Referencia Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1263. 5  de octubre de 2018

- - --

Entrevista / Luis Eduardo Siles

Lluís Homar, actor

“El perdón es liberador, nos abre a otras dimensiones de nosotros mismos”

Lluís Homar se viste de novia y se transforma en lobo para, en cuestión de segundos, volver a ser hombre, en ‘Tierra Baja’, la obra teatral de Ángel Guimerá que Lluís Homar interpretó por primera vez con 17 años en la parroquia de su barrio, la retomó en los años 90 dirigido por Fabiá Puigserver, y ahora vuelve a hacerla en el Teatro de La Abadía, de Madrid, tras una larga gira por España con unas 160 representaciones. “Yo me considero un primer actor, me siento muy respetado y valorado en Cataluña y en España”, afirma Lluís Homar.

DAVID RUANO

“Yo me considero un primer actor, me siento respetado y valorado en Cataluña y en España”   “Tierra Baja’ es un canto a la libertad, un himno al amor”

Hizo usted por primera vez ‘Tierra Baja’  con 17 años. ¿Qué le ha impactado de esta obra durante toda su vida?
Yo hacía teatro desde que estaba en un grupo teatral infantil con seis, siete y ocho años, porque formaba parte de la tradición del barrio entrar a formar parte del teatro de la parroquia. Y con 17 años me encontré por primera vez con un personaje con el cual me identificaba, que yo quería ser él. Hasta entonces no me había pasado eso con ningún otro personaje. ¿Qué me fascinaba de él? Yo siempre he querido ser Romeo. Pero es un personaje que no he hecho nunca. Lo encarné sólo una vez con John Strasberg en un taller teatral. Y yo creo que ese personaje, Manelic, ese Romeo que baja de las montañas, ese punto que tiene de animalidad, de encuentro entre el hombre y la bestia, me fascina. ¿En qué me identifico con Manelic? En ese punto en el que el hombre y la bestia se encuentran. Yo siempre digo que tengo como referentes a Manelic, Marlon Brando y Michael Jordan. ‘Tierra Baja’ es un canto a la libertad, un himno al amor. Manelic le dice a Marta, cuando ella aún no le ha abierto la puerta de su alcoba por imposición del cacique Sebastiá: “Lo que más me duele y me da más rabia de esto es que no puedo dejar de quererla”. La obra, además de ese himno al amor, tiene momentos evidentemente más oscuros, más de viajar por la parte sombría del ser humano. Pero lo importante es cómo termina. Y esa es una cosa que a mí, ese personaje, Manelic, me ha cargado de razón, de ilusión, ha conectado con esa parte mía apasionada, de creer que las cosas, a veces, cuestan, pero que no hay que cejar en lo que uno quiere. Porque al final de la obra, esa dualidad, tierra baja –donde habita el mal-, tierra alta –donde está el bien–, queda en tu mano decidir a qué equipo te apuntas, si al de arriba o al de abajo. Poner en evidencia que existe esa dualidad y que está en la mano de todos decidir qué se hace con ella supongo que es lo que me ha hecho siempre estar permanentemente conectado con esta obra. También pienso: ¿cómo se sienten los actores ingleses cuando hacen un Shakespeare, o los franceses cuando hacen un Moliére, o aquí cuando se puede hacer un Calderón? Porque mi primera lengua es el catalán. Aunque Ángel Guimerá es un autor que tiene un vínculo canario, con Tenerife, es esa sensación de estar interpretando un material que tú eres parte de eso. Y eso es algo que me ha pasado pocas veces. Pero me ocurre con ‘Tierra Baja’. Yo he tenido la suerte de interpretar a Shakespeare, a Moliére, a los grandísimos autores, pero yo siento un vínculo con ‘Tierra Baja’ de algo que tiene que ver con mi genética.

Con el paso del tiempo, ¿qué perfiles nuevos ha descubierto en ‘Tierra Baja?
Yo creo que quizás la conciencia. Recuerdo una vez, haciendo terapia, perdone que haga referencia a mis terapias, que estuve muchos años haciéndolas, pero ese día mi terapeuta me dijo: “Uno no es responsable por lo que siente, es responsable por lo que hace”. Es decir, nosotros, como seres humanos, somos un todo, lo peor y lo mejor, la luz y la oscuridad, con todos los matices de grises. Pero a mí, el sólo hecho de sentir según qué emociones, tal vez por la educación que recibí, me costaba. E insistía el terapeuta: “Tú puedes odiar a alguien, y no pasa nada; el problema es si un día vas y le matas, entonces sí que eres responsable”. Y yo creo que en ‘Tierra Baja’, que tiene un abanico de emociones muy amplio, me ayuda en esa parte de poder reconocer esas emociones y, como actor, uno siempre tiene que buscar qué es lo que resuena dentro de uno de todas estas cosas. Decir: “Yo soy Sebastiá, yo soy Marta, yo soy Nuri, yo soy Manelic”. Entonces, esa conciencia es lo que quizás me ha hecho que cuando tenía 17 años sólo podía pensar en ser Manelic, en 1990 sólo podía pensar en ser Manelic, y actualmente puedo pensar en ser Manelic, Sebastiá, Marta y Nuri, todos ellos.

Hay una frase magnífica en la obra. Dice Manelic: “Marta, vámonos allá arriba, que si hasta los cuerpos en la nieve se conservan, qué no harán las almas”. ¿Qué le dice esa frase?
Esta frase es quizás la que más me emociona de toda la función. Porque es el momento también en el que la obra habla del perdón. A veces, cuando estamos en la tierra baja, nos encontramos tan atrapados en lo que nos hacemos los unos a los otros que perdemos esa otra dimensión de que estamos prisioneros, de que nos perdemos algo muy grande. El perdón, por ejemplo, es algo maravilloso, liberador, que nos abre a otras dimensiones de nosotros mismos. Y la tierra alta significa la conciencia de que somos algo más, de que no sólo somos eso, de que tenemos otra dimensión para ser vivida, y sobre todo de que esa dimensión queda a nuestro alcance. Vamos, que “allá arriba si hasta los cuerpos en la nieve se conservan, qué no harán las almas”. Esa especie de Arcadia. Pero significa para Manelic que todo es posible, porque él ha vivido la parte oscura, sabe lo que es, y decide que hay que vivir la otra zona. Insisto, esa es una de las frases gloriosas de Ángel Guimerá. La obra tiene un carácter simbólico muy importante.

“Madrid es muchas cosas maravillosas
y una de esas cosas maravillosas de Madrid
es su amor al teatro”

¿Dónde reside la clave para interpretar bien un monólogo?
Nosotros queríamos dejar de lado la idea de monólogo. ‘Tierra Baja’ es un espectáculo hecho por un solo actor. Por una sola voz. Así lo concebimos. Queríamos hacer un espectáculo. Y era muy importante la parte visual, a nivel de escenografía, a nivel de luz, a nivel sonoro. Todos esos elementos están cuidadísimos. Y yo me siento muy arropado en este sentido. Y luego, yo, cuando estoy en el camerino, que siempre me viene ahí ese susto de tener que salir al escenario, yo pienso entonces en el público, que la finalidad de lo que estás haciendo es el público, no eres tú, que tú estás al servicio del público.

¿Qué es lo esencial para que un intérprete se convierta en primer actor, como es su caso y el de muy pocos elegidos?
No lo sé. Pero yo sí me considero un primer actor, me siento respetado, me considero valorado en Cataluña y en España, y muchas veces la gente me para por la calle y me dice: “Me gusta usted, es muy bien actor”. Mentiría si dijera que eso no me hace sentir bien y que me alegra que me ocurra. En mi caso hay algo también físico, de voz, de presencia, que también me ha ayudado. Pero no existe una fórmula. Yo soy consciente de que he tenido cosas que me han ayudado, que han ido a mi favor. Y yo he sido consecuente, me lo he currado. Es decir, que para mí uno de los regalos que me ha hecho la naturaleza es que soy consecuente, que me gusta aprender, que siempre pretendo evolucionar, que me gusta pensar que me queda mucho recorrido por delante, porque soy un apasionado de mi profesión. Y he tenido la suerte de encontrarme con 19 años estando en el mejor proyecto de teatro que había en esos momentos, que era el Teatre Lliure. He trabajado, he tenido maestros que me han ayudado mucho y que además han sido mis amigos. He sido afortunado y también siento que he estado a la altura de la suerte que he tenido. O sea, que yo también he correspondido. Leí en un libro: “La suerte es el azar; la buena suerte es la que uno se procura”. Y pienso que sigo creyendo en esto, y que cada vez también me gusta sentir que ese trabajo que he hecho y que me ha llevado hasta aquí, ahora más que nunca siento que tengo que ser útil. Me gusta pensar en el teatro como una herramienta de servicio. Y considero que ahora, por edad, tengo 61 años, la etapa que tengo por delante es la más bonita.

El teatro, las compañías teatrales y los intérpretes catalanes han sido desde mediados de los años 70 muy bien acogidos en Madrid. ¿Lo ha percibido usted?
Sí, yo digo que Madrid es muchas cosas maravillosas y una de esas cosas maravillosas de Madrid es su amor al teatro. Y como le gusta el teatro, el teatro catalán ha sido siempre muy bien recibido aquí en Madrid, muy bien valorado, y eso es algo que yo pienso que no tenemos que olvidarnos de que esto es así. Yo lo percibo. Estuve hace un año y medio en el Teatro Valle-Inclán haciendo ‘Las brujas de Salem’ y tuve una acogida por parte del público madrileño realmente maravillosa. Para mí, Madrid, profesionalmente hablando y personalmente hablando, es una ciudad de acogida a todos los niveles. Yo siempre digo que el teatro donde más gusta es en Madrid.

¿Qué opinión le merece el conflicto que se vive entre Cataluña y España?
Pienso que es posible llegar a entenderse. Confío en que finalmente se llegue a un escenario de entendimiento y que sea satisfactorio para las dos partes.

Lluís Homar en una escena de ‘Tierra Baja’, que puede verse en el Teatro de La Abadía, de Madrid.

El reto de un gran actor

Lluís Homar dota de alma a los cuatro personajes que encarna en ‘Tierra Baja’, en un espectáculo conmovedor, de fondo duro, pero extremadamente poético. Porque es poesía todo lo que impregna esta obra, en la que el hombre aparece en su perfil humano y racional, agujereado por el amor y el dolor, pero también está ese instinto que mueve a las personas y las aproxima a los animales, porque uno de los asuntos más inquietantes de ‘Tierra Baja’ es ese punto de encuentro que a veces se produce entre el hombre y la bestia. Y la complejidad de esta obra, donde la sangre brota por dentro y por fuera, necesita inevitablemente de algo: la presencia de un intérprete superlativo. Lluís Homar lo es. Lo que antes se llamaba un primer actor. ‘Tierra Baja’, de Ángel Guimerá, está considerada como una de las obras más emblemáticas del teatro catalán. La estrenó en 1896 la actriz María Guerrero en el teatro Español de Madrid, con traducción de José Echegaray. Ahora, Lluís Homar y el director, Pau Miró, han realizado una adaptación fiel al espíritu y a la letra del original, una adaptación que, como ha dicho Lluís Homar, “podría firmar el propio Ángel Guimerá”. La obra, llena de simbología, es también un alegato contra los opresores, los que buscan apoderarse del cuerpo y el alma de los otros. La escena en la que Lluís Homar se convierte en lobo para, en cuestión de segundos, volver a ser hombre resulta colosal.