo’, cuando los compromisarios  votaban según fuera la sensibilidad del aparato local o autonómico. Y eso en el mejor de los casos provinciales o regionales; la designación digital de Mariano Rajoy en 2003 y su elección por aclamación en sucesivos congresos nacionales, a pesar incluso de las dificultades con las que llegó a alguno de ellos, no han permitido tener este tipo de referencias y menos aún sobre el elemento clave de estas ‘primarias’: la militancia.

La única experiencia que podía indicar por dónde podía ir el resultado del 5-J había que buscarla en la izquierda. Pedro Sánchez, por ejemplo, logró volver a la Secretaría General del PSOE presentándose contra el aparato que lo desalojó de Ferraz hacía menos de un año, tiempo que había aprovechado para recorrer España en su coche ganándose el favor de los afiliados.

Desde la Comisión Organizadora del Congreso Nacional Extraordinario (COC) se han felicitado de que en la campaña “ha habido legítimas aspiraciones y no malas artes”, en palabras de su presidente, Luis de Grandes. Pero las acusaciones cruzadas han estado presentes casi desde el inicio. Particularmente beligerante ha sido Pablo Casado, que la última semana ha pagado su estrategia contra las dos favoritas con la ‘acusación’ de ser el candidato de José María Aznar, un arma de doble filo que ha acabado autolesionando a quien la empuñó.


Cospedal ha anunciado un “periodo de reflexión” para llegar a “los acuerdos necesarios”. / EUROPA PRESS

Mientras María Dolores de Cospedal ha venido trabajando durante años los apoyos territoriales y Soraya Sáenz Santamaría ha podido presumir, hasta el último momento y en las encuestas de estos días, de ser la favorita de los votantes del PP, Casado ha tenido a su disposición la tercera pata que sostiene a la formación popular y, en una elección de estas características, ha resultado ser fundamental para pasar el primer corte.

Con  el discurso más conservador de todos y el que, por otra parte, siempre funcionó entre las bases. Unas bases que, cabe recordar, se vienen alejando del PP de forma paulatina. La referencia más reciente es el procés, la DUI y las elecciones catalanas, que han precipitado a los populares al vacío en los comicios y en las encuestas. Por primera vez, el centro derecha se ha fracturado y buena parte del voto popular ha abrazado la propuesta de Ciudadanos que, sin responsabilidades de Gobierno, ha articulado un discurso más duro contra el independentismo arrebatándole al PP la  bandera de la unidad de España.

Pero la desafección viene de lejos. Comenzó tras la reforma mínima de la ley del aborto, que provocó la dimisión del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. Tras la subida de impuestos, un torpedo en la línea de flotación de un partido que aboga por el liberalismo económico. O tras lo que la AVT interpretó como una laxa aplicación de la política antiterrorista, que llevó a las víctimas a manifestarse en las calles contra lo que llamaron “traiciones” del Gobierno de Mariano Rajoy.

A todos los desencantados se ha dirigido Pablo Casado; defendiendo la vida, criticando la eutanasia, prometiendo una “reforma fiscal en profundidad” y cerrando su campaña electoral en los Jardines de Gregorio Ordóñez en Madrid, uno de sus muchos gestos cómplices con las víctimas de ETA. Además, ha lanzado un aviso a Ciudadanos: quiere representar “la España de los balcones, la que sacó las banderas”. Por eso el cierre de campaña en redes sociales lo hizo con su foto sobre fondo rojigualdo.

A pesar de que ser la gran sorpresa juega a su favor, Casado tiene enfrente a toda una expresidenta del Gobierno licenciada en mil batallas dentro y fuera del partido. Además no hay que olvidar que es ella quien ha ganado en primera vuelta. Ha sido la más votada, ha vencido en la mitad de las circunscripciones y tiene la ventaja de poder convertirse en la primera mujer presidenta del Gobierno. Las primeras declaraciones de Soraya Sáenz de Santamaría tras la votación del 5 de julio incidieron en estas tres ideas que, de cara a la votación del Congreso Extraordinario, podrían beneficiarle. Sobre todo la segunda, habida cuenta de que los compromisarios son más controlables por parte de las direcciones territoriales.

Sin embargo, también insistió en la integración y, por tanto, en la lista única, dando idea de hasta qué punto considera la candidatura de Casado una amenaza. Porque, según fuentes populares, “la estructura del partido debería preferir” a Santamaría. Pero la rivalidad que la exvicepresidenta y la exsecretaria general han alimentado durante años se percibe, dentro de la formación conservadora, como el mayor obstáculo para que aquélla se haga con las riendas del PP. Dicho de otro modo –fórmula muy del gusto de Rajoy­–, como el mayor aliciente para que Casado lo consiga.

Llega la hora de los compromisarios

Un total de 3.184 compromisarios elegirán a la persona que presidirá el PP a partir del Congreso Extraordinario previsto los días 20 y 21 de julio. 2.162 de ellos han sido elegidos en la votación del 5 de julio, en una urna distinta a la de los precandidatos. A estos se sumarán 522 compromisarios natos, 40 más a elegir por el PP exterior y 10 forman parte de la Comisión Organizadora.

Si el peso territorial de los aspirantes tenía una importancia relativa para pasar el primer corte, en la segunda vuelta será determinante, siendo la uniformidad de voto la característica principal por autonomías. Andalucía (17%), la Comunidad Valenciana (12%), Castilla y León (11%), Galicia (10,2%), Madrid  (8%) y Castilla-La Mancha (7,6%) son las seis regiones con mayor número de compromisarios y su porcentaje viene determinado por factores como su teórico número de afiliados o el apoyo electoral del partido en cada circunscripción, si bien esta representatividad no tiene por qué coincidir con la de los inscritos: Castilla y León y Galicia tienen un porcentaje semejante de compromisarios pero en la primera podían votar este pasado jueves 6.785 militantes y, en la segunda, 4.564.

Dicho esto, el resultado de la votación del 5 de julio puede dar algunas pistas de los apoyos que Sáenz de Santamaría y Casado pueden recibir de estas autonomías. Andalucía se ha revelado como un excepcional granero de votos para la exvicepresidenta el Gobierno. Y Madrid, para el exvicesecretario de Comunicación del PP. En la Comunidad Valenciana y en Castilla y León las fuerzas están más igualadas, aunque en el primer caso la decisión de Cospedal, como ocurre en Galicia, puede ser determinante. Más aún en Castilla-La Mancha, donde el respaldo a uno de los dos candidatos en liza depende casi en exclusiva de la exsecretaria general.