Tribuna / Miguel Ángel Aguilar Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1260. 14  de septiembre de 2018

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

¿Tendrá Cataluña hora propia?


El presidente Jean-Claude Juncker se pronunció en contra del cambio de hora en la UE dos veces al año reconociendo que corresponde a cada uno de los países tomar la decisión al respecto si quieren que sus ciudadanos vivan en horario de verano o de invierno

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, compareció el miércoles día 12 en el Parlamento de Estrasburgo para lanzar un banderín de enganche contra la tentación enfermiza del nacionalismo al que atribuyó la obsesión de proyectar odio y fragmentación desde España hasta los Balcanes. Como antídoto propuso que nos abrazáramos al patriotismo ilustrado en línea con Habermas, que es de doble cara: nacional y europeo. Juncker, que presentaba su último informe sobre el Estado de la Unión antes de que las elecciones de mayo abran otro ciclo de poder en la UE y lleguen nuevos presidentes a todas las instituciones –Comisión, Consejo, Parlamento y Banco Central–, alertó frente a las tendencias populistas y xenófobas y declaró llegado el momento de la soberanía de la UE en política exterior, en defensa, en migración y en Internet para librarnos de la intoxicación digital. Entre sus propuestas figura una Policía costera comunitaria y otras para que el euro gane terreno al dólar en el mercado de las transacciones financieras internacionales. O sea que, emulando en otro ámbito al alcalde de Móstoles, vino a decir que la Unión perece víctima de la perfidia populista y convocó a los europeos a salvarla. De Washington, con quien tanto hemos querido, vienen ahora vientos arrasadores desatados por el presidente Donald Trump que intentan liquidar las instituciones de gobernanza internacional, incluido el Tribunal de la Haya.

Yendo del corazón a los asuntos, el presidente Juncker se pronunció en contra del cambio de hora en la UE dos veces al año reconociendo que corresponde a cada uno de los países tomar la decisión al respecto porque son ellos quienes tienen la competencia y conforme al principio de subsidiariedad deben decidir si quieren que sus ciudadanos vivan en horario de verano o de invierno. Según la consulta pública celebrada entre el 4 de julio y el 16 de agosto sobre el cambio de hora impulsada por Bruselas, en la que se registraron más de 4,6 millones de respuestas, un 84% de los europeos es favorable a la eliminación de esta práctica y en el caso de los españoles el porcentaje adverso llega al 93. El caso es que desde 1996, conforme a una directiva europea, en todo el territorio de la UE se adelantan los relojes una hora el último domingo de marzo y se atrasan una hora el último domingo de octubre. El objetivo de la regulación del cambio horario era resolver los problemas derivados de una aplicación descoordinada de los cambios de hora, sobre todo para el transporte y la logística. La iniciativa de Juncker deberá ser debatida por el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE.

En un opúsculo titulado La hora y el sistema de los husos horarios, publicado por la Imprenta Clásica Española en 1922, mi abuelo Miguel Aguilar Cuadrado, astrónomo, del Observatorio de Madrid, se ocupó de los acuerdos de la Oficina Internacional de la Hora y de dar a conocer el sistema de los husos horarios y la hora legal en España, donde nos regíamos por la del meridiano de Greenwich contada de cero a veinticuatro horas. También podía decirse que España estaba a la hora del meridiano de Madrid disminuida en 14m, 45s, 1 W, que es la diferencia de la longitud a que se encuentra  Madrid con relación a Greenwich. Nuestro astrónomo subrayaba cómo el ferrocarril impulsó la abolición de las diferencias entre la hora legal y la hora local en las distintas ciudades de España. Porque, por ejemplo, La Coruña tiene una diferencia de longitud y, por consiguiente, de hora local con respecto a Madrid de 18m 47s, 5 W. Del mismo modo sucede que la diferencia de la hora local de Barcelona respecto a la de Madrid es de 23m 24s, 9 E. Adviértase que la longitud de cada una de estas dos ciudades las sitúa a uno y otro lado del meridiano de Greenwich. La cuestión que surge es que si hubiera un rompan filas horario tal vez Puigdemont de Waterloo buscara marcar soberanía cambiando de huso horario. Si así fuera, Barcelona, y por ende la Cataluña industriosa, adelantaría una hora sobre Madrid, es decir, tendría hora propia, diferente de la de la retrasada y holgazana España. Veremos.

Firma

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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