Tribuna / José Antonio Pérez Tapias Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1263. 5  de octubre de 2018

- - --

 



Tribuna / José Antonio Pérez Tapias

La implosión del Estado

Es cierto que la sociedad catalana está escindida y el independentismo, que cruzó el Rubicón, no quiere saber nada de puentes sobre el Ebro. Y puentes hacen falta. Al final no pueden llevarnos sino a algún referéndum seria y legalmente convocado

Es sólo una hipótesis, pero plausible, aunque se quiera improbable. Veamos.

Hay momentos en que el cielo del país se ennegrece como si la tormenta política fuera a descargar sobre España con toda su furia. Los días en que el independentismo catalán se ha lanzado a las calles para conmemorar el ‘referéndum’ del 1 de octubre de 2017 han sido borrascosos, máxime a partir del momento en que el president Torra pasó a alentar a los Comités de Defensa de la República para que presionaran (“apretaran”) más a favor de la independencia –el mismo president del Govern que mandaba a la Policía que había de proteger el Parlament de Catalunya para que no fuera ocupado–. Contradictorio Torra, que desde la tribuna parlamentaria lanzaba un ultimátum al gobierno de España: si en un mes no se plantea referéndum de autodeterminación retira su apoyo al gobierno en minoría de Sánchez.

Por el otro extremo no deja de anunciarse un tornado dispuesto a arrasar a base de aplicación indefinida del art. 155 de la Constitución para frenar al independentismo, ilegalizando si hace falta a los partidos que lo defienden. PP y Ciudadanos no tienen inconveniente en meternos en esa dinámica, aunque haga imposible la cohesión del Estado que afirman defender.

Y el gobierno del PSOE está en medio, tratando de mantener la calma y no romper las vías de diálogo tímidamente abiertas. Pero tampoco se libra de incurrir en contradicciones. El caso es que, más allá de una voluntad de diálogo marcadamente subrayada, no se ve con claridad la hoja de ruta que el PSOE tenga para navegar por las procelosas aguas del embravecido mar catalán. Sí se reconoce que el conflicto planteado sólo se puede resolver votando, mas para indicar que sería sobre un nuevo Estatut, cuando, como se dice con la jerga actual, Catalunya no está ya en esa pantalla. Por eso Torra, rebajando el tono –desde la misma ERC se ha dicho que los ultimátums los carga el diablo–, ofrece de nuevo hablar de todo y sin condiciones, siempre que se incluya el derecho de autodeterminación. Y eso el PSOE no lo acepta ni las derechas le dejarían que lo hiciera. Ya se encargan todos de decir que nuestro ordenamiento jurídico no contempla esa posibilidad.

El conflicto planteado en Catalunya no parece sino bloquearse a cada paso en una especie de juego al que todos se prestan –irresponsablemente en cuanto a las consecuencias sociales, políticas y económicas– desplazando hacia el más incierto futuro lo que no se acomete en el presente. Es difícil tomar como creíbles las declaraciones en cuanto a voluntad de solucionar tan grave conflicto cuando por doquier parece imponerse el lema “tensa, que algo se rompe”. Es cierto que la sociedad catalana está escindida y el independentismo, que cruzó el Rubicón, no quiere saber nada de puentes sobre el Ebro. Y puentes hacen falta. Al final no pueden llevarnos sino a algún referéndum seria y legalmente convocado. Habrá que pactar alguna vez el cómo y el cuándo, pero es necesario para ello pacificar el ambiente político, algo imposible con líderes independentistas presos. Podemos empezar a imaginar el escenario que se abra cuando empiecen los juicios, yendo todo como va, excluyendo la Fiscalía la reconsideración de los delitos imputados. El clima puede ser explosivo.

Es obligado pensar la hipótesis de la implosión del Estado, para trabajar en que no se verifique. Recuerdo al antropólogo Marvin Harris y su materialismo cultural, que constataba cómo sociedades que se consideran “primitivas” organizaban la vida teniendo en cuenta las situaciones extremas que tuvieran que afrontar. Eran conscientes de su vulnerabilidad. Hoy nos enceguecemos a base de pasiones negativas y autoengaños en el análisis, pensando que con nuestros recursos –en este caso institucionales– lo podemos todo. Y podemos fracasar del todo.

 

 

Firma:

Catedrático de Filosofía y decano de su Facultad en la Universidad de Granada. Diputado del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso en Legislaturas VIII y IX. Autor de libros como "Del bienestar a la justicia. Aportaciones para una ciudadanía intercultural"(2007), "Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional" (2013) y "La insoportable contradicción de una democracia cínica" (2016).

-

-

-

-

José García
Abad


.
Miguel Ángel
Aguilar


-
Cristina
Narbona


-

Julio Rodríguez Fernández


-

Belén
Hoyo



-
Joan
Tardà


-
Carmen
Calvo


-
Cristina
Antoñanzas


-

Carles
Campuzano



-

Ignacio
Aguado



-
Inmaculada
Sánchez


-
Sergio
del Campo


-
Miguel Ángel Paniagua



.

Graciano
Palomo



.

Bruno
Estrada


.
José Antonio
Pérez Tapias


-
Joan
Navarro



-
José M. Benítez
de Lugo



-

José Luis
Centella


-
Pablo
Bustinduy


.

Jesús
Lizcano


,
Carlos
Berzosa



,

Julio Rodríguez López

-
Mauro
Armiño


.

Pere
Navarro



.

Julius
G. Castle