Tribuna / Jose Luis Centella Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1257. 27  de julio de 2018

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Tribuna / José Luis Centella

OTAN, entre las bravatas de Trump
y la sumisión de sus aliados

EUROPA PRESS

La disposición del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de enviar fuerzas al norte de África, de reclamarse como ‘socio fiable’ de Washington y de aceptar, en la práctica, el incremento del presupuesto militar español, no ayuda a afrontar los problemas de la paz y la seguridad

La última cumbre de la OTAN en Bruselas de este mes de julio volvió a tomar decisiones que contradicen su declarada apuesta por la distensión y la paz. Tras recibir las diatribas de Donald Trump, los Estados miembros se mostraron sumisos –tras discretas muestras de disgusto por el trato dispensado por el presidente norteamericano– y volvieron a aceptar sus reclamaciones de destinar más recursos económicos al gasto militar, una exigencia que sólo conduce a una nueva carrera armamentística mundial.
La OTAN ya había aprobado dedicar al menos el 2% del PIB a gastos militares, objetivo que cada Estado miembro debe cumplir antes de 2024. En Bruselas Trump apremió para destinar aún más recursos a los ejércitos y al presupuesto de la Alianza: una exigencia acompañada de una hipócrita queja por el supuesto desequilibrio en las aportaciones de cada miembro. El presidente norteamericano exigió que los socios de la OTAN dediquen el 4% del PIB al gasto militar: un disparate político y una señal equivocada para China, Rusia y el conjunto del planeta.

La trifulca belga sirvió a Trump para acusar a Alemania de ser ‘rehén de Rusia’ y para amonestar al resto de países en un vergonzoso enfrentamiento por el dinero envuelto en discursos broncos y desaires que pretendieron cerrar con un comunicado conjunto que sólo muestra la inutilidad de la OTAN para la salvaguarda de la seguridad y la paz. El mundo no ha olvidado las intervenciones militares en Oriente Próximo y en Libia, que sólo han llevado a esos territorios muerte y desolación.

Además, con el pretexto de la amenaza terrorista, Trump y sus homólogos europeos y canadiense decidieron destinar más militares a Irak, proseguir la financiación de grupos armados y de cuerpos mercenarios, y continuar la intervención militar en Oriente Próximo y África.

Siguiendo su amenazante expansión (que viola acuerdos suscritos con Moscú, llegando hasta las mismas fronteras rusas y enviando buques de guerra al Mar Negro), invitaron a Macedonia a incorporarse a la OTAN. Señalar de nuevo a Rusia, apelando a su supuesta amenaza y definiendo la incorporación de Crimea como el origen de las diferencias, además de ser una grosera mentira revela el espantajo necesario para justificar esta nueva carrera de armamentos.

La disposición del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de enviar fuerzas al norte de África, de reclamarse como ‘socio fiable’ de Washington y de aceptar, en la práctica, el incremento del presupuesto militar español, no ayuda a afrontar los problemas de la paz y la seguridad. De hecho, ha seguido la senda establecida por los gobiernos del Partido Popular ante Estados Unidos. Pese a las justificaciones de Sánchez, no es ni razonable ni realista que España, sumida en una grave crisis económica, aumente el gasto militar y que su aportación a la paz consista en ceder a las imposiciones norteamericanas.

Que Trump se pavonee públicamente y diga que sus aliados europeos pagarán a la OTAN ‘centenares de miles de millones de dólares más en el futuro’ no sólo indica la temeraria política de la Administración norteamericana, sino también la debilidad y la escasa dignidad con que los gobiernos europeos responden a una grave situación. ‘Malo para Rusia’, escribió Trump tras constatar el compromiso de sus aliados.

Que la OTAN, con un presupuesto militar combinado de sus países miembros de más de 950.000 millones de dólares, señale a Rusia –cuyo presupuesto de Defensa apenas alcanza los 70.000 millones– como una grave amenaza sería ridículo si no fuera, además, un alarmante y peligroso indicio de la irresponsable política exterior norteamericana y de la sumisión europea.

Desde esta perspectiva es urgente elaborar una nueva política de defensa en España que parta de una apuesta sincera por el desarme progresivo y por la paz, que sólo puede llegar exigiendo la disolución de la OTAN y contribuyendo desde Europa a crear un nuevo marco de colaboración y de estabilidad continental y en el conjunto del planeta.

 

 

 

Firma

Actual coordinador de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE) desde 2018, partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural. 

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