Entrevista / Nuccio Ordine Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1257. 27  de julio de 2018

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Entrevista / Juana Vera

Nuccio Ordine, profesor y escritor

“Hoy la universidad es una empresa”

La utilidad de lo inútil. Manifiesto (Acantilado, 2013) ha sido traducida en 32 países. Su autor acaba de publicar Clásicos para la vida, en la misma editorial. Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 1958), profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, defiende las Humanidades en ambas obras. “¿Cuál es el cómputo de un profesor?, estudiar y enseñar. Los profesores hoy hacen muchas cosas pero no aquello para lo que se les paga. Tienen que dedicar mucho tiempo a la burocracia”, reflexiona, y añade: “Hoy los estudiantes son clientes que pagan para tener un diploma e ir al mercado. Esto es una locura. La verdadera meta de la universidad no es ir al mercado. Es la experiencia”. El autor, por último, nos pregunta: ¿La escuela y la universidad que estamos construyendo serán capaces de estimular la curiositas de los estudiantes y de garantizar el derecho a buscar la propia verdad?

“La escuela y la universidad forman pollos de engorde. Consumidores pasivos. No gente con una visión crítica”   “Hoy se confunde conocimiento con información. Sin este conocimiento, la información no sirve para nada. Internet es para gente que sabe”

¿Cuál es o cuáles son las razones por las que ha elegido la palabra Manifiesto como parte del título de su libro La utilidad de lo inútil?
Se necesita una reacción del mundo de la enseñanza y de la universidad. Desgraciadamente, esta reacción no llega. He escrito un articulo en el Corriere della Sera contra los profesores universitarios italianos, que han hecho una huelga para obtener un aumento de salario. En ese artículo he dicho: “Estoy dispuesto a renunciar a la décima parte de mi salario con el fin de tener la universidad que he conocido, en la que he estudiado”. Hoy la universidad es otra cosa. Es una empresa. ¿Cuál es el cómputo de un profesor? Estudiar, enseñar. Los profesores hoy hacen muchas cosas pero no aquello para lo que se les paga. ¿Por qué? Porque dedican mucho tiempo a la burocracia. Los estudiantes hoy son clientes que pagan para tener un diploma e ir al mercado. Esto es una locura. Si no hay una reacción de los profesores, de los ciudadanos, de la sociedad civil, mataremos la escuela, la Universidad, la educación, y el futuro será muy difícil.

¿Cómo podemos luchar contra esta tendencia?
La escuela y la universidad tienen que ser lugares de resistencia contra los falsos valores de nuestra sociedad. Siempre leo a los estudiantes el poema Ítaca de Konstantino Kavafis. Una reescritura inteligente y original del Mito de Ulises. Konstantino Kavafis dice en este poema: “ (...) Ten siempre a Ítaca en tu memoria./ Llegar allí es tu  meta./ Mas no apresures el viaje. (...)/”. No apresures el viaje. Hoy la prisa es la característica fundamental de los estudiantes. Si un estudiante no logra su título en los tres años estipulados, la Universidad es penalizada. Paga puntos. Este es el sistema de evaluación internacional. Esto es terrible. Vuelvo a Kavafis: “Mas no apresures el viaje./ Mejor que se extienda largos años,/ y en tu vejez arribes a isla/ con cuanto hayas ganado en el camino,/ sin esperar que Ítaca te enriquezca./ (...) Ítaca te regaló un hermoso viaje./ Sin ella el camino no hubieras emprenddo./ Mas ninguna otra cosa puede darte./ Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca./ Rico en saber y en vida, como has vuelto./ Comprendes ya qué significan las Ítacas./” El problema hoy es hacer comprender a los estudiantes que la verdadera meta de la escuela y de la universidad no es la obtención del diploma. Es la experiencia. La idea de aprender cosas que te pueden hacer mejor. Todo esto está completamente olvidado porque la escuela tiene que formar consumidores pasivos. Pollos de engorde. No gente con una visión crítica.

¿Cuál es el papel de Internet, del móvil y del resto de las nuevas tecnologías en este proceso que experimenta la educación?       
Cuando pregunto a los estudiantes por qué todo el mundo tiene una página en Facebook, los estudiantes levantan la mano y responden: “Profesor, porque es una manera de hacer muchos amigos. Tengo 1.500 amigos”. Esto es una vanalización de la idea de amistad. La amistad es un clic. No es verdadera. Una  persona de ochenta años, cuando piensa en su vida se dice: “Tengo tres amigos”. Y es una persona rica. Tres amigos, no 1.500. La idea de hacer amigos en un clic, dos segundos... Esta victoria de lo virtual sobre lo real es una locura. Hace unos días me hallaba en la universidad, en un pequeño restaurante. Había exámenes y tenía  una hora para comer. Había dos jóvenes de veinte años en una mesa. Los he observado una hora. Ni una palabra. Cada uno de ellos escribía en su movil para hablar con alguien, que quizá se hallaba a veinte kilómetros Tenía a una persona enfrente y no era capaz de hablar con ella porque lo virtual es mejor que la relación humana directa. Esto es un problema.

¿Cuál es la reacción del gobierno italiano en este sentido?
La locura. Ha convocado a los pedagogos para establecer que emplear el móvil en clase es algo muy bueno. Esto es una barbaridad. Son ignorantes que no saben nada. “Yo apago el móvil. Todo el mundo tiene que apagar el móvil”, digo a mis estudiantes el primer día de clase. Tengo una clase con 300 estudiantes en el Paraninfo. Los estudiantes, entonces, se quedan pálidos porque para ellos es imposible apagar el móvil. Seguidamente, levantan la mano y dicen: “Profesor, pero tengo puesto el silencioso”. Les pregunto: “¿Pueden explicarme la necesidad de tener silencioso en una clase de Literatura Italiana? ¿Son  ustedes cirujanos que tienen que salvar la vida de alguien?, ¿Son  ustedes bomberos que debeb salvar la vida de una persona? Responden: “No, profesor”. El problema es que la mayoría de los estudiantes no puede explicar esto. Hay estudios de Psicología que han constatado la existencia de una dependencia del móvil en las nuevas generaciones. La escuela tiene que desintoxicar a los estudiantes, no intoxicarlos más durante sus cuatro o cinco horas lectivas. Se piensa que con el móvil uno puede aprender mejor la Literatura Italiana. No es verdad. En el Reino Unido se ha llevado a cabo, durante los últimos 25 años, una experiencia en este sentido. Hay inspectores que preguntan en las escuelas para comprender si verdaderamente el instrumento puede ser útil para entender mejor las disciplinas. Todavía no tienen una respuesta definitiva. Lo único seguro es el dinero que han ganado las multinacionales. Hoy compro un ordenador y en seis meses no vale nada porque los programas que inventan.... Este es el problema. Tenemos que reaccionar contra todo esto.

¿Cómo? ¿Cómo poner en valor las Humanidades, que usted defiende en sus libros La utilidad de lo inútil. Manifiesto y Clásicos para la vida?
No tengo una receta. La única cosa que puedo hacer es responderle con un pequeño relato. Una historia escrita por Camilleri, creador del comisario Montalbán. Camilleri ha contado en una conferencia la historia del Incendio del bosque. En esta historia, todos los animales corren en la misma dirección. Huyen del incendio que asola el bosque. El último en huir es el león, el rey de la selva. El león es el rey y no puede hacer nada. Pero hay un pequeño colibrí que va en dirección contraria al resto de los animales. Vuela hacia el incendio. El león lo mira y dice: “¿Qué haces, loco? ¿Quieres morir en la hoguera?”. El colibrí le responde: “Tengo en mi pico una gota de rocío.Tengo que ponerla en el incendio”. No tengo otra respuesta. Nosotros tenemos que hacer cada día una cosita para resistir a todo esto. Pienso, además que el cómputo del profesor es también importante. Enseñar no es una profesión. Enseñar es una vocación. Si no se comprende esto, no se comprende nada. Cuando escucho a los colegas decir que un alumno tiene una particular predisposición hacia el latín o el griego me parece entender que me quieren decir que el estudiante tiene en el ADN el latín o el griego. Esto es una locura porque sabemos que en la vida hemos amado las disciplinas que nos enseñaron los buenos profesores. La tarea del profesor es muy importante. Le cito la carta que Albert Camus escribe al profesor Louis Germain, quien lo guió en sus primeros años de escuela municipal en Argelia. En noviembre del año 1957, poco después de haber recibido la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura, Albert Camus escribe: “Querido señor Louis Germain. Esperé a que se apagara el ruido que me ha rodeado estos días antes del hablarle de todo corazón. He recibido un honor muy grande, que no he buscado, ni he pedido. Pero cuando supe la noticia pensé primero en mi madre, después en usted. Sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo. Sin su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares. Pese a los años no he dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus” Gracias a un joven maestro generoso y apasionado, un joven procedente de una familia modesta pudo encontrar una mano sabia y afectuosa, capaz de darle apoyo y guiarlo en los momentos más difíciles de sus primeros años de escuela. ¿La escuela y la universidad que estamos construyendo serán capaces de estimular la curiositas de los estudiantes y de garantizar el derecho a buscar la propia verdad? ¿Qué hacer? Como el valiente colibrí tenemos que hacer lo mismo. Cada uno, una gota de rocío.

Nos hallamos en la cuarta revolución industrial, dominada por el Big Data, la robótica... ¿Cuál será el papel de las Humanidades en esta sociedad ?
El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que hacemos de ella. Estoy contento de que exista el móvil. El móvil puede salvar la vida de la gente. Un amigo mío sufrió un infarto en una carretera aislada. Usó el móvil para pedir ayuda. Salvó la vida. Muchas mujeres pueden usar el móvil para evitar un ataque. La cuestión es si tú dominas a la tecnología o si ella te domina a ti. En el caso de los estudiantes que no pueden apagar el móvil, es el móvil el que los domina. Esto es muy peligroso. Podemos reflexionar para tratar de que la tecnología no mate la humanidad. Este es un problema verdadero que necesita diálogo. El mismo discurso es válido para Internet. Internet es algo importante. Trabajo en Calabria y puedo leer libros antiguos, que se hallan en Internet. Muchos colegas pueden trabajar en su casa buscando en Internet información científica. El problema es que Internet no sirve para hacer una cultura. Internet sirve para la gente que sabe, no para la que no sabe. Si sabes puedes potenciar el saber con Internet. Hoy se confunde conocimiento con información. Pero son diferentes. El conocimiento es el conocimiento crítico. La información es algo que si no tienes conocimiento, no sirve para nada. Si no sabes no puedes solucionar. El problema de la tecnología es un problema importante. En este momento en Corea del Sur, lugar importante en lo que a desarrollo tecnológico se refiere, se está invirtiendo mucho dinero en Humanidades. Es una contratendencia. Pienso que nadie puede hacer previsiones de cómo será el futuro. La velocidad determina hoy nuestra sociedad. Algo importante hoy, en tres años no cuenta. También ocurre esto con las profesiones. Por eso pienso que la escuela y la Universidad proyectadas hacia el mercado son una locura. Una guerra perdida de antemano. Para formar jóvenes hay que programar años de escuela y de Universidad, y en 15 o 25  años todo cambia. Una cultura fuerte en Humanidades permite hacer todo. Recientemente he hecho una visita muy conmovedora al CERN de Ginebra. Lo dirige Fabiola Gianotti, quien ha estudiado en  el Liceo Clásico Latín y Griego, y diez años de piano en el Conservartorio de Música de Milán. Cuando los periodistas le preguntan: ¿Para qué le sirve todo eso? Fabiola se enfada. “Soy una buena física porque he estudiado eso”, les responde. En Italia los mejores médicos, los mejores arquitectos, los mejores científicos, todos vienen del Liceo Clásico. Una formación básica te permite hacer todo. En Clásicos para la vida recojo esta cita de Einstein: “La cultura básica de formación de un ciudadano es muy importante para el futuro de la Humanidad”. Tenemos que reflexionar sobre esto.