Tribuna / Ignacio Vasallo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1263. 5  de octubre de 2018

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Tribuna / Ignacio Vasallo

La lucha por el futuro de Internet

El tecnonacionalismo de Xi Jinping promueve la cibersoberanía en oposición al actual Internet global y abierto. El poder tecnológico es una forma de proteger al régimen y buscar el dominio mundial una vez que Estados Unidos ha cedido el liderazgo a China

La  revista Foreign Affairs acaba de publicar en su número de septiembre-octubre una serie de artículos sobre el futuro de Internet  bajo el título en inglés de “World War Web” , o guerra mundial en la web, que nos presentan un oscuro futuro al terminarse el tiempo de un Internet abierto a todos, tal  y como había sido diseñado por sus inventores americanos al aparecer otros poderes que disputan el actual liderazgo y anteponen sus prioridades nacionales.

Quizás el más interesante sea el del experto en ciberseguridad Adam Segal  “La tecnología al servicio del Estado“, por la claridad en la exposición de las amenazas chinas. No todas las ideas son nuevas, en 2016 ya había publicado el libro El orden mundial hackeado, que describe cómo los países luchan, comercian y manipulan en la era digital.

El tecnonacionalismo de Xi Jinping promueve la cibersoberanía en oposición al actual Internet global y abierto. El poder tecnológico es una forma de proteger al régimen y buscar el dominio mundial una vez que Estados Unidos ha cedido el liderazgo a China. La época de Xi será recordada por poner fin al optimismo naíf sobre el potencial liberalizador de Internet.

Beijing, que ha incrementado los controles sobre los sitios web y los medios sociales, defiende que cada país pueda escoger su camino para el desarrollo de Internet y justifica el control gubernamental por el derecho soberano de los Estados. Exigen a las compañías el almacenamiento de los datos en China para poder intervenirlos si fuera necesario y usan la tecnología para controlar a la población como con la instalación de cientos de miles de cámaras y sensores de reconocimiento facial y de voz  ampliamente utilizados en Xinjiang para fiscalizar a los uigures.

Para obtener una completa seguridad, China necesita ser autárquica tecnológicamente, por lo que han situado en el centro del actual Plan Quinquenal  y del vasto programa “made in China 2025” la ciencia y la tecnología. El apoyo se centra en tres sectores: los semiconductores, la computación cuántica  y la Inteligencia Artificial. Al mismo tiempo, el inmenso proyecto de las nuevas rutas de la seda está convirtiendo a China en una verdadera potencia mundial.

La dependencia de proveedores  americanos para la fabricación de semiconductores-microchips es el principal obstáculo en el proyecto, como se puedo comprobar recientemente con la aplicación de sanciones a ZTE, fabricante  de material de telecomunicaciones dentro de la contienda comercial, o en la negativa del gobierno americano a la venta de empresas de ese sector a los chinos por motivos de seguridad nacional.

Los avances en mecánica cuántica son más preocupantes. Con esta tecnología un ordenador puede ejecutar varias operaciones al mismo tiempo para resolver algunos problemas insolubles para la computación tradicional, lo que permitirá a los servicios de inteligencia chinos crear canales de comunicación superencriptados y penetrar los códigos tradicionales.
Los avances más llamativos son en el campo de la Inteligencia Artificial, tecnología que según el expresidente de Google, Eric Schmidt, será dominada por empresas chinas antes de 2030.

Los chinos usan la IA con fines militares como en el uso de escuadrones de drones autónomos y en la creación de software defensivo contra ciberataques.

Los hackers chinos ya han robado secretos militares, industriales y políticos. Se niegan a que las leyes internacionales sobre conflictos armados se apliquen al ciberespacio para poder tener mayor influencia sobre los países en los que están invirtiendo.

La ruta de la seda digital con cables de fibra óptica, telefonía móvil y centros de datos facilita la expansión comercial y militar. Gran parte de las inversiones provienen de empresas privadas como Alibaba y ZTE, que se doblegan cuando su gobierno da órdenes o sugerencias.

Las ventajas de las empresas tecnológicas chinas son claras: pocas restricciones legales, apoyo del Gobierno y personal cualificado. Los Gobiernos occidentales no dudan que los servicios de inteligencia chinos  les exigirán la entrega de datos si es necesario.

Los Gobiernos occidentales están actuando contra este nuevo imperialismo. En Estados Unidos las agencias estatales reciben recomendaciones para no comprar material chino en telecomunicaciones. El Gobierno australiano , como informaba el Finantial Times del pasado 24 de agosto, ha negado a Huawei y ZTE la participación en el concurso para la instalación del sistema 5G de telefonía móvil.

Sin embargo, la defensa no es suficientemente completa  y, como señala James Kinge en el mismo periódico, el camino de China hacia la supremacía tecnológica global es de momento imparable, lo que afectaría a nuestra forma de vida mucho más que las temidas masas migratorias.

 

Licenciado en Derecho y periodista, es uno de los más destacados profesionales del sector turístico en España. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Fundador y primer director general de Turespaña. Dirigió los primeros planes de marketing del turismo español que incorporaron el Sol de Miró. Consejero de Turismo en Estocolmo, Nueva York, Milán  Londres y París. Ha publicado más de 300 artículos sobre la especialidad en diversos medios de comunicación y pronunciado conferencias en 50 países. Actualmente es responsable de Relaciones Internacionales de la Federación Española de Escritores y Periodistas de Turismo.

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