Entrevista / Marcial Álvarez Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1261. 21  de septiembre de 2018

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Entrevista / Luis Eduardo Siles

Marcial Álvarez, actor

“El actor no es sólo palabra, también es alma”

Habla con una pasión desbordada de su profesión y de su personaje en ‘El curioso incidente del perro a medianoche’, la obra que protagoniza en el Teatro Marquina, de Madrid, y que está llamada a convertirse en uno de los grandes éxitos de la temporada. De hecho lo dice una y otra vez: “Me encanta hablar de mi profesión”. Marcial Álvarez (Madrid, 1966) fue Pope, aquel policía profesional y atormentado que durante casi diez años recorrió las cloacas en busca de la verdad en la serie televisiva ‘El Comisario’. Y también lo dice: “Soy un enamorado de la verdad”.


DAVID RUANO

“No sé si el teatro salva, pero sí te puede hacer mejor persona”   “El curioso incidente del perro a medianoche’ es un cuento maravilloso de un héroe de nuestro tiempo de un perfil muy particular: sufre Asperger”

De la obra ‘El curioso incidente del perro a medianoche’ se ha escrito que el protagonista es un chico de 15 años con Asperger y una capacidad intelectual deslumbrante, que decide investigar la extraña muerte del perro de su vecina. ¿Cómo define usted la obra?
Es un viaje vital del protagonista, que va descubriendo muchas cosas, cosas de la vida, y es un thriller al mismo tiempo, sobre todo durante el primer acto, que hace a ese chico ser muy pertinaz en investigar y en intentar saber quién es el asesino del perro. Y el segundo viaje es como una odisea para él, Christopher, porque el protagonista quiere salir de la tiranía familiar, sobre todo de la tiranía del padre, personaje que interpreto yo –Ed Boone–, y entonces ese chico tiene el impulso vital de salir de su pueblo, de ir a Londres en busca de la vida. Y ahí descubre su propio instinto de vida, la soledad, los matices de la sociedad, y también la verdad. Se trata de un cuento maravilloso de un héroe de nuestro tiempo de un perfil muy particular, porque Chistopher no entiende la ironía, ni los chistes, él siempre dice la verdad, y tiene algunas fobias con cosas cotidianas de la vida, como los colores y algunas texturas de los alimentos. En fin, cosas como las que se dan en cualquiera de nosotros mismos, aunque en él aparecen más agudizadas. Pero, en mi opinión, Christopher es un compendio de todo lo que también somos nosotros. Uno, viendo esta función, también se siente un poco Asperger, también se siente un poco obsesivo, un poco cuadriculado, un poco de todo lo que es él.

En este contexto, ¿cómo es Ed Boone, el personaje que usted interpreta?
Está muy claro su rol, porque es el padre. Y además es el único cuidador de Christopher. Porque hay una ausencia de la figura materna. La madre está ausente. Como todos los padres, en cualquier conflicto generacional, el padre quiere cortar las alas a su hijo, le prohíbe que haga ciertas cosas, que no se meta en líos. Le dice: “No vayas por ahí inmiscuyéndote en la vida de los demás”. Porque Christopher, además de ser un Asperger, es un adolescente, entonces el sentido rebelde de la vida lo tiene ahí, clavado, porque la adolescencia quizás sea la etapa más difícil de nuestra vida, el cambio de la infancia a la persona adulta, y el chico se rebela contra el padre y piensa: “Me voy de debajo de tus alas”. Y Christopher descubre la mayoría de edad. El padre funciona ahí como barrera, como represor de los que es el impulso de vida de su hijo. Son gentes que viven en el extrarradio de Londres, gente provinciana, con muchos prejuicios. Mi personaje bebe, le gusta el fútbol: representa un modelo de vida muy cerrado. Y ahí, este niño, que es como un pájaro a punto de volar, se siente como en una jaula. Y es un padre que, al faltar la madre, se ha convertido en alguien educativamente hablando mucho más duro y tiene mucho miedo a que le pase algo malo a su hijo. Aunque ese padre, a lo largo de la función, va cambiando.

¿Qué conexión mantiene el montaje con la novela en la que se inspira, escrita por Mark Haddon, que ha vendido centenares de miles de ejemplares en todo el mundo?
Toda. Yo he leído la novela. Y es muy divertida. Le pasa un poco como a ‘El Principito’, que es una novela juvenil, porque el autor es un tipo que escribía novela juvenil, pero trabajó con grupos de gente especial, relacionados con el autismo, y luego la adaptación teatral de Simon Stephens es maravillosa, colosal, porque no sólo narra el autismo, sino que le ha dado una vuelta hasta conseguir un discurso muy teatral y muy interesante centrado en la novela. La atmósfera de la novela está en la obra completamente.

¿Cómo prepara sus personajes?
El actor no es sólo palabra. También es movimiento. Y es alma. Pero en España hay mucha tradición de palabra y actor. Y ahora con ‘El curioso incidente del perro a medianoche’ estamos ante una creación de origen anglosajón, inglés, donde también importa mucho la expresión corporal del intérprete. Porque el actor debe ser arriesgado físicamente. Creo que nos pasa mucho a los actores españoles, la palabra, sólo la palabra. De hecho, en la Escuela, hace muchos años, se dividió la docencia del actor entre expresión corporal y expresión hablada. Y yo considero que no se debe separar una cosa de la otra. En el teatro, sobre todo en el teatro, el actor es también su cuerpo, su expresión, sus manos, su espalda, en definitiva, esa expresión corporal a la que se dedica mucha más atención en el mundo anglosajón o en el teatro inglés. Pero la palabra hay que decirla también. Y hay que decirla perfectamente. La palabra ha de tener su peso, naturalmente. Como decía Miguel Narros: “Todas las palabras en el teatro tienen derecho a la vida”. Y, claro, el actor no debe juzgar nunca a un personaje. Además, creo que en la vida debemos tender a no juzgar a nadie. Pero culturalmente nos enseñan a juzgar. Y a prejuzgar, que es peor. Pero un actor no puede hacerlo. Porque se perdería en un sitio no creativo, en un sitio no descubridor de la verdad. Y yo soy un enamorado de la verdad. Y cuando cojo a un personaje, aunque ese personaje sea el peor tipo del mundo, quiero saber qué le ha pasado, porque ya no es culpa o no culpa, dado que los caminos que le han llevado hasta ahí no son sólo suyos. La sociedad tiene que ver. Y el sistema. Dónde ha nacido. De dónde viene. Es justo que los actores defendamos a esos personajes indeseables para poderles dar vida. Porque si no… La vida está hecha de muchas cosas, de luces y de sombras.  

¿El teatro salva?
No sé si te salva o no. Pero yo creo que el teatro sí te puede hacer mejor persona. Tanto a los creadores como al espectador. Y creo que ponernos ante un espejo, tanto en el teatro como en cualquier otra actividad artística, ponernos en el lugar de los otros, vernos a nosotros mismos, tomar conciencia de nosotros mismos, considero que nos hace mejores. Y el teatro es un humilde servidor todo eso.

Un paréntesis para la política. ¿Qué opinión le merece hasta ahora la acción del Gobierno de Pedro Sánchez?
Yo no estoy totalmente al tanto de lo que el nuevo Ejecutivo está haciendo cotidianamente. Pero yo le doy mi credibilidad. Y creo que, aunque suene algo burdo, considero que mejores que lo que había lo son, seguro. Yo me declaro anti Partido Popular. Total. No coincido en absoluto con la política del PP. Pero ahora veo aire fresco. Es una percepción mía, porque yo no leo todos los periódicos al día ni tengo tiempo de estar al tanto de la política, de lo que se está haciendo. Pero este Gobierno significa otra savia, otro aire. Yo creo que sí, que merece mi apoyo y mi respeto.

Usted ha trabajado en numerosas series de televisión. ¿Qué necesitan las series españolas para aproximarse en calidad a las norteamericanas?
Riesgo. Y valor. ¿Qué les pasa a esas series extranjeras? ¿Por qué se ven tanto? Porque los personajes están mucho más cercanos. No es cuestión de grandes escenografías. Ni de grandes presupuestos. Es que los personajes son molestos muchas veces. Son políticamente incorrectos. Y las historias que cuentan son políticamente incorrectas también. Y, hasta ahora, lo que se hacía aquí en España era políticamente correcto. Porque se enfocaba, todo es un gran negocio también, pero se entendían como un gran negocio y se buscaba que gustasen a todo el mundo. Y yo creo que las obras de arte no pueden gustar a todo el mundo. Ese no es el camino. Está claro que hay gente que pone su dinero y que esas series tienen que funcionar. Pero fifty-fifty. Y yo creo que se están empezando a hacer las cosas aquí como en el extranjero.

Ahora viene usted de rodar una nueva serie televisiva.
La he estado haciendo con la ETB y Telemadrid. Se titula ‘La víctima número ocho’. Trata un tema muy peliagudo. Es sobre un atentado terrorista, yihadista, en el País Vasco. Ese es el motor de la serie. Yo llegué a pensar: “Esto es un tema muy lanzado, no sé si va a molestar”. A lo que sí va el autor es a mostrar cómo un acto tan violento repercute en la vida de las personas y cómo la onda expansiva, no sólo física, que ha dejado ese atentado, esa onda expansiva llega a las familias, a la sociedad. Creo que es una serie muy valiente que pronto estará en antena.

Con respecto a sus recientes trabajos en el teatro, usted protagonizó ‘Los años rápidos’, de Secun de la Rosa, una perla teatral, cuyo texto acaba de publicarse, en la que el personaje que hacía de su mujer le decía: “No, Agustín, esos matrimonios no han querido reírse de ti al llamarte resentido, no es que seas mala persona, sino que sientes lo mismo una y otra vez”.
Ahora van a seguir haciendo esa obra. Se repone pronto en Madrid e irá después de gira. Aunque yo ya no estoy en ese montaje, claro. También hacía ahí de padre. Es una historia muy bonita. Una historia familiar, con otro problema familiar, aunque muy diferente al que plantea ‘El curioso incidente…’, porque en ‘Los años rápidos’ un componente de la familia se ha transformado en mujer siendo hombre. Y eso acarrea una tragedia familiar. Sí, mi mujer me decía resentido. Esa frase triunfaba en cada función. Era carcajada del público segura. Aunque yo no me considero una persona para nada resentida. Pero sí me gusta interpretar a los personajes que tienen esa clase de problema. Porque hacer de resentido tiene mucha miga, ¿eh?

Marcial Álvarez y Álex Villazán en una escena de ‘El curioso incidente del perro a medianoche’

Un ‘thriller’ emotivo y poético

Hay algo especialmente llamativo en la emotiva y colosal obra ‘El curioso incidente del perro a medianoche’: se trata de un espectáculo muy teatral, muy narrativo, incluso con algunos artificios teatrales a la vista, pero lo que realmente llega al espectador es la vida, la vida con todos sus perfiles, ásperos, tiernos, tristes, inevitables, emocionantes y alegres. Con el amor y el desamor. Con esa desesperación detrás de la que asoma un poderosísimo afán de lucha. Con la permanente presencia de una mente con importantes limitaciones, la del protagonista, el adolescente Christopher Boone, que padece síndrome de Asperger y, sin embargo, se desborda luminosa en el momento de resolver unos problemas matemáticos casi imposibles. ‘El curioso incidente…’ es una obra compleja que recoge todas las tonalidades de la vida. Nada se describe en blanco y negro, bueno o malo, como en ocasiones tiende la narrativa acomodaticia del teatro o del cine. 

Este montaje parece a veces una magnífica coreografía. Alguien ha matado al perro de la vecina de Christopher. A partir de ahí el protagonista emprende una investigación que finalmente lo llevará a descubrir su propia vida y a esclarecer la confusa vida de las personas que lo rodean. La obra tiene una constante atmósfera poética. A veces procedente de la sublime escenografía creada por Gerardo Vera. Otras, del propio texto. Dirá Christopher: “Está lloviendo mucho; las gotas parecen chispas blancas”.