Tribuna / Pere Navarro Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1259. 7  de septiembre de 2018

- - --

 

 

Tribuna / Pere Navarro

Calles


EUROPA PRESS

La saturación de elementos amarillos en forma de pintura, plásticos y otras modalidades se hace tan agobiante y contaminante que ya empieza a ser contraproducente a la hora de conseguir los objetivos de sus defensores

El verano es una época propicia para disfrutar del espacio público de manera relajada. Pasear, asistir a actos culturales, estar en contacto con la naturaleza en todas sus modalidades, campo, montaña, playa, etc.

Es un buen momento para charlar en largas veladas con aquellos amigos a los que sólo vemos de año en año pero que siempre sentimos cerca a pesar de ello.

Este verano ha sido, y todavía está siendo, diferente. El espacio público no es el lugar de encuentro en el que se comparten ideas, sentimientos y experiencias.

En Catalunya las calles, plazas, carreteras, rotondas y muchos otros lugares se han convertido en el escenario de la “revolución” de unos cuantos que han encontrado un nuevo sentido a su vida. Es más, muchas fachadas de instituciones públicas muestran, también, símbolos que únicamente representan a unos cuantos, en un nuevo y burdo intento de manipulación y de poner al servicio de una parte unas instituciones que, en democracia, en esa democracia que ellos tanto reclaman, deben representar al conjunto de la ciudadanía.

Algunos, por cierto, actúan con mucho mas entusiasmo ahora que cuando, bajo el franquismo, había que luchar por las libertades democráticas. Era la época de “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”, la época de las ‘vietnamitas’ con las que se imprimían octavillas ilegales reclamando un sistema democrático para España. Cuando las reuniones eran clandestinas y las manifestaciones duramente reprimidas, los presos políticos (de verdad) eran torturados y los exiliados (de verdad) sobrevivían como podían en sus países de acogida.

De todas maneras las vocaciones revolucionarias, aunque sean tardías, no son criticables y expresar opiniones libremente es algo por lo que muchos hemos luchado humildemente desde hace décadas pero eso debe ser compatible con el respeto hacia los que piensan distinto.

La saturación de elementos amarillos en forma de pintura, plásticos y otras modalidades se hace tan agobiante y contaminante que ya empieza a ser contraproducente a la hora de conseguir los objetivos de sus defensores.
Cada vez recuerda más a aquel “la calle es mía“ que proclamó Manuel Fraga siendo ministro de la dictadura franquista.
Cada vez más gente, incluso algunos que podrían ver con simpatías la reivindicación, está más harta del omnipresente amarillo que tapa todos los demás colores y todas las demás opiniones tan legítimas como las suyas.

Los griegos inventaron el ágora, la plaza, el lugar donde se debatía civilizadamente sobre el futuro de la polis. El lugar donde tenían lugar los intercambios comerciales y diversas actividades de interés  público. El ágora  fue la evolución natural de un sistema en el que quienes mandaban estaban encerrados en el palacio fortaleza de la acrópolis y los demás sólo obedecían.

Estos días parece que a algunos ya les va bien que el espacio público sea de enfrentamiento y no de diálogo. Ya les va bien continuar alimentando el odio desde sus acrópolis. Hacerse fotos poniendo o quitando lazos pero sin hacer ni una sola propuesta razonable para solucionar un problema que ya no es político, que está incrustado en la columna vertebral de una sociedad cada vez más crispada.

Hay que volver a la razón, pensar en cómo rebajar la tensión y poner las luces largas. Entablar un diálogo que construya un nuevo marco de convivencia aceptado por la inmensa mayoría y votarlo en una consulta que sirva para fortalecer nuestro proyecto común y no para aumentar una división que nos hará más pobres y débiles.
Y dejemos las calles y las plazas tranquilas de una vez.

 

Firma

Miembro del Comité Federal del PSOE, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament.En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.

-

-

-

-

José García
Abad


.
Miguel Ángel
Aguilar


-
Cristina
Narbona


-

Julio Rodríguez Fernández


-

Belén
Hoyo



-
Joan
Tardà


-
Carmen
Calvo


-
Cristina
Antoñanzas


-

Carles
Campuzano



-

Ignacio
Aguado



-
Inmaculada
Sánchez


-
Sergio
del Campo


-
Miguel Ángel Paniagua



.

Graciano
Palomo



.

Bruno
Estrada


.
José Antonio
Pérez Tapias


-
Joan
Navarro



-
José M. Benítez
de Lugo



-

José Luis
Centella


-
Pablo
Bustinduy


.

Jesús
Lizcano


,
Carlos
Berzosa



,

Julio Rodríguez López

-
Mauro
Armiño


.

Pere
Navarro



.

Julius
G. Castle