Entrevista / Miguel del Arco Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1258. 31  de agosto de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Miguel del Arco, autor y director teatral

”Si no hay heridas no hay teatro”

Es un hombre tranquilo más en la forma que en el fondo, un extraordinario conversador, y autor de un teatro que aporta ideas y emociones: que estremece. Un profesional que, junto a tres compañeros, apostó por la arriesgada aventura del Teatro Pavón-Kamikaze de Madrid, que estos días inaugura su tercera temporada en medio de un éxito colosal de crítica y público. Un proyecto basado en la dramaturgia contemporánea porque, como sostiene Miguel del Arco, “escribir teatro que no sea representado es la muerte del teatro”.

ALEX PUYOL

El poeta siempre indaga dentro de la condición del ser humano”   “Jauría’ es un ejercicio teatral demoledor, porque lo que se escucha en el juicio de ‘La Manada’ es absolutamente demoledor”

¿Qué destaca de la programación de la nueva temporada del Pavón-Kamikaze?
Considero que tenemos una temporada brillantísima. Por autores, por directores y por actores. Arrancamos con ‘Un enemigo del pueblo’, en versión libre de Álex Rigola sobre el original de Henrik Ibsen, que dirige el propio Rigola, y que va a enfrentar en el duelo de los hermanos Stockmann nada menos que a Israel Elejalde y a Irene Escolar. Rigola transforma al hermano que es el alcalde del pueblo en una mujer, el papel que interpreta Irene Escolar. Después viene nada menos que ‘El precio’, de Arthur Miller, con dirección de Silvia Munt y con dos actores formidables: Gonzalo de Castro y Tristán Ulloa. Seguirá Pascal Rambert, autor que va a estar de nuevo en nuestra programación y que ha escrito un texto, ‘Hermanas’, que se va a estrenar simultáneamente aquí y en París, y que une en el reparto a Bárbara Lenny y a Irene Escolar. Volvemos a recuperar, dentro de nuestro compromiso con las reposiciones, porque nosotros somos un teatro de repertorio, ‘Ilusiones’, que es la función que yo dirigí la pasada temporada con Marta Etura y con Daniel Grao. También volvemos a reponer ‘Blackbird’, el fantástico texto de David Harrower, dirigido por Carlota Ferrer. Y luego hacemos una cosa fabulosa, muy tremenda, alrededor del teatro documento, que son dos textos de Jordi Casanova escritos a partir de hechos reales. Se trata de ‘Port Arthur’, una función que se basa en un interrogatorio en una comisaría australiana que se da a partir de una matanza terrible en la que hubo más de 30 víctimas. Y el otro texto de Jordi Casanova es ‘Jauría’, que yo dirijo a partir del juicio a los integrantes de ‘La Manada’. Todo esto, y más, se interpretará en la sala grande del teatro. Y en la sala pequeña habrá funciones dentro de nuestro compromiso con autores emergentes, como Eva Redondo o Íñigo Guardamino, entre otros. Tenemos 23 funciones esta temporada, lo que nos sitúa al nivel de cualquier teatro nacional, siendo como somos un teatro absolutamente privado.

La temporada se inicia con ‘Un enemigo del pueblo’, en cuyo reparto figura Willy Toledo. ¿Se está siendo injusto en este país con este actor?
Yo creo que se nos da especialmente bien en este país linchar. Y considero que la condición de la libertad de expresión es la libertad de expresión. Pienso que se puede estar de acuerdo o no estar de acuerdo con Willy Toledo, incluso que te pueda repugnar lo que diga Willy Toledo, pero que se linche mucho más a Willy Toledo que a un señor que es el representante de la Fundación Francisco Franco, que puede estar saliendo socialmente a reivindicar esa Fundación y que aparece en televisión y lo invitan a programas, y que no haya un antes y un después, ese linchamiento constante a Willy Toledo por lo que dice este actor, me parece anecdótico respecto a otras cosas que me parecen terribles. Hace unos días desde la Fundación Franco dijeron que si se exhuman del Valle de los Caídos los restos de Francisco Franco ellos hacen un llamamiento a un nuevo alzamiento nacional. Yo creo que eso debería haber conmocionado absolutamente a una sociedad moderna como la que tenemos, a una democracia como la nuestra y, desde luego, tendría que haber actuado ya la Fiscalía para decir “esto sí que no se puede decir”.

¿En qué va consistir ‘Jauría’, cuyo estreno está previsto para el 3 de marzo?
Jordi Casanovas ha hecho, a partir de lo que fueron los interrogatorios reales a los cinco inculpados de ‘La Manada’ y a la víctima, un teatro documental, sin añadir ni una palabra de ficción, sólo la ficción se convierte, como hizo este autor en la obra ‘Ruz-Bárcenas’, en la elección del corte y pega que hace de esas declaraciones. Y es un ejercicio demoledor, porque lo que se escucha en ese juicio resulta absolutamente demoledor.

Usted ha hecho una sensacional versión de ‘Antígona’, ha reivindicado la figura de Helena de Troya en ‘Juicio a una zorra’, y ha entrado en el drama de los inmigrantes en ‘Refugio’. ¿Hasta qué punto su teatro transmite heridas’?
Creo que el teatro es el conflicto siempre. Y el conflicto permanentemente produce heridas. De una manera u otra, si no hay heridas no hay teatro. Heridas en el más amplio sentido de la palabra, es decir, en las comedias siempre hay también alguna herida. Considero que esa es la forma de indagar. El teatro es una manera de mirar hacia donde los demás apartan la vista. Y generalmente tendemos a apartar la vista de aquello que nos produce dolor. Si vemos una herida real, tendemos a apartar la vista. Y el teatro tiene la obligación de mirar esa herida en profundidad.  

Antígona luchaba por un entierro digno de su hermano. ¿Hasta qué punto la tragedia es la misma desde los tiempos de los griegos aunque cuente con nuevas víctimas y verdugos?
Evolucionamos en las formas pero los fondos siguen siendo los mismos. Nos preocupa lo de siempre. Nos preocupa la dignidad, la libertad, el amor, la muerte. Federico García Lorca decía que en el teatro había cosas que son las fundamentales, como la voz del amor y la voz de la tragedia. La cuestión es que el poeta siempre indaga dentro de la condición del ser humano. Y los seres humanos tampoco hemos cambiado tanto respecto a las cosas que nos preocupan. Nos preocupa que nos quieran, vivir bien, tener una buena muerte, tener una buena vida. Va cambiando la forma en la que se desarrollan los conflictos que rodean todas estas cosas, pero realmente las cuestiones que nos preocupan eran, son y serán siempre las mismas.

“Las cuestiones que preocupan al ser humano eran, son y serán siempre las mismas”

En relación a ‘Ilusiones’, la obra de Ivan Viripaev que usted dirige, ha afirmado que vivimos de espaldas a la muerte.
Resulta curioso porque España no es un país que viva de espaldas a la muerte. Recientemente hablaba con unos amigos, que ella es española y está casada con un alemán, y Julieta, la hija, una cría de ocho años que vive más en Alemania que en España, siempre que viene aquí le produce horror la Semana Santa. Todo ese concepto alrededor de la muerte. Somos un pueblo con unas hondas raíces enredadas en la muerte. Pero paralelamente estamos construyendo una sociedad en la que vivimos como si fuéramos eternos. No nos gusta pensar en la muerte. Parece que lo viejo no tiene sentido y que vamos a durar de forma permanente. Pero a mí me gusta pensar en la muerte. Seguramente porque me la encontré pronto. Entonces la tengo como buena compañera. Y pienso que si no hay una pulsión de muerte es difícil que haya una pulsión fuerte de vida. Yo perdí a un hermano muy pronto. Bueno, a mí me parece evidentemente muy pronto porque porque considero que mi hermano no tenía que haber muerto. Falleció cuando iba a cumplir 40 años. Y esa primera muerte nefasta y tremenda, absolutamente inesperada y contra natura, porque no era la que se aguardaba por el tiempo normal, hace que haya un antes y un después en tu vida radicalmente. Pero la potencia vital de mi familia es capaz de transformar algo tan profundamente doloroso en un asunto que, aunque es una herida abierta permanentemente, que además no se cerrará nunca, sí contribuye a crear una noción del pulso de vida muy firme y muy grande.

La temporada en el Pavón-Kamikaze se cerró en julio con ‘Juicio a una zorra’. ¿Qué sensaciones tiene usted de esta obra, que usted escribió y dirige, y que lleva tantos años en cartel?
Un día, hablando con Nuria Espert, me contaba que ella había representado en nueve ocasiones a Medea, y que Medea había crecido con ella. Es decir, que no era la misma Medea la que había representado con sólo 19 años de edad que la que había representado con más de 60. En este caso, Carmen Machi interpreta al mismo personaje, Helena, pero también ha evolucionado. Y a mí eso me gusta mucho porque los actores, en las funciones, se asientan. Y si se trata de intérpretes superlativos, como es el caso de Carmen Machi, donde si ya era toda una experiencia ver a Carmen interpretando ‘Juicio a una zorra’ cuando se estrenó, después de cinco años de ir haciendo la obra esporádicamente, porque tampoco la venimos poniendo de seguido, porque la agenda de Carmen no lo permite, pero sí que hay con el paso del tiempo una entereza, un poso, un conocimiento, una sabiduría, que la hace estar todavía más en el dominio de su arte.

Alquiler, rentabilidad… Y teatro

En la presentación de la nueva temporada anunciaron ustedes que van a dejar el Teatro Pavón dentro de un año, debido al elevado coste de alquiler de la sala y por los muchos gastos de mantenimiento que supone. ¿Han pensado dónde ir para que el proyecto teatral Kamikaze siga vivo?
No. Pero sí tenemos la seguridad de que debemos abandonar este espacio porque es decididamente imposible seguir aquí. Nos parece absurdo tener que estar haciendo teatro sólo para pagar un alquiler absolutamente desorbitado, en un teatro que, aunque lo amo profundamente, no vale el importe de ese alquiler porque no reúne las condiciones adecuadas. El señor que es el dueño de este teatro, aunque cobra mucho de alquiler, no invierte nada en el mantenimiento de un edificio que acumula ya más de cien años de vida. Y aquel día lanzamos el órdago. Porque nuestro proyecto está basado en la dramaturgia contemporánea y se ha asentado de una manera firme en sólo dos años, tiene el refrendo del Premio Nacional de Teatro, el refrendo de la profesión y del público, y nunca puede ser rentable porque una programación de 23 producciones al año como la nuestra no puede resultar nunca rentable. En España la rentabilidad de un espacio privado consiste en que tú saques una producción al año y procurar que esa producción se rentabilice durante todo un año, que ocupe la cartelera durante toda la temporada, y ahí sí se gana dinero. Pero nosotros nunca tuvimos la idea de ganar dinero con este proyecto, pero sí de que no nos cueste el dinero, porque somos profesionales y pretendemos evidentemente vivir de nuestra profesión. Y lanzamos el órdago para movilizar a la gente de la Administración, porque yo creo que este es un espacio que tiene que existir. En Madrid no existe ninguna casa dedicada a la dramaturgia contemporánea. Y hay una enorme y vitalísima generación de dramaturgos escribiendo cosas fabulosas, que si no tienen un espacio para representarlas, desaparecerán, porque escribir teatro que no sea representado es la muerte del teatro. Yo confío en que la gente de la Administración espabilará. Porque no podemos seguir así y yo espero que se encuentre una solución. Las conversaciones con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid siempre han sido buenas, bien dirigidas. Pero las administraciones son lentas. Extenuantemente lentas.

 

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