El nuevo Pablo Iglesias Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1263. 5  de octubre de 2018

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Política / Manuel Capilla

De joven activista y agitador político, a padre pragmático y ‘hombre de Estado’

El nuevo Pablo Iglesias

El giro político venía gestándose desde hace más de un año, pero en el seno de Podemos y en los círculos políticos y mediáticos no ha pasado desapercibido que el curso ha arrancado con un Pablo Iglesias totalmente diferente, que está empleando un tono mucho menos agresivo y que está adoptando un talante hacia Pedro Sánchez y el PSOE mucho más colaborador y pragmático. Marcado por su reciente paternidad, como él mismo ha confesado, su cambio supone consolidar la evolución que arrancó justo después de Vistalegre II, en la moción de censura de junio de 2017, y que empezó a acercarlo a las tesis con las que Iñigo Errejón fue derrotado en ese encuentro.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han conseguido reconstruir una relación que llegó a ser inexistente. / EUROPA PRESS

“Está madurando a pasos agigantados”, confiesan desde la cúpula del partido morado, sin dejar de expresar cierta sorpresa porque haya adoptado “un perfil de hombre de Estado”   Ahora “soy más padre que político”, reconocía recientemente en un encuentro con el político progresista holandés Jesse Klaver

 “Mi madre me dice a veces: Te quiero ver más duro, hijo”. Así se expresaba hace unos días Pablo Iglesias en ‘El programa de Ana Rosa’, donde una activista de los yayoflautas también le acusaba de haber quedado “descafeinado” en los últimos meses, a raíz de la moción de censura. Aunque no sólo la madre de Iglesias le ha dado un toque al líder de Podemos para que recupere el ‘colmillo’ dialéctico que siempre le ha caracterizado. De hecho, no todo el mundo en el seno de la formación morada termina de ver clara la posición que ha asumido el partido. Pero Iglesias tiene claro que pretende “cogobernar” con Pedro Sánchez y que para ello tiene que utilizar un tono “más sobrio”.

“Quizá se ha podido dulcificar el tono pero cuando decimos no es no”, explicaba en ese programa un Iglesias que subrayaba que “seguimos siendo muy duros y muy claros a la hora de marcar distancias”. Cierto es que los portavoces de Podemos han mostrado su oposición, por ejemplo, a la venta de bombas a Arabia Saudí o la devolución en caliente de migrantes que se ha practicado en Melilla. Iglesias, incluso, ha llegado exigir que la ministra Dolores Delgado debía “alejarse” del Gobierno tras conocerse los audios que demostraban que sí conocía al comisario Villarejo, como ella misma negó en un primer momento. Pero, eso sí, Iglesias ha dejado claro que “no vamos a romper las negociaciones de los Presupuestos si la ministra no dimite, pero tendremos una diferencia. Villarejo mancha”. La dureza contra el Gobierno llega hasta donde se puede poner en riesgo su estabilidad, no más allá. 

“Está madurando a pasos agigantados”, confiesan desde la cúpula del partido morado, sin dejar de expresar cierta sorpresa porque haya adoptado “un perfil de hombre de Estado” tan rápida y tan sólidamente. Porque estas voces confirman que su compromiso con Sánchez para aprobar los Presupuestos de 2019, “es firme”. Está habiendo diferencias en cuestiones concretas, pero estas fuentes señalan que hay buena predisposición por ambas partes y que lo más probable es que haya acuerdo.

El errejonismo recela de cómo Iglesias viene adoptando sus posiciones políticas desde el año pasado. / EP


Muy lejos quedan ahora las encendidas intervenciones que el líder de Podemos le dedicaba al PSOE, como cuando aseguraba que “votar socialista en 2015 es votar morado, porque sus dirigentes no tiene agallas o tienen cuentas en Suiza”. Eran los tiempos en los que la hegemonía de la izquierda estaba en abierta disputa, con algunas encuestas previendo el famoso sorpasso, un fantasma que arrastra la izquierda a la izquierda del PSOE desde los años 90 y que durante 2015 y la primera mitad de 2016 fue el gran objetivo de Iglesias y los suyos. Eran los tiempos en los que Sánchez subrayaba que “jamás pactaré con el populismo”, aludiendo a Podemos, y en los que Iglesias acusaba a los socialistas de haber “dejado de ser el partido de la gente corriente, aunque remanguéis las camisas a ese profesor de universidad privada que se llama Pedro Sánchez”.

Muchas cosas han cambiado desde entonces para que cristalizara la moción de censura y Sánchez e Iglesias se hayan convertido en aliados. El principal, el factor humano, por parte de dos líderes políticos que han logrado rehacer una relación en la que siempre primó la desconfianza y la falta de química. El vínculo entre Sánchez e Iglesias, de hecho, llegó a ser completamente inexistente. Ni siquiera se intercambiaban mensajes cuando se conoció la sentencia de Gürtel y Sánchez decidió asumir su papel de líder de la oposición presentando la moción de censura. Un paso adelante que fue acompañado por Iglesias, cuando anunció que la apoyaba sin ningún tipo de contraprestación, renunciando a priori al gobierno de coalición que fue condición sine qua non en los primeros meses de 2016.

A partir de ahí, la situación ha dado un vuelco, con gestos como el que tuvo Sánchez a mediados de junio al visitar el tanatorio del padre de Irene Montero para darle el pésame a la portavoz de Unidos Podemos y pareja de Iglesias. Algo inaudito hasta hace nada y que se ha visto acompañado a lo largo del verano con frecuentes contactos por parte del presidente del Gobierno para interesarse por el Estado de los hijos de Iglesias y Montero, que nacieron de forma prematura a principios del mes de julio.

Una experiencia, la de la paternidad, que el propio Iglesias no duda en definir como “lo más grande que me ha pasado”. Quizá sea porque “soy más padre que político”, como reconocía recientemente en un encuentro con el político progresista holandés Jesse Klaver, pero lo cierto es que ahora parece haber ganado en serenidad y aplomo. Desde el seno de Podemos señalan el cara a cara que mantuvo con José María Aznar en el Congreso como la mejor muestra de ese nuevo Pablo Iglesias que ha reaparecido con el curso político. El expresidente del Gobierno trató de hacerle perder los papeles continuamente, con réplicas muy agresivas y de muy mal gusto, como cuando hizo alusión a los problemas por los que han pasado este verano los hijos del líder de Podemos. Sin embargo, y sin dejar de ser muy duro con Aznar, Iglesias no perdió las formas y se limitó a las preguntas que llevaba preparadas, todas con datos y testimonios extraídos de los procesos en los que se investiga la corrupción del Partido Popular. En otra época, es probable que hubiera salido el Iglesias tertuliano, el perfil con el que irrumpió en el escenario político español. Pero, como el que oye llover, en ningún momento entró al trapo que le enseñaba el expresidente.

Desde el seno de Podemos destacan el cara a cara con Aznar en el Congreso como buena muestra del nuevo talante de Iglesias. / EP

Como este nuevo Pablo Iglesias está siendo la comidilla de los círculos políticos y mediáticos madrileños, durante su reciente entrevista en la Ser se le preguntó por la cuestión y por cómo le había influido su paternidad. Y respondía: “No creo que la vida le cambie por completo a uno, pero sí le talla. Lo más grande que me ha pasado es ser padre. Además de una forma cuyo inicio no ha sido fácil. Por suerte van de maravilla, pero eso, de alguna manera, determina y condiciona el carácter. Y políticamente, en los últimos años, hemos ensanchado las espaldas. Hemos pasado de ser una fuerza disruptiva, que era la traducción electoral de un amplio sentimiento que había en nuestra patria, a ser una fuerza política de gobierno, que gobierna en los principales ayuntamientos de este país, en algunas comunidades y que aspira a gobernar en España. Claro que estos cinco años se nos notan. Se nos nota la madurez, la experiencia institucional y también los golpes y puñetazos que uno se lleva y que configuran su manera de ser y de estar. Creo, modestamente, que somos mejores. Y en lo más estrictamente personal, creo que ser padre te hace mejor persona. Y estoy muy feliz”.

En estas últimas semanas, con el hito de su paternidad, es cuando más obvio se ha hecho para todo el mundo el nuevo papel que ha adoptado Iglesias en la escena política española. Pero no es la primera vez que desde Podemos se anuncia “un nuevo Pablo Iglesias”. Lo hacían sus dirigentes, en público y en privado, tras cerrarse Vistalegre II y que las bases terminaran de relegar a Iñigo Errejón y los suyos de los círculos de poder del partido. Un nuevo Pablo Iglesias que se presentó en sociedad durante la moción de censura del año pasado y que, casi de la noche a la mañana adoptó buena parte de los modos y maneras del errejonismo. Un cambio que fue desde el ponerse americana hasta el rebajar el tono con el PSOE y tratar de tender puentes con un Pedro Sánchez que, cierto es, acababa de ganar las primarias colocándose a la izquierda del establishment socialista.

En ese momento, desde la cúpula de Podemos argumentaban ese giro en las posiciones políticas en el hecho de que una vez resulto Vistalegre y cerrado “un pacto de normalización” con Errejón, la dirección había “leído los tiempos políticos” ante la “fase de reflujo” de los movimientos sociales que ha venido registrando en los dos últimos años. Unos tiempos en los que han perdido valor la estrategia y la dialéctica impugnatoria que Iglesias y su equipo defendían en Vistalegre.

Aunque hay otras voces en el seno del partido, de veteranos militantes del PCE e IU que, además, compartieron militancia con Iglesias en las Juventudes Comunistas que lo ven desde otro ángulo. Estas fuentes, que en Vistalegre apoyaron indistintamente a Iglesias y Errejón, explican que “esto lo he visto en varios Congresos del PCE, en los que el vencedor, acto seguido, adoptaba las posiciones políticas del perdedor”. 

Mientras, en el errejonismo, que se mantiene a la espera de que arranque definitivamente la campaña de las autonómicas madrileñas, tienen claro que la dirección está adoptando sus postulados sin los cerebros que los diseñaron, por mucho que Iglesias renuncie a esa “competencia virtuosa” que propone Errejón entre Podemos y el PSOE, al estilo de la que ya existe, por la derecha, entre Ciudadanos y el PP. El líder de Podemos rechaza ese concepto, término estrella en el diccionario errejonista, porque para él “no hay competencia virtuosa” entre el PSOE y Podemos, “lo que hay son acuerdos”. Según expresaba en la Ser, “tenemos que moderar un poco los adjetivos y las expresiones efectistas. Lo fundamental no es el nombre, son los acuerdos con cifras. Por eso para nosotros es importante negociar los Presupuestos. Y luego, que los opinadores le pongan adjetivos”. Un recado que no ha sentado nada bien en los cuarteles de invierno del errejonismo, como tampoco que Iglesias trate de colgarlos el sambenito de que ellos defendían dar luz verde al pacto de gobierno PSOE-Ciudadanos.

El propio Errejón ha expresado en una entrevista a Efe que sigue presumiendo de haber defendido sus ideas en Vistalegre II, algunas de las cuales "se han abierto camino" aunque no salieran elegidas. Se alegra de haber peleado por ellas y de "asumir las consecuencias" que tuvo esa pelea. “Una fuerza transformadora para mí es una fuerza que piensa menos en la competición entre partidos y piensa más en el futuro de su pueblo al que se quiere dirigir. Yo estoy muy satisfecho con la línea y orientación actual de Podemos”, insiste.

Habrá que ver qué recorrido tiene este nuevo Pablo Iglesias, que de momento tiene claro que “en política se dicen muchas cosas, pero cuando no dan los números hay que buscar acuerdos”. Y en ello está, en sostener su acuerdo con Sánchez.

Todavía no hay fecha para la reincorporación de Irene Montero. / Podemos

Pendiente de su baja por paternidad

Pablo Iglesias e Irene Montero tienen decidido repartirse al 50% la baja a la que tienen derecho, en línea con la reivindicación de Podemos de permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles. Lo explicaba recientemente el secretario general de Podemos en una entrevista concedida a Efe, señalando que lo hacen para “ser ejemplares” y coherentes con su idea de que la “responsabilidad familiar del cuidado de los hijos no puede ser una carga que siempre asuma de manera mayoritaria la mujer”.

Desde el partido morado, señalan que todavía no saben cuántas semanas de baja estarán ni cuándo se reincorporará Montero. Y es que ambos, por ser diputados, no disfrutan de un permiso de maternidad y paternidad oficial, ya que no están regidos por una relación laboral. Como referencia, con carácter general, la ley establece para los trabajadores 16 semanas en el caso de la madre –a las que habría que añadir otras dos por tratarse de un parto múltiple- y cuatro semanas para el padre –Leo y Manuel nacieron dos días antes de que entrara en vigor la quinta semana paterna, el pasado 5 de julio-. Además, la ley contempla el caso  de partos prematuros y que precisen hospitalización. Así, si la hospitalización es superior a siete días, como ha sucedido, el permiso se amplía en los días en los que el bebé haya permanecido ingresado, hasta un máximo de 13 semanas. Un tiempo que no se acumula en el caso de que los niños estén hospitalizados al mismo tiempo. En total, unos trabajadores en el caso de Montero e Iglesias dispondrían de 35 semanas a repartir, unos cuatro meses cada uno.

 

La fundadora del partido aspira a liderar Podemos en esa comunidad. / EP

Bescansa busca sitio en Galicia

Primero intentó labrarse un perfil propio en Vistalegre II, como mediadora entre pablistas y errejonistas. Tras fracasar, a punto estuvo de hacerse con un puesto en la lista que Iñigo Errejón prepara para la Comunidad de Madrid. Pero cuando se filtró un documento en el que establecía punto por punto los términos de un hipotético acuerdo con Errejón por el que ella se comprometía a apoyarlo en las primarias madrileñas, como número dos, a cambio de que él le devolviera el favor para disputarle la secretaría general a Iglesias cayó en el ostracismo más absoluto. Esto fue hace apenas cinco meses, lo cual no ha sido óbice para que Bescansa intente ahora liderar Podemos en Galicia, su comunidad natal, para escapar del ‘gallinero’ del Congreso, del que probablemente también saldría en cuanto haya elecciones generales.

Fue en el mes de julio, según relata El Confidencial, cuando se dio de baja de Podemos en Madrid para inscribirse en Galicia, paso previo imprescindible para optar a la secretaría general en esa comunidad. Bescansa, cuyo nombra ha sido propuesto por la actual líder de la formación morada, Carmen Santos, que no se presenta a la reelección, tendrá como rival a otro compañero de bancada en el Congreso, Antón Gómez-Reino, muy cercano a Iglesias y vinculado a Podemos desde su fundación. De hecho, fue uno de los firmantes del manifiesto ‘Mover ficha’, que supuso el pistoletazo de salida de Podemos a principios de 2014.  

De momento, Iglesias se ha mostrado extrañado de que Bescansa quiera dirigir la formación en Galicia “tras 20 años viviendo en Madrid” y cuando “hace tiempo se hizo público que quería ir a la Asamblea de Madrid”, según se expresaba en La Sexta. “Las gallegas no dejamos de serlo cuando emigramos”, le respondía Bescansa vía Twitter.