Entrevista / Víctor Clavijo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1259. 7  de septiembre de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Víctor Clavijo, actor

“La cultura estaba siendo pisoteada por el Gobierno anterior”

Viene del gimnasio en una mañana de fuerte calor, y dice que en todo caso echa en falta ese calor húmedo de Algeciras, donde nació. Víctor Clavijo asegura que ‘Lehman Trilogy’, la obra que actualmente interpreta en los Teatros del Canal, de Madrid, es la función más exigente de las que ha hecho hasta ahora. También prepara un enorme reto: encarnar al detective Germán Areta en la nueva versión de ‘El Crack’ que este otoño empezará a rodar José Luis Garci. Y habla de política: “Percibo ahora un aire fresco y un aire de renovación política”, afirma.

“Lehman Trilogy’ refleja el desarrollo salvaje del capitalismo a través de una familia y en el contexto de Estados Unidos”   “Sé que con la nueva entrega de ‘El Crack’ va a haber comparaciones con Alfredo Landa, pero espero que no sean demasiado crueles conmigo”

La obra ‘Lehman Trilogy’ cuenta la historia de tres generaciones de la familia Lehman, desde que Henry Lehman, el hijo mayor, sale de Baviera en 1844 y llega a Estados Unidos, hasta la caída de Lehman Brothers en 2008.
La obra no sólo es la historia de tres generaciones de los Lehman desde su llegada a América con fuertes raíces tradicionales judías, hebreas, basadas en el comercio, sino que se refiere también a cómo este apego a la tradición y a la religión va desapareciendo poco a poco por una idea cada vez más ambiciosa respecto al dinero, de especular con el dinero, y de cómo esa cultura del dinero finalmente cala en Estados Unidos. Los Lehman también están muy presentes en muchas de las cosas que hoy nos toca vivir en el siglo XXI. Son iniciadores de importantes proyectos innovadores en su día. Fueron, por ejemplo, impulsores del Canal de Panamá como una iniciativa meramente especulativa y para ganar dinero. Están detrás del desarrollo informático, de los primeros ordenadores. Y del desarrollo de la aviación comercial. Es decir, los Lehman Brothers están detrás de muchas cosas de las que actualmente disfrutamos. Aunque eso no se conozca demasiado. Pero toda aquella fiebre de la especulación económica se les va de las manos en 1929, y después, en 2008, aunque ya la Brothers había dejado de pertenecer a aquella familia. Los Lehman son, pese a todo, grandes innovadores y gente con una iniciativa importante. La obra refleja el desarrollo salvaje del capitalismo a través de una familia y en el contexto de Estados Unidos. Esta función habla de la historia de esta gente, de cómo montan la empresa, se inventan el negocio de los intermediarios, cosa que prácticamente no existía antes, pero ellos lo inventan, y cómo a partir de ahí empiezan a especular con el dinero, compran dinero para vender dinero, no para comprar cosas, y aprenden a prestar dinero. Ese es el negocio que montan. Ellos están presentes cuando se crea la Bolsa de Nueva York. Y fueron unos enormes entusiastas de aquel invento. Y nuestra intención, claro, es criticar su avaricia.

La obra, según se dice en el programa, “narra a través del humor y del relato las diferentes etapas de construcción y deriva del capitalismo moderno”. Tras ver la función, ¿qué idea del capitalismo considera usted que se puede llevar el espectador?
Se da una circunstancia muy curiosa porque nosotros consideramos que la obra le puede gustar a la gente capitalista y a la gente anticapitalista. El capitalista la va a asociar con el goce y el disfrute de ver cómo estos grandes emprendedores no dejan de ganar dinero y están detrás de los grandes avances capitalistas de su época, del capitalismo moderno. Y el anticapitalista va a deducir: todo esto es lo que nos condujo a donde ahora estamos. Es una obra que de alguna manera busca no posicionarse en un lugar ni en otro, resulta tan abierta que la van a disfrutar todos. Aunque naturalmente nosotros queremos contar cómo la ambición desmedida, esta cosa de la avaricia, finalmente provoca que el saco se rompa. Pero considero que los neoliberales pueden disfrutar también de la obra.    

En el programa se habla de actores-músicos, de muchos personajes, y la obra dura tres horas.
Es una función muy exigente. Yo creo que la más exigente de las que he hecho hasta ahora. No sólo por lo que convoca a nivel de construcción de personajes, sino por toda la coreografía que hay de entradas y salidas, de movimientos, y una exigencia incluso fuera de escena para que todo esté controlado y en su sitio. Hay canciones que interpretamos los actores. Y todo esto sin parar ni un momento y durante tres horas. Se trata de una función muy exigente física e intelectualmente para todos los actores. El primer libreto que me llegó era un gran poema en verso libre en el que se contaba la historia, no sé si el original de Stefano Massini, el autor, era así o no, y me atrapó desde el principio. Y si en principio me atrapó de ese modo, no digamos después, con la puesta en escena de Sergio Peris Mencheta, que hace la función muy dinámica, es prácticamente un carrusel. Porque esta historia es una epopeya y hay que contarla como una epopeya. Eso requiere una duración también. Es como si contáramos ‘El Padrino’, las tres partes de ‘El Padrino’ de una sola vez, y eso, claro, exige una duración.

Usted va a protagonizar una precuela de ‘El Crack’, dirigida por José Luis Garci, película que está previsto que empiece a rodarse este otoño. ¿Qué supone para usted interpretar un personaje, el detective Germán Areta, que todo cinéfilo vincula en su memoria con Alfredo Landa?
Supone un gran honor y una gran responsabilidad. Pero, de partida, intento que la responsabilidad no pese demasiado. Porque no voy a aspirar a hacer de Alfredo Landa. No puedo. No tengo ni su físico, ni su voz, ni su energía. Lo que pretendo es crear un Germán Areta que la gente diga “pues sí, es Germán Areta, no es Alfredo Landa, pero tiene las características de Germán Areta, su energía, su psicología, su carácter”. Tiene todo lo que es Germán Areta. La película nos presenta un Germán Areta cinco años más joven del que conocimos en la primera entrega de ‘El Crack’, y ahí existe un pequeño margen para crear tu propio Germán Areta. Soy consciente de que hay mucha expectación. Sé que hay gente que dice que no le convence que yo haga ese personaje. Trataré de beber todo lo que pueda de Alfredo Landa, e incorporar de él todo lo que me sea posible al personaje. Pero claro, hay un punto de hasta aquí. Porque lógicamente no tengo las características de Alfredo Landa, ni su talento. Tengo otro talento distinto que no es el suyo. Sé que va a haber comparaciones, pero espero que no sean demasiado crueles conmigo, y confío en enfrentarme al trabajo sin que eso me pese demasiado. Porque, de lo contrario, es una carrera de responsabilidad con la que no voy a ninguna parte.

José Luis Garci se ha referido a las dificultades de rodar actualmente ‘El Crack’ en la Gran Vía madrileña, que en los años 80 era una calle, en su opinión, de cierta atmósfera neoyorquina, y ahora, afirma, se ha llenado de tiendas de chinos.
Sí, ha dicho Garci que para él va a suponer una gran dificultad grabar en la Gran Vía, porque no encuentra ningún tiro de cámara en el que no salga una tienda de chinos o unos grandes almacenes. Es cierto que ese carácter que tenía la Gran Vía en los años 80 de calle sucia suponía una atmósfera muy identificativa de ‘El Crack’, en la España que empezaba a entrar en la democracia, pero aún conservaba esa cosa gris, pesada, de un frío invierno oscuro que arrastrábamos del franquismo. Y eso forma parte de la atmósfera de ‘El Crack’. Aquellos bares, aquellos billares. Eso lo podrá recrear Garci, pero en la Gran Vía actual lo va a tener complicado. Creo que él se está planteando buscar en otros lugares tiros de cámara que simulen a aquella Gran Vía, y que conserven ese aspecto un poco más sucio de la Gran Vía madrileña de los años 80.

Al preparar un personaje, ¿en qué medida vuelca usted formación actoral, experiencia, imaginación e instinto?
Se vuelca todo eso. La dosis: cada trabajo requiere una cosa completamente distinta. Hay trabajos en los que de repente un golpe de intuición provoca que veas al personaje a las primeras de cambio. Por ejemplo, en el Lope de Vega a quien he interpretado en la serie televisiva ‘El ministerio del tiempo’, el disparador, lo que me colocó ya en la acción clara del personaje, fue una sola palabra que pronunció la actriz Aura Garrido durante la lectura del guión. Parece una simpleza, pero esto hace que tu intuición vaya en una dirección muy concreta y toda tu técnica se ponga al servicio del personaje. Cuando Aura Garrido mencionó esa palabra me dije: “Aquí está, esto es”. Y con esa mentalidad encarno una etapa en la vida de Lope de Vega en la que efectivamente era como una estrella del rock. La gente, entonces, tenía en sus casas de la calle Huertas cuadros de Lope de Vega. Era el dramaturgo que triunfaba en los escenarios. Y todo eso te ubica en un lugar muy concreto para contar ese personaje. Otras veces no te llega la intuición y necesitas un análisis en mayor profundidad del personaje, un análisis más técnico. Yo trabajo mucho intentando alimentar el subconsciente. Con todo lo que puedo. Con referentes, con literatura, con cuadros, con música, con un estudio previo y psicológico del personaje. Se trata de que, de alguna manera, todo lo que está en el subconsciente, en la mochila de ese personaje, en algún momento salga o algo me haga dar con la tecla adecuada para interpretarlo. Yo confío mucho en los golpes de intuición. Pero, al mismo tiempo, soy y he sido siempre un actor muy técnico.

Usted practica desde muy joven la fotografía.
En la fotografía valoro tres aspectos esenciales: la luz, la composición y el instante. La fotografía me ha ayudado a poner la mirada fuera de mí, a reencontrarme con el mundo. Los actores, a veces, nos miramos demasiado para dentro, para ver qué siento yo conmigo mismo, con el arte, con el mundo, con mi oficio, y la fotografía me ha ayudado a conectarme un poco más con el presente. Cuando hago fotografías percibo que estoy muy instalado en el momento presente. Es una actividad muy terapéutica para mí.

Un aire político fresco

¿Cómo ve la situación política?
Yo doy un voto de confianza al actual Gobierno. En el cambio he sentido cierta esperanza. Creo que hace unos meses estábamos en un momento irrespirable política y socialmente. Y en este cambio hay una cierta esperanza de renovación y de aire fresco en lo que supone la política social, económica, educativa y cultural, todos los factores que de alguna manera suponen el progreso de una sociedad. Porque la cultura estaba siendo pisoteada por el Gobierno anterior. Y eso lo habíamos denunciado muchísimas veces desde el mundo de la Cultura. Y ya el mero cambio supone una cierta esperanza. Yo no me caso con ningún partido político y a todos los pongo en tela de juicio porque todos son susceptibles en principio de traicionar sus propias políticas y sus propios principios. Y eso no quiere decir que yo no tenga una ideología. Porque tengo una ideología, por supuesto, no soy apolítico. Espero a ver lo que van haciendo y confío en que el actual Ejecutivo haga bien las cosas. Ojalá.