Tribuna / Julio Rodríguez Fernández Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1260. 14  de septiembre de 2018

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Tribuna / Julio Rodríguez Fernández

Siempre la educación


Como nos recuerda el profesor Emilio Lledó, “nadie se atreve ya a negar que el verdadero progreso depende fundamentalmente de la educación, o sea, de lo que se haga de los seres humanos”

Parece evidente que uno de los temas clave en los debates políticos de los próximos meses y años va a ser la irrupción a gran escala de las posiciones más extremas (próximas al neofascismo). Unas posiciones que van a jugar un papel determinante en las próximas convocatorias para elecciones locales, autonómicas y europeas en todos los países de la Europa comunitaria, y que van a influir, o pretenderán influir, en las opciones de voto de un ciudadano muy preocupado ya, y temeroso, por el futuro de su ‘seguridad humana’ más inmediata.

El ‘calentamiento’ ya ha empezado con el debate migratorio (donde se incluyen las posturas maximalistas de los gobiernos europeos más beligerantes liderados por Salvini y las manifestaciones ultraderechistas en Alemania contra el gobierno de Angela Merkel, con grupos de neonazis dedicados a la caza del inmigrante por las calles de Chemnitz, el anuncio de un otoño caliente en España precedido por un patético debate sobre la exhumación de los restos de Franco y acompañado por manifiestos ultras de militares, el crecimiento de las alianzas antieuropeas…

La ‘amenaza’ de los procesos electorales que se van a desarrollar en los próximos meses hará que muchos de estos problemas continúen enquistados ya que los partidos, con su ‘lógica’ de pragmatismo mal entendido, tratarán de eludir cualquier problema que les pueda suponer cualquier potencial pérdida electoral.

Por eso, creemos que no supone ningún ejercicio excepcional de perspicacia suponer que van a seguir aplicando estrategias y tácticas pasivas y desidiosas en cuanto a la posible implementación de acciones a medio y largo plazo que pudieran resolver los problemas.

Si no fuera tan triste entenderlo así, todas estas políticas tendrían que ser interpretadas como un juego de representación en el que nadie parece tomarse su papel en serio.

Si este juego de representación va acompañado de llamadas demagógicas, y de la tramposa utilización de ‘estrategias del miedo’, el resultado son reacciones viscerales que sólo generan odio y violencia, al tiempo que promueven la difusión de un engañoso ‘patriotismo’.

Un ‘patriotismo’ al que ya se refería, en el siglo XVIII, Samuel Johnson como “el último refugio de los canallas”.

Contra estas conductas, estos juegos y estos ‘patriotismos’ no cabe más recurso que educación. Educación en el sentido más amplio: cultura y política porque, como nos recuerda el profesor Emilio Lledó, “nadie se atreve ya a negar que el verdadero progreso depende fundamentalmente de la educación, o sea, de lo que se haga de los seres humanos”.
Cultura,  a nivel individual, y política, para poder salir de esa individualidad que nos permita buscar equilibrios solidarios con los demás.

En definitiva, que da igual que la llamemos Educación para la Ciudadanía, Educación Política, Educación Democrática… Se trata simplemente de que aprendamos a pensar por nosotros mismos y poder construir así una sociedad cada día más libre, más solidaria y más justa.

Un objetivo político difícil de implementar y que produce recelo en los sectores más conservadores, que siempre quieren asumir la educación moral de los ciudadanos, pero que es la única garantía de que una sociedad pueda seguir progresando. Por eso, también, no debe sorprendernos que haya determinados intereses ideológicos que estén obsesionados por apoderarse de la educación.

Esa es la batalla. Y en el fondo... Siempre la educación.

 

 

 

Firma

Julio Rodríguez nació en Orense en 1948, pero es de muchos sitios. Hijo de militar, siguió los pasos de su padre hasta llegar a General del Aire y JEMAD. Demócrata de corazón, participó en asociaciones militares pro democracia en los años setenta. Fue candidato al Congreso de los Diputados en 2015 y 2016 con Podemos, y está al frente del Área de Paz y Seguridad de su Consejo Ciudadano y es secretario general de Podemos Madrid.

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