Crónicas marxianas / Julius G. Castle Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1260. 14  de septiembre de 2018

- - --

 

 

Crónicas Marxianas / Julius G. Castle   

La fulgurante subida de la luz


EUROPA PRESS

En mi poco autorizada opinión, el cabreo por el coste de la energía es el mismo para quienes ponen lazos amarillos, para quienes los quitan, para quienes los vuelven a poner, para quienes los quitan de nuevo… y así sucesivamente

Hace treinta y cinco años los científicos consiguieron medir la velocidad de la luz. Nada menos que 300.000 kilómetros por segundo, en números redondos. No se asusten, no pretendo dar una lección de Física elemental. Lo que inquieta e  irrita a los españoles de a pie no es la agilidad de la luz, sino el precio desorbitado del cargo mensual.  

Si el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) incluyera la pregunta sobre la factura eléctrica junto a las percepciones de los ciudadanos acerca del desempleo, la corrupción o la independencia de Cataluña, la relevancia de este suministro vital dejaría chiquitos a asuntos de mayor enjundia.

En mi poco autorizada opinión, el cabreo por el coste de la energía es el mismo para quienes ponen lazos amarillos, para quienes los quitan, para quienes los vuelven a poner, para quienes los quitan de nuevo… y así sucesivamente. He investigado en profundidad las causas del rechazo compartido. Viene de muy lejos. Reproduzco una conversación tan real como la vida misma.

Cobrador (hablando a dos mujeres sucesivamente).- La luz. Dos pesetas. La luz. Cuatro diez pesetas.
Generosa.- ¡Dios mío! ¡Cada vez más caro! ¡No sé cómo vamos a poder vivir!
Paca.- ¡Ya, ya! ¿Es que no saben hacer otra cosa que elevar la tarifa? ¡Menuda ladronera es la Compañía! ¡Les debía dar vergüenza chuparnos la sangre de esa manera!
Historia de una escalera (1949), pieza teatral de Antonio Buero Vallejo.

Las generosas y pacas de 2018 ya no pueden desahogarse con el pobre cobrador (Paca llega a desearle que caiga rodando por la escalera, ¡qué culpa tendrá el hombre!). Esta profesión se ha extinguido, como tantas otras, con las domiciliaciones bancarias. Del recibo con el nombre del usuario escrito a mano, hemos pasado a la factura electrónica. Ahora disponemos de un teléfono robotizado para quejas y reclamaciones. Lo que se viene llamando “Atención al Cliente”. El cirio se lo montan a una modesta operadora.

En aquella mísera posguerra no se utilizaba el término de pobreza energética. Tampoco el de puertas giratorias,que dan acceso desde los gobiernos a los consejos de administración. Haber, había ambas cosas. Pero como se te ocurriese citarlas en un artículo, pasabas de la redacción al archivo expiatorio en el mejor de los casos.

Nada nuevo bajo el sol, origen de toda energía, aunque las empresas prefieran utilizar fuentes más escasas, caras y contaminantes.

Noto que se me resiste el sentido del humor. ¿Será porque acabo de recibir la cuenta energética de agosto vía email? Veinte por ciento de aumento sobre julio ¿Qué despilfarro he hecho para merecer esto? Ninguno, que yo sepa.

Podría —aconseja la propia factura— dirigirme a la Junta Arbitral de Consumo de mi comunidad autónoma, o a los órganos competentes en materia de Consumo o de Energía de dicha comunidad”. Más adelante viene el  pitorreo: “Recuerde que los precios no se han modificado, sólo la forma de cobrar para que sea más clara para usted”. Menos mal que, como precisa otra frase: “Le informamos que el 100% de los kWh consumidos han sido producidos por fuentes de energía recogidas por la Certificación de Garantía de Origen”.

Por último la factura me tutea, cebándose en mi vieja  nevera: “Al comprar un frigorífico nuevo, escoge uno del volumen que realmente necesitas (aquel que vayas a llenar al menos en dos tercios; tres cuartos en el caso del congelador), y dentro de ésos el que menos energía consuma. Además, pide que no lleve gases CFCs, ni HCFCs, que destruyen la capa de ozono, así como HFCs, muy peligrosos para el cambio climático”.

Corro a renovar el aparato en Media Markt. Yo no soy tonto.

 

 

Firma

Escritor y periodista incorrecto. A pesar de lo que indica mi foto, soy muy joven. Nací con la primera crónica marxiana el 9 de septiembre de 2013, como alter ego de otro tipo bastante más serio que yo.  Considero que el humor te ayuda a sobrellevar la vida y, sobre todo, la política y la economía que nos venden quienes deciden por nosotros.

Como JG Castle he publicado un eBook en Amazon con título  expresivo: Elogio de la corrupción (la corrupción es buena, pero está mal repartida). Por un módico precio contiene otro ensayo de regalo: Guía para arruinarse. Creo que no hace falta decir más.

-

-

-

-

José García
Abad


.
Miguel Ángel
Aguilar


-
Cristina
Narbona


-

Julio Rodríguez Fernández


-

Belén
Hoyo



-
Joan
Tardà


-
Carmen
Calvo


-
Cristina
Antoñanzas


-

Carles
Campuzano



-

Ignacio
Aguado



-
Inmaculada
Sánchez


-
Sergio
del Campo


-
Miguel Ángel Paniagua



.

Graciano
Palomo



.

Bruno
Estrada


.
José Antonio
Pérez Tapias


-
Joan
Navarro



-
José M. Benítez
de Lugo



-

José Luis
Centella


-
Pablo
Bustinduy


.

Jesús
Lizcano


,
Carlos
Berzosa



,

Julio Rodríguez López

-
Mauro
Armiño


.

Pere
Navarro



.

Julius
G. Castle