Tema de Portada de el Nuevo Lunes Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1260. 14  de septiembre de 2018

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Tema de Portada de el Nuevo Lunes / Ana Sánchez Arjona

El perfil bajo de la ministra estrella resta peso al superministerio en plena alerta de desaceleración y con Bruselas pendiente de los PGE

Economía pierde fuelle de la mano de Calviño

“Es un crack”, se decía hace tres meses de Nadia Calviño, en un momento en el que la ministra gustaba a todos y en el que el barómetro del CIS  la situaba, junto a Pedro Duque y  Fernando Grande-Marlaska, en el trío de los ministros mejor valorados. Pero llegó el verano, un verano difícil. La crisis turca hacía saltar todas las alarmas y se hacía evidente la ralentización. Mientras, el ministerio estaba desa­parecido. Ninguna explicación, ninguna acción de Gobierno por parte de una ministra con un menguante campo de actuación, sin presencia en el debate político y presupuestario y que parece estar al margen del núcleo duro económico del que se ha rodeado el presidente.


Nadia Calviño, ministra de Economía y Empresa. / EUROPA PRESS

El gran objetivo de la ministra es ser comisaria europea tras las elecciones. Habrá cambios en la Comisión y España tiene derecho al puesto que ahora ocupa Miguel Arias Cañete   No es de extrañar que su aparición, primero en un acto junto a Pierre Moscovici, y luego su conferencia en un foro rodeada de veteranos socialistas, generara tanta expectación

De Nadia Calviño se decía hace poco más de tres meses que era la ministra que gustaba a todo el mundo. Basta un ejemplo especialmente significativo por lo que de singular y excepcional tiene “En un momento clave para la Unión Europea, tener a Nadia Calviño como nuestra nueva ministra de Economía es una garantía de que España seguirá aumentando su peso en las instituciones europeas. Enhorabuena Nadia”. Son palabras con las que Ana Botín celebraba en Twitter el nombramiento de Calviño como ministra de Economía.

El apoyo de la principal banquera española era el espaldarazo definitivo a uno de los nombramientos de Pedro Sánchez que más elogios cosechó. “Es un crack”, era la respuesta más repetida en ese momento cuando se preguntaba por ella.
Incluso, en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas del mes de julio, que catapultaba al PSOE hasta situarlo a solo diez puntos del PP, aparecía Nadia Calviño, junto El titular de Ciencia, Innovación y Universidad, Pedro Duque y el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el trío de los ministros mejor valorados.

Pero lleg el verano, un verano que no ha sido fácil. La crisis turca hacía saltar todas las alarmas sobre cómo y de nuevo los países emergentes pueden hacer saltar por los aires la recuperación además de la guerra comercial emprendida por Estados Unidos o la evidente ralentización económica.

Y en este contexto tan complejo, el ministerio de Economía que dirige Nadia Calviño ha actuado como si no pasara nada. Ninguna explicación, ninguna acción de Gobierno, ningún intento de calmar a los mercados y a los inversores durante el mes de agosto. Únicamente, recién iniciado el curso político y con motivo de una reunión con el ministro de Economía francés, Nadia Calviño no tuvo más remedio que comparecer ante los periodistas para valorar los pésimos datos de paro y turismo conocidos en España. “No hay que sacar conclusiones apresuradas” con esos datos tan negativos que han hecho saltar las alarmas en la economía española. Palabras que apenas tuvieron espacio en los medios.

No es de extrañar que su aparición primero lugar en un acto de Funcas junto con el comisario Pierre Moscovici y luego su conferencia en los Desayunos que organiza Nueva Economía Fórum, generarán tanta expectación. Un Desayuno político al que acudió rodeada de veteranos del PSOE y en el que el IBEX apenas tenía representación. Y es que, dicen, la influencia de Calviño sobre el área económica del Gobierno es muy limitada, a pesar de que esté al frente de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos lo que la convertiría, aunque no sobre papel, vicepresidenta de facto.

Explican que esta actitud de perfil bajo, “de perfil algo más que plano”, comentan los expertos, responde a lo que Pedro Sánchez quiere de ella, es decir, que sea el prototipo, la imagen del rigor presupuestario. Y Calviño se lo ha tomado al pie de la letra. Pero una cosa es esta actitud y otra muy distinta tomar distancia también de la realidad económica.

Nadia Calviño tampoco entra en el debate político, ni presupuestario y  que se sepa no participa de las conversaciones entre el Gobierno y Unidos Podemos en las que se está hablando de la cuentas para 2019 y de políticas de gasto. La titular de Economía parece tener muy claro que quien dirige este negociado es la ministra María Jesús Montero que se ha rodeado de sus andaluces más fieles para acometer esta difícil tarea.

En lo que respecta a los asesores económicos de Pedro Sánchez, también permanece al margen Nadia Calviño. “Se trata de gente curtida en Ferraz dirigida  por Manuel de la Rocha. En esos momentos de debates intensos e internos, la ministra vivía en Bruselas”.

Y es que desde que Luis de Guindos dejó el cargo para convertirse en vicepresidente del BCE, el Ministerio de Economía ha ido perdiendo fuelle. Primero fue Román Escolano, su sucesor, el que pasó con más pena que gloria en los apenas tres meses que estuvo al frente. De él, en el Partido Popular decían que estaba en el puesto únicamente para defender en Bruselas las medidas que tomaba Cristóbal Montoro en España.

Y ahora es Nadia Calviño la que con su táctica de pasar desapercibida sigue restando peso al ministerio.

La combinación de todo esto ha hecho que el campo de actuación, el campo de juego de la ministra sea cada vez más pequeño. Se duda de si tiene hilo directo con los grandes empresarios y se ha puesto en evidencia que apenas influye sobre la política fiscal, aunque sea la encargada de defender las cuentas ante Bruselas, ni se ha hecho imprescindible en gabinete económico que rodea al presidente. “Están en juego sobre todo su futuro y ella lo sabe”, aseguran algunas fuentes consultadas. El gran objetivo de la ministra es ser comisaria europea a finales de 2019 cuando, tras las elecciones de la primavera, cambie la Comisión Europea, en donde España tiene derecho a un puesto que ahora ocupa Miguel Arias Cañete. Cada país elige a su candidato y ella espera ser postulada por Sánchez. No en vano su tarea ha sido facilitarle el camino.

El primer gran desafío de la ministra de Economía es que España cumpla el compromiso de finalizar el año con un déficit del 2,7%, y está en el aire. Era un compromiso de Rajoy pero, como sabe Calviño, Europa y los mercados solo quieren ver resultados.

“No defiendo bajar impuestos, sino todo lo contrario”

La encargada de lanzar el aviso fue la ministra de Economía, Nadia Calviño, que durante un desayuno informativo amenazó con que si se mantiene la meta del 1,3% para 2019, “el aumento impositivo tendrá que ser muchísimo más importante” de lo ya previsto por el Ejecutivo.

Sin embargo, Calviño no aclaró el importe al que ascendería esta subida extra de impuestos. Según los cálculos realizados por el propio Gobierno, la flexibilización de la senda de déficit –que se elevaría del 1,3% al 1,8% para 2019– proporcionaría un margen adicional de 6.000 millones. En caso de que no fuera aprobada, el Ejecutivo tendría dos opciones para cubrir esta cantidad: aumentar los ingresos o reducir los gastos.

La opción preferida por el actual Ejecutivo frente a esta disyuntiva ha quedado bastante clara con los numerosos anuncios de subidas de impuestos que se han hecho hasta la fecha. Pero por si existía alguna duda, el propio Pedro Sánchez se ha encargado de disiparla. Durante su intervención en el Senado, el presidente del Gobierno se mostró dispuesto a elevar los ingresos actuales del Estado –de aproximadamente el 38% del PIB– hasta la media europea, del 46% del PIB. Esto supondría un incremento fiscal por valor de casi 80.000 millones de euros, que el líder socialista no pretende realizar “en dos o tres años” pero que sí se ha marcado como un “horizonte a seguir”.

Su mensaje estaba alineado con el lanzado horas antes por la propia Calviño, que además de pedir “evitar alarmismos con la desaceleración”, afirmaba que “no sería inteligente” reducir la ratio de ingresos. “No defiendo bajar impuestos, sino lo contrario”, añadía más adelante, prometiendo que el Gobierno “no va a aumentar la imposición a las clases medias y trabajadoras”.

La ministra de Economía fue especialmente crítica con la rebaja fiscal aprobada por el PP en 2015, que según sus cálculos ha restado cada año 12.000 millones de euros –0,5 puntos de PIB– a las arcas públicas. “Aplicar nuevas bajadas de impuestos sería una receta contraria a la estabilidad presupuestaria”, añadía.

El importante aviso lanzado por Calviño, ministra de “perfil bajo”, se explica por el bloqueo que PP y Ciudadanos están ejerciendo a la tramitación en el Congreso de la reforma de la Ley Presupuestaria, con la que el Gobierno quiere sortear la capacidad de veto de los populares en el Senado, donde tienen mayoría absoluta.

Hace dos semanas, la Mesa del Congreso controlada por ambos partidos impidió la tramitación exprés de la reforma, que por la vía ordinaria podría tardar hasta seis meses en aprobarse.

Retrasar aún más las Cuentas no parece ser una opción viable para el Gobierno, habida cuenta de la impaciencia de Bruselas. En su visita a Madrid, el comisario Moscovici urgió a Sánchez y Calviño a remitir su plan presupuestario a Bruselas el próximo 15 de octubre.


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