Sánchez acusa el golpe Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1260. 14  de septiembre de 2018

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Política / Virginia Miranda

El presidente, forzado a publicar su tesis tras la dimisión de Montón

Sánchez acusa el golpe

La batalla por el poder ha traspasado los límites habituales para adentrarse en un terreno del que es difícil regresar. A escasas semanas de que el Supremo decida si imputa a Pablo Casado por su máster, una exclusiva periodística hacía caer a la ministra de Sanidad y otra información trataba de descabalgar a Pedro Sánchez del Gobierno acusándolo de plagiar su tesis tras la insinuación de Albert Rivera en sede parlamentaria. Buscando su hueco frente a lo que llama ‘nuevo bipartidismo’, el líder de Ciudadanos ha forzado la publicación del trabajo en un intento del presidente de no dejarse arrastrar por una nueva debilidad sobrevenida.


Pedro Sánchez intentó sin éxito sostener a Carmen Montón al frente de Sanidad. / EUROPA PRESS

Enseñando su tesis Sánchez pone en apuros a Rivera, que ha sembrado dudas sobre él sin pruebas, y a Casado, que se resiste a enseñar su trabajo fin de máster   La ruptura entre Cs y el PSOE en Andalucía aboca a un anticipo electoral y no interesaban decisiones que pusieran en riesgo el trabajo de los astilleros

Los contratiempos se suceden a una velocidad de vértigo en el Gobierno de Pedro Sánchez. A los seis días de ser haber sido nombrado dimitió el ministro de Cultura por un antiguo fraude a Hacienda. Apenas cumplidos los cien días de su llegada a La Moncloa su ministra de Sanidad ha renunciado al cargo por plagiar un trabajo de fin de máster. Y en poco más de 24 horas la portada de Abc acusaba al jefe del Ejecutivo de haber hecho lo mismo con su tesis.

Este asunto alcanza a la esfera más personal del presidente, un político capaz de mantener los nervios a raya en las situaciones más complicadas pero que esta semana, la más negra de su breve mandato, se ha visto desbordado. Tanto como para que el líder de un partido de 32 diputados le haya marcado el paso en una jugada arriesgada de imprevisibles consecuencias.

Tras contar eldiario.es que las notas del máster de Estudios Interdisciplinares de Género del Instituto de Derecho Público que Carmen Montón cursó en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) habían sido manipuladas, Sánchez hizo una cerrada defensa de su amiga, compañera y todavía ministra para sorpresa y malestar del PSOE. Las muchas hipótesis que circularon sobre la actitud de su secretario general se despejaron en cuestión de horas; después de que Albert Rivera sembrara la duda sobre su tesis doctoral Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público 2000-2012 en el pleno del Congreso, el diario Abc acusaba al jefe del Ejecutivo de haber plagiado su tesis doctoral.

Al parecer, parte del contenido de la tesis aparece en un libro que Sánchez firma con Carlos Ocaña, exjefe de gabinete del ministro de Industria, Miguel Sebastián, pero el trabajo con el que obtuvo el doctorado en Economía por la universidad privada Camilo José Cela es anterior a su publicación. La polémica no ha alcanzado por tanto la dimensión del caso Montón, pero Pablo Iglesias recomendaba al jefe del Ejecutivo hacerlo público para zanjar la polémica.

En pocas horas y tras una primera y airada reacción amenazando con querellas a los medios que le han acusado de plagio –incluido okdiario.com–, Sánchez anunciaba que el viernes estarían disponibles las 324 páginas de su tesis en internet y la Camilo José Cela adelantaba que se ajusta “a la normativa vigente” y superó los protocolos de verificación y control.

Si no surgen más sorpresas, el presidente habrá dado carpetazo a un asunto que amenazaba con poner en riesgo la credibilidad de su compromiso ético, vital en las circunstancias en que llegó a La Moncloa. Y, al mismo tiempo, habrá puesto en apuros a la oposición.

A Albert Rivera, que no logra encontrar su sitio en la agenda política desde que Pedro Sánchez fue investido presidente y el PP eligiera nuevo líder, por sembrar dudas sobre la tesis desde su escaño en la Cámara baja –le dijera o no “os vais a enterar”, frase que le atribuye Toni Cantó y que Carmen Calvo niega, lo cierto es que Sánchez le apuntó amenazante con el dedo– sin pruebas. Y a Pablo Casado, pendiente de la decisión del Supremo sobre la causa que una jueza de Madrid pide abrir contra él a cuenta de su máster en el URJC, por poner en evidencia que  su trabajo fin de máster (TFM) sigue sin ser público y quien no tiene nada que ocultar no debería tener problemas en poner todas las cartas sobre la mesa.

Ferraz acelera la caída de Montón y gana peso en Moncloa

“No todos somos iguales”, dijo Carmen Montón en la primera rueda de prensa del lunes tratando de zafarse de las acusaciones de irregularidades en el máster que cursó en el Instituto de Derecho Público de la Rey Juan Carlos, ‘montado’ por el catedrático de Derecho Constitucional, Enrique Álvarez Conde, para dar un trato de favor a ‘promesas’ del PP y el PSOE acarreando la presunta comisión de delitos como el cohecho impropio o la prevaricación administrativa, según la investigación judicial en la que Cristina Cifuentes aparece imputada y Pablo Casado está a la espera de la decisión del Tribunal Supremo, que este pasado jueves pedía a la Fiscalía que emita un informe sobre si debe o no investigar al presidente del PP.

Lo mismo debió pensar Pedro Sánchez, que “no todos son iguales”, cuando su semana más aciaga en lo que lleva de mandato arrancó con la exclusiva de eldiario.es. Carmen Montón no era Maxìm Huerta. El ministro de Cultura de los seis días procedía de la televisión y la literatura, un independiente que el líder socialista tenía en mente por lo que pudiera pasar –y pasó el 1 de junio– sin ser siquiera la primera ni la segunda opción. La titular de Sanidad era en cambio compañera de partido y amiga fiel, miembro de la primera Ejecutiva de Pedro Sánchez que se enfrentó al líder de su federación, Ximo Puig, al negarse a participar de la dimisión en bloque que provocó la marcha del secretario general en octubre de 2016.

Por eso Sánchez dejó caer a Huerta sin lamentaciones y por eso estuvo a punto de hacer peligrar el listón ético de un Gobierno que llegó al poder gracias a una sentencia condenatoria por corrupción.

Cuando las críticas internas fueron ya de sobra conocidas en las redacciones, el líder socialista recurrió a sus números dos y tres en el PSOE, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, instando a un cierre de filas. Pero no fue fácil mantener la disciplina ante la denuncia de que las notas fueron manipuladas y fue el propio presidente, en una breve intervención en los pasillos del Senado, quien avaló la continuidad de Montón al frente de Sanidad –“hace un extraordinario trabajo y lo seguirá haciendo”– poniendo en riesgo, según los críticos, la credibilidad del Gobierno. “El ejercicio de dimitir tiene un gran valor ético cuando es voluntario y se hace a tiempo. Cuando es forzado por otros te deja muy mal cuerpo y resta confianza al Gobierno y al partido”, escribía el diputado Odón Elorza en su perfil de Twitter.

No hubo tiempo para más comentarios y especulaciones. Esa misma tarde, La Sexta contaba que la mayor parte del trabajo fin de máster de la titular de Sanidad era un plagio. A las 21:23 horas de la noche, Carmen Montón anunciaba su dimisión.

Lo hacía tras enumerar algunos retos cumplidos en tan sólo 100 días de Gobierno, como la recuperación de la sanidad universal o los avances para eliminar el copago farmacéutico, y señalar lo que queda por hacer, un ambicioso programa de ‘contrarreformas’ para restablecer el carácter de servicio público de la sanidad española que le había granjeado el aplauso de la comunidad científica y las fuerzas progresistas.

Después de haber sido secretaria de Igualdad en el PSOE, portavoz de área en el Congreso, consejera de Sanidad en la Comunidad Valenciana y titular ‘política’ de Sanidad, Consumo y Bienestar Social en el Gobierno de Pedro Sánchez, Montón ha dejado un agujero en el Ejecutivo y en el partido que, a pesar del sacrificio, ha encontrado una ventajosa salida a la crisis.

Porque consideraba inviable sostener a una ministra bajo sospecha y porque, con el cambio, ha salido ganando. El Consejo de Ministros del presidente socialista tuvo buena prensa entre la opinión pública y la publicada. Pero el peso político de Ferraz, con la vicesecretaria general de portavoz en el Congreso y el secretario de Organización de ministro de Fomento, no fue el esperado.


María Luisa Carcedo es sanchista y mujer de partido. / EUROPA PRESS

La nueva ministra de Sanidad cumple las expectativas que tenía el PSOE
tras la moción de censura entonces no del todo satisfechas

Montón era una de los suyos, pero ya no tenía poder orgánico en el partido. Y María Luisa Carcedo, la nueva ministra de Sanidad, cumple las expectativas que tenía el PSOE tras la moción de censura entonces no del todo satisfechas.

Licenciada como la exministra valenciana en Medicina, la hasta ahora Alta Comisionada para la Pobreza Infantil es mujer de aparato y también de la confianza de Pedro Sánchez. Con experiencia parlamentaria y de gobierno y una larga trayectoria en el socialismo asturiano, fue fiel al sanchismo durante los tiempos en que el presidente del Principado, Javier Fernández, administraba la gestora que dirigió el PSOE durante la travesía en el desierto de quien volviera a ocupar la secretaría general en 2017. El líder socialista premió entonces la fidelidad de Carcedo nombrándola secretaria ejecutiva de Sanidad y Consumo y, ahora, ministra del ramo.

La designación, buena para Sánchez y para Ferraz, ponía fin el martes por la noche a dos días de desencuentros que coincidían en el tiempo con los surgidos a raíz de la noticia de que el Ministerio de Defensa había paralizado la venta de 400 bombas a Arabia Saudí, una decisión que había tenido una buena acogida entre la opinión pública con la que Pedro Sánchez espera contar en las elecciones generales pero no tanto en un partido con la vista puesta en el corto plazo; el incumplimiento del acuerdo con Riad ponía en peligro el contrato de cinco corbetas que da trabajo a 6.000 personas en los astilleros públicos de Navantia, en Ferrol (A Coruña) y en San Fernando (Cádiz). Y la ruptura del acuerdo entre Ciudadanos y el PSOE en la Junta de Susana Díaz aboca a un anticipo de las elecciones andaluzas donde no interesa adoptar medidas impopulares en un plano doméstico.

El miércoles, un día después de que Sánchez se aviniera a apagar el incendio provocado por el caso Montón, Defensa daba marcha atrás a lo que Margarita Robles calificó en el Senado de asunto en “proceso de revisión” y la venta seguía adelante. El viernes, la semana terminaba con la publicación de la tesis doctoral del presidente y un cierre de filas en torno al también líder socialista. Con una debilidad parlamentaria de 84 diputados, ni él ni el partido que le acompañará en las próximas citas con las urnas pueden permitirse que su código ético deje de ser su principal baza y fortaleza electoral.

Las trincheras mediáticas, tras las exclusivas

Eldiario.es y La Sexta destaparon las irregularidades del máster de Carmen Montón desencadenando la dimisión de la ministra. Abc y okdiario.com acusaron a Pedro Sánchez de haber plagiado su tesis doctoral con desigual resultado. Dos trincheras mediáticas, un único destinatario político. Dos líneas editoriales, dos fines periodísticos.

La izquierda nunca las ha tenido todas consigo y el fuego amigo también ha llegado en ocasiones de la prensa más afín. El Gobierno de Pedro Sánchez fue recibido con una mezcla de entusiasmo y alivio en los medios progresistas pero, cumplidos los cien días de cortesía, se ha dado cuenta de que no puede dar nada por sentado y la labor de vigilancia y control de los poderes públicos se mantiene activa en muchas redacciones gobierne quien gobierne.

Ante la prensa conservadora no hay dudas. A los socialistas no les han dado ni un día de gracia por el modo en que llegaron al Gobierno –una moción de censura– y por los partidos que lo hicieron posible –“populistas”, “separatistas” y “amigos de ETA”–. Pero cabe señalar una diferencia fundamental. Las evidencias del caso Montón hicieron insostenible la continuidad de la ya exministra al frente del Ministerio de Sanidad. Y la polémica sobre el doctorado del presidente, si no hay nuevos indicios, se ha acabado desinflando  en menos de 24 horas.