Entrevista / Chelo Vivares Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1264. 12  de octubre de 2018

- - --

Entrevista / Luis Eduardo Siles

Chelo Vivares, actriz

"El arte engrandece"

Chelo Vivares tiene unos ojos inmensos y dramáticos, que vistos desde la platea le ayudan a interpretar el personaje, pero de cerca reflejan quizás algunas ausencias que ella vive dolorosamente por dentro. Pero Chelo Vivares, sobre todo, posee una voz de registros inmensos, una voz que zigzaguea mientras interpreta el monólogo ‘Las Teodoras’, en el Teatro Tribueñe de Madrid, que zigzaguea, decíamos, de un personaje a otro, con una soltura sorprendente, con una facilidad inmensa. En cuestión de segundos puede ser la voz de una anciana, y de ahí dar el salto a un registro que recuerda a Espinete, aquel personaje televisivo de “aspecto extraño y mágico” al que ella dio vida hace más de 30 años.

Chelo Vivares, en una escena de la obra que se representa en el Teatro Tribueñe.

“El teatro siempre debería ser un viaje a ninguna parte”   “La Movida fue un momento muy explosivo, muy diferente a lo que había antes. Pero yo no creo que ningún tiempo pasado fuera mejor”

¿En qué consiste ‘Las Teodoras’? Se ha dicho que “es una memoria sentimental de muchas actrices que tuvieron que luchar contra viento y marea para hacer su trabajo de cómicas de la legua en el siglo XX”.
Es una obra dirigida a que el público de hoy no se olvide de todas esas personas que se han dejado la piel y la vida en los escenarios. Sobre todo en la época de la guerra y la posguerra. Esas personas que han pasado hambre, que han pasado frío y que han sido unas trabajadoras absolutas. Como dice en la función una de aquellas actrices: “Y a la noche, pensión sin nombre. Llamémoslo fonda de mala muerte”.

El autor, Hugo Pérez de la Pica, ha escrito que “tenía la necesidad de rendirme ante las cómicas que me han amamantado”. Y dice que recuerda las anécdotas que le contaba Criste Miñana, la madre de Chelo Vivares. Es decir, se trata de un texto muy próximo a usted, ¿no?
Sí, mi madre está muy presente en esta obra. Porque nosotros conocemos a Hugo desde hace unos 45 años. Desde la adolescencia se pasaba por mi casa. Mi madre falleció hace cuatro años. Longeva. Tenía 96 años y medio. Hugo se pasaba horas y horas junto a mi madre escuchando la vida y anécdotas de las actrices de aquella época. Siempre fue un hombre muy curioso, de conocer, de aprender, sabe el nombre de infinidad de actrices. Yo, a veces, le digo: “Pero si no me acuerdo ni de quién es ésta”. A través de lo que escuchó de mi madre ha plasmado en ‘Las Teodoras’ determinadas vivencias, las ha teatralizado, naturalmente, pero son cosas que le contaba mi madre.

¿Hasta qué punto el teatro se convierte en alguna ocasión para una actriz en un viaje a ninguna parte?
El teatro siempre debería ser un viaje a ninguna parte. Porque como vayamos con ideas preconcebidas la fastidiamos. Tenemos que dejarnos llevar, fundamentalmente tenemos que volar. Y no sólo en el escenario. En el escenario hay que dejarse llevar y hay que volar. Pero en la vida, también. El teatro, sí, es un viaje a ninguna parte. Ya descubriremos después hacia dónde vamos. De hecho se trata de intuir hacia dónde vamos. Creo que con la intuición y el impulso vale.

¿Hay alguna razón especial para titular la obra ‘Las Teodoras’?
No. Se ha puesto ese nombre genérico porque en la función se nombra a Teodora Lamadrid, una actriz del 1800, que fue una gran intérprete, una curranta, y al autor le pareció un buen título para nombrar a todas las actrices a través de Teodora Lamadrid.

¿En el monólogo hay alguna frase que le guste especialmente?
Varias, varias… Una: “Cuenca es la Siberia de los cómicos, el lobo feroz de los inviernos, el destierro de la esperanza”. Por la cuestión del frío, de cuando iban los cómicos a esa zona de España que es tan fría. De hecho, en la función, una pareja de cómicos helados durante la noche en la habitación de la pensión se preguntan: “¿Dejamos encendida la bombilla, que algo de calor dará?”.

El autor dice que usted representa “un fin de raza”.
No creo que sea un fin de raza. Porque la raza de los cómicos continúa. Con respecto a mi familia, mi madre, mi padre, mi abuela, mi abuelo, mi bisabuela, mi bisabuelo…, todos ellos trabajaron en el mundo del espectáculo. Y que yo sepa ninguno de mi familia ha continuado ese camino. El fin de la raza de cómicos Vivares-Miñana sí es posible. Cuando yo nací, mis padres dejaron el teatro. Mi hermano, que nació en el 40, con él tengo una gran diferencia de edad, sí conoció intensamente la vida de los camerinos y de las giras. Pero cuando yo nací, mi padre, que de oficio era joyero, pensó que con dos hijos lo mejor era dejar el teatro. Y se dedicó a su taller de joyería. Pero yo siempre tuve relación con actores, humoristas, cómicos, gente de teatro, porque mis padres mantenían esas relaciones. Y recuerdo, de niña, estar entre bastidores, ir incluso a ver revistas musicales. Y yo encantada, muy chiquitita, de ir a ver a aquellas vedettes. Y recuerdo especialmente a Tony Leblanc. Sí, he tenido desde siempre muchísima relación con estas personas.

Mientras usted daba vida a Espinete, Madrid vivía la ebullición de la Movida. En 1984 usted dio un pregón junto a Enrique Tierno Galván. ¿Qué recuerdos conserva de aquella época?
Yo no he vivido mucho la Movida. La he vivido de lejos, como muchas personas. Porque he estado siempre trabajando. No estuve dentro de la Movida. Aunque conozco gente de la Movida. Gente muy maja. Fue un momento muy explosivo, muy diferente a lo que había antes. Y Don Enrique Tierno Galván, de alguna manera, apadrinó a todo aquel movimiento. El recuerdo que guardo de Tierno es que a él, a mí, y a otras personas, nos concedieron un premio, lo conocí aquel día, y me pareció un hombre encantador. Y luego estuve con Tierno el día del pregón. Tierno era un hombre muy lindo, muy cariñoso, con un sentido del humor ácido en un momento dado, bastante picarón, y me acuerdo además de que su esposa, Encarnita, me regaló una planta preciosa que durante muchos años hemos tenido en casa. Pero de la Movida, como tal, no recuerdo mucho, porque no la viví como tal y cosas así hay que vivirlas desde dentro.

¿Aquel tiempo era mejor, o puede parecer engañosamente que era mejor porque éramos más jóvenes?
Yo no creo que ningún tiempo pasado fuera mejor. Pero a veces incluso yo también pienso que aquellos años eran mejores. Todo depende de nosotros. De cómo el ser humano esté en cada momento. Y echar la vista atrás para bien o para mal… No, no. El pasado ha hecho el presente y el presente hace el futuro. El pasado y el futuro están más unidos de lo que pensamos. Yo no creo que cualquier tiempo pasado sea mejor, insisto. Yo, si echo la vista atrás, con cosas que a mí me han ocurrido, con seres queridos, pasa que si echas la vista atrás te gustaría que eso no fuera así. Pero como eso no es posible, y esos seres queridos, estén dónde estén, pero están, porque no te dejan nunca, no te abandonan jamás si tú no los abandonas a ellos, entonces, pues los sientes… Sobre todo hay que intentar saber cómo somos. Ahí radica todo.

“Las Teodoras’ es una obra dirigida a que el público de hoy no se olvide de todas esas personas que se han dejado la vida y la piel en los escenarios”

 

 

¿El teatro nos hace mejores personas, como sostienen algunos profesionales de ese oficio?
No sólo el teatro, sino el arte en general nos convierte en mejores personas. Desde nosotros mismos tenemos que intentar dar el impulso para rozar el arte con la yema de los dedos. El arte en general engrandece. Y el teatro es mucho más que palabra y actor porque si no hay arte no hay teatro.

Usted es también actriz de doblaje. Muchos críticos de cine prefieren ver las películas en versión original y detestan el doblaje. Sin embargo, Fernando Fernán Gómez decía que en las películas en versión original sólo se ven los testículos del protagonista. ¿Qué piensa usted?
Yo comparto la opinión de Don Fernando. Porque evidentemente si no conoces el idioma en el que está rodada la película estás mirando hacia la zona baja de la pantalla y no te enteras de más. No ves las reacciones de los actores. Te pierdes muchos perfiles. Si sabes francés, inglés, alemán o ruso, pues genial, a ver películas en versión original. Pero si no conoces idiomas, para estar leyendo los subtítulos y estar perdiéndote todo lo demás… Yo, a veces, por determinados actores, veo películas en versión original porque me gusta escucharlos. Pero si no, siempre veo las películas dobladas. El doblaje es una ventaja. Pero sí, sí, existen muchos detractores del doblaje.

Usted tiene una voz llena de matices que, además, se conserva joven. Dicen que la voz es lo último que envejece.
Efectivamente, mi voz no ha envejecido. Incluso en doblaje mi abanico de registros de voz es amplio. Porque yo sigo haciendo dibujos animados, con voces muy agudas, y hago a niños, a personas de mi edad, a personas de más edad. Y mantengo una voz que con el paso del tiempo no ha cambiado mucho.  
Antes, las tardes televisivas eran de Locomotoro y el Capitán Tán, luego fueron de ‘Un globo, dos globos, tres globos’, y más tarde de ‘Espinete’ y ‘Don Pimpón’. Pero ahora son de Belén Esteban. ¿Qué opinión le merece?
Pues mire, que los tiempos van cambiando. ‘Un globo…’, ‘Barrio Sésamo’ y ‘Los Chiripitifláuticos’, tuvieron su momento para el público infantil. Y a mí, Belén Esteban no me cae mal. Aunque en algunas cosas me gustaría decirle “pues cállate un poquito ¿no?”. Pero yo no soy quién para decir nada a nadie. Lo que ocurre es que la televisión carece desde hace tiempo de programación infantil. Simplemente hay canales dedicados a dibujos animados. Yo sí pienso que hoy en día, cambiando algunos guiones, estaría muy vigente el personaje de Espinete. Porque el personaje de Espinete podría evolucionar perfectamente. Con la misma edad que tenía, que es una edad indefinida. Y con su aspecto extraño y mágico. Pero sí que podría decir en este momento Espinete muchas cosas que a nadie se les está ocurriendo escribir. Pero hay problemas. Porque, de entrada, al propio muñeco lo han tirado a un vertedero. El edificio en el que lo guardaban tenía aluminosis y el muñeco se deterioró. Pero Espinete era un personaje que merecía estar en un museo de televisión. Han pasado más de 30 años desde que se rodó ‘Barrio Sésamo’ pero continúa vigente el personaje. A mí me llaman muchas veces de periódicos, de la radio, y de la televisión, para hablar de Espinete. Por tanto, ese personaje está en el recuerdo de muchas personas que ahora tienen entre 30 y 40 años. Y me dicen que ponen a sus hijos los episodios de ‘Barrio Sésamo’ que tenían grabados. Y yo, con mi edad, me metería dentro del muñeco para interpretar de nuevo a Espinete. Me daría igual. Es más, si se metiera dentro de Espinete otra actriz, me molestaría muchísimo.

Las dificultades de una actriz

Desde ‘Las Teodoras’ a hoy en día, ¿hasta qué punto es difícil la vida de una actriz?
Depende de con quién hable usted le dirá que sí o que no. Aunque creo que generalmente le dirán que sí es difícil la vida de una actriz. Depende. Si es una actriz o un actor de mucho éxito, y eso ahora lo da fundamentalmente la televisión, pues sabes que haces un montaje y llenas el teatro. A los que no estamos en esa tesitura nos cuesta mucho más trabajar. Pero en este caso tenemos la suerte de tener el Teatro Tribueñe, que ahora cumple 15 años desde que nosotros estamos aquí. Y podemos hacer cantidad de obras, y las obras que nos dé la gana. Tenemos montajes maravillosos, fuera de lo común. En Tribueñe cada función es diferente. Porque hasta se varían cosas del montaje de una función a otra. Estamos muy orgullosos de esta sala, de los directores que tenemos, y de cómo está funcionando.