Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1259. 7  de septiembre de 2018

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Tribuna / José Antonio Pérez Tapias


Sería falsa la paz del cementerio

Es imposible reconvertir en símbolo de reconciliación lo que fue lugar de infame represión de los vencidos

Hablamos de la propuesta del presidente Sánchez de convertir el Valle de los Caídos en un cementerio civil. El asunto se instala en el debate mediático en continuidad con las polémicas en torno a la exhumación de los restos del general golpista, genocida y dictador Francisco Franco.

Sin duda, el día en que el Gobierno aprobó el decreto ley para la reforma del articulado de la Ley de Memoria Histórica, a fin de dar firme cobertura jurídica a la exhumación de quien yace en panteón cuya construcción en el megalómano Valle de los Caídos respondió a decisión criminal de él mismo, fue vivido por muchos como jornada en la que la dignidad democrática se levantó recordando a los “caídos” que allí fueron arrojados por decenas de miles. Precisamente por esa clara decisión a favor de la memoria no se entiende el porqué de la propuesta de un “cementerio civil” como destino de un lugar que, con toda su pétrea solidez, oscila entre panteón del dictador –y de Primo de Rivera, fundador de la Falange, sobre cuyos restos no se habla de traslado toda vez que se le trata como “víctima” por cuanto fue fusilado en la cárcel de Alicante en los comienzos de la guerra civil– y gigantesca fosa común de miles de republicanos, ya fusilados, ya muertos por extenuación a causa de los trabajos forzados en donde quedarían enterrados. Lo sorprendente es que el presidente Sánchez lanza tal propuesta tras visitar en Santiago de Chile el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos erigido como recordatorio de los crímenes de la dictadura de Pinochet. Parece paradójica conclusión de la visita que en relación al Valle de los Caídos se renuncie a que sea lugar de memoria, para que sea “cementerio civil”, con lo que esa idea tiene de neutralización de la memoria.

La idea de un “cementerio civil” –indicios hay de que funciona al respecto una improcedente traslación  del “modelo Arlington” del famoso cementerio para los héroes estadounidenses, desde la Guerra de Secesión hasta hoy, muertos en acciones militares o por atentados criminales– supone también un cambio notable respecto a las mismas conclusiones expuestas en noviembre de 2011 por comisión promovida por el gobierno socialista de Zapatero para dilucidar el futuro del Valle de los Caídos. Esa comisión insistió en la “resignificación” del lugar, de manera que dejara atrás su condición de monumento para la mayor gloria del dictador.

Es cierto que, señalando dificultades para la exhumación de los restos de Franco que ahora se trata de sortear con el mencionado decreto, el informe de tal comisión ponía el acento en una “resignificación” posible y necesaria, focalizándola hacia la reconciliación entre los españoles. De suyo es imposible reconvertir en símbolo de reconciliación lo que fue lugar de infame represión de los vencidos. Pero por ello, muchos consideramos que la resignificación es imprescindible, pero justamente como lugar de memoria de las víctimas y recuerdo de la barbarie que a esa condición las llevó –cabe aludir, salvando distancias, al “modelo Auschwitz”–. Incluso desde el punto de vista arquitectónico, a pesar de la fealdad que comporta para muchos la pretenciosa grandiosidad monumental, ello no deja de ser testigo de la estética fascista de una época ominosa de triste recuerdo –incluyendo el de una Iglesia que arrastra el peso de su connivencia con la dictadura desde el nacionalcatolicismo con que bendijo desde el inicio la guerra civil como “cruzada”–. Todo ello no debe quedar oculto para la historia.

Si, como escribe el poeta argentino Juan Gelman –que en magistrales piezas tanto dolor expresó por lo sufrido bajo la ignominiosa dictadura que asoló a su país–, “la memoria pone a la herida en su lugar”, a la memoria nos debemos y no a la paz de un cementerio que, obviando el recuerdo de lo que no debe ser olvidado, siempre sería falsa.

 

Firma

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

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