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 Nº 1257. 27  de julio de 2018

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Política / Manuel Capilla

Los ‘indepes’ moderados retroceden y enfrentan a Sánchez
con el adelanto electoral

En manos de Puigdemont

Pedro Sánchez llegó a La Moncloa y diseñó su Gobierno con intención de alargar la legislatura al máximo. Pero el escenario político ha dado un vuelco ahora que Carles Puigdemont ha terminado por imponer su control sobre un PDeCAT que, a las órdenes de Marta Pascal, había rebajado la estrategia de confrontación con el Estado y había sido fundamental a la hora de sacar adelante la moción de censura contra Mariano Rajoy, en contra la opinión del ex president. El Gobierno de Sánchez es ahora un poco más débil y ve cómo la operación Diálogo abierta con la Generalitat de Joaquim Torra queda tocada. Un Torra que reclama resultados sobre el estatus de los presos y ‘exiliados’ y gestos sobre el derecho de autodeterminación. La opción del adelanto electoral, forzado por el bloqueo político, está encima de la mesa en un verano marcado por la incertidumbre.


Las amenazas de Puigdemont de abandonar el PDeCAT si no se hacía con el control del partido han surtido efecto. / EUROPA PRESS

Desde el PDeCAT ya deslizan que los apoyos parlamentarios se encarecerán si no hay avances sobre los presos y la autodeterminación

 

“Nadie va a resistir más allá de lo razonable”, afirmaba esta semana la portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Isabel Celaá


Carles Puigdemont ha salido triunfante del órdago que lanzó al PDeCAT pocos días antes de su congreso, un “o yo, o Marta Pascal”, y tiene vía libre para consumar la ’OPA’ que ha lanzado sobre la antigua Convergència con la puesta en marcha de la Crida Nacional per la República, la plataforma que quiere convertir en marca electoral para el próximo ciclo. Desde la Crida el expresident quiere seguir desplegando su estrategia de desobediencia y de enfrentamiento hacia Madrid con la vista puesta en las elecciones municipales del año próximo, donde espera reforzar su implantación en el territorio catalán y, sobre todo, arrebatar a Ada Colau y los Comuns el Ayuntamiento de Barcelona. De conseguirlo, en los círculos políticos catalanes se asume que el siguiente paso será la proclamación de la República Catalana desde los municipios controlados por el independentismo, en lo que sería un nuevo paso en la escalada de confrontación con el Estado.

Así las cosas, el escenario se oscurece para un Pedro Sánchez que recién llegado a la Moncloa dejaba claro que su intención era agotar la legislatura. De ahí el diseño de un gobierno que se ganó el beneplácito de la opinión pública. Pero para eso los ocho diputados del PDeCAT son cruciales. Sin ellos, será imposible aprobar los Presupuestos de 2019 y la legislatura entrará en coma. Y en el Gobierno ya asumen que la posibilidad del adelanto electoral cobra cuerpo. Por el momento, no cunde la preocupación porque ya se sabía que la situación en Cataluña estaba lejos de despejarse y que el PSOE cuenta con una representación parlamentaria exigua. Pero los socialistas son conscientes de que si finalmente la nueva dirección del PDeCAT consuma sus amenazas la legislatura quedará empantanada. Y no hay ninguna intención de atrincherarse en el Gobierno sin tener capacidad de “consolidar ese cambio de época en la política española”, como afirmaba el propio Sánchez en una entrevista concedida a eldiario.es esta misma semana.  

“Nadie va a resistir más allá de lo razonable”. Así resumía el sentir del Gobierno la portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Isabel Celaá, durante su intervención en el Nueva Economía Fórum en Madrid. Celaá ha subrayado que “nadie está pensando” en ello en el Ejecutivo socialista, pero que ante la inestabilidad que se avecina, es una opción que está encima de la mesa. Así las cosas, Celaá ha pedido a la nueva dirección del PDeCAT “reciprocidad” ante “la senda del diálogo” abierta por el presidente del Gobierno. “Sólo trabajando desde la política podremos resolver un problema enconado en el pasado”, ha subrayado la ministra. Son dos los termómetros que van a dar idea de por dónde respira el PDeCAT: la votación del techo de gasto, preludio de los Presupuestos, y la de Rosa María Mateo como administradora única de RTVE. En el Ejecutivo asumen que les tocará remangarse porque las negociaciones, de ahora en adelante, se complican.

De momento, Puigdemont ha conseguido ajustar cuentas con una Marta Pascal que jugó un papel clave en la semana de la moción de censura. Y es que mientras Puigdemont, desde Alemania, se inclinaba por no apoyarla y el portavoz de JxCat en el Parlament, Eduard Pujol, una de las personas más próximas al expresident, afirmaba que “155 por 155, ¿dónde está el cambio?”, Pascal se desplazaba a Madrid para poner a los ocho diputados del PDeCAT en el Congreso a favor de la moción, en plena colaboración con el portavoz del grupo en el Congreso, Carles Campuzano, y uno de los miembros del grupo con más peso, Jordi Xuclá. Cuando ya ERC se había posicionado a favor de votar la investidura de Sánchez, a principios de esa semana de mayo, Pascal se puso en contacto con el equipo de Pedro Sánchez, con Ábalos a la cabeza, y con el PNV, para sumar a los de Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu para la causa. Sin la participación de Pascal, el desenlace pudo haber sido otro. Puigdemont era perfectamente consciente de ello. Y se lo ha hecho pagar a la primera oportunidad.

De lo que le espera a Sánchez en el Congreso ha dado idea la nueva vicepresidenta del PDeCAT, Miriam Nogueras, también diputada en la Cámara Baja y la principal novedad de una dirección que ahora encabeza David Bonvehí, hasta ahora número dos de Pascal. Nogueras cuenta con un perfil público labrado en los platós de televisión y en tertulias políticas como La Sexta Noche, donde colabora. Esta empresaria y miembro de la patronal independentista llegó al Congreso con el aval de Francesc Homs, que la incorporó como independiente en las generales de diciembre de 2015, y ahora gana cuota de poder con el aval de Puigdemont. En una entrevista concedida a Cantalunya Rádio, Nogueras ha afirmado que Sánchez lo tendrá “más difícil” con la nueva dirección del partido, subrayando que las decisiones sobre la Cámara Baja las tomarán en el marco del partido “juntos” y de forma “coordinada”. “Coordinación” es la palabra clave que ha empleado Nogueras en la entrevista: “Tenemos que coordinarnos [haciendo referencia al partido y al grupo parlamentario en el Congreso] y tal vez eso no se había hecho muy bien hasta ahora. ¿Quién tomará las decisiones en Madrid? Nos coordinaremos y las tomaremos juntos”. Una “coordinación” que algunos traducen como un “alineamiento” con las tesis de Puigdemont.


David Bonvehí y Miriam Nogueras son los nuevos presidente y vicepresidenta del partido, respectivamente. / EP

Mientras, en TV-3, Bonvehí aseguraba que sus apoyos parlamentarios a Sánchez se encarecerán si no ve avances “en el derecho a decidir o en el encontrar una solución política al problema catalán”. Sin embargo, todavía quedan divisiones por resolver y que amenazan con tensionar seriamente el partido. Y es que Bonvehí ha apostado por mantener un PDeCAT “fuerte”, al mismo tiempo que se integran en la Crida Nacional. Una posición que se aleja de las intenciones de Puigdemont y su núcleo duro, los ‘irreductibles’ de la portavoz del Govern, Elsa Artadi, que desearían una disolución lo más completa posible del PDeCAT en la nueva plataforma que tomará el testigo de JxCat.
No hay que perder de vista que la lista liderada por Bonvehí, a pesar de haber sido fruto del consenso entre la gente de Pascal y la de Puigdemont, se ha encontrado con un importante voto de castigo. Ha recogido el 65% de los apoyos en el cónclave, mientras que el 29% ha ido a parar a la lista que improvisó a última hora David Torrents, presidente del partido en Badalona. Mar de fondo en el espacio político posconvergente con muchas diferencias por resolver todavía.

Un grupo parlamentario dividido

Un mar de fondo que ya se ha trasladado al grupo parlamentario en el Congreso, a raíz de la primera votación para nombrar a Rosa María Mateo administradora única de RTVE. Cuatro de los diputados habrían votado a favor –Carles Campuzano, Jordi Xuclá, Ferran Bel y Feliu Guillaumes– y otros cuatro se habrían ausentado –Miriam Nogueras, Sergi Miquel, Lourdes Ciuró y Antoni Postius–. Una división inédita que auguran tiempos tormentosos para el partido catalán en la CámaraBaja, mientras la nueva dirección del PDeCAT intenta ganar peso a través de su vicepresidenta Nogueras, que ya participa junto a Campuzano en las reuniones con los otros grupos.

Unos avatares parlamentarios de los que el propio Puigdemont se ha desmarcado en la rueda de prensa que concedía el miércoles desde Alemania, antes de retornar a Bélgica, una vez que el juez Llarena ha renunciado a su entrega tras la decisión del tribunal federal de Schleswig-Holstein de extraditarlo sólo para ser juzgado por malversación, no por rebelión. Según el expresident, él no tiene “responsabilidad” en relación con lo que decida el grupo en el Parlamento del PDeCAT en el Congreso. “Estoy informado de las cuestiones generales”, agregó el expresidente catalán, pero señaló que “lo que es la vida habitual del grupo parlamentario a mí se me escapa un poco”. “Hablo de un tema que desconozco”, repitió Puigdemont, quien aseguró que durante los últimos tiempos se ha estado ocupando de asuntos “más transcendentales” en su vida. Eso sí, en línea con lo que ya se ha manifestado desde el Govern, Puigdemont consideró que el PDeCAT puede mantener su apoyo al Gobierno español en las votaciones del Congreso siempre que el Ejecutivo “corresponda” (ver apoyo: ‘Presos y autodeterminación a cambio de estabilidad’).

Con las encuestas en contra

Estos vaivenes parlamentarios no parece que vayan a contribuir a mejorar las expectativas de Puigdemont en las encuestas, poco halagüeñas si decide definitivamente pisar el acelerador del adelanto electoral en Cataluña. Hace pocos días se conocía la del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat, el conocido como CIS catalán, que coloca a ERC como primera fuerza, con el 24% de los votos, tres más que en diciembre; por delante de Ciudadanos, que pierde cuatro, hasta el 21%; y de JxCat, que perdería casi cuatro puntos y se queda en el 17%. Tanto PSC, como Catalunya en Comú y el PP suben ligeramente, pero es la CUP la que vuelve a disparar sus expectativas, que doblaría su representación y podría llegar hasta los 10 diputados. Un Parlament en el que la mayoría viable más probable sería la independentista, aunque por primera vez se dibuja la posibilidad de un tripartito de izquierdas entre ERC, Catalunya en Comú y el PSC. Los tres partidos sumarían la mayoría absoluta en la Cámara en la horquilla más alta de diputados que les concede el CEO.

En el equipo de Puigdemont no se olvidan de que las expectativas eran similares antes de las elecciones del 21-D y JxCat terminó dando la sorpresa y colocándose como la fuerza independentista más votada. Sin embargo, la encuesta del CEO recoge otro elemento que va en detrimento de la estrategia de confrontación que quiere desplegar el expresident. Y es que aunque el ‘sí’ a la independencia sigue por delante el ‘no’, las distancias entre ambos se están acortando y los partidarios de la secesión no consiguen alcanzar el 50%. Así, el 46,7% de los catalanes votarían ‘sí’ a la ruptura, 1,3 puntos menos que en el barómetro de mayo, mientras que el 44,9% votaría en contra, 1,2 puntos más.

Así las cosas, ERC parece tener ventaja de nuevo en el pulso por la hegemonía en el independentismo, la cuestión central de la política catalana para muchos. Un pulso en el que ya empiezan a airearse abiertamente las profundas diferencias políticas y personales entre los líderes de JxCat y ERC, que se hacen cada día más evidentes y que allanan el camino para ese adelanto electoral a la vuelta de las vacaciones de verano. En los círculos políticos catalanes ya se maneja la del domingo 23 de diciembre como posible, cuando ya haya pasado el plazo legal de un año después de las últimas elecciones. Una fecha que, además, podría coincidir con el juicio a los políticos presos.

La tensión entre ERC y JxCat tocaba techo hace unos días cuando, el portavoz de los republicanos, Sergi Sabrià comparecía ante los medios tachando de “gravísima” la actitud de los posconvergentes por “haber salido a mentir de manera descarada” a cuenta de la suspensión de los diputados procesados por el 1-O, incluido Puigdemont. Desde JxCat se acusó a ERC de haber roto un acuerdo previo al respecto, que contemplaba dejar fuera a Puigdemont de esa suspensión, algo que los republicanos, que hace meses que rechazan la estrategia de la desobediencia, han negado por activa y por pasiva. En este clima, la derrota de los moderados en el PDeCAT no hace sino añadir más inestabilidad al Govern, exactamente igual que en Madrid.

Presos y autodeterminación a cambio de estabilidad

La portavoz del Govern, Elsa Artadi, ha afirmado que apuesta “por la estabilidad del Gobierno español”. / EP

Tras la polvareda levantada por la victoria de Puigdemont y los suyos en el congreso del PDeCAT, no han faltado voces, tanto en las filas socialistas como en las del independentismo, que han puesto paños calientes y que han tratado de rebajar la tensión. Fuentes de la cúpula del PSOE insisten a El Siglo que “no ha cambiado nada” y que se “trata de una escenificación para endurecer el lenguaje”, pero que el Govern sigue queriendo “soluciones políticas”. Una posición reforzada por el hecho de que si el PDeCAT termina bloqueando la legislatura “perderíamos todos” y sería “renunciar a una salida dialogada”. Un aviso a navegantes de que de las urnas podría salir un nuevo gobierno de las derechas y que ‘el cuanto peor, mejor’ que defienden algunos en el núcleo duro independentista puede quedarse en un ‘cuanto peor, peor’.

Las posiciones de estas fuentes socialistas han tenido su contraparte en la Generalitat a través de su portavoz, Elsa Artadi, una de las voces más autorizadas del soberanismo. Ante los medios, Artadi ha subrayado que “el rol del PDeCat cambió con la moción de censura, no este fin de semana” y que el Govern apuesta “por la estabilidad del Gobierno español”. Eso sí, “siempre que siga por el camino de la negociación de una situación política que debe resolver”. Una situación política sobre la que el portavoz del PDeCAT en el Congreso, Carles Campuzano, daba más detalles señalando que “mientras haya prisiones provisionales injustificadas y acusaciones penales desorbitadas no va a haber normalidad política. La situación en la que están los presos evidentemente condiciona la vida política española y la vida política catalana”. El independentismo espera movimientos de la fiscalía más pronto que tarde.

Y si son complicados los avances en este asunto, más lo son en la otra gran cuestión sobre la que insiste el independentismo: el derecho de autodeterminación. Un guante que Torra ya trasladó a Sánchez en su reunión en Moncloa y que el presidente recogió en su comparecencia ante el pleno del Congreso, subrayando que quiere que los catalanes terminen votando para desbloquear el conflicto político. Eso sí, que voten “un acuerdo” en lugar de “una ruptura”. Es decir, un nuevo estatuto, una posibilidad también lejanísima hoy por hoy. 

El Govern espera introducir el derecho de autodeterminación en la agenda de la comisión bilateral Estado-Generalitat que esta semana han analizado la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, y el conseller de Acción Exterior, Ernest Maragall. Después de siete años sin reunirse, el Gobierno espera que la cita pueda cerrarse la semana del 30 de julio, aunque nada puede esperarse sobre la cuestión de la autodeterminación en una cita en la que el Ejecutivo pondrá encima de la mesa la posibilidad de transferencia de competencias y de inversiones e infraestructuras.

 

Sánchez, enredado con el techo de gasto


La ministra Montero ha restado importancia al veto del PP al techo de gasto. / EP

Tras la victoria de Pablo Casado en el Congreso del PP, no son pocos los socialistas que se felicitan porque el giro a la derecha de los populares va dejar espacio libre en el centro político a Pedro Sánchez. Sin embargo, la oposición sin cuartel que augura Casado, que ya ha ordenado a sus diputados y senadores que se opongan a cualquier medida puesta en marcha por el Gobierno, amenaza con enredar la primera medida de calado puesta en marcha por Sánchez: la relajación de los objetivos de déficit. Y es que los populares, con su mayoría absoluta en el Senado, amenazan con vetarlo. En un gesto, eso sí, más político que verdaderamente efectivo a la hora de bloquear la legislatura a diferencia de lo que pueden hacer los ocho diputados del PDeCAT.

Es entre viernes y lunes, 27 y 30 de julio, cuando los nuevos objetivos de déficit negociados por el Gobierno por Bruselas se votan en el Congreso y el Senado. Una nueva senda que establece un compromiso de déficit del 1,8% para 2019, cinco décimas mayor que el anterior objetivo del 1,3% fijado por el Gobierno del PP. El techo de gasto también se comunica a las Cámaras pero no se somete a votación, simplemente se informa de él, según establece la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Un techo de gasto que en 2019 sería de algo más de 125.000 millones de euros, un 4,4% más que en 2018. Y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya ha señalado que en caso de que la nueva senda de objetivos de estabilidad no reciba la aprobación de las Cámaras, se seguirá aplicando la que dejó fijada el anterior Gobierno del PP. En cualquier caso, Montero ha asegurado que el techo de gasto seguiría siendo “muy similar” al ya aprobado por el Consejo de Ministros.

La nueva senda de reducción de déficit acordada entre el Gobierno y Bruselas no hace sino dar carta de naturaleza al desvío que ya se va a producir en este ejercicio, en 2018. Algo que ya se asumía en los organismos internacionales –de ahí, en buena medida, el beneplácito de la Comisión- y que también preveía la propia Airef, que en su último informe, difundido la semana pasada, apuntaba a un déficit del 2,7% para este año, justo cinco décimas por encima del 2,2% pactado por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Y una vez conseguido el visto bueno de las autoridades europeas, las urgencias para ajustarse a la cifra de déficit antigua no son acuciantes para el Gobierno.

Así las cosas, lo más preocupante para Sánchez es el mensaje de soledad que puede transmitir con la votación de los objetivos de déficit. Y es que los socios parlamentarios de Sánchez, a la vista de la probable negativa del PP en el Senado, están planteándose mandar un mensaje político votando en contra o absteniéndose en la votación. Tanto Unidos Podemos, como Compromís, junto a ERC y el PDeCAT, no han desvelado el sentido de su voto, a la espera de que se despeje la posición del PP en el Senado.