Tribuna Miguel Angel Aguilar Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1265. 19  de octubre de 2018

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Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

 

La guerra de Flandes

El ministro-presidente de Flandes, Geert Albert Bourgeois, calificó de “acto muy hostil” que se hubiera desacreditado a su representante, algo que según él carecía de precedentes. Tampoco los hemos encontrado de las idioteces que el presidente del Parlamento de aquella región ha dedicado a nuestro país, sin que causaran por lo demás efecto alguno

Al señor Geert Albert Bourgeois, Ministro-Presidente del Gobierno de Flandes, parece haberle molestado que el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, le haya retirado la acreditación diplomática a su delegado en Madrid, el encantador André Hebbelink, y también que haya comunicado al embajador de Bélgica, Marc Calcoen, que en adelante se negará acreditación alguna a quienes en lo sucesivo pudieran ser enviados a representar a la región de Flandes en España. Como en la atmósfera diplomática es habitual la práctica de la ley del talión, es decir, del uno por uno, aquí se especulaba sobre qué medida de retorsión podrían adoptar las autoridades de Flandes, tal como la de retirarle en reciprocidad al prófugo de Waterloo, Carles Puigdemont, las facilidades que le han venido prodigando.

En declaraciones a su emisora de cabecera Radio 1, que forma parte del servicio doméstico de las autoridades flamencas, el presidente del Parlamento regional, Jan Peumans, se ha dado por ofendido, componiendo la figura del puño de hierro y la mandíbula de cristal. Por su parte, el ministro-presidente de la región, Geert Albert Bourgeois, calificó de “acto muy hostil” que se hubiera desacreditado a su representante. Consideró que la decisión del Ejecutivo español de retirar el estatus diplomático al delegado del Gobierno de Flandes en España carecía de precedentes en la Unión Europea desde los tiempos de la Comunidad del Carbón y del Acero. Tampoco los hemos encontrado de las idioteces que el presidente del Parlamento de aquella región ha dedicado a nuestro país, sin que causaran por lo demás efecto alguno.  

O sea, pataleo inocuo porque sólo el Gobierno Federal Belga tiene atribuciones para conceder o denegar acreditaciones diplomáticas. En cuanto al primer ministro, Charles Michel, se apresuró a circunscribir a Flandes el impacto de la crisis y a negar la existencia de un conflicto diplomático entre España y Bélgica. En esa misma línea, el ministro de Exteriores del país, Didier Reynders, ha confirmado que no tiene intención de convocar a nuestra embajadora, Beatriz Larrotcha, en contra de lo que le había pedido Bourgeois. Un portavoz del ministerio ha precisado que Reynders ha tenido conocimiento de las declaraciones del ministro-presidente de Flandes pero que a un ministro de Asuntos Exteriores para nada corresponde el papel de comentarista de lo que diga el presidente de una entidad federada. Otra cosa es que el ministerio siga disponible para entregar mensajes de la región de Flandes a España a través de la embajada en Madrid. 

El titular de Exteriores belga prefiere considerar que se trata de un incidente entre “España y Flandes” y ha formulado el ruego de “no mezclarlo todo”, en referencia a que la formación independentista flamenca N-VA, gobernante en la región, es también el partido mayoritario en la coalición del Ejecutivo federal. O sea, que el Gobierno federal belga tiene un componente independentista flamenco, mientras que el gobierno socialista español necesita de los votos de los independentistas catalanes para que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado.

Todo este embrollo obligará a volver sobre la historia de la guerra de Flandes donde nos arruinamos en defensa de algunos ideales y a reconsiderar figuras como las del Duque de Alba o de Alejandro Farnesio, de quien acaba de escribir una biografía apasionada el abogado Luis de Carlos. Habrá que recorrer de nuevo El camino español de la mano de Geofrey Parker y de Henry Kamen y volver a ocuparnos de los Tercios,compuestos sobre todo de flamencos y de otros contingentes de las más variadas procedencias, eso sí, bajo el mando de españoles.

Firma:

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).

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