La demolición del marianismo Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1263. 5  de octubre de 2018

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Política / Virginia Miranda

155, impuestos, Aznar, memoria histórica, aborto… Casado marca territorio

La demolición del marianismo

Un 155 más fuerte, una reforma de la ley de financiación de partidos, la supresión de impuestos, el regreso de Aznar, la derogación de la Ley de Memoria Histórica, las políticas contra el aborto… Pablo Casado está dispuesto a darle la vuelta a la gestión del Gobierno. Pero no la de Pedro Sánchez, que lleva cuatro meses en La Moncloa. El presidente del PP ha anunciado una batería de medidas que suponen una enmienda al marianismo para marcar perfil propio en esta nueva andadura legislativa donde los límites de izquierdas y derechas son mucho más nítidos.

Pablo Casado disculpaba el bajo perfil ideológico del Gobierno de Rajoy alegando circunstancias excepcionales como la crisis. / EUROPA PRESS

Los objetivos planteados por Casado en Cataluña llevan consigo reproches implícitos al Gobierno de Rajoy y su ‘operación diálogo’   El presidente del PP es de los que consideran un error no haber derogado la Ley de Memoria Histórica, que su antecesor dejó hibernar hasta la primavera socialista

Lo venía avanzando en su campaña contra Soraya Sáenz de Santamaría para presidir el Partido Popular; si los compromisarios le elegían, estaba dispuesto a devolverle a la derecha española los principios y valores perdidos. Un dardo al corazón del marianismo, al que disculpaba su bajo perfil ideológico alegando circunstancias excepcionales como la crisis.

Ahora, transcurrido su periodo de adaptación en un verano hiperactivo y esprintando en el arranque del curso político, Pablo Casado ha arrojado luz sobre su enmienda a la totalidad al Gobierno de Rajoy. Que se desvió del liberalismo económico en materia impositiva por culpa de la recesión y que aceptó las condiciones del PSOE para activar el artículo 155 de la Constitución porque “el PP primó la unidad de los demócratas ante un desafío inédito”.

Estas últimas palabras pertenecen al discurso que el nuevo líder del PP pronunció este pasado lunes en el Foro Abc, donde desgranó los cinco principios en los que “nuestro partido va a basar su actuación de Gobierno” en cuanto Pedro Sánchez convoque elecciones y los conservadores sean capaces de ganarlas. Un aperitivo de las propuestas que Casado concretará en su primera convención como presidente de los populares los días 1 y 2 de diciembre para dar el pistoletazo de salida a la campaña electoral de las municipales, autonómicas y europeas que se celebrarán el próximo año y a la de unas generales que pueden llegar en cualquier momento.

Esos principios son la defensa de la nación española, del Estado de derecho y la seguridad, de la libertad individual, de la propiedad y el libre mercado y de la familia. Y, en casi todos ellos, aparecen decisiones –por acción u omisión– del Ejecutivo de Rajoy que Casado pretende revisar.

 

Tras años de ausencias del PP, Casado presentará el libro del expresidente el 23 de octubre. / EUROPA PRESS

Aznar, la gran estocada

Desde que se postulara a la presidencia el PP, Pablo Casado ha insistido en honrar por igual el nombre de todos los presidentes del partido. Antonio Hernández Mancha ha tenido el mismo tratamiento que José María Aznar y que Mariano Rajoy y a los tres recibió en su despacho de Génova, 13 nada más tomar posesión del cargo para visibilizar una nueva etapa de unidad donde caben todos.

Pero la cohabitación de Rajoy y Aznar es una entelequia y, habiendo cambiado las tornas en el PP, se entiende la desaparición del primero y el regreso del segundo. Un sonoro regreso como el de su comparecencia en la comisión de investigación de la financiación ilegal del PP, donde llegó acompañado de la dirección del partido y el grupo parlamentario y recibió el caluroso y significativo abrazo de Casado. El líder que ha hecho posible que el consejero de empresas vuelva a sentirse representado por su partido.

Lo ha vuelto a decir en esta semana de actos, donde la presentación de su libro El futuro es hoy (Península) y el de FAES Miguel Maura. La derecha republicana le ha llevado por actos y entrevistas en las que no ha escatimado halagos a quien fuera su jefe de gabinete en su última etapa de Gobierno. “Ha conseguido ya parar la sangría de votos que tenía y empezar la recuperación”, celebraba en Las mañanas de Federico de EsRadio.

Tanta sintonía hay entre ambos que Pablo Casado presentará el libro del expresidente el martes, 23 de octubre. Todo un acontecimiento después años de ostensibles desplantes de Rajoy, sus ministros y su comité de dirección en los actos del Aznar escritor y comentarista político, que tanto criticó a su sucesor que se quedó sin sus mejores invitados VIP.

Y si bien al presidente de FAES se le ve encantado con la nueva situación, en el PP no todos lo tienen tan claro. No tanto porque las bases no celebren su regreso a la primera línea como por la movilización que puede provocar en la izquierda, donde se encuentran algunas de las personas que más están disfrutando con la reaparición del presidente de las Azores, la guerra de Iraq y la teoría de la conspiración.

 

Ahora que Cataluña está en el centro del debate político, el primero de los objetivos planteados por Casado es el que lleva consigo más reproches implícitos. Así, el presidente del PP exige un 155 con la “duración que sea necesaria” y con “amplitud competencial”. Ahora no basta con que los ministerios se hagan cargo de la gestión de la Generalitat. Según el nuevo PP, la implicación del Estado debe llegar hasta las consellerías y todo el equipo de Gobierno.

Entre las medidas legislativas propuestas por el líder conservador que el Ejecutivo de Rajoy no abordó en medio de su ‘operación diálogo’ está una ley de símbolos que sancione, por ejemplo, las pancartas de ultraje al jefe del Estado, y la reforma del código penal para que se vuelva a tipificar como delito la convocatoria de un referéndum ilegal.

Una tipificación que suprimió el ministro de Justicia de Zapatero, Francisco Caamaño, y que, de no haberlo hecho, “nos habríamos ahorrado lo del 6 y 7 de septiembre”, dijo Casado, sin entrar a valorar por qué Rajoy tampoco la recuperó en siete años, cuatro de ellos con mayoría absoluta en el Congreso.

Además, coincidiendo con los altercados vividos en Cataluña ese mismo fin de semana, el líder conservador reclamaba “actuar ya contra los partidos u organizaciones que incitan a la violencia” a través de la ley de partidos, que contempla desde medidas sancionadoras hasta la ilegalización. José María Aznar llegó a hacer uso de esta capacidad legislativa contra Batasuna. Mariano Rajoy no lo hizo cuando la CUP, en las fechas más tensas del procés, llamó a la desobediencia civil.

En esta misma línea el PP propone una modificación de la ley de financiación de partidos, dirigida de forma implícita al PDeCAT, ERC y la CUP, que sirva para cortarle el grifo del presupuesto público a aquellos que “apelen a la división social”.

Y para poner límites a las comunidades aboga por blindar las competencias estatales, dejando claro que lo transferido es la gestión de las mismas y señalando asuntos que generaron desencuentros entre el anterior Gobierno del PP y las autonomías gobernadas por otros partidos como la tarjeta sanitaria, la evaluación pública de conocimientos o las lenguas oficiales.

Por cierto que Casado también propone reformas en la Administración pública de índole liberal que los abogados del Estado que copaban los altos cargos bajo la vicepresidencia de su compañera, Soraya Sáenz de Santamaría, no sacaron adelante en siete años; sin tocar derechos adquiridos, el PP propone que las nuevas plazas del cuerpo de funcionarios se rijan por “la eficiencia” y se instaure la retribución por objetivos para incentivar a los “buenos”.


Más ideología

Mariano Rajoy dejó sin efecto la ley de memoria histórica porque, él presumía de ello, la dotó con cero euros. Sin embargo la dejó hibernar hasta la llegada de la primavera socialista y a Pedro Sánchez le basta reactivarla para, entre otras cosas, emprender el proceso de resignificación del Valle de los Caídos.

Pablo Casado es de los que en el PP consideran un error no haber derogado la norma aprovechando la mayoría parlamentaria de los cuatro primeros años de Gobierno de Rajoy y, siendo la exhumación de Franco y el nuevo destino del mausoleo mandado construir por el dictador una de las primeras promesas de Pedro Sánchez tras su llegada a La Moncloa, el nuevo líder conservador ha contraatacado con su propuesta de abrir una “agenda de concordia de lo que ha sido el mejor periodo de nuestra historia” hasta que “se derogue” la ley sobre “revisionismo histórico que algunos llaman memoria histórica”. Concretamente, propone una ley de concordia donde exaltar los valores de la Transición española y en  el camino ha recuperado la figura de Adolfo Suárez Illana para que presida una fundación del mismo nombre.

El ideologizado discurso de Casado se extiende a la política económica donde, también aquí, Rajoy se dejó llevar por el pragmatismo. El líder del PP habla incluso de “revolución fiscal” para revisar a la baja los tipos que dejó Cristóbal Montoro. Así, propone situar el IRPF por debajo del 40 por ciento –el tipo máximo se encuentra actualmente entre el 43,5 por ciento y el 48 por ciento–, el de sociedades por debajo del 20 por ciento –el tipo mínimo está en el 25 por ciento–, los de patrimonio, sucesiones y donaciones a cero –transferidos a las Comunidades Autónomas, varían de unas a otras– y, por supuesto, cierra la puerta a la posible creación de nuevos tributos.

También en el capítulo de políticas sociales el nuevo PP ha querido dejar su impronta. Después de que los cálculos electorales echaran el freno a la reforma de la ley de plazos de Zapatero impulsada por Alberto Ruiz-Gallardón –con la consiguiente dimisión del ministro de Justicia– y tan sólo se introdujera una modificación para obligar a las menores de 16 años a tener el consentimiento de sus padres para interrumpir su embarazo, la nueva Génova ha dejado claro que no le gusta la ley del aborto.

En su campaña de primarias, Casado se manifestó a favor de volver a la ley de supuestos del 85 y ahora ha sido su secretario general, Teodoro García Egea, quien ha declarado en una entrevista en Efe que van a proponer una ley que se centre en la “protección” a las embarazadas para darles “el mayor apoyo psicológico y económico” posible de forma que puedan seguir adelante con la gestación “sin ningún tipo de presión” y eviten así el aborto, aunque no quiso precisar si supondrá una reforma de la actual ley que regula la interrupción del embarazo o se tratará de una norma independiente.

“No creo que hablar claro suponga un giro a la derecha o al centro, hablar claro siempre es sano”, decía el número dos de Génova sobre éste u otros asuntos a la agencia de noticias. Y por buscar otra diferencia, hablar claro, lo que se dice claro, no era precisamente uno de los puntos fuertes de Rajoy.

 

‘ABC’, el periódico del nuevo PP

Casado dice compartir los valores con el periódico donde anunció sus objetivos de Gobierno.

Pablo Casado desea que el PP regrese cuanto antes a La Moncloa, “volviendo a ilusionar a un país que necesita cuanto antes de los principios que siempre han abanderado el Abc y nuestro partido”.

Con estas palabras, el líder popular finalizaba su discurso en el foro Abc organizado por Deloitte y Ferrovial. Un guiño nada inocente ahora que los medios conservadores se han resituado frente al cambio de Gobierno y el relevo al frente de Génova. 

También aquí Casado ha querido dejar su impronta después de que El País y el Gobierno del PP mantuvieran un pacto de no agresión durante años –particularmente favorable a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría– y de que La Razón, dirigida por el amigo personal de Rajoy, Francisco Marhuenda, cubriera las espaldas del entonces presidente en los momentos más críticos de su mandato.

Conservador y monárquico, el veterano periódico Abc casa mejor con el nuevo PP. Un oxímoron que se explica por esa vuelta a los orígenes de un líder de 37 años desacomplejado y sobradamente ideologizado.