Tribuna / Cristina Narbona Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1258. 31  de agosto de 2018

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Tribuna / Cristina Narbona

¿Un nuevo relato para la UE?

EUROPA PRESS

El Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en un importante actor en la definición urgente de la política migratoria desde la consideración de la responsabilidad de la UE ante la creciente vulnerabilidad de los países de origen

La celebración en la UIMP del seminario “Quo vadis, Europa?” –que desde hace diecinueve años dirige el actual ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell–, me ha permitido compartir, una vez más, una rigurosa reflexión sobre el papel de la UE en un mundo cada vez más complejo, y, en particular, sobre la necesidad de construir una nueva narrativa que atraiga a los propios europeos y neutralice las crecientes tendencias eurofóbicas.

En el debate ha habido una importante coincidencia sobre las razones de la desafección hacia el proyecto europeo, identificado por un número cada vez mayor de ciudadanos, como una burocracia supeditada a los poderes económicos, y por lo tanto, corresponsable de las graves secuelas de las “políticas austericidas”. Si no se reorienta, por tanto, la actuación de las instituciones europeas, seguirá aumentando el número de quienes piensan que sus vidas serían mejores fuera de la Unión Europea. Una tendencia especialmente preocupante cuando quedan pocos meses para que se inicie la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo, donde podrían alcanzar un peso determinante los partidos contrarios a la construcción europea.

Se imponen, pues, nuevas políticas acordes con un nuevo relato; ya no emociona, en particular a los más jóvenes, la evidencia del éxito de la UE en cuanto a la ausencia de conflictos bélicos entre sus países miembros o la consolidación del modelo europeo del Estado del Bienestar –que, a pesar de todos sus retrocesos y carencias, sigue siendo casi el único referente a nivel mundial–. La Unión Europea se enfrenta a nuevos desafíos que condicionan su futuro e incluso lo cuestionan: se ha hablado, y mucho, de los flujos migratorios, que están concentrándose en determinados países en ausencia de una verdadera política europea que garantice, simultáneamente, la seguridad de nuestras fronteras y los derechos humanos de quienes huyen de situaciones de pobreza o de graves conflictos.

El actual gobierno español se ha convertido en un importante actor en la definición urgente de esa política, desde la consideración de la responsabilidad de la UE ante la creciente vulnerabilidad de los paí­ses de origen de los flujos migratorios.

El cambio climático afecta ya gravemente al continente africano, así como a Oriente Próximo, reduciendo la capacidad de acceso al agua potable y a los alimentos, y en general a unas condiciones de vida dignas y seguras para millones de seres humanos. Y la UE –que durante mucho tiempo ha sido un actor global pionero y comprometido tanto con la ayuda al desarrollo como con la lucha contra el cambio climático–, no está respondiendo con la intensidad necesaria ante estos desafíos; más bien al contrario, está invirtiendo recursos en intentar frenar la inmigración sin atender a las causas de la misma, con actuaciones también insuficientes en la persecución de las mafias que se aprovechan de la desesperación de tantos. La UE corre el riesgo de creer­se protegida por barreras completamente inútiles ante la dinámica demográfica y las motivaciones ya señaladas, mientras su población envejece y sus sistemas de protección social se resquebrajan. No faltan informes sobre las ventajas económicas y sociales a medio plazo de una integración ordenada de emigrantes en la UE; ni tampoco propuestas concretas para favorecer dicha integración, que podría, por ejemplo, ayudar a un país como el nuestro a frenar la despoblación y el envejecimiento del medio rural mediante procesos concertados con administraciones y habitantes de dicho medio.

La UE puede, además, asumir un mayor liderazgo en el desarrollo de los países africanos, compitiendo allí con el creciente protagonismo de China, por ejemplo en la promoción de la energía solar, que constituye ya el principal vector de la necesaria electrificación del África Subsahariana. Y puede, y debe hacerlo, impulsando la educación y el empoderamiento de las mujeres africanas, cuyas altas tasas de natalidad siguen representando un lastre para su desarrollo personal y su integración en el mercado de trabajo, al tiempo que alimentan el número de potenciales emigrantes de los años venideros. Un nuevo relato: la UE como motor de una globalización más justa y más segura.

Firma

Presidenta del PSOE, partido del que es miembro desde 1993. Doctora en Economía por la Universidad de Roma, ha sido, entre otros cargos, secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda (1993-1996) y ministra de Medio Ambiente (2004-2008), así como embajadora de España ante la OCDE (2008-2011). Desde enero de 2013, y hasta su elección como presidenta del PSOE, ha sido consejera del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Es miembro del Global Sustainability Panel del secretario general de Naciones Unidas (2010-2012), de la Global Ocean Commision y de la Red española de Desarrollo Sostenible. También forma parte del colectivo Economistas frente a la Crisis. 

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