Entrevista / José Carlos Plaza Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1255. 13  de julio de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

José Carlos Plaza, director de teatro

“Yo creo profundamente en la ideología”

“No ha llegado la paz, ha llegado la victoria”, decía el personaje de Agustín González en el montaje de ‘Las bicicletas son para el verano’ que José Carlos Plaza estrenó a principios de los 80 y que fue considerado como una obra maestra. Cuando entonces, José Carlos Plaza tenía apariencia de adolescente aplicadísimo. Ahora, a aquel adolescente se le ha puesto el pelo blanco. Pero ha logrado un permanente éxito profesional y vive rodeado de paz en su piso soleado y lleno de libros próximo a la Glorieta de Quevedo de Madrid. Dirige ‘La historia del zoo’, una función desgarradora, afilada y deslumbrante que se representa en el teatro Lara hasta final de septiembre. Y ese mes inaugurará la temporada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico con una versión del ‘Auto de los Reyes Magos’, que por un momento iluminan un campo de refugiados.

“Tengo la impresión de que a Pedro Sánchez, a su Gobierno y a todos estos socialistas los van a devorar”   “La lucha de clases existe. La izquierda es la izquierda y la derecha es la derecha”

Usted interpretó en 1971 ‘La historia del zoo’ dirigido por William Layton. ¿Qué le ha llevado a recuperar esta obra?
‘La historia del zoo’ es una pieza que estrenó Layton, que era nuestro maestro, ha quedado para siempre entre nosotros, la estrenó, decía, en 1963 en el desaparecido teatro Valle Inclán, el que había en la torre de Madrid. Él era un enamorado del teatro de Edward Albee y quiso retomar la obra posteriormente. Y me pidió a mí, que yo ya era director, que interpretara el papel de Peter. Y yo encantado, porque lo que me pedía mi maestro, lo hacía. Fue una experiencia inolvidable. Y luego, entre la gente joven que ha seguido, ha quedado como una tradición hacer de vez en cuando ‘La historia del zoo’ entre nuestra familia teatral. Siempre nos preguntamos si la obra ha pasado de moda y siempre concluimos en que no. En absoluto. La hicimos hace 14 años. Y son ellos, la gente joven, los actores que ahora la ponen en escena, Javier Ruiz de Alegría y Carlos Martínez-Abarca, los que han querido volver a hacerla. Y yo encantado. Creo que es una obra muy eficaz, porque es muy directa con el público.

El personaje de Jarry dice en el transcurso de la función cosas como: “Nunca estoy con la misma chica más de una vez”. O bien: “Fui marica”. Vive en una pensión y describe así los encuentros sexuales con la patrona: “Una sucia parodia de deseo”. Se trata de un personaje completamente desgarrado, ¿no?
La obra tiene un momento en el que parece que hay una esperanza. Se abre esa tarde de domingo en el Parque de Nueva York, pero luego se percibe que la esperanza es imposible porque las condiciones sociales no van a permitir nunca un encuentro, una relación entre esos dos seres humanos. Y el interés que creo que Albee le pone al personaje de Jarry es el de un personaje capaz de adaptarse a cualquier circunstancia. Jarry no tiene ninguna ideología predeterminada. Es un ciudadano del mundo. Un vagabundo. Que va buscando el encuentro con alguien para que su vida tenga sentido. Observado desde ese prisma, creo que es un personaje excepcional. Por eso en la obra tiene ese sentido de antihéroe brechtiano, del hombre que no participa en ninguno de los movimientos de su época, ya sean burgueses, ya sean hippys, ya sean comunistas, o anticapitalistas. Es un tipo que busca su propio yo. Y no lo encuentra. Estamos ante un hombre tremendamente desgarrado, tremendamente solitario.

Jarry también dirá: “Si somos capaces de tanta incomprensión, ¿por qué hemos inventado la palabra amor?”. Se trata de una obra sobre las relaciones humanas, ¿no?
Es una obra en el sentido más grande de la palabra sobre el amor. Cuando Jarry narra aquel enfrentamiento que tuvo con el perro dice: “¿Por qué hemos inventado la palabra amor?”. La traducción exacta del texto original es: “¿Por qué hemos inventado la palabra amor en primer lugar?”. Ocurre que en castellano esa traducción no funciona. Pero la idea es: Jarry trata de encontrar el verdadero yo de la otra persona. Durante toda la función él va buscando descubrir dónde está ese otro, que él ha hallado allí, sentado en el banco de un parque, leyendo un libro. Porque realmente Jarry guarda dentro de sí la idea de suicidio. No tiene ya otra salida. Él va percibiendo que no le queda más oportunidad que hallar una relación humana, pero de verdad. Es decir, una relación en la que dos seres humanos se puedan mirar directamente a los ojos uno y otro, y conocerse realmente. Pero no lo consiguen.

 

“La historia del zoo’ es una obra,
en el sentido más grande de la palabra,
sobre el amor”


¿Hasta qué punto en el subsuelo de la obra está la lucha de clases?
Está en todas las zonas de la obra. Cuando una persona se halla al margen de la sociedad, se convierte en un paria. Ya puede ser una raza. O una clase trabajadora. Yo creo que es una obra muy política. Porque está hablando de una auténtica revolución: la relación humana de verdad. Se trata de una obra riquísima. Trata muchísimos temas. La sexualidad, la lucha de clases, la institución matrimonial, las clases burguesas, el concepto filosófico de la vida, lo que significa el sentido de pertenencia, el consumo desorbitado. Así pues, infinito, ¿no? El ser humano buscando siempre su honor y buscando hacia dónde ir. Conforme he ido yo trabajando desde el año 1971 esta obra me he dado cuenta de que es inabarcable. El otro día ensayé con los actores y salen cosas nuevas permanentemente. Una obra muy rica.

Actualmente hay quien ve en la trampa de la diversidad una manera de tapar la lucha de clases.
Sí, yo creo que hay muchas trampas que nos está tendiendo la sociedad, como esos partidos que llegan y dicen que no tienen ideología. A mí me dejan boquiabierto. Porque la lucha de clases existe. La izquierda es la izquierda y la derecha es la derecha. Quieran o no quieran. Y la gente joven del teatro español ha caído en esa trampa. Les da vergüenza demostrar un pensamiento realmente de izquierdas. Yo soy de izquierdas, e intento que en todas mis obras esté un pensamiento de izquierdas, del que no sólo no me avergüenzo, sino que me enorgullezco. Luego, claro, salen con la diversidad, con la frivolidad, con que nada importa, con que bueno que sí que vale, con la impotencia. Está cubierto por muchas cosas. No sólo por la diversidad. Por muchas más cosas. La lucha de clases está en la lucha de las mujeres. No es un problema de sexos. Es un problema de clases. La mujer como clase oprimida.

Usted es del Partido Comunista.
Yo era del PCE. Pero mi ideología es comunista. Ya no pertenezco al PCE porque el partido ha tenido problemas que no comparto. Pero yo considero que la ideología del mundo es la igualdad de oportunidades. La igualdad de la gente, que todo el mundo tiene que partir de una misma base. Yo creo profundamente en la ideología.

A finales de 2015 definió usted en una entrevista a la sociedad española como “machista, inculta y tremendamente vaga”. ¿Sigue pensando igual?
En machismo afortunadamente se está cambiando. Inculta: Bueno, eso desgraciadamente, cada vez más. Inculta en el sentido en el que yo entiendo la cultura. No para aprender cosas de memoria, sino que la cultura sirva para el discernimiento. Mientras la mitad del país siga votando  al PP, eso es un problema de cultura, porque es imposible votar a un partido corrupto que se pone la mantilla en Semana Santa. Claro, la enseñanza en España está en manos de los curas, y lo que imparten es incultura.  Y este es un país en el que hay una moda de pensar: “A ver si trabajo cada día menos”. O bien: “Tú eres un pringao porque trabajas mucho”. España es un país donde no se trabaja, un país bastante vago. Aunque hay mucha gente que sí trabaja. Pero en general el clima es que el trabajo está visto como algo malo. Y eso viene del catolicismo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente. No. Ganarás el pan con el placer de trabajar. Que es la meta a la que, de una manera u otra, habría que llevar a todo el mundo.

¿Considera que el actual Gobierno de Pedro Sánchez abre alguna esperanza ante ese panorama que usted describe?
Pues sí, sí. Pedro Sánchez me parece un hombre profundamente culto. Y es un político que, dentro de una ideología socialdemócrata, socialista, por lo menos va a traer, hay cosas que está trayendo, como la eutanasia. Pero soy pesimista. No con Pedro Sánchez y su Gobierno. Soy pesimista con el daño que le van a hacer. No lo van a dejar. Como se pervirtió en su día el movimiento de Zapatero. Como se ha pervertido el movimiento de Podemos, en el cual yo confío muchísimo, pero cómo se ha pervertido ya. Entonces yo creo que hay un clima social y político contra todos estos atisbos de esperanza. Hay que esperar. Y apoyar. Yo apoyo en la escasa medida que puedo. Pero tengo la sensación de que a Pedro Sánchez, a su Gobierno y todos estos socialistas los van a devorar. Por algún lado o por otro los devoran. Y volverán otros ocho años de ir otra vez todo para atrás. Otra vez.

Volviendo al teatro. ¿En qué consistirá la obra ‘El auto de los Reyes Magos’, que usted va a dirigir, y con la que se inaugurará en septiembre la temporada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico?
Va a consistir otra vez en volver a las raíces, utilizando la primera obra que se escribió en castellano, que data del siglo XII o XIII, que es una joya, una cosa preciosa, muy bonita, aunque muy difícil porque está escrita en un verso complicado. Cuando me lo pidieron hacer dediqué tres días a pensar dónde, cómo y para qué se hace esto. Porque el placer de un director de deshojar un texto antiguo es estupendo. ¿Pero para quién va esa función? El auto, además, afortunadamente, dura doce minutos. Afortunadamente porque eso no se podía hacer solo. Y el espectáculo que se ha hecho a continuación es trasladar al espectador: ¿Por qué el ‘Auto de los Reyes Magos? ¿Por qué el mito de los Reyes Magos? ¿Por qué la estrella? ¿Por qué el mito de alguien que viene a traer regalos? Ese bálsamo. Esa esperanza. Yo fui a la cabalgata y vi a los niños y volar los caramelos. Esa ilusión que al día siguiente no vuelve a existir. Y pensé que era un buen momento para contar algo sobre la ilusión. La ilusión de los Reyes Magos. Y llegué a la conclusión de que el mejor sitio donde hacerlo era en un lugar donde no hubiera esperanza. Y eso me condujo a un campo de refugiados de Ceuta y Melilla. En una situación en la que hay allí una serie de familias metidas sin ninguna esperanza. Y llega un profesor que a los refugiados les va trayendo la cultura española para que la conozcan. Les va mostrando romances anónimos, antiguos, hemos introducido el auto del Hospital de los Locos, de Valdivieso, y hemos metido un trozo del auto sacramental de ‘La vida es sueño’, que es excepcional. Y finalmente el remate de la obra es que ha habido un destello de ilusión, pero la desesperanza continúa.

Despiece

Aquellas inolvidables bicicletas

Observado con la perspectiva que dan los años, ¿qué importancia ha tenido en el teatro español el montaje de ‘Las bicicletas son para el verano’, la obra de Fernando Fernán Gómez, que usted dirigió a principios de los 80, y que fue considerada por numerosos especialistas, aquel texto y su puesta en escena, como una obra maestra?
Fue un hecho sorprendente para todos, incluso para los que lo hacíamos, el impacto que tuvo entre el público. Y considero que más que un impacto en el teatro, tuvo un impacto en la sociedad. Creo que ‘Las bicicletas…’ lo que ha dado ha sido una nueva visión sobre la Guerra Civil, que a partir de ese momento abrió una veda para 200.000 miradas inéditas sobre la Guerra Civil. Y eso fue muy bueno. Fernando Fernán Gómez escribió lleno de cariño, de ternura, el problema de la Guerra Civil, dando una visión amable del sufrimiento. No con rencor ni con odio, sino con ternura. Y eso abrió una gran capacidad del espectador de mirar la guerra española de manera más abierta. Y ‘Las bicicletas…’ se están haciendo ahora mismo, otra vez.