Tribuna / Carles Campuzano Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1261. 21  de septiembre de 2018

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Tribuna / Carles Campuzano

Siempre el diálogo


FERNANDO MORENO

Las prisiones injustas, las peticiones de penas desorbitadas, los delitos inexistentes, tantas querellas e investigaciones penales en marcha son un obstáculo formidable al ejercicio del dialogo político

Sin diálogo y voluntad de acordar, los conflictos políticos tienden a enquistarse. Tenemos ejemplos bien recientes en distintos contextos. Pero como el enquistamiento del conflicto es el peor escenario para una sociedad moderna y democrática, los responsables políticos tenemos la responsabilidad de inventar vías y cauces que hagan posible acordar las soluciones que nos permitan superar el conflicto. Nunca es fácil. El diálogo, por definición, cuando aborda cuestiones donde las posiciones de las partes son contradictorias y antagónicas, es siempre una actividad de riesgo. Exige, pues, coraje, especialmente ante los propios. Siempre habrá quien, ante un posible acuerdo, tendrá la sensación de que sus expectativas y aspiraciones han sido traicionadas. Pero inevitablemente el conflicto en democracia sólo puede resolverse por la vía del diálogo. No hay alternativa, porque el fracaso del diálogo es la imposición de la razón de unos contra otros y por la fuerza; eso tampoco resuelve el conflicto. Quizás se podrá reprimir y perseguir al que defiende ideas distintas a las tuyas y quizás incluso se pueda encarcelar a quienes defienden esas ideas, pero  el conflicto resurgirá, seguramente con más fuerza y razones. La imposición nunca es la respuesta.

Y en democracia, cuando una puerta del diálogo se cierra, inevitablemente hay que estar dispuesto a abrir otra puerta. Se puede tardar más o menos, pero  siempre habrá otra puerta posible. Habrá que tener también la persistencia y la insistencia para aprovechar la siguiente oportunidad.

El diálogo en democracia se fundamenta en el reconocimiento de la legitimidad de las ideas y las aspiraciones de los otros y su libertad para defenderlas. El pluralismo de ideas, valores e intereses es consustancial a la realidad de una vida colectiva en democracia y libertad.  Sin impedimentos de ningún tipo, todo puede discutirse. Nadie puede negarse a discutir de todo  y que todo sea defendido en un sistema basado en la libertad. En democracia los únicos límites son aquellos que tienen que ver con la dignidad y la vida de todas las personas. Y hecha esa salvedad, no puede haber ningún dogma que pueda impedir esa defensa de ideas, principios, valores y propuestas políticas.

El conflicto entre Catalunya y las instituciones del Estado continúa. Y las vías abiertas al diálogo, que existen y que no podemos ni debemos menospreciar, son frágiles e inciertas. Algunos, además, van a trabajar activamente para procurar impedir que ese diálogo prospere. Siempre habrá quien tendrá más interés en prolongar el conflicto que en buscar soluciones, pero estoy absolutamente convencido de que somos una inmensa mayoría en la sociedad catalana y en la sociedad española los que aspiramos al éxito del diálogo. Por suerte.

Hoy, el principal obstáculo al diálogo es muy evidente.  Las prisiones injustas, las peticiones de penas desorbitadas, los delitos inexistentes, tantas querellas e investigaciones penales en marcha son un obstáculo formidable al ejercicio del dialogo político. El margen para que la política  transcurra cuando se impone la respuesta penal es muy estrecho. La normalidad no es posible cuando la sociedad catalana, mayoritariamente, considera injustas, desproporcionadas, fuera de sentido común, las decisiones de la Justicia. Y el sentimiento de impotencia ante la gravedad de la represión penal es enorme.

Y a pesar de eso, los Gobiernos de Madrid y Barcelona están obligados a persistir en el diálogo que debe permitir avanzar en la solución al conflicto. No será fácil, ni rápido, ni inminente. Pero cualquier avance que se produzca, por pequeño que sea, será importante y habrá que valorarlo y consolidarlo.

Al final sólo un acuerdo que, sin imposiciones ni impedimentos de ningún tipo, con libertad y en libertad, permita que todos podamos determinar democráticamente el futuro político de Catalunya será aquello que nos permitirá resolver el conflicto.

 

Firma

Actual portavoz del PDeCAT en el Congreso de los Diputados. Licenciado en Derecho, trabajó entre 1986 y 1992 en el Departament de la Presidencia de la Generalitat de Catalunya. Ha sido secretario general (1989-1994) y presidente (1994-1996) de la Joventut Nacionalista de Catalunya, concejal del Ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú (1987-1991), diputado en el Parlament de Catalunya (1992-1995) y diputado en el Congreso desde 1996, además de miembro del Consell Nacional de Convergència Democrática de Catalunya hasta que se refundó en el Partit Demòcrata Europeu Català (PdeCat).

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